OPINIÓN COSTA UROLA

miércoles 11 de noviembre de 2009

Los 22 puntos del escritor Ezquerra para normalizar Vasconia


¿Qué tiene que cambiar en VASCONIA para que ésta acceda por primera vez a una mínima normalidad democrática? A esa pregunta tratan de responder los siguientes veintidós puntos, que son básicos:

1.- La Ertzaintza debe dejar de ser una policía política al servicio del nacionalismo, y eso sólo se consigue renovando sus mandos y haciendo una profunda depuración del personal no democrático.

2.- El euskera debe dejar de ser un imperativo en la escuela y en los demás ámbitos de la vida vasca. Su protección debe desligarse de la imposición, y además ser revisada para que los presupuestos que se le destinan no resulten sangrantes con respecto a otras demandas sociales más prioritarias y cabales.

3.- Asimismo se debe acabar con la imposición ideológica en la enseñanza y sustituir al personal fanatizado nacionalista. Porque desde la Transición, y gracias a que la inmensa mayoría del personal docente que dominaba el euskera lo hacía porque estaba fuertemente politizado, esa lengua ha servido como instrumento de control ideológico.

4.- Es también preciso un proceso de desideologización del euskera que sólo se puede conseguir llevando el pluralismo a ese mundo. Para que dicho pluralismo sea una realidad es imprescindible promocionar el constitucionalismo en euskera, esto es que tanto escritores como traductores o funcionarios comprueben que no es necesario ser nacionalistas para ser remunerados por el uso de ese idioma.

5.- El nuevo Gobierno vasco debe hacer cuanto esté de su mano para que vuelvan a la docencia los profesores que han sido apartados de las aulas por criterios de discriminación lingüística o que han tenido que dejar el País Vasco durante estos años (muchos eran socialistas) para seguir ejerciendo su profesión. Es precisa una “Ley de perfiles democráticos” que complemente la de “Perfiles lingüísticos” y que excluya sin miramientos a los enseñantes que hagan apología del terrorismo o profesión de etnicismo sabiniano.

6.- Se debe promover una política que favorezca con eficacia el “acercamiento”, no de los presos, sino de los “vascos libres”, o sea el regreso de los exiliados no nacionalistas en general.

7.- Para favorecer ese regreso de los exiliados se deben tomar medidas eficientes que protejan sus datos personales en las instituciones, y que salvaguarden su seguridad ante la amenaza y los tentáculos informativos de ETA, ya que esa inseguridad ha sido una de las grandes causas que han llevado a muchos vascos a empadronarse fuera de Vasconia.

8.- Es necesario llevar a las víctimas a la universidad y a la escuela vascas porque no hay mejor modo de combatir la fanatización nacionalista inculcada durante tantos años que hacer que las jóvenes generaciones conozcan de primera mano el testimonio de quienes han pagado las consecuencias de esa aberración.

9.- El nuevo Gobierno deberá corregir todas las tergiversaciones y falsificaciones nacionalistas en la enseñanza y especialmente en las materias de Historia, Geografía y Pensamiento Político.

10.- La democratización de EITB es fundamental tanto en lo que toca al personal como a los contenidos.

11.- La cultura es un ámbito que se debe abordar de una manera profunda. Es preciso “rehabilitar tanto para la escuela como para los medios de comunicación oficiales y la ciudadanía en general a los grandes referentes de la cultura española. Miguel de Unamuno, Pío Baroja, Blas de Otero, Juan Larrea, Agustín Ibarrola… deben dejar de ser unos proscritos.
La estimagtización de artistas e intelectuales vivos y muertos debe tocar a su fin en la Vasconia que traiga el cambio democrático.

12.- El Gobierno vasco y la nueva mayoría que ha llegado al Parlamento de Vitoria deben eliminar drásticamente todas las subvenciones a los familiares de los presos por terrorismo y todo el dinero que las instituciones han dado hasta ahora a ETA o su entorno.

13.- Del mismo modo, ese Gobierno y esa nueva mayoría parlamentaria deberán poner todos los medios a su alcance para que el mundo de ETA no reciba dinero “extraoficial” ni voluntaria ni involuntariamente. El pago del llamado “impuesto revolucionario” debe ser tratado por la Justicia y por las Fuerzas de Seguridad del Estado como un delito y el miedo debe dejar de ser la excusa para cometerlo.

Los que se resisten a pagar el dinero de la extorsión deben dejar de ser “heroicas excepciones”. El Estado debe poner todos los medios para proteger a los extorsionados. Estamos en un momento crucial para acabar con esa lacra que ya ha durado demasiados años. Lo que se asuma ahora como normal -la persecución del delito o la impunidad para cometerlo- tomará carta de legitimidad para el futuro.

14.- Igualmente es preciso terminar con todos los vestigios que queden del “callejero etarra”, con los homenajes a ETA y con la apología del terrorismo tanto en canciones como en cualquier otra manifestación artística.

15.- El Gobierno y el Parlamento vascos deberán imponer por ley que cada ciudad y cada pueblo de la C.A.V. tengan una calle dedicada a las víctimas de ETA, así como liderar regulares reconocimientos oficiales a los señalados por el terrorismo. No hay mejor manera de combatir la infamia que con la Justicia y el resarcimiento moral.

16.- Arrebatar a ETA el control de las fiestas populares mediante una ley que no pueda ser soslayada por los ayuntamientos es otro de los deberes ineludibles para el futuro Ejecutivo y el nuevo Parlamento vascos.

17.- Otro de los objetivos sin el cual el cambio quedaría incompleto es la eliminación de las “embajadas vascas” en distintos países -cuyo clamoroso objetivo por propia definición es la propaganda nacionalista-soberanista- así como el aprovechamiento de todas las infraestucturas oficiales de difusión nacionalista en Latinoamérica y en el resto del mundo -entre ellas el canal internacional de la Euskal Telebista- para la divulgación de valores constitucionales y democráticos.

18.- Para garantizar el éxito del cambio es preciso también un verdadero pacto con el empresariado vasco como el que Suárez llevó a cabo con el empresariado español prometiendo la salvaguarda de sus intereses. El nacionalismo debe dejar de ser rentable para todos los agentes económicos de la Vasconia de hoy, cuya contribución a la estabilidad es básica. No puede haber una transición vasca sin el apoyo del mundo empresarial, como no hubiera podido haber en su día, sin ese apoyo, una transición española.

19.- Es preciso un acuerdo con la Iglesia que garantice la cooperación de este agente social en el cambio como fue necesario tras la muerte de Franco. Figuras como la del obispo Uriarte deben ser reemplazadas por hombres de la Iglesia que hagan en el País Vasco el papel que el Cardenal Tarancón hizo en la transición democrática de España.

20.- El nacionalismo debe perder todas las cuotas de poder posibles y toda su presencia en las instituciones tanto en en la imagen de éstas como en su funcionamiento interno, dada su expresa voluntad de obstruir el cambio y dado el derecho que le asiste al partido gobernante a imponer su personal de confianza.

21.- Los conceptos constitucionales de libertad, igualdad y unidad, que a su vez son los que salvaguardan los valores de solidaridad, seguridad y modernidad de los vascos.

22- Es urgente asimismo un cambio de paradigma civil, la proyección desde el poder de un nuevo modelo de ciudadano antitético al corrupto, aprovechado, arbitrario e iletrado que ha proyectado el nacionalismo durante tres décadas; un cambio de valores en la sociedad vasca y una realidad política que responda a ese cambio porque no basta con desmontar el nacionalismo sino que es preciso sustituirlo por algo que la ciudadanía perciba “como mejor” y a lo que conceda el voto dentro de cuatro años, pues la única garantía del cambio es la concienciación ciudadana y su reflejo electoral.

Sería una tragedia que lo que hoy se transforme no tenga permanencia. Porque su verdadero éxito reside en la continuidad a largo plazo y ésta sólo pueden darla las urnas.

COSTA UROLA



martes 10 de noviembre de 2009

Arafat, ¿a quienes benefició su muerte?


Ni Israel ni los líderes palestinos tienen interés en que se investiguen los todavía desconocidos motivos de la muerte hace mañana cinco años de Yaser Arafat, opina Said A. Assaf, un bioquímico y nutricionista encargado de prescribirle los alimentos cuando enfermó.

"Nadie quiere saber, ni los israelíes ni los palestinos. Ésta es la única razón por la que, nada menos que cinco años después, la muerte de Arafat siga siendo un misterio", asegura Assaf.

Como en cualquier parte del mundo, cuando desaparece el máximo líder, las personas de su alrededor se aprovechan de ello. Su muerte benefició a mucha gente que ahora tiene poder.

La muerte de Arafat sigue envuelta en un halo de misterio, con teorías que van desde el envenenamiento (alimentario, por contacto físico o incluso a través de los oídos), el sida o una cirrosis no vinculada al alcohol.

El hospital militar de Percy (cerca de París), donde Arafat expiró tras dos semanas de permanecer ingresado, no contribuyó a frenar las especulaciones cuando en las 588 páginas de informe médico que entregó a la familia no determinó los motivos de la muerte más comentada en la calle palestina.

El centro médico no halló rastro de veneno conocido en el cadáver del fundador de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), pero Assaf considera que no se hicieron las pruebas necesarias para resolver la incógnita.

"Antes de su hospitalización, Abu Amar (pseudónimo de Arafat) perdía peso de una forma que he visto en animales en mi laboratorio cuando se les inoculaba veneno", apunta.

COSTA UROLA



sábado 7 de noviembre de 2009

A los etarras no, a los piratas sí ¿porqué?


Nunca esperé del Gobierno español que resolviera debidamente los casos de nuestros pesqueros secuestrados, ni espero que algún Gobierno occidental decida mandar diez o doce mil hombres a Somalia a poner orden en el "país", me parece poco realista.

Pero, si no es mucho pedir, me gustaría que alguien me explicara por qué está muy mal pagar a la ETA y muy bien pagar a los piratas somalíes.

Por qué es una barbaridad ceder al chantaje etarra y sin embargo es muy razonable cumplir con todas las exigencias de los piratas del Índico.

Tras más de un mes de regateos infructuosos en Somalia, los presidentes de los Gobiernos vasco y gallego, compungidos ante lo que puede acabar en una pérdida de votos no prevista, han pedido a los jueces que liberen a los piratas que nos hemos traído; una perspectiva, por cierto, que no creo que entusiasme a los interesados.

Pero ¿dirán lo mismo cuando la ETA decida secuestrar a alguien y pedir la excarcelación de tres o cuatro de sus compinches terroristas?

Por más que lo pienso, no lo entiendo. ¿Son muy diferentes los etarras y los piratas? ¿Es porque los de Somalia son negros? ¿Es porque van en barco? ¿Y si ETA decide dedicarse a secuestrar bacaladeros?

No se puede actuar peor ante una crisis. Primero por la negativa de Defensa a embarcar soldados en los pesqueros del Índico, como Francia, y la tardanza en autorizar la alternativa de mercenarios armados.

Después por la arrogante decisión de hacer pública la detención de dos piratas y dar pie a que Garzón tratara de lucirse reclamándolos sin lograr otra cosa que un sainete judicial y el agravamiento de las condiciones de rescate.

Luego ha venido el trato displicente a los familiares de los secuestrados, denunciado por ellos mismos, y el empantanamiento de las negociaciones.

Y por último, hasta ahora, la sensación de caos y apocamiento en un apuro que ya no tiene salida política honrosa salvo la de apresar a posteriori a los asaltantes.

COSTA UROLA



viernes 6 de noviembre de 2009

Modo o forma de no atrapar a Ben Laden


La coincidencia general entre los servicios secretos de todo el mundo es que Bin Laden y sus lugartenientes se encuentran en las zonas tribales pakistaníes, quizá en Waziristán del Sur o Baluchistán.

Ocho años tras su pista no han dado ningún fruto y ni siquiera han impedido al líder de Al Qaeda seguir enviando mensajes a sus seguidores. Su aura mítica no ha hecho más que aumentar entre muchos musulmanes, que ven en su gran escapada una merecida burla al poder estadounidense.

No hay que ser un cínico ni creer en conspiraciones para ver dónde podría estar la razón de Pakistán en querer mantener a Bin Laden en libertad: la presencia de los terroristas más buscados en su territorio ha servido a Islamabad para extraer paquetes de ayuda militar a EEUU y mantener un poder negociador que disminuiría o desaparecería si de repente no hubiera más sospechosos que cazar en su territorio.

La prensa estadounidense asegura que incluso los colaboradores de Clinton se quedaron sorprendidos de que la secretaria de estado dijera al fin lo que todo el mundo piensa en EEUU, pero nadie se atrevía a mencionar. "Rompiendo el silencio de América sobre Pakistán", titulaba el 'Wall Street Journal 'en un editorial lleno de elogios. Lo que dijo fue que Pakistan NO QUIERE DETENER A BEN LADEN.

Quizá para compensar la brusquedad de sus comentarios, la secretaria de Estado recordó que los propios americanos cargan con mucha de la responsabilidad de que Bin Laden no esté muerto o entre rejas.

Era 2001, los talibán habían sido derrocados en Afganistán y el terrorista saudí y sus cómplices se encontraban rodeados en las montañas de Tora Bora. Agentes de la CIA decidieron pagar a muyahidines locales para que dieran caza a su enemigo número uno, eludiendo arriesgar bajas propias e ignorando ese viejo dicho local que asegura que no es posible comprar a un afgano. Ahora bien, alquilarlo.

Los líderes de Al Qaeda se limitaron a pagar más dinero que los americanos y los guerrilleros les hicieron el pasillo hasta la frontera pakistaní, donde al parecer Bin Laden sigue encontrando la protección de las tribus locales.

Unos y otros, pakistaníes y americanos, por motivos diferentes, han demostrado cómo no atrapar al fugitivo más buscado y escurridizo del mundo.

COSTA UROLA



miércoles 4 de noviembre de 2009

Cultura sí, pero ¿cual?


Parece obligado elucidar a qué nos referimos con la voz cultura. Pero verán vuestras mercedes que tal elucidación no es tan relevante, puesto que el nacionalismo opera de la misma manera intrusiva, obsesiva, mitificadora y mistificadora, sea cual sea la acepción de cultura que escojamos. Se me ocurren alguna de esas acepciones.

Cuando decimos "cultura" solemos decir una de estas cosas:

Podemos apelar al sentido que le da el hombre de la calle, generalmente más sensato que los intelectuales: la cultura como un acervo que la sociedad presiente; una herencia de valores y de símbolos, de historia, de literatura y de arte que cada individuo nota como algo que está ahí, algo a lo que, por un lado, pertenece y que, por otro lado, puede aspirar a interpretar y, con algo de ambición, a ensanchar con su contribución.

Podemos reservar la etiqueta cultura para el mundo académico, para las actividades de la Universidad, e incluir sus manifestaciones extrauniversitarias, pero sólo las directamente tributarias de lo que establece "la Academia" en un sentido amplio.

Podríamos optar también por el sentido antropológico de la cultura, y que incluiría absolutamente todo. Todo lo que alguien es capaz de registrar al observar a una comunidad específica. En la acepción antropológica, es cultura la ablación del clítoris, es cultura cualquier serie infecta de televisión (como un culebrón venezolano), y, por supuesto, es cultura lo que hace Ferrán Adriá cuando ofrece a su selecta clientela una espuma de zanahorias con esencia de tomillo y promesa de nabo.

Hay un concepto de cultura bello y melancólico. Cultura sería lo que queda después de haber leído mucho y haberlo olvidado todo. Creo que se debe a André Maurois. Esta visión resulta seductora, pero uno no sabe muy bien qué hacer con ella.

Hay quien se empeña en dar un uso bastardo, sistemáticamente bastardo, a la voz cultura. Es algo muy periodístico. Nos hablan de la "cultura del botellón", de la "cultura del porro", y cosas por el estilo. Es la cultura de la incultura.

Cultura puede ser cualquiera de las cosas expuestas, según gustos y escuelas, según el uso que se quiera dar –descriptivo, instrumental, estético– a ese concepto escurridizo.

De lo que no cabe duda es de lo que los nacionalistas entienden por cultura, a juzgar por sus actos.

¿Qué es cultura para los nacionalistas? Cultura es lo que ellos digan. Cultura es sólo lo que el nacionalista decide que es cultura. Ni más ni menos. Por ejemplo, cultura catalana o vasca es lo que digan las autoridades políticas catalanas y vascas, nacionalistas hasta el paroxismo, nacionalistas hasta el envenenamiento.

Costa Urola

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miércoles 28 de octubre de 2009

Jaungoikoa eta Lege zaharrak


El PNV es un partido dirigido por excuras y como tales usan los batzokis como si fueran púlpitos sagrados.

Ahora se nos anuncia que el PNV no presentará ninguna enmienda a la totalidad y facilitará el tránsito parlamentario de la nueva ley del aborto que perpetra el PSOE.

Según parece, el grupo nacionalista ni siquiera dará libertad de voto a sus diputados en el Congreso para que, unánimemente, tengan que reforzar la posición del PSOE y tan polémica e innecesaria normativa salga adelante en confortable mayoría.

Eso viene a ser una traición tan grande al espíritu fundacional del nacionalismo que, además de convertir en apóstata a Sabino Arana y de pisotear su memoria, hace saltar en pedazos lo de Dios, lo de la Ley Vieja y una tradición confesional de más de un siglo de vigencia.

Hasta ahora, en el País Vasco que imagina el nacionalismo, solo podían ser malos católicos, incluso ateos, los maketos. ¿Mercadeo o evolución?

"Dios y ley vieja" es su lema, aunque voten la Ley del aborto en pie sobre la tierra vasca y ante Dios humillados.

Pero lo mejor es que sin España no tendría sentido su existencia. Y lo saben. Pero todo lo que dicen sus excuras es sólo política oportunista.

Antes de subir al pulpito desde el que ejercen su sacerdocio, ya sabemos de antemano lo que van a hacer y lo que van a decir los jauntxos peneuveros. Su política es, sobre todo, fe. Fe en la caradura y en lo trepa. Fé es creer en lo que ya se sabe que es mentira.

Amen

Costa Urola


domingo 25 de octubre de 2009

PNV : sin salida propia.


Dice Juaristi que va a cumplirse un decenio desde la ruptura de la tregua/trampa de ETA de 1998-1999 y la consiguiente crisis del frente nacionalista de Estella.

No creo que sea imprescindible recapitular la historia de este período, en lo que al país vasco se refiere, para esbozar una comparación de su situación actual con la de entonces. Hay diferencias, desde luego, pero también similitudes inquietantes.

Lo primero que salta a la vista es que las personas del drama son otras que las de ayer (Arzallus, Ibarreche, Eguíbar, Redondo Terreros, Mayor Oreja, etcétera).

El desgaste generacional ha sido intenso y los protagonistas han cedido a otros sus papeles. La pregunta pertinente es si el guión de la obra ha experimentado cambios sustanciales, y eso es lo que no parece ni medio claro.

El frentismo nacionalista, por ejemplo, está lejos de haber desaparecido (de hecho, ha bastado una convocatoria de los sindicatos abertzales a una manifestación de apoyo a Otegui y demás muñidores de ETA, encarcelados por orden de Garzón, para una reposición callejera del pacto de Estella).

Se trata, en el fondo, de que la división política impone la estrategia frentista del nacionalismo revolucionario al PNV, reacio, en principio, a asumir aquélla, que nació, hace cincuenta años, como la alternativa propia de ETA.

Lo relevante es que cuanto más dividido aparece el nacionalismo, mayor es su necesidad de recurrir al frente nacionalista, por motivos obvios.

El frente de Estella habría dejado de existir, según el PNV, tras la ruptura de la tregua de ETA, hace diez años, pero, en la práctica, continuó y continúa operativo hasta hoy día.

Si el nacionalismo fue derrotado en las últimas elecciones autonómicas, no se debió tanto a la proliferación de siglas y de estrategias distintas en su seno, como a la ilegalización de los partidos base de ETA.

La persistencia del frentismo es un hecho. Casi una fatalidad para el PNV, cuyo regreso al Gobierno autónomo vasco pasa obligadamente por la reconstrucción de una mayoría electoral nacionalista.

No puede, por tanto, renunciar el PNV a una estrategia diseñada, en su origen, por ETA.

Previsiblemente, su aproximación al gobierno socialista, que por ahora se limita a un cínico apoyo al proyecto de presupuesto a cambio de concesiones económicas, derivará más temprano que tarde hacia presiones propiamente políticas para facilitar la recomposición de una izquierda abertzale, aunque quizá no a través del modelo clásico de los "procesos de paz", que sólo han favorecido a la banda armada.

Lo que parece evidente es que el PNV no puede descuidar el mantenimiento de la cohesión comunitaria del nacionalismo ni siquiera a la hora de entenderse con Rodríguez.

Y el futuro del PNV, si no hace ese frentismo dirigido por Eta, es no volver a tocar alfombras en Jaurlaritza. Y si sigue en el frentismo de Estella (con otros nombres) se lo tragará el Partido que elija Eta, se llame Batasuna o Biak Bat.

Costa Urola


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