El caso es que voy dando una vuelta tranquila por el viejo Madrid, que en mañanas soleadas como ésta suele estar para comérselo, mientras pienso que hay capitales europeas más limpias -cualquiera de ellas, me temo-, más elegantes, monumentales y cultas; pero muy pocas, o ninguna, tienen el hormigueo de vida natural que bulle en ésta, el carácter peculiar que imprimen los miles de bares, terrazas y restaurantes, la animación de sus calles, el mestizaje magnífico de razas y acentos diversos.
Hasta los turistas, que en otras ciudades europeas son núcleos humanos móviles que no se integran en el paisaje urbano, en Madrid se imbrican en el gentío general con toda naturalidad, formando parte de él; como si aquí se borrasen recelos y líneas divisorias y en las calles de esta ciudad se volviesen, por el hecho de pisarlas, tan madrileños como el que más. En esta especie de legión extranjera cuya identidad se basa, precisamente, en la ausencia de identidad; o tal vez en la suma indiscriminada, bastarda y fascinante, de infinitas identidades.
Voy pensando en eso, como digo, esperando que sea la hora del segundo vermut, esta vez con patatas a lo pobre como tapa, en el bar Andaluz de la Plaza Mayor, cuando, al pasar ante una tienda donde está el dueño en la puerta -nos saludamos desde hace años-, éste señala hacia dos coches negros detenidos enfrente, en torno a los que hay siete u ocho pavos con traje oscuro y pinganillo en la oreja.
"Tiene narices -me espeta-. Llevo aquí desde las nueve de la mañana, como cada día, en esta tienda que no he cerrado todavía porque hay ocho familias que desde hace treinta años dependen de que siga abierta, y ahí los tiene usted. Las once y media, y esperando a que baje la ministra."
Me paro a mirar, sorprendido. Nunca había coincidido con esos dos coches en esta calle. No sabía, comento, que viviese ahí una ilustre rectora de nuestras vidas y costumbres. Pero el dueño de la tienda me informa de que sí, desde hace tiempo.
Antes ya de ser ministra o de lo que sea ahora.
"Y oiga -añade con amargura-. Cada día la veo salir de su casa desde mi tienda, y raro es cuando lo hace antes de las diez o las once de la mañana. Pero lo mejor es el tinglado que se monta cada vez: los dos coches oficiales, los chóferes, los escoltas y todo el barullo. Hay que joderse, ¿no? Cualquiera diría que están esperando a Barack Obama."
Buscando aliviarle la pesadumbre, respondo que es lógico. Que un ministro arrastra su inevitable parafernalia, y que vea el lado positivo: lo ejemplar de que la pava, pese al cargo oficial, los coches y los guardaespaldas con pinganillo, siga viviendo en un barrio céntrico y castizo como éste.
Sin renunciar, añado con retranca, a sus esencias naturales. Pero el tendero se chotea. "¿Naturales? –responde-. ¿Se imagina usted a una ministra yendo a las rebajas del Corte Inglés?... Además, no diga que no es para encabronarse. Todos con el agua al cuello, sobreviviendo como podemos mientras se cierra una tienda tras otra, y esa señora moviliza dos coches oficiales y a seis tíos cada mañana para ir al curro, como hoy, pasadas las once y media. Eche cuentas: multiplíquelo por el número de ministros y sume los altos cargos que quiera. El circo y el derroche que cada día nos restriegan por las narices."
ARTURO PEREZ REVERTE
madrid soporta ministras golpe
domingo 29 de mayo de 2011
jueves 26 de mayo de 2011
El criminal de guerra Mladic
Este hijo de partisanos era aficionado a la caza, por las tupidas montañas de Bosnia, y lo practicó pavorosamente con seres humanos en los años 90; pero finalmente es el cazador el que ha sido cazado y la pieza cobrada es la posibilidad de cierta justicia y reparación para el país y las gentes que despedazó.
El general del antiguo Ejército Popular Yugoslavo, que en connivencia con la Liga de los Comunistas propició a partir de 1990 un autogolpe en el país balcánico a fin de contener la ola democratizante en todo el Este socialista, está acusado entre otros cargos de la matanza de 7.500 varones, incluidos niños, en el verano de 1995, en la entonces "zona segura" de Srebrenica.
Embriagado de mitos medievales nacionalistas, Mladic fue aún más el brazo militar de una alevosa y sangrienta división de los pueblos de Bosnia, bajo doctrinas de sangre y revisiones pseudohistóricas que servían al canto del cisne del último régimen incapaz de evolucionar en Centroeuropa.
Desde el arresto y extradición de Rádovan Káradzic, Mladic era el último acusado por La Haya aún a la fuga, junto con Goran Hadžic, el presunto criminal que presidió la rebelión de los serbios de Croacia en 1991.
"La reputación de Serbia ha dejado de estar mancillada", ha dicho en apresurada intervención televisiva el presidente de Serbia, Boris Tadic, anunciando la detención por el servicio de inteligencia (BIA) del buscado militar.
Esta semana un sondeo revelaba que sólo un 7% de serbios denunciaría a la justicia el avistamiento del encausado, a cambio de los 10 millones de euros prometidos por su captura, aunque un tercio de ciudadanos apoyarían su detención.
Nacido en pleno levantamiento partisano en Bosnia, en 1943, e hijo de una familia rebelde a la ocupación de la Wehrmacht, Mladic entraría con tales credenciales, a los 19 años, en la Academia Militar de Zemun. Su estela militar no podría ser más funesta.
El año que empezó la guerra contra la república yugoslava de Croacia, el coronel Mladic había sido nombrado comandante del IX Cuerpo del Ejército Popular (JNA). En mayo de 1992, con el golpe militar de los serbios de Bosnia, Mladić fue elevado a general y jefe del ejército rebelado en la auto proclamada república serbia de Bosnia (RSB).
A consecuencia del genocidio de Srebrenica y Zepa, contra los musulmanes allí protegidos por la ONU, el TPIY abrió una causa contra el general por posibles crímenes contra la humanidad, de genocidio y de vulneración de las leyes y costumbres de la guerra.
Ello no impidió que se lo conservase aún un año a la cabeza del ejército de la RSB, sin siquiera ocultarse de nadie y pese al despliegue de 50.000 soldados internacionales en Bosnia, antes de pasar a llevar por un tiempo una vida privada en Belgrado, pero sólo relativamente clandestina y que mantendría sin perturbación alguna hasta poco después de la caída del régimen de Milósevic en 2001.
Al menos hasta 2002 estuvo aún protegido en instalaciones del ejército y, hasta 2006, en los grandes bloques del barrio de Novy Beograd, por una red de colaboradores militares.
Los sucesivos gobiernos democráticos han sido desde opuestos a reticentes a colaborar con la justicia, protagonizando alternativamente denuncias por parte de la ONU y sucesivas detenciones y entregas.
Hace 6 meses, Belgrado ofreció una recompensa de 10 millones por su captura, pero aún al mes siguiente el TPIY y la UE recusaron falta de cooperación.
COSTA UROLA
Blogalaxia Tags: criminal,guerra,
domingo 22 de mayo de 2011
El "Padrino" de Madrid
Una década después de robar 17 obras de arte de Esther Koplowitz, "Cásper" vuelve a caer. Su organización habría matado, torturado, secuestrado... Y se apoderó de miles de kilos de droga de narcos hispano-colombianos. Su fortuna se estima por encima de 50 millones
"Abra, policía!". Es el grito con el que entran los agentes en el portentoso ático de Cásper, el líder de la organización criminal más sofisticada de los últimos 20 años, quien le robó 17 cuadros a la chica Forbes, Esther Koplowitz, el hombre al que la Policía no podía cazar.
La operación la dirige Rubén Jiménez, jefe del grupo 1 de Crimen Organizado. Se acerca a él. Sus subordinados retienen al mafioso en su lujoso ático de Mahadahonda (Madrid). Sin camisa, la espalda en forma de T impone. Jiménez, tras dos años persiguiéndolo, escuchando sus conversaciones, siguiéndolo en coches camuflados, le lee sus derechos.
Ángel Suárez Flores, alias Cásper, nacido hace 50 años en Buniel (Burgos), conocido en el hampa también como El Padrino de Madrid, observa al jovenzuelo que le va recitando el cuadernillo oficial de memoria. Lo mira desorientado, disimulando su frustración. Jiménez, el treintañero, el precoz, piensa casi en voz alta:
"Atrapamos al mejor". Cásper no sabe quién es Jiménez. Jiménez conoce al Padrino mejor que a sí mismo.
Doscientos agentes, al mismo tiempo, desmantelan su imperio en toda España: 40 viviendas y locales (repartidos entre la Comunidad de Madrid, la Valenciana, Andalucía, Castilla-La Mancha y Cataluña), dos toneladas de droga, 50 millones de euros, 170 coches, hasta 200 mercenarios bajo su mando (sólo detuvieron a una veintena), sus aparatos de escucha, equipos inhibidores de móviles, emblemas policiales, trajes ignífugos...
Cásper ve cómo la Policía va empaquetando sus relojes de 12.000 euros, llevándose sus BMWs, sus camisas multicolores, sus zapatos en punta, sus chaquetas Belstaff.
Un agente comenta, vencido por la ostentación y el derroche: "Es un hortera".
Jiménez supervisa la operación. Su humildad le permite disimular su orgullo, mas no el respeto.
-Describa a Cásper.
-El mejor. El más técnico. El más cualificado. En España no hay criminal como él.
Distintos informantes de la policía dieron una gran noticia: "Cásper se está reorganizando" (Junio de 2009). Lo venían persiguiendo sin éxito desde hace años. Le encargaron al inspector Jiménez el caso. Comenzó a profundizar en la vida del criminal. El historial delictivo era tan extenso como apabullante.
Su vida cambió cuando la familia Suárez decidió cambiar el pueblo burgalés de Buniel, donde nació el 9 de marzo de 1959, por Bélgica. La policía española lo fichó por primera vez en 1986, con 27 años, por tráfico de drogas. En 1991, la justicia belga lo condenó a pasar en prisión una década, pero no consiguieron encerrarle. Ya asentado en España, fue detenido por contrabando y narcotráfico.
Pero nada. Sus abogados le libraban una y otra vez de su destino. Se casó tres veces, la última a finales de los 90, con la belleza rumana Stela Liliana Lazurca. Ya para entonces, hasta su boda fue grabada en secreto por la policía.
En 1998, organizó el robo del siglo: casi cinco millones de euros del Banco Popular de Yecla, Murcia. Su equipo abrió 90 cajas de seguridad.
"Pocos en Europa serían capaces de una operación similar", declara Andrés Diéguez, jefe de la Brigada Central de Crimen Organizado de la Policía. Entonces le llamaron Cásper, porque desaparecía como el fantasma del cómic por su piel nívea, por su calva. También El Loco, por ser bipolar, imprevisible.
Por los expedientes se sabe que por sustraer 17 obras de arte (tres Goya, un Sorolla, un Brueghel...), de incalculable valor, sólo pasó en prisión cinco meses. Desde 2003 estaba en libertad. Buscando nuevos mercados. Casi a la par, Jiménez, su futuro cazador, ingresaba en la Escuela de Inspectores de Ávila.
Un balazo atravesó la mano de Juan Miguel Ortega Sánchez (julio de 2009). Se incrustó en su pecho. Falleció en el número 3 de la calle de Fate, en Jerez. Lo matarían sus ex socios, los mismos que participaron en el robo de Yecla. Ortega era el mejor butronero de España. Antaño amigo de Cásper, moría (según indicios obtenidos por la Unidad de Droga y Crimen Organizado de la Policía Nacional y la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil) por orden de El Padrino.
Lo habían perseguido por meses. Lo habrían castigado por realizar "trabajitos por su cuenta". Creyéndose liberado del yugo de Cásper, Juan Miguel, 47 años, pensó que podía montar un grupo paralelo. No se lo perdonarían.
Con su caso se demuestra cómo funciona la mente de El Loco. Cuando, en 1997, atraparon a Ortega le contrató el mejor abogado posible. El encargado de su caso fue Emilio Rodríguez Menéndez. Ni su participación evitó la condena de 11 años de prisión por robos que superaban los dos millones de euros. Durante la vista oral mostró la prepotencia y autosuficiencia de la banda.
"Señoría, creo que tengo derecho a robar un banco y autoridad para ello", presumía Ortega. Cásper, vestido de traje ceñido, lo observaba entre el público.
Dos años más tarde, socios del mafioso dispararon ocho veces contra el letrado. "Me muero, me muero", gritó Rodríguez Menéndez, entonces una celebrity.
Una década después ordenaría la muerte de su socio Juan Miguel. Éste se uniría a la lista de cadáveres de su gente, como Iván Llorente Liébana y Francisco Javier Manzanares Rodríguez, El Manzas.
Todos habían sido sus amigos, sus pistoleros, sus ejecutores. Pero la amistad infinita no existe en la organización de Cásper.
La muerte de Ortega Sánchez dio las suficientes pistas para que Jiménez, ya jefe del Grupo 1 de Crimen Organizado, pudiera pedir la autorización al juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco. Así, dio luz verde a las innumerables escuchas telefónicas, claves para el caso.
La persecución del grupo policial se hizo como en la serie norteamericana The Wire. Teléfonos pinchados, fotografías, equipos siguiendo permanentemente a los distintos miembros de la organización. Y, como los gansters de la ficción, él apenas tenía rutina.
Jiménez y su equipo eran testigos impotentes de cómo podía viajar 600 km. para una reunión de 20 minutos. De sus conversaciones en clave, o en coches de los cuales nunca bajaban. De sus largas citas en guaridas nocturnas nada sacras. También la frustración de que, cuando conseguían pinchar un teléfono, éste quedaba inútil a las pocas horas (descubrirían a posteriori que cambiaban de móviles cada 24 horas).
"O me hago multimillonario o me voy a la cárcel", contaba Cásper a sus aliados.
Presumía. Como rey de la nocturnidad de Madrid, se enteraba pronto de los movimientos del hampa. Su red alcanzó en su punto álgido las 200 personas. Como el personaje de Omar Little, descubrió que el dinero realmente estaba en robarle a los narcos. Pero él, a lo grande. "Dinero fácil, sin nadie que reclame", afirma Diéguez, el mandamás de la lucha policial contra el crimen organizado.
En diciembre de 2009, la organización comenzó a operar en Cádiz y Málaga. Descubrió que un grupo de narcos había enviado un contenedor con cocaína que vendría de Costa Rica. Secuestraron a un empleado del puerto de Algeciras para que les diera toda la información sobre el desembarco. Hoy testigo protegido contra Cásper y su banda, fue torturado. Le cortaron un dedo del pie con un hacha.
Pocos errores cometió. Quizás el del 28 de agosto de 2010 . Le detuvo la Guardia Civil de Córdoba por extorsión. No era momento de llevarle ante un juez. Ya dos unidades de élite de la Policía y de la Guardia Civil lo perseguían. Salió de comisaría con chulería.
El gran golpe lo dio en el puente del Pilar, octubre de 2010. Sus hombres, vestidos con uniformes idénticos a los de las Fuerzas de Seguridad, incluso con chapas indetectables a simple vista, detuvieron un camión con dos toneladas de droga. Sin un disparo, robaron la mercancía. Un golpe de audacia. La mayoría de las armas eran simuladas. Falsas para evitar que, si los detenían agentes auténticos, los pudieran llevar a prisión. Llevar armas de juguete no es delito. Un patético atraco de 50 millones de euros.
Tener tanto cash lo delató. Demasiados lujos. Sólo en el aparcamiento de su ático de Mahadahonda tenía un Audi Q7, un BMW serie 6 y un descapotable de la misma marca. Crearía múltiples sociedades fantasma. Pero todo iba siendo monitorizado por el equipo del inspector Jiménez, cuyos conocimientos de economía, adquiridos en la Universidad de Alcalá de Henares, le ayudarían en la investigación. Entre enero y marzo de 2011, Cásper comenzó a viajar para finiquitar inversiones que blanquearan su dinero. Se hizo socio en la construcción del puerto de Kribi, un pequeño paraíso en Camerún. Hasta se atrevió a invertir en fármacos contra el cáncer en farmacéuticas latinoamericanas.
"¡Abra, Policía!". Doscientos agentes van rompiendo 40 puertas a la vez en distintos puntos de España... El inspector Jiménez le lee los derechos a Cásper. Tesis y antítesis enfrentados. El policía se da un paseo por el ático de inmensas terrazas. Mientras un compañero policía retiene al criminal con aspecto de fisioculturista, el inspector Jiménez comienza a separar fajos y fajos de dinero. Cuenta billetes de 200 euros, uno a uno, sobre un maletín de Louis Vuitton.
Martín Mucha (Periodista de El Mundo).
padrino madrid
"Abra, policía!". Es el grito con el que entran los agentes en el portentoso ático de Cásper, el líder de la organización criminal más sofisticada de los últimos 20 años, quien le robó 17 cuadros a la chica Forbes, Esther Koplowitz, el hombre al que la Policía no podía cazar.
La operación la dirige Rubén Jiménez, jefe del grupo 1 de Crimen Organizado. Se acerca a él. Sus subordinados retienen al mafioso en su lujoso ático de Mahadahonda (Madrid). Sin camisa, la espalda en forma de T impone. Jiménez, tras dos años persiguiéndolo, escuchando sus conversaciones, siguiéndolo en coches camuflados, le lee sus derechos.
Ángel Suárez Flores, alias Cásper, nacido hace 50 años en Buniel (Burgos), conocido en el hampa también como El Padrino de Madrid, observa al jovenzuelo que le va recitando el cuadernillo oficial de memoria. Lo mira desorientado, disimulando su frustración. Jiménez, el treintañero, el precoz, piensa casi en voz alta:
"Atrapamos al mejor". Cásper no sabe quién es Jiménez. Jiménez conoce al Padrino mejor que a sí mismo.
Doscientos agentes, al mismo tiempo, desmantelan su imperio en toda España: 40 viviendas y locales (repartidos entre la Comunidad de Madrid, la Valenciana, Andalucía, Castilla-La Mancha y Cataluña), dos toneladas de droga, 50 millones de euros, 170 coches, hasta 200 mercenarios bajo su mando (sólo detuvieron a una veintena), sus aparatos de escucha, equipos inhibidores de móviles, emblemas policiales, trajes ignífugos...
Cásper ve cómo la Policía va empaquetando sus relojes de 12.000 euros, llevándose sus BMWs, sus camisas multicolores, sus zapatos en punta, sus chaquetas Belstaff.
Un agente comenta, vencido por la ostentación y el derroche: "Es un hortera".
Jiménez supervisa la operación. Su humildad le permite disimular su orgullo, mas no el respeto.
-Describa a Cásper.
-El mejor. El más técnico. El más cualificado. En España no hay criminal como él.
Distintos informantes de la policía dieron una gran noticia: "Cásper se está reorganizando" (Junio de 2009). Lo venían persiguiendo sin éxito desde hace años. Le encargaron al inspector Jiménez el caso. Comenzó a profundizar en la vida del criminal. El historial delictivo era tan extenso como apabullante.
Su vida cambió cuando la familia Suárez decidió cambiar el pueblo burgalés de Buniel, donde nació el 9 de marzo de 1959, por Bélgica. La policía española lo fichó por primera vez en 1986, con 27 años, por tráfico de drogas. En 1991, la justicia belga lo condenó a pasar en prisión una década, pero no consiguieron encerrarle. Ya asentado en España, fue detenido por contrabando y narcotráfico.
Pero nada. Sus abogados le libraban una y otra vez de su destino. Se casó tres veces, la última a finales de los 90, con la belleza rumana Stela Liliana Lazurca. Ya para entonces, hasta su boda fue grabada en secreto por la policía.
En 1998, organizó el robo del siglo: casi cinco millones de euros del Banco Popular de Yecla, Murcia. Su equipo abrió 90 cajas de seguridad.
"Pocos en Europa serían capaces de una operación similar", declara Andrés Diéguez, jefe de la Brigada Central de Crimen Organizado de la Policía. Entonces le llamaron Cásper, porque desaparecía como el fantasma del cómic por su piel nívea, por su calva. También El Loco, por ser bipolar, imprevisible.
Por los expedientes se sabe que por sustraer 17 obras de arte (tres Goya, un Sorolla, un Brueghel...), de incalculable valor, sólo pasó en prisión cinco meses. Desde 2003 estaba en libertad. Buscando nuevos mercados. Casi a la par, Jiménez, su futuro cazador, ingresaba en la Escuela de Inspectores de Ávila.
Un balazo atravesó la mano de Juan Miguel Ortega Sánchez (julio de 2009). Se incrustó en su pecho. Falleció en el número 3 de la calle de Fate, en Jerez. Lo matarían sus ex socios, los mismos que participaron en el robo de Yecla. Ortega era el mejor butronero de España. Antaño amigo de Cásper, moría (según indicios obtenidos por la Unidad de Droga y Crimen Organizado de la Policía Nacional y la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil) por orden de El Padrino.
Lo habían perseguido por meses. Lo habrían castigado por realizar "trabajitos por su cuenta". Creyéndose liberado del yugo de Cásper, Juan Miguel, 47 años, pensó que podía montar un grupo paralelo. No se lo perdonarían.
Con su caso se demuestra cómo funciona la mente de El Loco. Cuando, en 1997, atraparon a Ortega le contrató el mejor abogado posible. El encargado de su caso fue Emilio Rodríguez Menéndez. Ni su participación evitó la condena de 11 años de prisión por robos que superaban los dos millones de euros. Durante la vista oral mostró la prepotencia y autosuficiencia de la banda.
"Señoría, creo que tengo derecho a robar un banco y autoridad para ello", presumía Ortega. Cásper, vestido de traje ceñido, lo observaba entre el público.
Dos años más tarde, socios del mafioso dispararon ocho veces contra el letrado. "Me muero, me muero", gritó Rodríguez Menéndez, entonces una celebrity.
Una década después ordenaría la muerte de su socio Juan Miguel. Éste se uniría a la lista de cadáveres de su gente, como Iván Llorente Liébana y Francisco Javier Manzanares Rodríguez, El Manzas.
Todos habían sido sus amigos, sus pistoleros, sus ejecutores. Pero la amistad infinita no existe en la organización de Cásper.
La muerte de Ortega Sánchez dio las suficientes pistas para que Jiménez, ya jefe del Grupo 1 de Crimen Organizado, pudiera pedir la autorización al juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco. Así, dio luz verde a las innumerables escuchas telefónicas, claves para el caso.
La persecución del grupo policial se hizo como en la serie norteamericana The Wire. Teléfonos pinchados, fotografías, equipos siguiendo permanentemente a los distintos miembros de la organización. Y, como los gansters de la ficción, él apenas tenía rutina.
Jiménez y su equipo eran testigos impotentes de cómo podía viajar 600 km. para una reunión de 20 minutos. De sus conversaciones en clave, o en coches de los cuales nunca bajaban. De sus largas citas en guaridas nocturnas nada sacras. También la frustración de que, cuando conseguían pinchar un teléfono, éste quedaba inútil a las pocas horas (descubrirían a posteriori que cambiaban de móviles cada 24 horas).
"O me hago multimillonario o me voy a la cárcel", contaba Cásper a sus aliados.
Presumía. Como rey de la nocturnidad de Madrid, se enteraba pronto de los movimientos del hampa. Su red alcanzó en su punto álgido las 200 personas. Como el personaje de Omar Little, descubrió que el dinero realmente estaba en robarle a los narcos. Pero él, a lo grande. "Dinero fácil, sin nadie que reclame", afirma Diéguez, el mandamás de la lucha policial contra el crimen organizado.
En diciembre de 2009, la organización comenzó a operar en Cádiz y Málaga. Descubrió que un grupo de narcos había enviado un contenedor con cocaína que vendría de Costa Rica. Secuestraron a un empleado del puerto de Algeciras para que les diera toda la información sobre el desembarco. Hoy testigo protegido contra Cásper y su banda, fue torturado. Le cortaron un dedo del pie con un hacha.
Pocos errores cometió. Quizás el del 28 de agosto de 2010 . Le detuvo la Guardia Civil de Córdoba por extorsión. No era momento de llevarle ante un juez. Ya dos unidades de élite de la Policía y de la Guardia Civil lo perseguían. Salió de comisaría con chulería.
El gran golpe lo dio en el puente del Pilar, octubre de 2010. Sus hombres, vestidos con uniformes idénticos a los de las Fuerzas de Seguridad, incluso con chapas indetectables a simple vista, detuvieron un camión con dos toneladas de droga. Sin un disparo, robaron la mercancía. Un golpe de audacia. La mayoría de las armas eran simuladas. Falsas para evitar que, si los detenían agentes auténticos, los pudieran llevar a prisión. Llevar armas de juguete no es delito. Un patético atraco de 50 millones de euros.
Tener tanto cash lo delató. Demasiados lujos. Sólo en el aparcamiento de su ático de Mahadahonda tenía un Audi Q7, un BMW serie 6 y un descapotable de la misma marca. Crearía múltiples sociedades fantasma. Pero todo iba siendo monitorizado por el equipo del inspector Jiménez, cuyos conocimientos de economía, adquiridos en la Universidad de Alcalá de Henares, le ayudarían en la investigación. Entre enero y marzo de 2011, Cásper comenzó a viajar para finiquitar inversiones que blanquearan su dinero. Se hizo socio en la construcción del puerto de Kribi, un pequeño paraíso en Camerún. Hasta se atrevió a invertir en fármacos contra el cáncer en farmacéuticas latinoamericanas.
"¡Abra, Policía!". Doscientos agentes van rompiendo 40 puertas a la vez en distintos puntos de España... El inspector Jiménez le lee los derechos a Cásper. Tesis y antítesis enfrentados. El policía se da un paseo por el ático de inmensas terrazas. Mientras un compañero policía retiene al criminal con aspecto de fisioculturista, el inspector Jiménez comienza a separar fajos y fajos de dinero. Cuenta billetes de 200 euros, uno a uno, sobre un maletín de Louis Vuitton.
Martín Mucha (Periodista de El Mundo).
padrino madrid
domingo 15 de mayo de 2011
Batalla de La Albuera hace 200 años
Como español (cada cual nace donde puede, no donde quiere) estoy harto de que todos los historiadores y novelistas británicos, barriendo para casa, describan a los marinos y soldados de aquí como chusma incompetente y cobarde que olía a ajo.
Por eso, cuando tengo ocasión de recordar algún lance donde a los súbditos de Su Graciosa les rompieran los cuernos, disfruto como gorrino en bancal de zanahorias. A otros les gusta el fútbol.
El lunes 16 de mayo se cumple el bicentenario exacto de cuando, en plena guerra de la Independencia, 34.000 españoles, ingleses y portugueses se batieron allí durante cinco horas con 23.000 franceses que iban a socorrer Badajoz, rechazándolos.
Dos brigadas británicas fueron casi aniquiladas; las tropas españolas, registrando incluso las cartucheras de los muertos, mantuvieron la línea frente a los asaltos franceses, y en el campo quedó muerto o herido uno de cada cinco combatientes.
La Albuera fue una de las más sangrientas batallas de la guerra de España. Y por supuesto, desde los historiadores ingleses de la época (Napier, Londonderry, Oman) hasta los de ahora, todos coinciden en atribuir a sus tropas el peso de la batalla, dejando a los españoles, como también ocurrió con la batalla de Chiclana, en un modesto y aseadito segundo término. Esos pobres chicos spaniards, ya saben. Simples colaboradores y tal.
Sin embargo, la realidad fue otra. Cartas y relatos de testigos, ingleses incluidos, permiten hoy establecer lo que realmente ocurrió en La Albuera. Y fue que, correspondiendo el flanco derecho a las tropas españolas, situadas sobre una colina y en un frente de sólo 600 metros de anchura, hacia allí se dirigió el principal ataque francés.
Manteniendo sus posiciones bajo un fuego horroroso (los reclutas del 4º batallón de Guardias cayeron en el mismo lugar donde se encontraban, sin romper la formación), los españoles rechazaron dos ataques gabachos. Al hallarse ya sin munición cuando se iniciaba el tercero, la brigada británica Colborne hizo un paso de línea para situarse delante y soportar el tercer asalto.
Pero, en vez de quedarse en la colina, los ingleses, deseosos de demostrar que para chulitos ellos, avanzaron hacia las tropas enemigas sin advertir que había caballería imperial apostada cerca. La brigada inglesa fue destrozada, además de otra que andaba por allí.
Asumir un error táctico de ese calibre, dos brigadas de Su Majestad pasadas por la cuchilla de picar carne, era duro de tragar para Wellington. Y cuando leyó el parte donde el general Beresford contaba lo ocurrido, exigió otro donde se omitiera la desastrosa maniobra, así como el hecho de que los españoles resistieron a solas los dos primeros asaltos.
Quería algo que sonase más a tenaz y heroica resistencia inglesa. Y esa segunda versión, adecuada al orgullo nacional británico, fue la publicada por la prensa y adoptada oficialmente en los libros de Historia.
Uno de los más minuciosos historiadores militares españoles actuales, José Manuel Guerrero Acosta, se ha tomado en los últimos años el trabajo de desempolvar todos esos partes de guerra, probando cuanto acabo de contar. Con mucha irritación, por cierto, de colegas ingleses como el ilustre Charles Esdaile; que durante un congreso reciente en Varsovia se levantó, airado, para decir que esa revisión de lo ocurrido en La Albuera "ofende la memoria de las tropas británicas que lucharon en España".
Curiosa afirmación, por cierto, de un historiador al que no parecen ofenderle la memoria los centenares de mujeres españolas violadas cuando las tropas británicas entraron en Badajoz, Ciudad Rodrigo y San Sebastián, ni sus compatriotas historiadores y novelistas que llevan doscientos años asegurando que, en la guerra peninsular, las tropas de Napoleón fueron derrotadas sólo por Wellington; a veces, eso sí, con la colaboración (a regañadientes, por supuesto) de la miserable chusma española que, en las siempre gloriosas y heroicas batallas inglesas, se limitaba a llevarle el botijo.
ARTURO PEREZ REVERTE
batalla albuera
Por eso, cuando tengo ocasión de recordar algún lance donde a los súbditos de Su Graciosa les rompieran los cuernos, disfruto como gorrino en bancal de zanahorias. A otros les gusta el fútbol.
El lunes 16 de mayo se cumple el bicentenario exacto de cuando, en plena guerra de la Independencia, 34.000 españoles, ingleses y portugueses se batieron allí durante cinco horas con 23.000 franceses que iban a socorrer Badajoz, rechazándolos.
Dos brigadas británicas fueron casi aniquiladas; las tropas españolas, registrando incluso las cartucheras de los muertos, mantuvieron la línea frente a los asaltos franceses, y en el campo quedó muerto o herido uno de cada cinco combatientes.
La Albuera fue una de las más sangrientas batallas de la guerra de España. Y por supuesto, desde los historiadores ingleses de la época (Napier, Londonderry, Oman) hasta los de ahora, todos coinciden en atribuir a sus tropas el peso de la batalla, dejando a los españoles, como también ocurrió con la batalla de Chiclana, en un modesto y aseadito segundo término. Esos pobres chicos spaniards, ya saben. Simples colaboradores y tal.
Sin embargo, la realidad fue otra. Cartas y relatos de testigos, ingleses incluidos, permiten hoy establecer lo que realmente ocurrió en La Albuera. Y fue que, correspondiendo el flanco derecho a las tropas españolas, situadas sobre una colina y en un frente de sólo 600 metros de anchura, hacia allí se dirigió el principal ataque francés.
Manteniendo sus posiciones bajo un fuego horroroso (los reclutas del 4º batallón de Guardias cayeron en el mismo lugar donde se encontraban, sin romper la formación), los españoles rechazaron dos ataques gabachos. Al hallarse ya sin munición cuando se iniciaba el tercero, la brigada británica Colborne hizo un paso de línea para situarse delante y soportar el tercer asalto.
Pero, en vez de quedarse en la colina, los ingleses, deseosos de demostrar que para chulitos ellos, avanzaron hacia las tropas enemigas sin advertir que había caballería imperial apostada cerca. La brigada inglesa fue destrozada, además de otra que andaba por allí.
Asumir un error táctico de ese calibre, dos brigadas de Su Majestad pasadas por la cuchilla de picar carne, era duro de tragar para Wellington. Y cuando leyó el parte donde el general Beresford contaba lo ocurrido, exigió otro donde se omitiera la desastrosa maniobra, así como el hecho de que los españoles resistieron a solas los dos primeros asaltos.
Quería algo que sonase más a tenaz y heroica resistencia inglesa. Y esa segunda versión, adecuada al orgullo nacional británico, fue la publicada por la prensa y adoptada oficialmente en los libros de Historia.
Uno de los más minuciosos historiadores militares españoles actuales, José Manuel Guerrero Acosta, se ha tomado en los últimos años el trabajo de desempolvar todos esos partes de guerra, probando cuanto acabo de contar. Con mucha irritación, por cierto, de colegas ingleses como el ilustre Charles Esdaile; que durante un congreso reciente en Varsovia se levantó, airado, para decir que esa revisión de lo ocurrido en La Albuera "ofende la memoria de las tropas británicas que lucharon en España".
Curiosa afirmación, por cierto, de un historiador al que no parecen ofenderle la memoria los centenares de mujeres españolas violadas cuando las tropas británicas entraron en Badajoz, Ciudad Rodrigo y San Sebastián, ni sus compatriotas historiadores y novelistas que llevan doscientos años asegurando que, en la guerra peninsular, las tropas de Napoleón fueron derrotadas sólo por Wellington; a veces, eso sí, con la colaboración (a regañadientes, por supuesto) de la miserable chusma española que, en las siempre gloriosas y heroicas batallas inglesas, se limitaba a llevarle el botijo.
ARTURO PEREZ REVERTE
batalla albuera
jueves 12 de mayo de 2011
La máquina de escribir
La india Godrej and Boyce, una de las últimas fábricas de máquinas de escribir, echó el cierre hace unas semanas. Un buen momento para preguntar qué se pierde la humanidad con la desaparición de estos aparatos.
No tengo ninguna nostalgia de ellas. Como objetos me parecen bonitos pero no he sido un gran forofo. Sí es cierto que siempre me han gustado las letras de las máquinas de escribir, me parecen muy elegantes. Pero me parecían un pedrusco porque eran pesadas, no podías llevarla a ninguna parte, incluso las portátiles eran un cacharro muy antipático.
Prefiero escribir a mano que a máquina de escribir. No tengo ningún recuerdo afectivo. El 'cla-cla' me resulta molestísimo, sucio, era un lío, acababan estropeándose, siempre fallaba una letra....
En el mejor momento había que cambiar la cinta y las correcciones no eran posibles.
Hacía las cosas más inteligibles, pero era excesivamente rígido. Había algo antinatural en la máquina de escribir, es decir, así como la caligrafía es versátil y puede hacer uno con ella lo que quiera, la maquina de escribir era muy ortopédico. La máquina de escribir era como el braguero de la literatura.
Otro inconveniente era borrar, o acudías al tipp-ex o copiabas metiendo el papel carbón para sacar muchas copias de lo que escribías. Era muy latosa. Veo desventajas, desde luego. Otra gran contra era la tinta, cuando había que cambiar la cinta..
COSTA UROLA
maquinas escribir
No tengo ninguna nostalgia de ellas. Como objetos me parecen bonitos pero no he sido un gran forofo. Sí es cierto que siempre me han gustado las letras de las máquinas de escribir, me parecen muy elegantes. Pero me parecían un pedrusco porque eran pesadas, no podías llevarla a ninguna parte, incluso las portátiles eran un cacharro muy antipático.
Prefiero escribir a mano que a máquina de escribir. No tengo ningún recuerdo afectivo. El 'cla-cla' me resulta molestísimo, sucio, era un lío, acababan estropeándose, siempre fallaba una letra....
En el mejor momento había que cambiar la cinta y las correcciones no eran posibles.
Hacía las cosas más inteligibles, pero era excesivamente rígido. Había algo antinatural en la máquina de escribir, es decir, así como la caligrafía es versátil y puede hacer uno con ella lo que quiera, la maquina de escribir era muy ortopédico. La máquina de escribir era como el braguero de la literatura.
Otro inconveniente era borrar, o acudías al tipp-ex o copiabas metiendo el papel carbón para sacar muchas copias de lo que escribías. Era muy latosa. Veo desventajas, desde luego. Otra gran contra era la tinta, cuando había que cambiar la cinta..
COSTA UROLA
maquinas escribir
sábado 7 de mayo de 2011
Vuelve a ganar Eta
En un momento en el que la banda se encontraba bajo mínimos, se le ha dado un balón de oxígeno. En el mundo del separatismo vasco de carácter radical y violento, todos saben quién ha llevado la batuta de este "proceso".
Se mueren de risa, cuando leen que Batasuna ha impuesto sus tesis sobre las de los pistoleros. El asunto es de una extrema gravedad porque, pase lo que pase, a ETA ya se le ha pagado un precio político a cambio de un alto el fuego que puede romper cuando quiera, siempre después del 22 de mayo.
Los cabecillas del "aparato político", que trabajaban desde 2007 (al finalizar la anterior tregua) en el diseño de la gigantesca trampa que les ha permitido estar en las elecciones, han sabido jugar con las ambiciones políticas de algunos.
Transmitieron, directa o indirectamente, da igual, que estaban cansados de la "lucha armada"; que lo querían dejar; que era el tiempo de las "vías pacíficas".
Para escenificar mejor la farsa, montaron un debate interno, en el que "perdieron" los pistoleros frente a los "otegis", "usabiagas", "rufinos" y demás "batasunos".
Era la victoria de los "políticos" frente a los "militares". Y, a partir de ahí, dirigentes socialistas, miembros del Gobierno y analistas afines empezaron a repetir machaconamente que el final de ETA estaba cerca. No les faltaba razón si se hubiera mantenido la política antiterrorista en la que, bajo ningún concepto, cabían concesiones a la banda o su entramado.
Se ha hecho trabajar hasta la extenuación a las Fuerzas de Seguridad para que prepararan informes destinados a la Fiscalía y la Abogacía . El Tribunal Supremo dictó una resolución basada en esos datos. Parecía incuestionable, aunque el fantasma de la cesión asomara detrás de las togas.
Que tengan cuidado los que han tomado la decisión de dejar pasar a Bildu, no vaya a ser que alguien, en circunstancias dramáticas, les quiera echar a la espalda una carga.
¿Alguno de los que, del lado de la Constitución y las instituciones, han participado en todo este asunto se ha parado a pensar un minuto cuánto valen los debates internos, los supuestos "compromisos", buenas intenciones, o lo que sea, a partir del 22 de mayo, una vez que ETA haya consolidado su "Frente Institucional", con la elección de alcaldes, concejales y parlamentarios?.
Ese día comenzará la carrera electoral hacia las generales, en las que la banda y su entramado no tienen el más mínimo interés, salvo por el periodo que se abre para poder presionar al Gobierno.
Los comicios autonómicos vascos, salvo que se adelanten, no se celebran hasta 2013 y los terroristas disponen de mucho tiempo, demasiado. Sus métodos, son conocidos.
Zuloaga
vuelve ganar eta
Se mueren de risa, cuando leen que Batasuna ha impuesto sus tesis sobre las de los pistoleros. El asunto es de una extrema gravedad porque, pase lo que pase, a ETA ya se le ha pagado un precio político a cambio de un alto el fuego que puede romper cuando quiera, siempre después del 22 de mayo.
Los cabecillas del "aparato político", que trabajaban desde 2007 (al finalizar la anterior tregua) en el diseño de la gigantesca trampa que les ha permitido estar en las elecciones, han sabido jugar con las ambiciones políticas de algunos.
Transmitieron, directa o indirectamente, da igual, que estaban cansados de la "lucha armada"; que lo querían dejar; que era el tiempo de las "vías pacíficas".
Para escenificar mejor la farsa, montaron un debate interno, en el que "perdieron" los pistoleros frente a los "otegis", "usabiagas", "rufinos" y demás "batasunos".
Era la victoria de los "políticos" frente a los "militares". Y, a partir de ahí, dirigentes socialistas, miembros del Gobierno y analistas afines empezaron a repetir machaconamente que el final de ETA estaba cerca. No les faltaba razón si se hubiera mantenido la política antiterrorista en la que, bajo ningún concepto, cabían concesiones a la banda o su entramado.
Se ha hecho trabajar hasta la extenuación a las Fuerzas de Seguridad para que prepararan informes destinados a la Fiscalía y la Abogacía . El Tribunal Supremo dictó una resolución basada en esos datos. Parecía incuestionable, aunque el fantasma de la cesión asomara detrás de las togas.
Que tengan cuidado los que han tomado la decisión de dejar pasar a Bildu, no vaya a ser que alguien, en circunstancias dramáticas, les quiera echar a la espalda una carga.
¿Alguno de los que, del lado de la Constitución y las instituciones, han participado en todo este asunto se ha parado a pensar un minuto cuánto valen los debates internos, los supuestos "compromisos", buenas intenciones, o lo que sea, a partir del 22 de mayo, una vez que ETA haya consolidado su "Frente Institucional", con la elección de alcaldes, concejales y parlamentarios?.
Ese día comenzará la carrera electoral hacia las generales, en las que la banda y su entramado no tienen el más mínimo interés, salvo por el periodo que se abre para poder presionar al Gobierno.
Los comicios autonómicos vascos, salvo que se adelanten, no se celebran hasta 2013 y los terroristas disponen de mucho tiempo, demasiado. Sus métodos, son conocidos.
Zuloaga
vuelve ganar eta
jueves 5 de mayo de 2011
Las regiones liberales son más ricas
Los datos que corresponden a este estudio son de 2009, por lo que el tiempo que ha pasado hace que muchos de ellos varíen, la mayoría de los casos a peor. Sin embargo, las tendencias que ese año ya se percibían siguen siendo reales en este 2011.
la Comunidad de Madrid es la autonomía que más libertad económica tiene, debido a las políticas liberales que lleva años aplicando su gobierno. Le siguen a continuación Navarra y La Rioja. Por su parte, el puesto contrario lo ocupan Extremadura, Andalucía y Castilla-La Mancha, en manos de intervencionistas socialistas.
La diferencia entre comunidades con más y menos libertad económica es tal que, según el autor, "la comunidad con más libertad económica, que es Madrid, es comparable con Francia o Irlanda. Mientras, Extremadura tiene un nivel de renta per cápita similar al de Hungría".
Algunos de los aspectos que se han tenido en cuenta para establecer el Índice de Libertad Económica (ILE) son la dimensión del sector público (el gasto público en relación al PIB), la presión fiscal, la renta per cápita o el nivel de regulación, aunque el análisis ha sido mucho más profundo, con doce variables.
En el aspecto del comercio, por ejemplo, destaca el estudio que en Madrid los comercios pueden abrir en 22 días festivos al año frente a los 8 de media en el resto de autonomías.
Asturias, socialista, es, por otra parte, la autonomía con más regulación en el aspecto comercial y por ello ocupa el último puesto de las 17 comunidades autónomas por las excesivas trabas, por ejemplo, para los centros comerciales.
Castilla-La Mancha, socialista, es, sin embargo, el territorio español donde más esfuerzo fiscal se exige a los ciudadanos respecto a su renta mientras que Cantabria, socialista, es la que obtiene el peor resultado en el apartado de impuestos.
Tocando los aspectos más sociales de sanidad y educación, vemos como la autonomía con un mejor índice en la primera es Navarra. De nuevo se identifica poca intervención pública con un mejor índice, por lo que esta autonomía "ha vivido una reducción paulatina de la presencia pública en el sector sanitario".
En el aspecto contrario, el de una sanidad con más intervención del sector público, está La Rioja, que sin embargo es una de las regiones más liberalizadas (ocupa el tercer puesto en el ranking general).
En el ámbito educativo de nuevo se otorgan los mejores índices a los territorios donde el sector privado tiene más importancia, en este caso el País Vasco y Navarra son los más liberales, mientras que Castilla-La Mancha ocupa el lado opuesto.
Con respecto al nivel de gasto público en relación al PIB autonómico, el informe identifica un mejor resultado con un menor gasto público. De esta manera, Madrid obtiene el número uno, pues gastó un 9,2% de su PIB en 2009, mientras que Extremadura, en última posición, gastó un 26,8%. Cataluña gastó el 13,8% del PIB, Valencia un 11,6%, Galicia un 18,8%, Andalucía un 20% del PIB, Murcia un 16,25%, País Vasco un 20,7% o Aragón un 14,1%, por citar algunas otras.
COSTA UROLA
regiones liberales masricas
la Comunidad de Madrid es la autonomía que más libertad económica tiene, debido a las políticas liberales que lleva años aplicando su gobierno. Le siguen a continuación Navarra y La Rioja. Por su parte, el puesto contrario lo ocupan Extremadura, Andalucía y Castilla-La Mancha, en manos de intervencionistas socialistas.
La diferencia entre comunidades con más y menos libertad económica es tal que, según el autor, "la comunidad con más libertad económica, que es Madrid, es comparable con Francia o Irlanda. Mientras, Extremadura tiene un nivel de renta per cápita similar al de Hungría".
Algunos de los aspectos que se han tenido en cuenta para establecer el Índice de Libertad Económica (ILE) son la dimensión del sector público (el gasto público en relación al PIB), la presión fiscal, la renta per cápita o el nivel de regulación, aunque el análisis ha sido mucho más profundo, con doce variables.
En el aspecto del comercio, por ejemplo, destaca el estudio que en Madrid los comercios pueden abrir en 22 días festivos al año frente a los 8 de media en el resto de autonomías.
Asturias, socialista, es, por otra parte, la autonomía con más regulación en el aspecto comercial y por ello ocupa el último puesto de las 17 comunidades autónomas por las excesivas trabas, por ejemplo, para los centros comerciales.
Castilla-La Mancha, socialista, es, sin embargo, el territorio español donde más esfuerzo fiscal se exige a los ciudadanos respecto a su renta mientras que Cantabria, socialista, es la que obtiene el peor resultado en el apartado de impuestos.
Tocando los aspectos más sociales de sanidad y educación, vemos como la autonomía con un mejor índice en la primera es Navarra. De nuevo se identifica poca intervención pública con un mejor índice, por lo que esta autonomía "ha vivido una reducción paulatina de la presencia pública en el sector sanitario".
En el aspecto contrario, el de una sanidad con más intervención del sector público, está La Rioja, que sin embargo es una de las regiones más liberalizadas (ocupa el tercer puesto en el ranking general).
En el ámbito educativo de nuevo se otorgan los mejores índices a los territorios donde el sector privado tiene más importancia, en este caso el País Vasco y Navarra son los más liberales, mientras que Castilla-La Mancha ocupa el lado opuesto.
Con respecto al nivel de gasto público en relación al PIB autonómico, el informe identifica un mejor resultado con un menor gasto público. De esta manera, Madrid obtiene el número uno, pues gastó un 9,2% de su PIB en 2009, mientras que Extremadura, en última posición, gastó un 26,8%. Cataluña gastó el 13,8% del PIB, Valencia un 11,6%, Galicia un 18,8%, Andalucía un 20% del PIB, Murcia un 16,25%, País Vasco un 20,7% o Aragón un 14,1%, por citar algunas otras.
COSTA UROLA
regiones liberales masricas
Suscribirse a:
Entradas (Atom)











