martes, 6 de marzo de 2012

Putin, el matón a lo Stalin

Vladimir Putin entiende todo como un permanente juego de poder. Todo lo que le motiva, interesa y divierte es básicamente despliegue y demostración de poder. Sea deportar a un rival como Jodorkovski a Siberia con una crueldad gratuita propia de Iván El terrible. Sea pescar el mayor esturión del lago, aunque sea con trampas atribuidas al Invicto. Sea humillar a un estadista extranjero o a un gobernador nacional. O asustar a los subordinados.

Todo es permanente exposición pública del poder propio. En realidad Putin no fue nada especial por sí mismo en su irresistible ascensión desde su mediocre vida como agente del KGB en Dresde hasta aparecer junto a Yeltsin como primer ministro y sustituirle como presidente. Lo fue de 1999 a 2008.

Fue sumando poder según lo perdían todos aquellos que no querían cedérselo voluntariamente.

Todos los hombres fuertes de la transición, los magnates y políticos, se postraron ante él o sufrieron las consecuencias de no hacerlo. Que unas veces era la muerte (la física o la civil), otras el exilio, la cárcel o la ruina.

Desde el domingo vuelve a ser presidente de Rusia. Para no enredarse con la constitución le había dejado el cargo durante un mandato a un colaborador, Medvedev, que algunos creyeron alternativa y reveló ser tan sólo un obediente servidor. Ahora el matón con maneras, el hombre que gobierna como Stalin y vive como Abramovic, la perfecta simbiosis entre megamagnate capitalista y tirano feudal, ha vuelto sin haberse ido.

Y sin embargo, pese a su poder total, pese de su victoria electoral, la obediencia del aparato y las masas dependientes que le apoyan, Vladimir Putin ya no podrá gobernar como en sus mejores tiempos de la pasada década. El fraude electoral en las legislativas le ha despojado de su aureola de invencible. Las clases medias, las nuevas generaciones educadas y urbanas le han declarado la guerra.

Veinte años después del hundimiento de la URSS, Rusia es una sociedad cuya esperanza de vida cae constantemente, moralmente en quiebra, con un alcoholismo mucho peor que una peste medieval, una economía que exporta materias primas como un país subdesarrollado, de modernización superficial, que no ha construido otras infraestructuras que las que necesitan sus ricos en unas cuantas ciudades y con unos ciudadanos que sueñan con la riqueza para irse.

Él no podrá cambiarlo y por mucho que juegue ya a padre de la patria, la Rusia insatisfecha podrá con él.

4 comentarios:

  1. Don tella son cosas incomprensibles,como puede salír este hombre elegido. Solo le falta salir en la foto con la camisa abierta y descanisado y con el fusil en la mano y la botella en la otra.Pero claro está, si una persona, vota 8 veces...ya tenemos ahí la respuesta!!!!Pero es que ante eso,se debía hacer algo no???No se...digo yo!!!En fin tella, milllllllllllllllllll besitossssssssssssssss y tu prima de hoy muyyyy biennn :):)El bolsillo del vaquero me encantaaaaaaa jajajajjajajaj.Bikossssss y disculpame si estos 15 días entro o no entro o salgo o no salgo porque me va a ser complicado entrar.

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    1. Disculpa DOÑA MIDALA pero llevo días sin entrar aquí y no me había dado cuenta de tu comentario, que agradezco.

      Ya sabes que allí la democracia es como en todos los sistemas comunistas, aunque ahora no lo sea pero es muy parecido. Gana el que manda. Como En Cuba o en Corea.

      Seis mil besos para vos.

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  2. En Rusia tienen a Putín, en Venezuela a Chavez, en Italia tuvieron hasta hace poco a Berlusconi, magnates del poder político, económico, militar y/o mediático. En España tenemos a los señores feudales del nacionalismo periférico, que aunque no sean regimenes personalistas como los primeros, lo cuerto es que ese poder está latente legilatira tras legilstura. Y las clases medias, las nuevas generaciones educadas y urbanas no le han declarado la guerra, al contrario, sirven vasallaje a sus señores. No sé que es peor.
    saludos

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    1. CIERTO, Don Ilustrado. Quizá hasta es peor la dictadura de los nacionalistas a la de Putin.

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