martes 27 de septiembre de 2011

Fortunas de sátrapas



La Primavera Árabe no sólo ha sacado a la luz la falta de libertades que sufrían los habitantes de Túnez, Egipto o Libia, sino que también ha sacado a la palestra las inmensas fortunas amasadas por tiranos como Ben Alí, Mubarak, Gadafi y por muchos otros dictadores que parecen tener los días contados.

Rastrear los miles de millones de euros que estos sátrapas han ido acumulando y repartiendo por el mundo no es tarea fácil, ya que ellos mismos se han encargado de diversificar sus inversiones.

El capital de uno de los hombres más buscados del momento, Muamar Gadafi, podría llegar a alcanzar los 110.000 millones de euros. La mayor parte (47.000 millones de euros) se encuentra en un fondo de inversión, en teoría público y soberano, pero que la familia Gadafi manejaba a su antojo.

El resto está bien escondido en cuentas de bancos occidentales, especialmente en Suiza, donde el dictador libio tenía a finales de 2009 cerca de 800 millones de euros, y en Reino Unido (1.000 millones de euros fueron transferidos a cuentas del banco HSBC entre junio y septiembre de 2010). El tirano posee además un suculento número de participaciones en empresas italianas como ENI (petrolera), FIAT o el banco Unicredit.

Gadafi no es el único que eligió Suiza como caja fuerte. Tras 32 años de gobierno de Ali Abdulah Saleh, más de 500 millones de euros se han transferido al paraíso fiscal de SUIZA desde Yemen, el país árabe más pobre. Antes de la revolución el 40% de la población vivía con menos de 2 dólares al día.

Desde el reino de Bahréin, escenario también de protestas políticas inéditas hasta ahora, se transfirieron en abril más de 40.000 millones de euros, según el observador político Ralph Schoenman.

Bashar al-Assad, cuya fortuna asciende, según los analistas, a 45.000 millones de euros, tiene depositados en este tipo de entidades financieras más de 1.600 millones.

Y estas cifras son sólo una pequeña parte de lo que los dictadores guardan en el país alpino, ya que sus inversiones en acciones y obligaciones a través de sus bancos no constan en la estadística estatal de la banca suiza.

La mayor parte de los tiranos que ya han sido derrocados o que ven peligrar sus mandatos amasaron sus fortunas desde la corrupción y los sobornos. La familia del depuesto presidente de Túnez, Ben Alí, controlaba el 40% de la economía de su país.

Los métodos del clan de los Mubarak también dejaban mucho que desear. Para poner en marcha cualquier negocio en Egipto había que ingresar una comisión hasta del 20% a las arcas de una compañía de la familia. La corrupción en el país del Nilo era tal que muchos han bautizado ya la era Mubarak como la "era de los ladrones".

Todo ello junto a una riqueza que nunca caduca que los sátrapas se encargan de llevarse consigo en sus últimos momentos de poder: el oro. Lo hizo la esposa de Ben Alí con la tonelada y media del metal precioso que la acompañó hasta Arabia Saudí y así lo ha hecho Muamar Gadafi, con las 29 toneladas que vendió antes de desaparecer del mapa.


lunes 26 de septiembre de 2011

Aislamiento afgano

El periodista afgano Usman Akram Sagardon no sabe precisar cuándo vio por primera vez las imágenes de los dos aviones estrellándose contra las Torres Gemelas. "Tal vez dos o tres meses después de la caída del régimen talibán", dice dubitativo. O sea, en enero o febrero de 2002, más de cuatro meses después del ataque. Las imágenes las emitió la Televisión Nacional afgana.

Mientras el 11 de septiembre de 2001 todo el mundo en Occidente se pasaba horas delante de la televisión sin dar crédito a lo que veía, en Afganistán la gente continuaba en la inopia, a pesar de que el destino del país asiático cambiaría radicalmente como consecuencia de los atentados.

En el Afganistán de los talibanes estaba prohibida la televisión, las fotografías e internet, y sólo había servicio telefónico para llamar dentro de determinadas ciudades. Existía un único periódico oficial de los talibanes, y algunas publicaciones clandestinas pero de distribución muy limitada.

El principal medio de comunicación era la radio, sobre todo Radio Mashad de Irán, y los servicios en dari y pastún (las dos lenguas oficiales de Afganistán) de la BBC y Voice of America. Los talibanes también tenían su propia emisora, Radio Sharia, que básicamente emitía partes de guerra y fragmentos del Corán, y que el día de los atentados no informó sobre los ataques contra EEUU, según recuerda Hafizullah Gardesh, que entonces trabajaba como periodista para esa emisora.

"Radio Sharia emitía cada día hasta las nueve de la noche. La sintonicé hacia las 11 para escuchar si los talibán decían algo sobre los ataques, pero no había emisión", explica Gardesh. La noticia empezó a correr a última hora de la noche, a causa de la diferencia horaria con Nueva York: ocho horas y media más. Aun así, a los que escucharon en la radio la información sobre los atentados les resultó difícil imaginarse qué había ocurrido, sin haber visto las imágenes.

"La BBC hablaba de 3.000 muertos. Como yo ya sabía cómo eran los rascacielos, porque los había visto en alguna película americana antes de la época de los talibanes, me hice una imagen mental de lo que había sucedido", explica Sagardon.

En cambio, el afgano Gardesh no entendió la magnitud de la tragedia hasta que viajó a Pakistán tres semanas más tarde y pudo ver allí las imágenes de televisión de los aviones estrellándose contra las Torres Gemelas.

En cambio, Sagardon fue a las oficinas del gobernador provincial en la capital afgana el 12 de septiembre, y afirma que allí la gente se dividía en dos opiniones: "Quienes creían que los ataques los habían protagonizado los talibanes y, en consecuencia, interpretaban que los talibanes estarían en el poder en Afganistán mucho tiempo más porque incluso habían conseguido atentar contra EEUU. Y quienes, en cambio, decían que Al Qaeda estaba detrás de los ataques y los talibanes tenían los días contados porque daban asilo a Osama Bin Laden en Afganistán, y EEUU actuaría contra ellos", relata.

Amir Shah fue uno de los pocos afganos que pudo ver en Afganistán las imágenes de los atentados contra EEUU el mismo día que ocurrieron. Trabajaba como periodista para la agencia de noticias Associated Press (AP). "Corrí a la redacción de la Agencia France Press (AFP) para ver la televisión", recuerda. AFP era el único medio que tenía un periodista extranjero permanentemente en Kabul y, por eso, estaba autorizada a disponer de una antena satélite.

Diez años después, Amir Shah continúa trabajando para AP y considera que Afganistán vive ahora su mejor época. "Tenemos televisión, internet, teléfono móvil, podemos trabajar con libertad como periodistas, y ya no hay toque de queda", destaca. En Afganistán hubo toque de queda desde 1979, cuando empezó la guerra contra la URSS, hasta principios de 2002. Estaba prohibido salir de casa de las 10 de la noche a las cinco de la mañana.

Lo que no ha cambiado es que la religión continúa siendo intocable.

COSTA UROLA


jueves 22 de septiembre de 2011

Planchado de pechos en Camerún

Cathérine Gisèle Fouda se pasó la infancia llorando. A los 10 años, cuando sus senos empezaron a brotar, no se imaginaba que con su pubertad llegaría la peor tortura a la que ha tenido que enfrentarse en la vida: el planchado de sus pechos.

"Me crecieron antes que a mis hermanas mayores... Y mi madre decidió planchármelos. Lo hacía dos veces al día. Por la mañana y por la tarde. Así durante tres semanas. Me dolía una barbaridad. Pero mis gritos no impidieron que mi madre siguiera con su tarea".

Cathérine es una de las cuatro millones de mujeres en Camerún que, de pequeña, vivió una de las prácticas contra la mujer más ancestrales y brutales del continente: el intento de aniquilación (con piedras, palos o vendas calientes) de los pechos, el órgano erótico por excelencia en Camerún.

Una brutalidad que además se practica entre las mujeres de la familia con un único objetivo: evitar las miradas obscenas de los hombres. Que no se despierte en ellos su deseo sexual y termine en una violación. Y en un embarazo prematuro. Y en un contagio de sida. Sí, "mutilación femenina" para evitar al macho depredador.

En Akono, al norte de la capital Yaoundé, en el epicentro de una práctica tan antigua como atroz que, además, se extiende a los vecinos Nigeria, Costa de Marfil, Togo, Guinea Conakry y Burkina Faso. En este pueblo, cristiano, tranquilo, bendecido por lluvia del clima tropical, hasta el 80% de las mujeres han sido sometidas a una costumbre que consiste en presionar con fuerza el pecho con un mazo de madera o una piedra al rojo vivo para mermar y detener el crecimiento de la glándula mamaria.

Un pueblo atractivo por su calma que, sin embargo, esconde una tasa de sida del 30%.

"A fuerza de planchar mis pechos, me empezaron a salir ampollas y abscesos", relata Cathérine, hoy una joven de 23 años, madre de dos niños a los que no ha podido amamantar. Tras muchas sesiones de gritos y lloros, por fin su madre se dio cuenta de las consecuencias de la práctica. "Me llevó al hospital y el doctor le recomendó no hacerlo más. Por fin alguien convenció a mi madre para que dejara de plancharme los pechos. Cuando di a luz a mi primer hijo, a los 15 años, le tuve que dar leche artificial porque de mis senos salía un fluido negro".

De madres a hijas, de abuelas a nietas, de tías a sobrinas y entre hermanas. El planchado lo realizan las propias mujeres contra las mujeres. El objetivo: preservarlas del ojo del macho violento reprimiendo cualquier atisbo de atractivo sexual.

Sin embargo, no parece que la costumbre dé sus frutos. Camerún es un lugar donde embarazo y adolescencia suelen ir de la mano (hasta el 30% de los embarazos son no deseados, según fuentes locales). Un lugar que, además, sufre una carencia absoluta de educación sexual, clave para poner fin a la tortura que sufren estas niñas, cuyas madres prefieren curarse en salud antes de verlas con el vientre hinchado.

Una piedra, una hoja, una espátula, una cáscara de coco. Calentados al fuego de la cocina, y aplicados al rojo vivo. Todo vale para suprimir la voluptuosidad femenina que, en estos países de la costa oeste africana, se considera una maldición que sólo puede traer miseria entre las adolescentes.


El dolor que sufrió Nguini Stéfanie Pierette tampoco sirvió para nada. A los tres años de ser víctima del planchado, sus senos reaparecieron. Esta joven de 21 años me cuenta cómo volvió a la casilla de salida tras sufrir lo indecible. "Un día volvía de la escuela y mi madre me llamó. Tenía 10 años. Me pidió que me levantara el vestido. Dijo que mis pechos estaban creciendo con rapidez y hacía falta pararlos".

"La primera vez que lo hizo, cogió una espátula, la calentó y presionó con ella sobre mis senos. ¡El dolor era insoportable!". Así durante cuatro días interminables para Nguini, que aún hoy argumenta que su madre sólo quería que su hija siguiera en la escuela, feliz y inocente, sin conocer el trágico mundo de los adultos: "Mis senos desaparecieron".


Con información de Joana Socías

COSTA UROLA


lunes 19 de septiembre de 2011

Otzi, cazador

Sabemos muchas cosas sobre él, aunque vivió hace unos 5.300 años y, como es lógico, jamás pudo escribir su historia. El hielo lo hizo por él.

Ötzi era un cazador prehistórico, tal vez también pastor y pescador, que falleció desangrado a una edad estimada de 45 años después de que una flecha atravesara su cuerpo por la espalda, y, de remate, recibiera un fuerte golpetazo en la cabeza.

Así se quedó, tendido en el hielo, a 3.210 metros de altitud en el glacial italiano Schnal Valle, en los Alpes orientales, donde fue descubierto por un matrimonio alemán tal día como hoy, 19 de septiembre, hace ahora 20 años.

Ötzi es la momia humana más antigua del mundo y ha acaparado la atención de cientos de investigadores. Puede que solo fuera un simple arquero, pero su historia, con un crimen a traición como final, es apasionante.

De Ötzi sabemos muchas cosas. Incluso que tenía la tripa llena cuando murió (de cabra salvaje).

COSTA UROLA

domingo 18 de septiembre de 2011

Negros en Libia

El hombre que apunta con la pistola a la cabeza del detenido es, obviamente, el vencedor. Es uno de los revolucionarios que se levantó contra el régimen de Gadafi.

El otro hombre es, supuestamente, un mercenario contratado por el dictador para sofocar la revolución. Como es difícil que llegue a ser juzgado, es poco probable que se sepa con seguridad.

Lo que las organizaciones de derechos humanos aseguran es que, en muchos casos, los rebeldes están aprovechando para hacer una limpieza racial: se ha desatado la caza de negros.

Libia tiene una tasa alta de habitantes de color porque Gadafi acogió durante años a miles de inmigrantes subsaharianos para impedir que salieran en pateras, por lo que la Unión Europea le pagó millones de euros, en aplicación del programa Frontex.

Muchos de estos trabajadores fueron reclutados por el régimen al comienzo de la guerra y utilizados como carne de cañón. Y ahora, con los vencedores, no parece que vayan a tener mejor futuro.

COSTA UROLA



jueves 15 de septiembre de 2011

Ahora asesinan a asesinados

En San Sebastián han destruido el monolito que recordaba en el monte Igueldo a Fernando Múgica. Como antes destruyeron el de Jáuregui. Como han roto y pintarrajeado tumbas de otras víctimas. A las que quieren insultar después de muertas.

Como quieren herir a sus familias aun más y todavía, años después de haberles causado el dolor supremo del asesinato del padre, hijo, marido o hermano. En realidad estos mensajes violentos del odio incansable son otra forma de exigir la liquidación total de la víctima, físicamente ya destruida. Por medio de la desaparición de toda huella del mismo, del paisaje y de la memoria.

Como hacen los nazis desde la guerra con la profanación de cementerios judíos. Dice ahora la Alcaldía donostiarra de Bildu que restaurarán el monumento. Y lo hará. No quieren ponérselo difícil al Tribunal Constitucional que habrá de decidir sobre la legalización de su otra franquicia, Sortu. Pero tienen lo que necesitan.

ETA hace caso omiso a las llamadas mendigantes de Interior y de periódicos socialistas que intentan desesperadamente adecuar la realidad actual con sus mentiras pasadas y presentes.

ETA no ha atentado. ¿Para qué iba a hacerlo si todo va como quiere? Pero está ahí. Y Bildu es la fuerza dominante en este verano.Todos, y especialmente el diputado general, Martín Garitano, un ridículo pelele de la banda, son omnipresentes en la geografía vasca. Éste, jaleado por los suyos y cortejado por políticos que creen que es respeto institucional el compadreo con este turbio personaje.

Su presencia y el efecto legitimador para la opción política del terror multiplica la publicidad a veces inexplicable que los medios dan a su propaganda en favor de los presos terroristas.

Está consumada la entrada triunfal del crimen organizado en las instituciones. Sin retractarse ni arrepentirse de nada. Muy al contrario, habiendo visto legitimado su historial terrorista por las autoridades gubernamentales y judiciales y por una mayoría de medios deseosos siempre de ayudar a la sensación analgésica de normalidad.

En la escenificación de la mentira que ya despliega Bildu por todo el País Vasco, el juego con las víctimas es especialmente repulsivo. Porque se pretende convertirlas en una especie de damnificados colaterales de un conflicto político solucionado.

Pero al mismo tiempo, los responsables directos de los crímenes que convirtieron a aquellas en víctimas, son ensalzados y erigidos en héroes del pueblo en el salto hacia la plena soberanía. Que los principales artífices del éxito de esta estrategia estén en Madrid no resta mérito.

Mengele no habría tenido el arrojo de invitar a los supervivientes judíos a rezar un kadish flanqueados por la división Totenkopf.


COSTA UROLA



martes 13 de septiembre de 2011

Alfredo, camisa vieja

No sé si los lectores saben que los "camisas viejas" eran los falangistas de primera hora que imitaron a los Camisas Negras de Musolini, y que Franquito los utilizó a su capricho. Y el actual candidato socialista, transmutado en rojo, es un perfecto hijo de familia tradicional de "camisas viejas", por eso sus tics y esloganes que ya usó en su día el Régimen franquista.

Se ha topado con el último que le quedaba por traicionar, él mismo. Y se ha traicionado al convencerse de que sería capaz de cumplir el trabajo encomendado por los viejos del "núcleo duro". No va a ser posible. Ya lo sabe. Y se le nota.

Su tarea era salvar los muebles del tsunami provocado por la tropa de niñatos de Zapatero. Llegaron en 2000 sin más ni menos trampas de las habituales. Dieron vidilla al partido maltrecho y les vino Alá o lo trajeron en 2004.

Se les dejó hacer tropelías porque salían las cuentas. Pero el efecto devastador de sus gobiernos se ha llevado todo por delante. Y amenaza con hundir al PSOE en el basurero de la historia.

La tarea asignada a Rubalcaba es salvar algo de aparato para preservar su existencia. Evitar que los papeles se dispersen, con las consecuencias (también penales)  que podría tener que se airearan en hipotéticos litigios por los despojos.

Y esto, sin refugio alguno de poder institucional y territorial. Este partido reinventado después de la dictadura con fondos alemanes, israelíes y norteamericanos y convertido de inmediato en el mayor gestor de poder y empleo del país, se queda sin lo uno y lo otro. Amenaza ruina total.

Dicen conocedores que la masa crítica por debajo de la cual ese partido entra en proceso de disolución está en 80/90 diputados. En parte por la disgregación nacionalista consumada. Hay encuestas que dejan a don Alfredo ya en los 90. Y salvo suicidio del contrario, todo indica que su situación se agrava por semanas.

A nadie puede extrañar que Rubalcaba esté desganado. Sólo una inmensa trampa podría librarle a él y al PSOE de lo que no deja de ser justicia poética. Pero tendría que ser algo muy grande. Demasiado. Y esta vez, la gente está avisada.

COSTA UROLA



domingo 11 de septiembre de 2011

ONeill sabía lo que iba a ocurrir

Cuando el 11 de septiembre de 2001 dos aviones colisionaron con las Torres Gemelas, muy pocos pensaron de inmediato en Osama bin Laden. Quien seguro que lo hizo, porque llevaba tiempo avisándolo, fue John O’Neill, un conflictivo y brillante ex agente del FBI que aquel día estrenaba trabajo: jefe de seguridad del World Trade Center. La torre dos cayó sobre él y terminó con su vida.

¿Por qué nadie escuchó sus advertencias?

En su apretada agenda, los lunes por la noche siempre tenían por escenario Elaine’s, un famoso restaurante de Manhattan frecuentado por investigadores, especialistas en seguridad y oficiales de Policía. O’Neill descollaba dentro de ese círculo: durante años había sido el principal experto del FBI en Osama bin Laden. A partir de 1997 había sido, además, el rostro visible de la oficina del FBI en Nueva York y había dirigido la investigación de los atentados contra las embajadas en África y contra el navío de la Armada USS Cole en el Yemen.

Hijo de un taxista de Atlanta amante de la gran vida, amigo de Robert de Niro, trabajador constante, no es, sin embargo, producto de la imaginación febril de un novelista sino algo auténtico. Muerto a los 49 años, O’Neill no tuvo ni el tiempo ni la posibilidad de terminar su trabajo, a pesar de todo lo que sabía. El gobierno norteamericano no le dio crédito ni tuvo confianza en él, y hasta es posible que haya hecho todo lo posible para hacerlo callar.

Lo que presentía O’Neill, quien había investigado durante años el terrorismo islámico contra Estados Unidos, en Pakistán, África y Yemen, lo había repetido sin embargo la víspera, el 10 de septiembre, durante una cena entre amigos en un restaurante chic, el Elaine’s, del Upper East Side: “Algo nos va a suceder… algo enorme. Habrá cambios… una gran sacudida.

Ante una administración sorda a sus argumentos sobre el importante papel de Arabia saudita en la expansión de las redes de Ben Laden, John O’Neill, desilusionado, presentó su renuncia al FBI.

O’Neill acababa de conseguir un apetecible empleo en el sector privado, como jefe de seguridad del World Trade Center. El trabajo estaba muy bien pagado (300.000 dólares al año) y lo había animado. No es de extrañar que quisiera celebrarlo.

Los amigos recuerdan que O’Neill hablaba a menudo de la posibilidad de un atentado en Nueva York. Según contaron a New York Magazine, unas semanas antes había dicho: "No van a darse por satisfechos hasta que echen abajo esas dos malditas torres", y ese mismo lunes 10 de septiembre, al salir del restaurante, se volvió hacia sus colegas y dijo: "Por lo menos siempre voy a poder decir que mientras yo estuve en la oficina del FBI, en Nueva York nunca se produjo un atentado".

Su compañera Valerie se enteró por la radio del atentado; tuvo que esperar hasta las 9.17 horas para, finalmente, recibir una llamada de John. "¡Hay restos de cuerpos humanos por todas partes!", gritó. "¿Tienes idea de qué es lo que se ha estrellado contra el edificio?".
Valerie respondió que en la radio habían dicho que un Boeing 747. "Te llamo dentro de un rato", dijo John.
O’Neill también habló con su hijo de 29 años, que ese día tenía previsto visitar a su padre en el nuevo trabajo.

Un agente del FBI recuerda haber estado hablando con O’Neill en el vestíbulo de la torre uno, en un improvisado puesto de mando del FBI y los bomberos. Fue visto por última vez andando hacia la torre dos unos minutos antes de que esta se viniera abajo.
Su cuerpo fue encontrado una semana después, y no está claro en qué lugar exacto murió. Pero lo que está fuera de toda duda para quienes lo conocían es que, antes incluso de que llegara el segundo avión, tuvo que haber comprendido quién estaba detrás de los ataques. El hombre que sabía lo que iba a ocurrir a Las Torres de Gemelas de Nueva York.

COSTA UROLA


lunes 5 de septiembre de 2011

Turistas que merecemos

Si hay algo que me sigue dejando patedefuá, pese al escaso margen de sorpresa que a uno le deja ser súbdito español y tener los sesenta tacos casi a punto de nieve, es la facilidad de algunos compatriotas, o como se llamen ahora, para salir en la tele sorprendiéndose ante lo obvio.
Lamentando de pronto, pancarta en alto, lo que hasta el más tonto del pueblo veía venir desde hace años, sin otra bola de cristal que el sentido común. Pensaba en eso este verano, durante los incidentes provocados en algunas localidades costeras por hordas de turistas jóvenes, ebrios y gamberros, mientras las autoridades locales y los vecinos ponían el grito en el cielo, preguntándose qué habían hecho ellos para merecer eso. Lamentando que España, o buena parte de su litoral mediterráneo, se haya convertido en la cochinera donde viene a recalar el turismo más cutre y bajuno de Europa.

La meca de la chusma cervecera, bailona y vomitona, a veinte euros por noche.

Vaya por delante que turismo basura hay en todas partes. Verbigracia, Italia. En materia de chusma, incluida la indígena, poco tienen que envidiar los primos del Lacio y aledaños a nuestros más conspicuos poligoneros nacionales, o a los turistas de cerveza, discoteca con fiesta de espuma y alivio en el portal.

que pasa es que allí, junto a ese turismo de bajo coste y carne sudorosa macerada en alcohol, los italianos, que son varias cosas menos tontos, han sabido mantener, paralela, una oferta turística de alta calidad, con lugares donde el turismo de mayor nivel económico y exigencia, incluida la cultural, también se encuentra a sus anchas. Al menos, de momento.

Sitios, ésos, que viven no sólo de la cantidad de botellas de agua mineral, bocatas y pizzas recalentadas que turistas de menos recursos consumen cada día, sino también de viajeros que pueden gastarse durante una cena con vistas al lago de Como, sin que les tiemble el pulso, 150 euros en una botella de Gaja. Por ejemplo.

Pero eso hay que currárselo. Lo fácil es montarlo con docenas de torres de apartamentos y hoteles baratos, tropecientas hamburgueserías y discotecas, barriles de cerveza en cada esquina y guindillas municipales tolerantes con el guiri que, antes de caer en coma etílico o matarse haciendo el gilipollas en el balcón, se desnuda, orina, rompe y vomita por doquier.

Reconvirtiendo todo el comercio local, restaurantes, tiendas, bares, para adaptarlo a esa subespecie de clientes. Sin exigir, siquiera, que se pongan la camiseta cuando entran descalzos y rascándose los huevos, o el chichi, y que echen la pota en otra parte; no vayan a irse a comprar a la tienda o al pueblo vecinos.

Pero claro. Para combinar este turismo ya inevitable con el de categoría, y aprovechar lo más rentable de ambos, hacen falta cultura, tradición, inteligencia, previsión a medio y largo plazo, y sobre todo la conciencia de que una oferta turística no puede inspirarse sólo en suelta lo que tengas y mañana Dios dirá.

Tomemos por ejemplo La Manga, que algunos conocimos de niños cuando era una bellísima lengua de arena desierta entre dos mares. ¿Imaginan lo que sería hoy ese lugar, de haber caído en manos de promotores inteligentes y con una visión de futuro digna, en vez de acabar convertido en un disparate de especulación y una pesadilla urbanística? ¿Calculan la riqueza que estaría generando para toda la región, orientada a un turismo de calidad con servicios impecables?

Lo nuestro, sin embargo, es otra cosa. Cuando cinco mil alemanes, italianos e ingleses empastillados y borrachos, a los que igual dan Lloret de Mar que Tegucigalpa porque van ciegos, lo ponen todo patas arriba haciendo en manada lo que en su país no les permiten que hagan, y los guardias de la porra se ponen de pronto cumplidores y tienen que correrlos a hostias porque le pegan fuego al pueblo, echamos la culpa a los dueños de discotecas, y a la degradación de valores en la juventud, y a la puta que nos parió.

Obviando que llevamos décadas pidiendo a gritos esa clase exacta de turistas; y que para complacerlos, beneficiándonos de sus miserables migajas, transformamos muchos de nuestros pueblos costeros en barras al aire libre, arrasamos el buen gusto, liquidamos el comercio tradicional, convertimos a nuestros hijos en camareros de chiringuito y lamemos las chanclas a la gentuza de toda Europa.

Por eso tiene coña que ahora, cuando recogemos en el telediario los frutos de nuestro esfuerzo, de ese pan para hoy y hambre para mañana, los alcaldes, concejales, comerciantes y vecinos que por acción o silencio fuimos cómplices de tan grotesco y sudoroso negocio, nos llevemos las manos a la cabeza. Olvidando que a quien pide música luego le toca bailarla.

ARTURO PEREZ REVERTE