lunes 21 de febrero de 2011

El efebo de Leonardo

Leonardo da Vinci solo conservó dos cosas en toda su vida: un cofre cerrado (que se abrió únicamente tras su muerte) y la Mona Lisa.

Este retrato, de dimensiones relativamente pequeñas y pintado en madera de álamo, es hoy la joya del museo del Louvre y, posiblemente, la obra de arte más famosa del mundo. Pero antes estuvo expuesto en dependencias no muy nobles del rey Francisco I de Francia, y no se supo que había un paisaje tras la figura principal hasta que fue eliminada la capa de pintura negra que lo cubrió durante siglos.

La historia oficial (esa que rara vez es del todo cierta) afirma que es el retrato de la no muy agraciada Lisa Gherardini, esposa de Francesco Bartolomeo del Giocondo. Un encargo efectuado por una pudiente familia toscana que nunca llegó a entregarse.

La pregunta es obvia: ¿por qué esa obsesión de Leonardo en conservar el cuadro?

Muchos investigadores han especulado con diversas posibilidades. La más popular es que se trata de un autorretrato del propio Leonardo travestido de mujer. A pesar de su vida casta y su notorio desprecio a los placeres lascivos, el Divino pudo tener inclinaciones homosexuales, al igual que su enemigo Miguel Ángel o su amigo Botticelli.

Otros creen que la Gioconda esconde entre sus trazos una especie de acertijo o jeroglífico. El paisaje que se muestra en segundo plano contiene decenas de relaciones simbólicas y geométricas, así como elementos aislados que se identifican con lugares geográficos reales.

Sin embargo, podría haber una explicación diferente. Leonardo acogió en 1490 en su bottega a un niño llamado Gian Giacomo Caprotti. Entonces tenía 10 años y, al poco, Leonardo lo definió como "ladrón, mentiroso, terco y glotón".

Al parecer, carecía de talento artístico y no le daba más que disgustos, pero el genio lo mantuvo a su lado durante más de 20 años y fue su discípulo favorito, a la vez que su modelo pictórico predilecto. Puso su cara en su cuadro de San Juan Bautista y en el dibujo Ángel encarnado.

Leonardo le puso el apodo de Il Salaino, o Salai, que viene a significar algo así como El Diablillo. Tenía el pelo castaño claro y rizado, rasgos hermosos y andróginos y poseía un carácter arisco.

Se ha especulado, desde el terreno de la psiquiatría histórica, con que esa mezcla, de por sí ambigua, entre un aspecto algo aniñado y un carácter hosco atrajese sexualmente a Da Vinci.

Lo cierto es que Leonardo siempre pintaba rostros ambiguos, que entremezcla lo femenino y lo masculino, y empleó a menudo modelos femeninas (al gusto de su época, ciertamente) para sus personajes masculinos jóvenes, como en "La última cena" de Santa Maria delle Gracie, donde el apóstol Juan tiene cara de mujer porque, de hecho, una mujer fue la modelo.

Algo, por otro lado, no muy extraño en un tiempo en que el mismo César Borgia violaba a un joven obispo y se había extendido en Italia lo que se denominaba pecado nefando, la sodomía con efebos.

Sin embargo, hay algo que no es una especulación. A su muerte en Francia, Leonardo nombró heredero universal de todos sus escritos y pertenencias a Francesco Melzi, otro de sus discípulos, en lugar de Salai, que también estuvo a su lado durante sus últimos años.
¿Por qué?
La pregunta está en el aire. Una pregunta que puede hacerse extensiva a la Mona Lisa: ¿Qué oculta verdaderamente el retrato más famoso del mundo, en el que en diciembre pasado análisis digitales hallaron una S, una L y el número 72 en sus ojos?

¿Es la S un guiño a su amado Salai, como sostiene el historiador italiano Silvano Vincenti?

COSTA UROLA




martes 15 de febrero de 2011

Tuviah Friedman, caza-nazis

Tuviah Friedman nació el 23 de febrero de 1922 en Radom (Polonia) y falleció el 13 de enero de 2011 en Haifa (Israel).

Fue la pesadilla de los nazis que consiguieron huir tras la derrota alemana en la II Guerra Mundial. Junto a su colega Simon Wiesenthal se dedicó a seguir el mínimo rastro que éstos iban dejando hasta verlos sentados en el banquillo de los acusados; 250 criminales nazis no lograron escabullirse en la clandestinidad, gracias a la capacidad rastreadora del infatigable Tuviah Friedman.

Los métodos, sin embargo, de este judío polaco no fueron en ocasiones los más ortodoxos y le valieron el apodo de El despiadado, pero ni siquiera estas críticas ni el apoyo cada vez más débil de los Gobiernos, más interesados en afrontar las tensiones de la Guerra Fría que en cerrar las viejas heridas del Holocausto, consiguieron desviarle del objetivo que se había marcado tras perder a toda su familia, salvo a su hermana Bella, en la maquinaria de muerte organizada por los nazis.

La venganza siempre motivó todos y cada uno de los pasos de este cazanazis que huía, a diferencia del famoso Wiesenthal -fallecido en 2005-, de los focos y de la popularidad. De él decían que olfateaba nazis como un perro olfatea hachís.

Sin duda, su estancia en varios campos de concentración le sirvió para conocer en primera persona la pesadilla nacionalsocialista. Tras ser liberado por los rusos, comenzó a trabajar con las autoridades polacas y soviéticas recogiendo testimonios y documentos de las atrocidades cometidas por los nazis.

"Una vez llegamos a una de las instalaciones abandonadas por los alemanes a las afueras de Danzig y nos encontramos con que una de las habitaciones estaba llena de cadáveres, en otra había una tabla en la que se habían extendido pieles humanas (...) y en un edificio cercano, hallamos, después de romper un pesado candado, un horno en el que los alemanes habían hecho experimentos para fabricar jabón usando grasa humana como materia prima", recordaba Friedman en el libro de memorias que escribió con el título de El cazador y que se publicó en el año 1961.

Después de un tiempo colaborando en la búsqueda de nazis en Polonia se trasladó a Israel en 1952. Allí fundó el Centro de Documentación de Haifa con la misión de recoger cualquier documento que sirviera de prueba para localizar a criminales nazis o que pudiera ser usado ante los tribunales.

Sin embargo, pese a los éxitos obtenidos, Friedman tenía aún una espina clavada: Adolf Eichmann. La búsqueda del conocido como arquitecto del Holocausto se había convertido para él en una obsesión que apenas le dejaba tiempo para vivir. El nazi consiguió huir de la Justicia tras la II Guerra Mundial, ocultándose en Argentina bajo otra identidad, y hasta el momento nadie había logrado dar con su paradero.

Convencido de que seguía vivo, Friedman era consciente de que el interés de los gobiernos por encontrar a Eichmann era cada vez menor, pero no dudó en proseguir la búsqueda por su cuenta con la ayuda económica que le proporcionaba su mujer, una reconocida oftalmóloga.

En 1959 llegó incluso a publicar anuncios en la prensa en las que ofrecía una generosa recompensa a quien ofreciera algún dato sobre el escurridizo nazi. Su constancia dio finalmente frutos y Friedman recibió un carta procedente de Argentina. El remitente era un judío superviviente del campo de concentración de Dachau, que aseguraba que Eichmann se escondía cerca de Buenos Aires bajo una identidad ficticia.

Sin perder un minuto, Friedman se apresuró a informar a las autoridades israelíes sin saber que éstas ya estaban al tanto de esta información. En mayo de 1960, Eichmann era secuestrado por un comando del Mossad en Argentina y trasladado a Israel, donde fue juzgado y condenado a la horca dos años más tarde.

Durante el juicio, muchos de los documentos compilados durante años por Friedman sirvieron como prueba para su condena, aunque algunos, como Wiesenthal, quisieron minimizar su aportación en la detención del responsable directo de la solución final para llevarse ellos toda la gloria.

Ya sea por las pruebas que proporcionó Friedman o por los datos aportados por Wiesenthal o por los que disponía el propio Gobierno israelí, lo único seguro es que Eichmann fue juzgado y condenado por crímenes contra la humanidad. Y en eso la constancia y la determinación de Friedman para que nadie se olvidara del nazi que llevó a la muerte a seis millones de judíos fue fundamental.

Costa Urola


domingo 13 de febrero de 2011

El legionario anfibio


Hace mucho tiempo, año 90 y cuando la primera guerra del Golfo, bebiendo zumo de frutas en un hotel de Dahrán, Arabia Saudí, un oficial norteamericano de las fuerzas especiales llamado Gamboa me contó que, en situaciones extremas, aislados en territorio enemigo, los soldados de origen latino (teníamos alrededor, en ese momento, a montones de ellos apellidados Sánchez y González) solían comportarse mejor, estadísticamente, que los de origen anglosajón.

Éstos últimos funcionan muy bien en equipo, dijo. Más cohesionados, solidarios y disciplinados. Pero cuando falla el apoyo exterior, las cosas se van a tomar por saco y cada cual se queda solo y debe apañárselas como puede, los latinos llevan ventaja. Se espabilan mejor, con más ingenio. Están hechos a la iniciativa privada en mitad del follón. A buscarse la vida en pleno desmadre.

Me acordé de eso hace unas semanas, cuando conocí la aventura de un legionario de Ceuta que se fue de permiso a Marruecos; donde, tras perder en equívocas e imaginables circunstancias (supongo que en la mejor tradición grifota, con juerga moruna dotada de la parafernalia habitual para esa clase de tropa) el pasaporte y la documentación, y ante el problema que se le planteaba con la policía marroquí de la frontera, por donde debía pasar para estar en su cuartel al toque de formación del día siguiente, decidió saltarse a los mehanis a la torera. O a la marinera.

Así que se fue a una tienda, compró un traje de neopreno -hacía un frío del carajo, imagínense-, aletas, gafas de buceo y tubo de respiración, y así equipado se metió en el agua y empezó a nadar, chof, chof, plas, plas, hacia el puerto de Ceuta, esquivando la verja fronteriza. Casi lo había conseguido, el tío, cuando una patrullera de Picolandia, tomándolo por un inmigrante ilegal, lo trincó por el pescuezo, llevándoselo, supongo que después de prestarle una toalla, no al cuartel, sino al cuartelillo.

Me mosqueó un poco, debo confesarlo, el tratamiento mediático del asunto. La prensa, la radio. Todo eso. Hasta en Internet se guasearon del pobre lejía. Y, para escarnio suyo, todo cristo salió por soleares en plan Celtiberia caspa y cañí: legionario de juerga en territorio comanche, permiso ahumado con ketama, esperpento berlanguiano, surrealismo de la situación con Benemérita incluida, insensatez temeraria del fulano, que a saber cómo iría de ciego, etcétera.

Choteo, en resumen. Mucho. Ignoro qué suerte corrió el protagonista de la historia una vez devuelto a su cuartel; aunque supongo que, informado su coronel, debió de comerse un marrón como el sombrero de un picador. No sé cómo andarán las cosas por la Legión, pues desde que dejé mi otro oficio, después de los Balcanes, los trato poco.
Creo ya no hay rapado al cero y pelota de castigo, y que ni calabozo tienen ya. Le gritas órdenes a un soldado y te lleva a juicio por acoso laboral. En el Tercio tienen ahora que abotonarse la camisa, afeitarse la barba, y a pique han estado de que les quiten el chapiri, capándoles la borla y la tradición. Pero imagino que, a poco que alguno de sus jefes y oficiales conserve algo de la vieja escuela, el lejía nadador, chorreo castrense aparte, habrá deglutido a estas horas, por lo menos, más guardias que el cabo Tres Forcas.

Tampoco sé si el fulano era español (quiero decir europeo, peninsular), o uno de los cada vez más numerosos legionarios de origen marroquí y religión musulmana enrolados en el Tercio, que defenderán las plazas norteafricanas, en caso de conflicto con Marruecos o con quien sea, hasta la última gota de sangre.

Pero, como digo, la chirigota mediática habida a cuenta del lejía nadador me parece impropia. Tampoco es que la aventura sea para ponerle una medalla; pero tiene su puntito. Yo lo habría ascendido a cabo, fíjense. O pagado una botella de algo en la cantina del cuartel.

A fin de cuentas, lo que demostró echándose al agua fueron, precisamente, aptitudes de las que se exigen a los profesionales de las fuerzas armadas en cualquier ejército serio del mundo: iniciativa y decisión tácticas, firmeza en la ejecución y capacidad de buscarse la vida en territorio hostil.

Como aquellos soldados de los que me hablaba en Arabia Saudí el capitán Gamboa. Y además, el jambo le echó al negocio un par de huevos: atributos simbólicos que no están de más en un legionario feroz -o legionaria ferrosa- al que, por oficio de llevar escopeta, suponemos desenvuelto y razonablemente corajudo.

En estos tiempos acebollados y demagógicos, cuando miro la tele y veo a los líderes islámicos tunecinos y egipcios, y a sus chicas con velo diciendo viva la democracia y abajo los tiranos, me digo que pronto harán falta unos cuantos más como el de las aletas. Por lo menos, para proteger las instalaciones portuarias mientras evacuamos Ceuta y Melilla.

ARTURO PEREZ REVERTE
Académico de la Real Academia.




jueves 10 de febrero de 2011

La reina del narco

Sandra Ávila Beltrán, La Reina del Sur, se puso más guapa que nunca para escuchar la primera sentencia en su contra. No importó que llevara tres años en prisión. Esas costumbres no se pierden, y menos si eres de Sinaloa, perteneces a una de las más viejas dinastías de narcos y tu leyenda tiene más que ver con la belleza que con las pruebas en tu contra.

Así que movió sus hilos, untó a unos y a otros y logró que tres enfermeras se colaran en la cárcel de Santa Martha Acatitla del Distrito Federal, y le inyectaran el bótox a tiempo.

Poco después, el domingo, escuchó en prisión que fue condenada a un año de cárcel por posesión de armas (pena que ya ha cumplido, pues está en la cárcel desde septiembre de 2007), pero fue absuelta de delincuencia organizada, delitos contra la salud y operaciones con recursos de procedencia ilícita.

A La Reina, capturada junto a su novio, se le acusó de participar en el trasiego de casi 10 toneladas de cocaína transportadas a bordo del buque Macel en diciembre de 2001. Un juez federal concluyó que la Fiscalía no acreditó las pruebas necesarias para demostrar su colaboración con los carteles de Sinaloa y del Norte del Valle (escisión del cártel de Cali). Muchos entendieron entonces el porqué de las prisas por inyectarse un tratamiento que congela la sonrisa.

Este fin de semana, por fin los jueces lograron echarle en cara algo que no tenía que ver con su belleza ni su novelesco apodo. Sin embargo, Ávila permanecerá en prisión hasta que se resuelva su proceso de extradición a EEUU que la considera una "veterana integrante" del cártel de Sinaloa y servir de enlace con sus proveedores colombianos.
Paralelamente se abrió una investigación por la llamada operación Bótox y el martes, Sandra Ávila se negó a declarar sin la presencia de un abogado y personal de la Comisión de Derechos Humanos.

Hasta ahora el único periodista que se sentó frente a ella en la cárcel la ha descrito como "una mujer extremadamente coqueta, de pelo color carbón y con un perfil que algún cirujano plástico estropeó, dejándole la nariz ligeramente hacia arriba".
Pero cuando el periodista Julio Scherer hurgó, descubrió que detrás del bonito escote y su penetrante mirada, había una mujer de 46 años muy diferente al resto de modelos y misses huecas, que suelen acompañar a los grandes y medianos sicarios en sus fiestas.

"La realidad es como es. El narco crea fuentes de trabajo y son miles los que han salido de la desesperación que causa el desempleo por lo que la droga deja", explicó,

"Yo no soy turista en el mundo del narco. He estado ahí y no tendría sentido que negara la realidad. Pero eso no me hace delincuente. No he matado, no he robado, no pertenezco al crimen organizado, no he lavado nada. Nací rica, rica vine al mundo y no puedo regresar al vientre de mi madre y nacer distinta" dijo en el libro La reina del Pacífico.

Una confesión al periodista que parece incluir parte de su condena: "El día de mi captura, Felipe Calderón se lanzó en mi contra. Olvidó que es Presidente y me acusó sin pruebas. Dijo que soy enlace con los cárteles de Colombia. Se creyó la ley. El poder no es para eso (...) Llegó a decir que soy una de las delincuentes más peligrosas de América Latina y en su ignorancia me llamó 'la Reina del Pacífico o del Sur', así, literalmente, una u otra. Cualquiera sabe que La Reina del Sur es un personaje de ficción del escritor Pérez-Reverte y yo de ficción nada tengo, soy de carne y hueso". Y bótox.

1965: Nace en Sinaloa, en el seno de una de las familias de narcotraficantes más poderosas de México. Se casó dos veces con ex comandantes de la policía convertidos en capos. Ambos fueron asesinados. 2005: Comienza una relación con el 'narco' colombiano Juan Diego Espinoza, alias 'El Tigre'. 2007: Es detenida en una cafetería de la capital.

COSTA UROLA



lunes 7 de febrero de 2011

Trini quería endosarle Garzón a Colombia

En cuanto se conoció que el presidente Juan Manuel Santos pensaba contratar a Garzón como asesor, se desató tal tormenta de críticas que el Ejecutivo colombiano se ha visto obligado a mandar su nombramiento al congelador. Y eso que a Colombia no le costaría un peso porque sus honorarios los pagaría España.

Fue la ministra de Exteriores, Trinidad Jiménez, la que sugirió el cargo. Y su colega colombiana, María Ángela Holguín, dejó el balón en los pies del Ejecutivo de Zapatero cuando le preguntaron quién iba a costear los pagos.

No dio detalles sobre si la idea surgió en el transcurso de la cumbre iberoamericana de diciembre, celebrada en Mar de Plata y a la que asistió Trinidad Jiménez. Lo cierto es que es desde el Ministerio español desde el que se están haciendo todas las gestiones para que Garzón obtenga un contrato de asesor.

Pero este contrato ha provocado una dura y agria polémica en Colombia. Además de aparecer un buen número de columnas de opinión y opiniones contrarias a la medida, los dos diarios nacionales, El Tiempo y El Espectador, publicaron sendos editoriales uniéndose a quienes dudan de la bondad de la iniciativa presidencial.

"¿Qué tiene acaso de única e irreemplazable la experiencia del juez Garzón para asumir el costo político de sus líos legales?", se preguntaba El Espectador. Su competidor señalaba: "Un personaje como Garzón, si bien tiene gran reputación entre los defensores de derechos humanos, no está exento de acusaciones de tener una agenda política propia. Y eso es algo que, en un futuro, en vez de contribuir a resolver los problemas colombianos en este campo, puede terminar enredándolos".

Otro matutino importante, el Universal de Cartagena, destacaba las opiniones de diversos expertos, todos rechazando la posible contratación. Carlos Gaviria, ex magistrado de la Corte Constitucional y ex candidato presidencial por el socialista Polo Democrático : "Esto puede ser mal visto, puesto que es una muestra de subdesarrollo mental creer que en este tipo de materia necesitamos ayuda extranjera o conceptos españoles". Y para el analista Vicente Torrijos, "se trata de un interés absolutamente partidista del socialismo español por recompensar desde su Gobierno a quien ha sido desde todo punto de vista un juez totalmente politizado y favorable con esa corriente ideológica".

El procurador general, Alejandro Ordóñez, ex magistrado del Consejo de Estado, fue contundente: "Es conocida la agenda política de Garzón en el ejercicio de sus funciones, lo cual sería un ingrediente polarizador en nuestra sociedad, y ello no es conveniente ni aconsejable".

COSTA UROLA


domingo 6 de febrero de 2011

Los galeotes

Francisco de Rivera y Silva, amarrado estaba al duro banco de la galera Patrona ese 12 de septiembre de 1661. Un banco y remo que se habían convertido en su único hogar. Prendido de una gruesa cadena, allí comía, dormía y hacía sus necesidades, al aire libre, el desdichado galeote.

A Francisco Rivera, de frente amplia, cumplidos los 40, se le notaban ya las profundas entradas cuando llegó forzado a galeras. Fueron dos mujeres, dos amores a la vez, prohibidos por bigamia, los que no perdonó el Tribunal de la Santa Inquisición de Sevilla en 1659, y que le condenaron a cinco años de destierro, cinco de ellos a la durísima experiencia de la boga al remo en gurapas, las galeras de su majestad.

Podrían haberle marcado la frente con un hierro incandescente, además de ser azotado en público con 100 latigazos, como solía dictaminar el Santo Oficio, pero la guerra contra el corso berberisco había conminado a Carlos I, en 1530, a que los jueces sustituyeran la mayor parte de las penas corporales por la fuerza del remo en el Mediterráneo.

Era el peor destino posible: los 130 kilos del remo de 13 metros que movían a la vez entre cuatro o cinco hombres, al ritmo del tambor, se cobraban miles de almas por las durísimas condiciones de vida.

Pero ese 12 de septiembre, habría de acordarse aún más de las dos mujeres, del Santo Oficio y de su compadre Pedro de la Peña, forzado como él, cuya fuga de la galera Patrona tres semanas antes, el 23 de agosto, le iba a costar otros dos años más de sufrimiento al remo. Así lo decidió la autoridad de la Escuadra, que estimó que al hallarse en el mismo banco que el galeote fugado, había ayudado a la misma.

Con menos de la mitad de la pena cumplida, se le sumaban dos años más, y con los cinco que ya arrastraba, hacían un total de siete, una buena marca para poder aguantar la probable muerte por el combate con el corsario berberisco, el agotamiento, las enfermedades, o ambos. Y no era lo máximo que podía llegar a cumplir. Le podían restar tres más, si se metía en más problemas, hasta sumar los 10 que estableció el Concilio de Trento en 1545 para los forzados, o aún peor, de por vida, si fuera esclavo del rey.

En su pueblo de Huelva, Alcalá de Chuzena, algún conocido le habría denunciado por bigamia. Fuera culpable o no, le aplicaron casi con toda seguridad tormento para confesar, tortura habitual que practicaba tanto la justicia ordinaria como el Santo Oficio, como método casi exclusivo de arrancar la confesión para sentenciar al culpable.

Tal vez, como era costumbre, el potro de cordeles: unas cuerdas enroscadas a brazos y piernas que penetraban en la carne del reo tras la vuelta de torno, cada vez que aquel se negara a confesar su delito. Con todo, torturado y condenado al banco por dos veces, de las galeras se podía salir vivo.

Mientras, la Corona conseguía de esta forma, durante la segunda mitad del siglo XVI, el XVII y el XVIII, que forzados y esclavos nutrieran la Escuadra de Galeras para mantener sus costas seguras y dominar el Mediterráneo frente al enemigo musulmán.

La pena de galeras, que había cumplido su función primordialmente política, se perpetuó, sin embargo, hasta el siglo XIX. Con apenas cuatro navíos obsoletos, Carlos IV restituyó en 1785 la escuadra y penas abolidas 37 años antes. Los últimos desdichados galeotes no soltarían el remo hasta 1813.

De historias como la de Francisco Rivera y Silva están repletas las miles de páginas de los 25 Libros de Galeras del periodo 1624-1748 que están restaurando el Instituto del Patrimonio Cultural Español.

Forzados que llegaron a ser desde los 25.000 aproximadamente al año, a mediados del siglo XVI, hasta los 1.000 que embarcaron en las cuatro últimas galeras en 1813, ya fueran ladrones, asesinos, delincuentes sexuales o vagabundos de mal vivir.

Si Francisco de Rivera había evitado el hierro incandescente y los latigazos a cambio del remo, Domingo Martín, de la Puebla de Guzmán, mozo de buena constitución, nariz roma y cara larga como le describían en la época, condenado por hurtos y quebrantamientos de la propiedad también en 1659, conservaría una de las manos, el pie, o las orejas, penas que aplicaban a los ladrones antes de que Carlos I y Felipe II insistieran en la importancia de los galeotes.

No en vano fueron los ladrones los delincuentes que más abundaron durante los siglos XVI y XVII, en la Escuadra de Galeras, un 40% del total según los estudios del historiador José Luis de las Heras Santos. Pero lo cierto es que después de sometidos al suplicio de la boga, muchos intentaron por su cuenta mutilarse para que les dieran por inútiles, cortándose la mano que habían salvado, ya fuera cuando salían a la mar, que sólo ocurría entre los meses de marzo a octubre, o amarrados a puerto donde la galera quedaba todo el invierno como una prisión-pontón.

La propia construcción de la galera, con su bajo calado y su cubierta al raso, hacía imposible su servicio en invierno, so pena de que murieran todos los galeotes por frío al primer golpe de mar que les calara los huesos. La obsesión de todo preso, escapar, se hacía más vívida si cabe dentro del navío.

Aunque a partir del siglo XVI y tras la batalla de Lepanto, donde alcanzó su cénit como arma de guerra (había perdido importancia naval), la galera seguiría prestando durante los siglos XVII y XVIII servicios al resto de la flota, sobre todo en la defensa de ciudades costeras, en desembarcos, transporte de tropas y mercancías: eran maniobrables, se desplazaban sin viento y podían acercarse mucho a la costa, tal y como explica Pedro Fondevila Silva, capitán de navío e historiador.

La boga era durísima, al ritmo que marcaban los tambores, los latigazos y golpes de los sotacómitres: dos horas seguidas en las que los 255 remeros podían llegar a desplazar el navío a seis o siete nudos -unos 10 km/h- aunque en circunstancias normales se usaban la vela mayor y de trinquete. La comida, aunque suficiente para mantener el esfuerzo de los remeros, era escasa. La higiene, nula (los forzados no abandonaban prácticamente nunca el banco) y la posibilidad de enfermar o lesionarse, enormes.

Dejar atrás el infierno de la boga no era tarea fácil, pero los forzados españoles tenían más opciones: podían aguantar y salir vivos una vez cumplida su condena que no podía exceder de 10 años, con excepciones, mientras que los esclavos musulmanes apresados por una galera enemiga o cualquier corsario dispuesto a venderlo a la Corona, lo estaban de por vida.

Francisco de Rivera libre tras siete penosos años, ¿Encontraría a su vuelta a alguna de las dos mujeres?

De toda la chusma, los esclavos (que en tiempos de los Austrias representaban el 30 % de todos los galeotes) fueron los más perjudicados, ya que podían sufrir el increíble tormento de por vida. Una cédula de Felipe IV del 11 de mayo de 1642 fechada en Aranjuez que se puede leer en la exposición Los Libros Generales de Galeras (Museo Naval, Calle Prado, 5) da buena cuenta de ello, al disponer la libertad de un esclavo de más de 70 años y con más de 24 de servicio al remo en la galera Patrona, dejando a otro en su lugar.

De hecho, los esclavos, propiedad del rey, estaban tasados. Majaluf, un argelino de 14 años, se tasó en 1.000 reales, tras fugarse el 18 de abril de 1632 de la galera capitana, precio que tendría que pagar el alguacil que por su incompetencia le dejara escapar.

El mercadeo humano existía de tal forma que algunos esclavos que conseguían dinero ya fuera con el juego, o por el medio que fuera, podían comprar a un semejante que cumpliera su pena por él. La práctica se extendía a los nobles, que de ser condenados a galeras, compraban galeotes-esclavos para evitar el duro trance, mientras que los forzados a su vez intentaron con el metal ganar voluntades en la Justicia para salir de gurapas.

Es difícil saber cuántos murieron en el remo, pero en los Libros de Forzados y Esclavos muchos nombres quedan sin notas al pie acerca de su liberación: probablemente se los tragaría el mar, los destrozarían las balas y cuchillos berberiscos, o les vencerían las enfermedades y el agotamiento.

COSTA UROLA



jueves 3 de febrero de 2011

El exterminio turco de los armenios

Durante la Primera Guerra Mundial, el gobierno turco llevó a cabo el exterminio planificado de la población armenia que vivía en la Turquía moderna. Entre 1,5 y 3 millones de armenios fueron asesinados con una crueldad y sadismo diabólicos.

Arnold Toynbee, famoso historiador británico dijo : "Desde los tiempos de Tamerlan la historia no ha vuelto a registrar un crimen tan horrendo y llevado a cabo en tan gran escala".

Testigos presenciales, incluyendo misioneros americanos, proporcionaban sobrecogedoras descripciones de las "terribles torturas".
Las mujeres y las nińas eran rapadas y violadas, y después obligadas a desfilar desnudas bajo el achicharrante calor. Muchas víctimas eran crucificadas en cruces de madera; y mientras se retorcían de agonía, los turcos les reprochaban: "Ąhora que tu Cristo venga y te ayude!".

La agencia Reuters informaba de que "en una aldea, un millar de hombres, mujeres y nińos han sido encerrados en un edificio de madera y quemados vivos". En otro, "gran número de hombres y mujeres fueron atados con cadenas y arrojados vivos al lago Van.

Talaat Pasha, el ministro turco del interior que presidió la liquidación de los armenios, no hizo ningún secreto de su objetivo. "El gobierno... ha decidido destruir por completo a todas las personas indicadas -- los armenios -- residentes en Turquía", escribía a las autoridades de Aleppo.

Talaat dijo  que "ya hemos dispuesto de las tres cuartas partes de los armenios; no queda ninguno en absoluto en Bitlis, Van o Erzerum".

A las protestas del embajador americano, Talaat respondía conciso en que: "no tendremos ningún armenio en ninguna parte de Anatolia.

A pesar del silencio sobre este genocidio y de su negación por los de siempre, la próspera y tenaz comunidad armenia en los Estados Unidos ha conseguido resistir las presiones y poco a poco han logrado el reconocimiento internacional.

Turquía sigue negándolo.

COSTA UROLA



martes 1 de febrero de 2011

Los horrores en el buque-escuela alemán

Cuando Uwe Böken llegó a casa encontró a su mujer alterada. Jenny, la hija de ambos, había escrito a su madre un correo electrónico desde el buque escuela de la Marina alemana, el Gorch Fock, en el que decía que necesitaba que la viese un ginecólogo lo antes posible. Preguntaba si podían pedirle una cita para el mismo día en el que el barco tenía previsto llegar de vuelta.

No hubo tiempo. Murió sospechosamente.

Su caso es un eslabón más en la cadena de horrores vividos en el buque escuela más famoso de Alemania. Un laberinto de muertes sin resolver, abusos sexuales, rituales salvajes y crueles encubrimientos.

Todo empezó el 2 de septiembre de 2008 en Geilenkirchen, una pequeña ciudad cerca de Colonia. Ese día, los padres de Jenny recibieron su email y se asustaron. "Jenny tenía 18 años. No había salido del círculo familiar más que para ir a formarse a la Marina. Era muy religiosa y bastante tímida. La urgencia de aquel correo no lográbamos entenderla. O bien tenía un problema de salud o alguna otra cosa estaba ocurriendo", explica el padre de la chica.

La madre de Jenny respondió al email confirmando que la cita con el ginecólogo había sido fijada para el 5 de septiembre, como ella pedía, y pidiéndole detalles.

Pero nunca obtuvo respuesta. Unas horas después, Jenny cayó por la borda del Gorch Fock mientras la flamante fragata blanca de tres mástiles y más de 80 metros de eslora surcaba el Mar del Norte. Inexplicablemente, el barco siguió avanzando kilómetro y medio antes de regresar a rescatarla.

Dos aviones Tornado dotados con la última tecnología en cámaras de sensibilidad térmica se unieron a la operación de búsqueda, que aun así fue cerrada sin éxito una semana después.

Hubieron de pasar 11 angustiosos días, desde que la joven cayese al agua "en extrañas circunstancias", hasta que unos pescadores hallaron el cuerpo a 65 millas de Helgoland. La autopsia quedó en el informe interno del Ejército alemán. El caso fue cerrado como "accidente" y se celebró el funeral con discreción, sin permitir la entrada a los medios.

"Nunca llegaron a explicarnos cómo murió exactamente mi hija", recuerda Uwe. Según consta en el informe, a las 23:45, la hora a la que supuestamente cayó por la borda, estaba sola en su posición en la proa, al parecer sin chaleco ni otra medida de seguridad. También consta que el viento registrado a esa hora era de fuerza 7 y que la navegación era muy tranquila.

Por mucha inclinación que hubiese alcanzado el barco, Jenny no habría podido superar la barandilla. El capitán se limitó a reconocer ante los padres que no sabían con exactitud la causa del accidente.

Ellos tampoco podían imaginar por entonces la moral de vertedero que reinaba en el barco, aunque Jenny había dado algunas pistas. "Había dejado caer algún comentario. Mamá, no puedes hacerte una idea de lo que tengo que vivir a diario, me había dicho, pero sin detalles", rememora Marlis, todavía con lágrimas en los ojos.

"Cuando comenzó a hacer estos comentarios, pensamos que, sencillamente, la realidad no era tan idílica como ella la había imaginado, pero no podíamos sospechar todo lo que ahora se está descubriendo. Cuando hemos podido atar cabos, aquel correo ha adquirido significado", dice el padre unas horas después de haber presentado una denuncia por acoso sexual y asesinato ante la justicia alemana y mientras pide a los posibles testigos que rompan el silencio:

"Creo que Jenny era víctima de acoso sexual y creo que hubo una pelea. Que cayera al mar por accidente es una hipótesis que no tiene sentido. A la vista de los acontecimientos, estoy seguro de que su muerte tuvo que ver con esa necesidad de ver a un ginecólogo".

Los hechos que abrieron los ojos a los padres de Jenny han salido a la luz más de dos años después, con la muerte, también por el accidente, de una segunda cadete a bordo del Gorch Fock. Según la versión oficial, el 7 de noviembre de 2010, durante una maniobra en aguas argentinas, la cadete de 25 años Sarah Lena había subido a uno de los mástiles y cayó desde una altura de 27 metros, muriendo unas horas después.

Se había incorporado a la travesía en Brasil, después de un viaje desde Alemania que había durado más de 20 horas y, a la mañana siguiente, a primera hora, estaba ya encaramada al mástil, a pesar de que sufría de vértigo y de que esta práctica no forma parte de los ejercicios obligatorios. El capitán al mando seguía siendo el mismo, Norbert Schatz, marinero de vieja escuela que, ante las primeras críticas, se justificó diciendo:

"Aquí todos saben dónde se han metido. En alta mar el riesgo está siempre presente, aunque tratemos de minimizarlo. Yo, de pequeño, jugaba trepando al cerezo de mis vecinos. Hoy los jóvenes pasan horas delante del ordenador. Quizá deberíamos asegurarnos de que los candidatos a oficiales de la Marina puedan hacer 10 flexiones seguidas. Algunos no lo conseguirían".

Solo dos días después del fallecimiento, Schatz dio permiso para que, en la cantina del barco se celebrase, como si tal cosa, una fiesta de carnaval con cerveza, pelucas y confeti. Después de la muerte de Sarah, sin embargo, nada volvió a ser igual. La autoridad de Schatz fue perdiendo peso hasta que, la semana pasada, cuatro cadetes se plantaron y, siempre según la versión oficial, no acataron la orden de subir a los mástiles.

El Gochr Fock había zarpado el 25 de agosto de 2010 del puerto de Bremenhaven, Alemania, y no tenía previsto regresar hasta finales de junio de 2011, pero el capitán Schatz, basándose únicamente en esta negativa, tomó una decisión sin precedentes en la historia del buque, desde que fuera votado en los astilleros Blohm & Voss de Hamburgo, en 1958. Interrumpió el viaje y, tras atracar en el puerto de Ushuaia, en Argentina, envió a los cadetes a casa en vuelo regular y acusados de haber llevado a cabo un motín, delito penal que la ley alemana hace pagar con hasta 15 años de cárcel.

Aunque a los cadetes castigados se les prohibió hacer declaraciones, comenzó a saberse la verdad.

Los testimonios no dejan lugar a dudas acerca de que las violaciones se repetían en las duchas. Apuntan a que una organización de extrema derecha mantiene una presencia latente y destructiva en las filas de la Bundeswehr, un ejército que Alemania creía definitivamente limpio de la herencia nazi.

"Estaba en la ducha y se me acercaron tres soldados. Me dijeron que allí en el barco era como en la cárcel, cada nuevo que llegaba tenía que poner el culo".

Éste es el testimonio de un cadete. "Todos sabíamos lo que pasaba en las duchas y que los atacantes se identificaban como la Hermandad Aria", dice otro testigo.

Varias compañeras de Sarah, de forma anónima, han dado a entender que la chica era víctima de acoso sexual. El semanario Der Spiegel, con acceso a la investigación, aseguró que hay testimonio de "amenazas de muerte" y "oficiales ebrios" de los que los cadetes procuraban escapar como alma que lleva el diablo.

Familiares de marineros a bordo se han referido a "juegos muy peligrosos, del tipo de la ruleta rusa", con los que se mataban las largas noches del Cono Sur. El comisionado del Bundestag para las Fuerzas Armadas, el político liberal Hellmut Königshaus, confirmó tras recibir los resultados de las primeras investigaciones que se habían puesto de manifiesto "en el buque escuela comportamientos y situaciones tremendamente desagradables".

Por un momento pareció que a bordo del Gorch Fock se llevaba a cabo un macabro proceso para amedrentar y abusar de las mujeres que aspiraban a oficiales de la Marina. El Ejército alemán abrió sus puertas a las mujeres solamente en 2001 y obligado por una sentencia del Tribunal de Justicia Europeo que llevó a modificar la ley fundamental y a admitir como soldados y suboficiales de la Bundestag a quienes, hasta entonces, solo se aceptaba como personal sanitario o musical.

En el último viaje del Gorch Fock, solamente 24 de los 107 cadetes en travesía de formación eran mujeres, lo que da una idea de la posición minoritaria que todavía ocupan en este territorio.

Pero entonces aparecieron las fotos, que dejaban más claro que el agua que las víctimas de las vejaciones eran tanto hombres como mujeres. Fueron tomadas en mayo de 2010, durante la fiesta que los marineros denominan El Cruce y durante la que son bautizados los cadetes que cruzan por primera vez el ecuador a bordo del barco. Describen un ambiente a bordo que sirve de caldo de cultivo para el abuso de autoridad o para comportamientos inapropiados de los marineros.

Una vez en su poder, el periódico sensacionalista Bild Zeitung las publicó a palo seco, sin la aconsejable dosis de biodramina para hacer frente a los pies de foto: cadetes sumergidos en un bote salvavidas en el que previamente se habían vertido inmundos restos orgánicos junto a los irreprimibles vómitos de compañeros que anteriormente habían pasado por el mismo trago. Soldados que se arrastran por la cubierta de rodillas, hasta besar los pies a un oficial ataviado con una peluca larga y rubia, al que algunos medios han querido identificar como el capitán Schatz (a pesar de que su posición, de espaldas, impide verle la cara). Un marinero sujeto a un cepo de tortura medieval cuya cabeza sirve de diana para arrojar… quién sabe qué.

Los testigos aclaran que "la participación en estos rituales es voluntaria, pero hay una presión siniestra, porque si no accedes es como si te quedases para siempre fuera del grupo".

Para cuando las fotos vieron la luz, el capitán Schatz ya había sido destituido de forma fulminante y el ministro de Defensa, Karl Theodor zu Guttenberg, respaldado abiertamente por la canciller Merkel, había establecido un cortafuegos en torno a su cargo asegurando que se estaba realizando "una investigación que llegará hasta el final y de la que se informará con total claridad".

Un político del partido de Merkel, Ruprecht Polenz, ha propuesto públicamente que Gorch Fock no vuelva a zarpar, puesto que su valor como símbolo de excelencia ha quedado dañado para siempre.

COSTA UROLA