En el último año y medio, la Fundación Popular de Estudios Vascos ha trabajado para sacar a la luz el relato humano de los militantes de
centro derecha no nacionalista que se dejaron la vida en la defensa de las ideas y la libertad en el País Vasco.
La obra "Raíces de Libertad", que se publicará a finales de mes, es un viaje emocionado por las vidas personales de
22 miembros desaparecidos de Alianza Popular, de Unión de Centro democrático y del Partido Popular (no aparecen los asesinados de UPN por deseo de dicha formación), a través del testimonio de hermanos, padres, viudas, hijos y amigos.
Lo cierto es que el centro derecha no nacionalista ha sufrido como el que más el zarpazo asesino de la banda terrorista, que llegó incluso a amenazar la integridad de su apuesta política en el País Vasco.
La primera víctima fue
Modesto Carriegas, hombre de banca que fue invitado a partipar en las listas de Coalición Democática. Sus hijos aún recuerdan cómo siendo ellos muy pequeños, su padre les consultó la decisión sin imaginar que una mañana lo matarían a balazos en el portal de su casa.
Dos semanas después, el 29 de septiembre, era acribillado
Luis María Uriarte en Lemona (Vizcaya). ETA confirmaba con más sangre derramada que había puesto en la diana a los cargos electos de Alianda Popular y UCD.
La mayoría de ellos, gente sencilla que no se ganaba la vida en la política.
Murió a los cinco días con el cuerpo acribillado por las balas. Al ser preguntado por si reconoció a los pistoleros respondió llorando y en silencio, sin decir una sola palabra. Se entiende que reconoció a los asesinos y que se calló para que sus hijos nunca tuvieran la más mínima tentación de tomarse la justicia por su mano.
Imposible de olvidar la tremebunda historia de
Ramón Baglietto, que su viuda, Pilar Elías (hoy concejal del PP en Azcoitia), recupera en primera persona para el libro. Cuenta Pilar cómo su abuelo, ciego, le preguntó si se casaría con el "pintor" Ramón, un amante de la decoración.
Ese 1980 fue un año fatídico para UCD. Además de Baglietto, fueron cobardemente asesinados
José Ignacio Ustaran, Jaime Arrese y Juan de Dios Doval. Todos ellos amigos, hombres honrados que trabajaron por los demás sin recibir nada a cambio, demócratas por convicción aniquiliados por defender la libertad de ideas.
Antes de que acabara 1980, otro miembro del centro derecha no nacionalista,
Vicente Zorita, fue asesinado. Su viuda relata la angustiosa espera hasta que una llamada de la Policía confirmaba sus peores augurios.
"¿
Dónde está papá?, ¿
por qué tarda tanto en subir a casa si le he visto abriendo el portal?", le había preguntado su hija pequeña horas antes. "
Cuando la espera se hacía ya insoportable, su cuerpo querido era encontrado acribillado en la falda del monte Serantes con una pequeñita bandera española dentro de su boca a modo de mordaza", dice ahora.
Aún perderían dos militantes más en la negra década de los ochenta.
Alberto López Jaureguizar, quien como Vicente era padre de cuatro hijos, empezó a tomar partido en la política tras ser testigo de un atentado en Bilbao. Desde ese instante comenzó a asistir a los funerales de las víctimas, apestados de la sociedad vasca durante muchos años.
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Me comentó que deseaba defender sus ideas de orden y paz y decidió afiliarse a Alianza Popular (...) Nuestra familia iba de funeral en funeral, en silencio, para demostrar que sentíamos aquellas muertes radicalmente. Cuando asesinaban a un policía, Alberto ponía la bandera española en la calle Amesti con un lazo negro porque decía que aquel policía tenía padre y madre. Creo que fue esa bandera española la que le pudo costar la vida, más que su afiliación en la Alianza Popular", admite su viuda, quien dos años después habría de asistir a la despedida de otro compañero,
José Larrañaga, contra quien ETA hubo de atentar hasta tres veces para arrebatarle la vida.
Las intenciones de aniquilar a la opción del centro derecha continuaron en los noventa. Entre 1995 y 1996,
de sus 32 cargos electos en la provincia de Guipúzcoa,
cinco fueron asesinados, entre ellos, su joven y entusiasta presidente,
Gregorio Ordóñez.
En casa de los
Iruretagoyena Larrañaga el destrozo moral fue aún mayor para el padre, quien, a instancias de un amigo y compañero de partido, cedió su puesto como concejal en el Ayuntamiento de
Zarauz a su hijo José Ignacio. En su mente siempre tuvo esa terrible sensación de congoja al saber que si no le hubiera "dado el pase", su hijo no estaría muerto.
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Nunca pude suponer que el odio se cebara en José Ignacio, mi querido hijo. Todo el mundo sabe que yo no quise, en un primer momento, abandonar mi puesto".
Cinco meses después, en ese siniestro suma y sigue de la banda criminal, moría asesinado
Manuel Zamarreño, antiguo camarada de José Luis Caso en los Astilleros. Con él se metió en política y como homenaje a su amigo cogió el testigo.
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Mediante José Luis nos enteramos de que el Partido Popular iba a presentar por primera vez una candidatura en Rentería, y Manuel facilitó su nombre para ir tercero en la lista. Considerábamos que su participación era de puro relleno electoral porque jamás pudimos suponer que nuestra opción sacara dos escaños; fue una auténtica sorpresa que nos llenó de alegría política a todos, aunque a algunas mujeres, en lo más íntimo de nuestras intuiciones, comprendimos que podrían derivarse muchas cosas malas de ese triunfo por otra parte tan deseado", relata Marisol, su viuda, quien un año después se integró en las listas municipales en homenaje a su marido, asesinado el 25 de junio de 1998.
Jesús María Pedrosa, concejal de Durango;
Manuel Indiano;
José María Martín Carpena;
José Luis Ruiz Casado; Francisco Cano y Manuel Giménez Abad completan el friso de vidas humanas sacrificadas por la libertad.
las libertades nacionalistas