La historia reciente de Europa está cuajada de reyes sin corona tratando de encontrar un sentido a sus vidas desde exilios más o menos dorados. De todos ellos,
Leka I, autoproclamado
rey de Albania, es de largo el que cuenta con la biografía más rocambolesca; mucho más cercana a la de un jefe mafioso que a la de cualquier eterno aspirante al trono.
Leka Zogu nació en Tirana el 5 de abril de 1939. Sus padres eran Zogú I (el primer monarca de la Albania independiente) y la reina Geraldina, condesa húngara apodada, por su extraordinaria belleza, La rosa blanca de Hungría. Sólo
cuatro días después de su llegada al mundo, la familia real al completo se vio obligada a exiliarse.
El desencadenante fue la invasión de las tropas fascistas de Mussolini. Il Duce colocó, además, en el Trono albanés al monarca italiano, Víctor Manuel III. Leka pasó los primeros años de su vida deambulando de país en país de acogida: Grecia, Turquía e Inglaterra, entre otros. Al término de la II Guerra Mundial, la familia se trasladó a París.
La esperanza de poder regresar a su patria se esfumó en cuanto se proclamó, en 1946, la República Popular Comunista, el régimen estalinista que más tiempo perduraría en el Viejo Continente -hasta 1992-, y que prohibió la entrada en el país en todo ese tiempo a cualquier miembro de la realeza albanesa.
Pese a todo, Leka fue educado como un príncipe heredero. Estudió el bachillerato en Suiza, recibió formación militar en la elitista Academia de Sandhurst (Gran Bretaña) y cursó estudios de Ciencias Políticas y Económicas en la Sorbona de París. El 15 de abril de
1961, horas después de que muriera su padre,
Leka I se autoproclamó rey de Albania en la suite del hotel de París donde residía, aclamado por algunas decenas de seguidores. Su título había dejado de tener valor en su país; sin embargo, aún había regímenes dispuestos a dispensarle trato de soberano.
Era el caso de la España franquista, donde se instalaron Leka y la reina madre Geraldina en abril de 1961. Su estancia en nuestro país se prolongó hasta 1979, rodeada su figura por un sombrío halo, al que contribuía su extraña forma de vida, de ostracismo autoimpuesto.
Su residencia parecía un búnker militar, protegido por una legión de fieles guardaespaldas albaneses. Él mismo siempre portaba armas de fuego, con las que intimidaba a cualquiera de sus visitas, tanto o más que por
sus más de dos metros de altura. Dedicado a organizar la resistencia exterior al régimen comunista albanés, se decía incluso que entrenaba en su residencia madrileña a un auténtico ejército paramilitar.
En octubre de 1975 se casó en Illescas (Toledo) con Susan Ward (conocida desde entonces como reina Susan), una joven de origen australiano, amiga del entonces presidente Arias Navarro, que al parecer hizo las veces de casamentero.
La llegada de la democracia hizo insostenible la permanencia de Leka en nuestro país, dado que sus actividades conspirativas y
el tráfico ilegal de armas con el que se le relacionaba no cesaron. Por ello, el presidente Suárez ordenó su expulsión de España en enero de 1979.
Junto a su familia, Leka se marchó a
Rodhesia (hoy Zimbabue), donde permaneció casi año y medio antes de instalarse, en 1980, en la Sudáfrica del Apartheid. A Leka se le relacionó con distintos grupos ultraderechistas y consiguió inmunidad diplomática. Su actividad política se incrementó. En 1985, tras la muerte del presidente estalinista de Albania
Enver Hoxha, llamó a la "unidad de los nacionalistas en el interior y el exterior del país". Y un lustro después, mientras seguía colaborando en la organización de la oposición en el exilio, arengó a los albaneses para que lucharan contra el régimen comunista hasta derrocarlo.
Sus vínculos con traficantes de armas no cesaron. De hecho,
en 1991 fue detenido por la policía de Johanesburgo, tras hallar en su casa 70 armas automáticas, un lanzador de granadas y explosivos. Fue puesto en libertad tras pagar una fianza.
A la caída de la dictadura estalinista, Leka pudo volver a pisar Albania. Era el 20 de noviembre de 1993, pero permaneció en su país apenas unas horas, ya que las nuevas autoridades de Tirana le expulsaron por su negativa a aceptar el pasaporte republicano del país. En 1997, una vez abolido el decreto comunista contra la familia real, Leka I regresó, esta vez para participar activamente en la campaña por el referéndum en el que los albaneses debían escoger entre la república o la restauración de la monarquía.
La primera opción arrasó, con más del 66% de los votos. Leka sufrió un atentado fallido.
Pese al referéndum, Leka se dedicó desde entonces a abanderar una campaña en pro de la monarquía. En una manifestación de apoyo, en julio de 1997, que él mismo encabezaba, se produjo un tiroteo, en el que una persona murió y varias resultaron heridas. Un tribunal de Tirana condenó a Leka a tres años de cárcel "por incitación a manifestarse con armas", aunque no llegó a ingresar en prisión, favorecido por una amnistía general decretada en 2002.
La nueva situación política le permitió dejar Sudáfrica e instalarse ya de forma definitiva en Albania. Su llegada al aeropuerto de Tirana volvió a resultar explosiva, ya que
la policía requisó un centenar de armas de diversos calibres, incluidos nueve fusiles kalashnikov, que formaban parte de su equipaje. Leka defendió que el arsenal formaba parte de la colección de la familia real.
En estos años, la presencia pública del rey sin corona en su país ha sido permanente. Y la buena sintonía con los últimos gobiernos le ha permitido participar en diversos actos ceremoniales.
rey que coleccionaba kalashnik