domingo 28 de agosto de 2011

Camellero mesiánico

Mesiánico como Hitler, su rostro refleja mejor que nada la magnitud de su locura y crueldad. Acumuló una fortuna de 120.000 millones de dólares, protegió a terroristas y masacró a miles de inocentes.

Hace unos ocho años coincidí en el casino de un hotel de Cannes con un hombre de poco más de 30 años que vestía camisa y pantalón de seda blancos y lucía un fabuloso reloj de oro y diamantes. Le habían reservado dos mesas de ruleta en las que nadie más podía jugar y constituía un alucinante espectáculo ver cómo las llenaba de fichas del máximo valor, apostando a todos los números, pero especialmente al 23.

Calculé que perdía unos 70.000 euros por bola, pero se mantenía impasible y de tanto en tanto se encaminaba a la caja para regresar con más fichas. Era como un niño que contemplara hipnotizado una hoguera que alimentaba con billetes, sin mostrar la menor emoción o compartir sus sentimientos ni tan siquiera con las hermosas prostitutas que se le insinuaban avariciosamente desde el bar.

Debió de perder con sorprendente indiferencia unos 15 millones de euros, y cuando le pregunté al jefe de sala, al que conocía hacía años, quien era aquel irresponsable, me respondió que un hijo de Gadafi que disponía de lo que nunca había visto antes: "Una carta de crédito absolutamente ilimitada".

Tuve que vencer la tentación de acercarme y decirle que había conocido a su padre por lo que me resultaba inconcebible que los sueños de un hombre que por aquel entonces me pareció fascinante acabaran sobre una mesa de ruleta.

Cuando lo entrevisté, en octubre del 69, Muhamar el Gadafi era un joven carismático, lleno de fuerza y vitalidad que esperaba convertirse en el refugio de los desheredados, el hermano de todos los pobres de la tierra y el hombre que convertiría Libia en un paraíso de paz y libertad. Su varonil aspecto y sus limpios ojos inspiraban confianza, y habiendo pasado gran parte de mi vida en África me sentí feliz al suponer que al fin había nacido en el continente un líder digno de tal nombre.

¡Iluso de mí…! Muy pronto Muhamar el Gadafi pasó a ser la antítesis de Dorian Gray, porque si bien en la novela de Oscar Wilde el protagonista conserva siempre una imagen impoluta mientras en un cuadro su rostro va expresando la magnitud de su maldad, el rostro de Gadafi muestra mejor que un millón de palabras la magnitud de su locura y crueldad, ya que ha permitido que la verdad de su alma ascienda y nos permita ver cómo es en realidad.

Su fortuna se calcula en 120.000 millones de dólares, porque en lugar de ser El hermano de los pobres y refugio de los desheredados se convirtió en el saqueador de los hambrientos y protector de los terroristas.

Nacido en el desierto, hijo y nieto de pastores beduinos, supuesto ejemplo de una raza de hombre austero cuya mayor ambición consiste en vivir en paz con sus vecinos y ver multiplicarse su ganado, la vanidad, el poder, la riqueza y sobre todo la impunidad, le convirtieron en el revés de esa moneda.

La impunidad vuelve valientes a los cobardes, osados a los pusilánimes e imprevisibles a los fanáticos, y un buen ejemplo lo tenemos en Adolf Hitler, que acabó desatando una cruel guerra que le costó la vida a 60 millones de seres humanos, porque quienes debían frenarle no supieron hacerlo.

Tan mesiánico como él, Gadafi creció y se hizo fuerte abonado y regado por el miedo o la avaricia, y aún no hace un año que plantaba su jaima donde le apetecía mientras los líderes del mundo acudían a lamerle la mano confiando en que les arrojaría unas migajas. No importaba que masacrara a miles de inocentes, hiciera estallar un avión con 300 pasajeros sobre la mismísima Inglaterra u ordenara ametrallar al presidente de Egipto, Anuar el Sadar, haciendo luego alarde de su hazaña.

Nada importaba porque las petroleras le protegían, y esas empresas no tienen un rostro humano que nos muestre hasta qué punto están podridas.

Pero un buen día, en Túnez, un humilde vendedor ambulante, decidió quemarse a lo bonzo porque la policía le había confiscado el carrito con que daba de comer a su familia, y ese fuego se extendió haciendo comprender a millones de otros humildes, que podían unirse y derrocar a los tiranos.

Y entonces, ¡sólo entonces!, los gobiernos, las instituciones e incluso las petroleras, alzaron la voz proclamando que había que acabar con Gadafi.

¿Dónde estuvieron hasta ese día y hacia qué oscuro rincón miraban? ¿En qué se entretenían y a qué se debe tan súbito interés por invertir miles de millones en ayudar a la reconstrucción de Libia?

Nada necesita ser reconstruido si antes no ha sido destruido, y en este caso la catástrofe no ha llegado de la mano de un terremoto, sino de la de cuantos día tras día y año tras año, 42 para ser exactos, permitieron que les corrompieran.

Admito que me engañara cuando tan sólo era un jovenzuelo deseoso de creer en alguien, pero al igual que al cabo de los años comprendí que me había mentido y escribí un libro en su contra, las cabezas pensantes que nos gobiernan tenían la obligación de frenarle antes de que las calles de Trípoli se cubrieran de cadáveres.

Ahora ofrecen un millón de dólares por su cabeza, ¡poco cebo es ese para un oso tan grande!, apenas lo que perdía uno de sus hijos en 10 minutos de ruleta, y mi esperanza estriba en que no lo cacen por dinero, sino porque un infeliz se prendió fuego intentando impedir que su familia se muriese de hambre.

Vazquez Figueroa


viernes 26 de agosto de 2011

Los pantalones Jeans

Al poco de bajarse del barco que en 1847 le trajo desde Alemania hasta su tierra prometida, el inmigrante judío Loeb Strauss hizo dos cosas: ejercer la profesión familiar de vendedor ambulante y simplificar su nombre haciéndose llamar Levi.

El joven de 18 años deambulaba por las calles de Nueva York ofreciendo telas, agujas, tijeras, botones, peines, libros, zapatos y hasta cazuelas. Era éste un inventario condicionado no tanto a sus habilidades comerciales como por el peso que fuera capaz de acarrear en dos grandes sacos.

Después de tres años de ventas callejeras, dos hermanos de Levi Strauss consiguieron establecer en Manhattan su propia empresa mayorista. Sin embargo, el joven contagiado por la ambiciosa movilidad americana, quería algo más. Primero se fue a Kentucky pero rápidamente decidió establecerse en California ante las fabulosas oportunidades de negocio planteadas por la locura del oro.

En 1853, San Francisco era una grotesca caricatura de especulación y avaricia. Con un censo de 70.000 habitantes, la ciudad albergaba 399 bares, 28 fábricas de cerveza y destilerías, y una plusmarca de 1.200 asesinatos al año. Además, se acumulaban en su puerto más de un millar de barcos abandonados tras la deserción de tripulaciones completas en búsqueda de oro.

Levi Strauss se dio enseguida cuenta de que había muchísimo más dinero que bienes y servicios a la venta. Una manta que en Nueva York costaba 5 dólares, en San Francisco se vendía por ocho veces más.

La ventaja de ser suministrado por sus prósperos familiares en la otra costa permitió a Levi Strauss empezar a satisfacer las necesidades básicas de su clientela. Y una de las más evidentes era el destrozado vestuario que lucían mineros, leñadores, carreteros y rancheros.

La leyenda dice que el espabilado tendero empezó a confeccionar pantalones de faena con los toldos de caravanas y que los mineros los compraban con polvo de oro equivalente a 6 dólares. Pero la verdad documental se perdió en el terremoto y posterior incendió que devastó San Francisco en 1906.

Lo cierto es que Levi empezó a vender cada vez más pantalones de trabajo, elaborados a partir de una resistente tela azul de algodón. Aunque la génesis de los vaqueros requirió de otro inmigrante judío, Jacob Davis, que tras intentar diversos negocios con poca suerte, ejercía de sastre en Nevada. Fue a él a quien se le ocurrió utilizar lienzos de tiendas de campaña, remaches metálicos y puntadas a juego con hilo de color naranja.

Levi Strauss empezó suministrando materiales a Jacob y terminó financiando los laboriosos trámites para patentar el método de confección de pantalones aptos para el Salvaje Oeste.

Y el sastre se quedó a cargo de la factoría de Levi donde un ejército de costureras trabajaba a destajo para satisfacer la demanda de esa prenda laboral garantizada. Ahí nació la marca registrada de los dos caballos poniendo a prueba la dureza de un par de vaqueros.

No hubo que esperar mucho para que los "jeans" empezaran a trascender su origen de utilitarismo democrático para convertirse en símbolo de otras cosas.

COSTA UROLA


jueves 25 de agosto de 2011

Esterilizador campeón

A media tarde, la voz del doctor Pant suena exhausta. Esta mañana (13 de julio) ha viajado de poblado en poblado para esterilizar a 100 mujeres. Ahora, le aguarda otro buen tute en la carretera para operar a 30 pacientes más. "Es un trabajo durísimo, me paso todo el día al volante...", resopla por teléfono. "Pero no me quejo, porque Dios me ha elegido para esta misión".

Así es la rutina diaria del doctor Lalit Mohan Pant, de 55 años. Y hoy, por ejemplo, es una jornada relativamente tranquila: su récord de operaciones en un día es de 816. Una hazaña que sólo podría completar "el cirujano más rápido del planeta", como le describe el diario The Times. "Si todo sale bien, puedo esterilizar a una mujer en 20 segundos", asegura orgulloso.

Según sus propios cálculos, ha completado más de 275.000 operaciones en tres décadas de carrera, entre vasectomías y ligaduras de trompas. Que él sepa, nadie se acerca a esta sensacional marca, ni en India ni en el extranjero.

El cirujano obtuvo su mejor marca el año pasado, cuando 27.568 personas se pusieron en sus diestrísimas manos, según el Hindustan Times,. "En este tiempo, no ha fallecido ninguno de mis pacientes...", dice. "Sé que soy un buen cirujano, pero Dios debe de estar de mi parte. Si no, no me explico tanta suerte...".

Las maratonianas jornadas de Lalit Mohan Pant arrancan al alba en su bungalow en un suburbio de la ciudad de Indore, a 800 kilómetros al sur de Delhi. Tras recopilar su instrumental quirúrgico, besa a su esposa y sus dos hijas, de 21 y 17 años, que estudian medicina para seguir el ejemplo de su progenitor. Luego, se monta en el coche y se encamina a su primera cita.

El doctor Pant recorre los quirófanos por los 308.000 km² de su estado natal, Madhya Pradesh, en el centro de India. Allí, el Gobierno ha emprendido una agresiva política para rebajar el índice de natalidad (3,1 niños por mujer) y así frenar una población que ya roza los 76 millones. La clave son los campos de esterilización: precarias clínicas rurales en las que los campesinos (ombres y mujeres) se ponen en sus manos para dejar de procrear.

Cada mes, el doctor Pant recorre unos 6.000 km por los sinuosos caminos de Madhya Pradesh. En un solo año, ha llegado a visitar 627 campos, donde suele intervenir a 20 o 30 pacientes. Todos salen de su quirófano con un ligero dolor genital y una modesta propina en el bolsillo: 600 rupias (9,5 euros) para las mujeres y 1.100 rupias (17,5 euros) para los hombres.

"No es un pago, sino una compensación", recalca. "Hablamos de gente pobre, que no puede permitirse faltar al trabajo. Así que les damos un dinero para que se queden en casa y reposen. Esto es una misión social".

Cuenta el doctor Pant que el secreto de su productividad es el trabajo duro y, sobre todo, su depuradísima técnica. Tras 30 años de práctica en el quirófano, es capaz de esterilizar a las mujeres en menos de un minuto. Para ello, emplea un laparoscopio con el que examina las trompas de falopio y las une con un plástico.

Con las vasectomías tarda un poco más: un par de minutos con anestesia local. Más que esgrimir el bisturí, explica, lo complicado es convencer a los hombres de que se operen. Hace unos años, apenas tenía pacientes masculinos; ahora, suponen el 20% de su clientela. Quizá este incremento se deba a que el doctor Pant suele explicarles que él mismo está operado desde hace una década y que su vida sexual no se ha resentido.

En los últimos años, los programas de esterilización de Madhya Pradesh han disparado la demanda de cirujanos. Así, trabaja de lunes a domingo, en agotadoras jornadas de 16 horas.

Cuenta el doctor Pant que, según sus cálculos, cada operación "evita 2,7 nacimientos". Es decir, que sus pericia habría impedido que 742.500 niños hayan llegado al mundo. Sin embargo, el cirujano no siente ningún remordimiento. Asegura que a nadie se le fuerza a operarse y que la mortalidad infantil en su estado ha caído un 28%.

COSTA UROLA


domingo 21 de agosto de 2011

Arafat fue asesinado por los palestinos

La periodista que mejor conoció al líder palestino, quien hasta le pidió matrimonio, arroja luz sobre la acusación que esta semana recayó sobre el sobrino de Arafat: le envenenó en París. Ella aún conserva una carta en la que el presunto verdugo anunciaba sus planes a Israel.


Gaza, 13 de julio de 2003.

Al Ministro de Defensa de Israel, señor Shaul Mofaz.

"Estimado Señor Ministro: …Puede Usted estar seguro que los días de Arafat están contados pero permítanos terminarlo a nuestra manera y no a la suya… Y puede estar seguro también… que daré mi vida para mantener las promesas que hice frente al presidente Bush".

Recibí esa carta el 15 de julio de 2005, ocho meses después de la muerte de Yasser Arafat en un hospital de París. El documento proclamaba el asesinato de Arafat por Mohamed Dahlan, alguien que se decía sobrino o primo de Yasser, según el aire que corría. Las relaciones entre Arafat y Mohamed Dahlan nunca habían sido idílicas por la ambición de este último.

En los medios en que yo trabajaba entonces, nadie quiso publicar la carta. Y he aquí que aparece esta semana el informe de los miembros de Al Fatah, la organización creada por Arafat: 118 páginas con infinidad de pruebas de que el líder palestino fue envenenado. Y por su pariente. Un guardaespaldas recibió la orden de quemar los frascos de las medicinas que le habían suministrado.


Se produjo el 11-S, excusa para la guerra contra el terrorismo. La prensa divulgó que unos palestinos habían cometido los atentados. Imágenes de 15 hombres gritando de alegría darían la vuelta al mundo. Después se supo que en realidad eran agentes del Mossad con keffie y disfrazados de árabes. La responsabilidad palestina fue desmentida en el día y los del Mossad, acompañados al aeropuerto. ¿Tenían ellos algo que festejar? ¿El éxito del operativo?

Los asesinos del 11-S dejaron más pruebas que un elefante en una cristalería, y no coincidentes con la versión oficial.

Ahora, una muralla separaba a los palestinos. Vivían en la más grande prisión a cielo abierto del mundo. El ejército israelí arrasó Yenin, asedió Belén y atacó la Basílica de la Natividad donde se habían refugiado miembros de la resistencia. En 2004, Sharon se decanta por los asesinatos selectivos. El primero en morir es Alí Mustafá, jefe de la OLP. Sharon declaró compungido: "Hice muy mal en no matar a Arafat en el Líbano".

No tenía de qué quejarse, lo intentó pero  el 22 de marzo de 2004 fue asesinado Ahmed Yasín, jefe espiritual de Hamás, quien era parapléjico.

Hasta ahora, la Autoridad Palestina culpaba a Israel de la misteriosa enfermedad que acabó con la vida de Yasser Arafat en 2004. Así, el informe de Fatah es el primero en el que la cúpula palestina señala a uno de los suyos, Mohamed Dahlan, como responsable de la muerte de su presidente. Además, el texto acusa a Dahlan del presunto asesinato de otros altos cargos palestinos y de apropiarse de 300 millones de dólares que EEUU donó a su pueblo para crear un cuerpo de seguridad.

ISABEL PISANO


miércoles 17 de agosto de 2011

Bic Phone


El Bic Phone, que aterriza en nuestro país de la mano del operador Orange, costará 29 euros e incluirá 12 en llamadas. Tendrá las funcionalidades más básicas, es decir, llamar y enviar mensajes cortos (SMS), radio FM, alarma y calculadora.

En Bic explican que el objetivo de la compañía "siempre ha sido el mismo: simplificar el acceso del consumidor a determinadas categorías de producto, en este caso la telefonía móvil, aportando al producto las funcionalidades y los servicios realmente necesarios a un precio accesible para todo el mundo, sin comprometer su calidad".

El móvil estará disponible en puntos de venta muy diversos, como estancos, papelerías, gasolineras y grandes superficies comerciales. Funciona con una tarjeta SIM de prepago recargable, por lo que, aunque se publicita como "desechable", no es de un solo uso. En esto se diferencia de las tradicionales cámaras de fotos de "usar y tirar", cuya caducidad es el número de fotos que admite el carrete.

En Francia, donde el Bic Phone fue lanzado hace un año, se vendieron 110.000 unidades en nueve meses. El interés del usuario es diverso: hablar desde el extranjero evitando el costoso roaming; padres que se lo compran a su hijo para que esté comunicado durante un viaje o de campamento; personas que venden el coche o la casa y no desean hacer público su número personal para recibir ofertas; o, simplemente, quienes solo necesitan el móvil para llamar y recibir llamadas, y valoran mucho los precios muy bajos y no tener compromisos con el operador.

Primero fue el boli, luego el encendedor y ahora el movil. Todos BIC.

COSTA UROLA

domingo 14 de agosto de 2011

Etiopía, los afar del infierno

En el extraño paraje africano de la foto hay unos 50 grados.Es el desierto donde viven y trabajan los afar, un pueblo nómada dedicado al comercio de la sal que extraen de estas grietas volcánicas. Bienvenidos al lugar más cruel del planeta.

En el norte de Etiopía, dentro del desierto que delimita las fronteras con Eritrea y Yibuti, la depresión de Danakil representa uno de los puntos más estériles y tórridos de la Tierra.

Aquí, las temperaturas suelen rozar los 50 ºC y caen menos de 180 mm de lluvia al año. Hay zonas que llegan a estar a 156 m bajo el nivel del mar y el aire sofocante cargado de polvo arrastra la pestilencia del azufre de más de 30 volcanes activos.

En lugares como el cráter del Dallol, a 48 m bajo el nivel del mar, la actividad volcánica ha pintado el suelo con los colores ocres, amarillos y naranjas del azufre, y el agua termal que se estanca en piscinas naturales adquiere colores que van del azul turquesa al verde esmeralda, dando al paisaje un aspecto ultraterrenal.

Es un lugar de extraordinaria belleza, pero de una belleza mortal. Las chimeneas y discos de travertino, formados por el depósito de minerales vomitados por la actividad volcánica desde el interior de la tierra, pueden quebrarse con facilidad. Y debajo corren aguas en ebullición. Pero, para el pueblo afar, este mundo torturado es un tesoro; un tesoro de sal.

Grandes salinas salpican el desierto de Danakil. La sal, antigua moneda de cambio, se extrae de la depresión y se transporta en asnos y dromedarios hasta el mercado de Barahile, desde donde se reparte por toda Etiopía y parte de Sudán. Y reporta tanto beneficio que los locales la llaman el "oro blanco"; pero el oro blanco es de los afar.

Miles de dromedarios entran y salen cada año de la depresión de Danakil. Las caravanas llevan más de dos milenios internándose en este desierto. Cristianos tigré y musulmanes afar comparten la ruta. Ante el negocio, las diferencias religiosas pasan a un segundo plano.

Las caravanas descienden del macizo etíope y se adentran en la tórrida llanura por la noche para llegar a las salinas y cargar las bestias antes de que el sol haga insoportable el trabajo. Pero para entrar en la salina deben pagar a los afar; casi un euro y medio por cada dromedario y diez céntimos por cada asno. La mitad si eres afar. La diferencia no es cuestión de religión, sino de sangre.

En el interior de las salinas, los focolo, los cortadores de sal, fragmentan el suelo, sacan grandes bloques y los tallan en losas cuadradas de unos ocho kilos que llaman amolé. Por cada amolé, en el mercado de Barahile se obtienen 1,60 euros. A los dromedarios se les pueden cargar 20 bloques, y cada caravana cuenta con 20 dromedarios. Un negocio para estos duros nómadas del desierto. Y un gran negocio para los afar, que cobran las tasas a todos los caravaneros.

Mientras haya sal, los afar cuidarán celosamente de sus minas. Y de momento parece que la sal será ilimitada. Dentro de cien millones de años las tres grandes grietas que separan lentamente la depresión de Danakil terminarán por desgajarse y el mar Rojo inundará las llanuras saladas borrando las ancestrales rutas de las caravanas.

Pero lo que preocupa a los caravaneros no es el devenir geológico de la depresión, sino la carretera que poco a poco se ha ido construyendo y que este año llegará al mismo fondo de la depresión. Si los grandes camiones pueden llegar hasta los salares, las caravanas no tendrán sentido y desaparecerán. Y una tradición milenaria, sus gentes, sus costumbres y su modo de vida se irán con ellas. Pero eso no terminará con el negocio de los afar. Sean asnos, dromedarios o camiones, quienes entren en el Danakil tendrán que pagarles tributo.

Información de Fernando González
COSTA UROLA




viernes 12 de agosto de 2011

México, La Mano con Ojos

A "La mano con ojos" le han bastado unos meses para convertirse en un cártel famoso en México. No por el volumen de droga que mueve, que no es poca, sino por la extrema crueldad de este nuevo grupo y la escenificación de sus ejecuciones con un rastro de cabezas separadas de los cuerpos de sus víctimas.

Su creación es tan reciente, que las autoridades mexicanas manejaban un retrato robot de su presunto líder y no una fotografía como es habitual. Hasta ahora porque este jueves lo han capturado y expuesto ante los focos como un nuevo trofeo de la guerra contra el 'narco'.

El fiscal del Estado de México, el territorio donde esta organización ha sembrado el terror y donde se había convertido en una auténtica pesadilla para la policía, ha presentado a primera hora de esta tarde a Óscar Osvaldo García Montoya, alias 'El compayito', a quien las autoridades identifican como el presunto líder de "La mano con ojos".

Después de muchos meses de investigación, la oferta de una recompensa de cinco millones de pesos (unos 300.000 euros) por información sobre su paradero y no pocos crímenes con la firma de su cártel, lo han detenido esta mañana en un barrio al sur de Ciudad de México. Y con su declaración han compeltado un currículo delictivo que lo vincula a 600 asesinatos: 300 en los que ha participado y otros 300 que ha ordenado.

Se ha sabido que el arrestado fue adiestrado como un militar de elite en Guatemala y que antes estuvo en la Marina, fue agente del Ministerio Público en Baja California y policía en dos municipios de su Sinaloa natal.

Fue también allí donde 'El Compayito' se pasó al otro lado en 2002. Entonces, se inició en el narcotráfico al lado de los hermanos Beltrán Leyva en el estado de Michoacán. Trabajó como escolta de Arturo, el todopoderoso y abatido por el ejército 'El Barbas', y como jefe de seguridad de 'El Indio'.

Entre sus numerosos asesinatos, las autoridades mexicanas le atribuyen los de 24 personas secuestradas y ejecutadas en el paraje de La Marquesa en septiembre de 2009. Su zona de influencia actual incluía los municipios de Huixquilucan, Naucalpan, Atizapán, Toluca, Cuautitlán Izcalli y parte del Distrito Federal.

Allí se calcula que empezó a traficar y a asesinar en nombre de "La mano con ojos" en noviembre de 2010. Como tenía previsto hacer también este fin de semana. Tras su detención ha declarado que entre el sábado y el domingo "iba a decapitar a seis integrantes de su organización que han querido desertar".

COSTA UROLA


lunes 8 de agosto de 2011

La deuda puede tragarse el Imperio

El tono y el contenido de la reacción china, y el golpe sufrido hace unos días por el ejército estadounidense en Afganistán (con el mayor número de bajas reconocidas en un incidente de este tipo desde que comenzó la guerra, en el año 2001) refuerzan el convencimiento de muchos observadores de que el gran líder del siglo XX, la superpotencia única tras la Guerra Fría, está perdiendo influencia.

Se ha anunciado tantas veces el principio del fin de esa hegemonía (frente a la URSS entre 1955 y 1965, frente a Japón en los 80, frente a Europa desde los 60 y en el último decenio frente a una China que sigue creciendo un 9% al año) que resulta difícil aceptar como inevitable el fin del imperio único.

Sin embargo, parece evidente, como señaló Lawrence Summers antes de incorporarse al equipo económico de Obama, que "el primer deudor del mundo no puede seguir siendo indefinidamente la primera potencia mundial". Los dirigentes chinos llevan años con las mismas dudas y, desde ayer, con propuestas radicales para no verse arrastrados por la voracidad del gigante americano.

"Así es como entran en declive todos los imperios", señalaba Ferguson. "Se empieza con una explosión de la deuda y se termina con la reducción inexorable de los presupuestos del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea. Si Washington no logra un plan creíble en los próximos cinco o 10 años, corre un serio peligro de que la crisis de la deuda desemboque en un grave debilitamiento del poder de Estados Unidos".

La España de los Habsburgo se declaró en mora o impago de su deuda 14 veces entre 1557 y 1696, sucumbiendo finalmente a la inflación producida por el exceso de plata procedente del Nuevo Mundo. La Francia prerrevolucionaria estaba gastando un 62% de todos los ingresos de la Corona en el pago de la deuda en el año 1788 (pocos meses antes de la Revolución).

El Imperio Otomano acabó igual: el pago de intereses y la amortización de su deuda pasaron del 15% de su presupuesto en 1860 al 50% en 1875. Sin olvidar el penúltimo gran imperio de habla inglesa: en el periodo de entreguerras, el pago de intereses representaba un 44% del presupuesto británico, impidiendo a Londres rearmarse frente a la nueva amenaza alemana.

La Historia no tiene por qué repetirse, pero se repetirá si los dirigentes estadounidenses no ponen su casa en orden.

Tienen aún tiempo para hacerlo, pero aplazar las medidas necesarias hasta después de las presidenciales de 2012, como acaban de hacer, es un paso importante en el sentido equivocado y Standard & Poor's se ha limitado a recordárselo con el único lenguaje que conoce.

COSTA UROLA


martes 2 de agosto de 2011

Francotirador libio

El primer cohete salió surcando el cielo en medio de un enorme estruendo, un haz de fuego y el clamor de los milicianos presentes.

Alahu Akbar, Alahu Akbar! (Dios es grande)", chillaban al unísono. El impacto retumbó a pocos kilómetros. De inmediato comenzó a sonar la radio que manejaba el jefe del vehículo. "¡Bien, bien, pero un poco más a la izquierda!". El uniformado modificó ligeramente la orientación de la lanzadera de misiles instalada en la parte trasera de la furgoneta y repitió la acción. Más gritos y un nuevo estampido. "¡Miya, miya, miya, miya!" (¡Perfecto, perfecto!), volvió a escucharse en la emisora.

Eran poco más de las 11.00 horas, y cientos de milicianos se apelotonaban en la carretera que conducía a la ciudad de Tiji, uno de los últimos bastiones del ejército de Muamar Gadafi en la región limítrofe con Nafusa, al oeste del país.

Haizam al Bakr había asistido al disparo de los proyectiles. Aunque reconocía que él prefiere actuar de manera más sigilosa. El joven de 30 años, farmacéutico de profesión, dijo que había llegado a Nafusa hacía sólo una semana procedente de Trípoli. Portaba un sofisticado fusil de francotirador envuelto en una tela «para evitar que se atasque con la arenilla», precisó.

En medio de las explosiones que se sucedían en el frente bélico, Al Bakr reclamó ser un personaje sobre el que ya se ha comenzado a tejer una leyenda tan popular en Libia como lo fue en Irak la de Juba, el tirador al que se atribuyeron incontables bajas en las filas de los ocupantes estadounidenses.

"Si, yo soy el francotirador de Trípoli. Allí actuaba encapuchado y usaba un AK-47 con una mirilla y un silenciador", explicaba el uniformado que se dirigía hacia la zona donde se libraban duros combates. A menos de un kilómetro se apreciaban los fogonazos que generaban el repiqueteo continuo de las ametralladoras pesadas de los opositores.

Los rumores sobre la presencia de tiradores rebeldes en la capital libia se acrecentaron en junio después de que portavoces gubernamentales admitieran al diario The New York Times que un guardia del hotel donde se albergan los informadores había sido abatido por uno de ellos.

De inmediato, espacios como Twitter comenzaron a llenarse de comentarios que hablan de un misterioso "francotirador de Trípoli" que pretendía emular a Juba.

Al Bakr relata que estuvo actuando de forma clandestina en la urbe y que allí mató a seis acólitos del régimen. "Militares o de sus milicias", apunta. "No me gusta matar libios pero ellos nos han obligado a la guerra", añade. Su manejo de las armas se explica porque antes del presente conflicto era un asiduo en las competiciones de tiro. "Soy muy bueno", apunta sin resquemor.

Tras huir a Túnez y retornar a Libia a través de Nafusa, donde se ha integrado en la llamada Brigada de Trípoli Libre instalada en Nalut, Al Bakr se sumó de inmediato a la ofensiva contra Gazaya de esta semana. Allí asegura que acabó con la vida de otros tres militares de Gadafi. "Uno de Mali y dos libios", precisa el guerrillero.

COSTA UROLA