jueves 12 de enero de 2012

Políticos españoles

Los POLÍTICOS españoles se caracterizan por su apabullante mediocridad. Son segundas o terceras filas en sus profesiones. A varios ministros y ministras de Zapatero no les hubiera contratado nadie ni como auxiliares.

"Consumíamos mi jefe y yo cocaína a diario, pagada con el dinero de la subvención", ha declarado Juan Francisco Trujillo, chofer de Javier Guerrero, exdirector general de la Junta de Andalucía. Con parte del dinero público destinado a paliar el efecto de los paros y sin trabajos, el político y su asistente se dedicaban a correrse las grandes juergas y a drogarse con cocaína de gran pureza y alto precio.

El ciudadano medio, al leer semejante despropósito, ya ni se indigna. Da por hecho que con su dinero, con el que le sangran a través de unos impuestos casi confiscatorios, los políticos se dedican al despilfarro, la suntuosidad y la juerga. A darse la gran vida.

Un periodista, desde Valencia, ha denunciado un caso que puede servir de botón de muestra de la verdadera faz de la inmensa mayoría de las empresas públicas, que ahora Mariano Rajoy pretende embridar y ya veremos si lo consigue. Se trata de Emarsa (Entidad Metropolitana de Aguas Residuales Sociedad Anónima).

Aparte de enchufar en ella a los paniaguados de los partidos políticos, sus directivos, nombrados también a dedo por la clase política, se han dedicado al pillaje en la administración de esa empresa pública.

Cargaron a Emarsa, según el periodista al que me he referido, abultadas cifras de dinero con el fin de comprarse, para ellos y sus familias, bolsos de marca, bolígrafos de lujo, joyas de firma, relojes exclusivos, ropa de alta moda, cestos de bebé, circuitos de spa, alquiler de vehículos de gran cilindrada…

Se obsequiaron con viajes gratis total a muchas de las ciudades más caras del mundo, acompañados por sus familias y sin regatear un solo gasto en ese ejercicio de alto turismo reservado para milmillonarios.

Tenían los mencionados directivos tal confianza en sus proveedores que se llegaron a facturar 1'8 millones de euros, "con un acuerdo verbal".

El exgerente de Emarsa, Esteban Cuesta, que ingresó presuntamente en su cuenta 251.000 euros en efectivo, contrató, por indicación del expresidente Enrique Crespo, a varias personas que solo acudieron a la empresa para cobrar.

Cuando el pueblo tiene miedo al poder omnímodo del Gobierno algo no funciona, cuando es el Gobierno el que teme al pueblo se tiene libertad. Aún no sabemos qué nos espera; de momento ya hemos notado el ruido de la podadera.

COSTA UROLA



4 comentarios:

  1. Cuando sera el dia que la colera del ciudadano.caiga sobre las cabezas de estos sinverguenzas.Las noticias se suceden pero no hay reaccion del pueblo.Lo malo que cuando suceda la violencia sera imparable.un saludo.

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    1. DON AGUSTÍN

      La cólera del pueblo va a ser terrible el día que dé rienda suelta a lo que siente. Pero de momento este pueblo es manso y aborregado.

      Tendrían que vienir HAMBRUNAS por culpa de los políticos para que la masa se lanzara a las calles como ha sucedido en los países de los moros.

      Aquí se traga todo y algunos incluso piensan que ellos harían lo mismo si estuvieran en el Poder. No hay cultura de DEMOCRACIA.

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  2. Es que, el sueño de muchas personas -por llamarlas de alguna forma- es hacer lo mismo que han hecho estos frikis sinvergüenzas. El resto de la población parece resignada a su suerte. Van derechos al matadero y no se quieren dar cuenta, como los niños pequeños, que piensan que si cierran los ojos desaparece ese perro que les asusta.

    No me lo explico.

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    1. DOÑA CANDELA
      Así debe de ser porque a casi todo el mundo le parece NORMAL que los políticos se lo lleven crudo, como si fuera uno de los atributos propios natos de todo cargo político.

      Y, como comentas, el gentío prefiere pensar que con arreglarselas cada uno malamente con lo suyo, ya pasará el chaparrón.

      Creo que todo esto proviene de una sociedad sometida durante siglos poder feudal de los señores y de los caciques. Y hay resignación hreditaria de salir lo menos mal posible.

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