miércoles 2 de noviembre de 2011

Abramovich y Berezovski

Se hace proteger por el mayor ejército privado de seguridad del mundo: 40 matones que le siguen allá donde va. Llegó a ser el hombre más rico de Gran Bretaña y el número 53 de la lista Forbes, con una fortuna estimada en 13.400 millones de dólares. Es dueño del Chelsea (ayer mismo vio jugar y perder a Torres). Y aun así asegura que su casa sigue estando en Rusia, a la sombra de Vladimir Putin, a quien trata respetuosamente de "usted".

Hasta ahora había logrado eludir los reflectores, Roman Arkadyevich Abramovich, con ese aura de intocable que distingue a los oligarcas rusos. Pero el lunes tendrá que dar la cara ante el Tribunal de Comercial de Londres, para responder a la demanda de 6.000 millones de dólares que le reclama su ex protector, ex amigo y ex socio Boris Berezovski, que se hizo de oro en la era de su tocayo Yeltsin y cayó en desgracia durante la era Putin.

Berezovski asegura que Abramovich es un "gánsgter" en toda regla, que lleva amenazándole y robándole dinero desde que se conocieron y que nunca le ha pagado los jugosos dividendos por las ventas de la petrolera Sibnet, el mayor fabricante de aluminio del mundo (Rusal) y el imperio mediático ORT.

Abramovich, de 45 años, revelará hoy ante los tribunales que Berezovski, de 65, era en realidad su "krysha" o "protector". Que durante seis años le llegó a pagar 2.500 millones de dólares a cambio de sus favores y sus prebendas. Que estaba harto de sufragar sus lujos y que hace una década decidió extenderle un último cheque para cerrar la relación, durante un encuentro al más puro estilo James Bond en la estación de esquí de Megéve en Francia.

En su testimonio escrito de 92 páginas, adelantado ayer por The Times, Abramovich deja al descubiertos como nunca antes los trapos sucios de los oligarcas rusos y sus códigos cercanos a los de la mafia siciliana...

"Así es como funciona el krysha (tejado, en ruso). Mientras un protector facilita los servicios precisos para mantener un negocio particular, se espera que le pagues lo que él pida, cuando él lo pida. No hay ningún acuerdo escrito, es una relación simplemente verbal".

Abramovich asegura que durante los años 90 le estuvo pagando a Berezovski unos 80 millones de dólares al año para costear su palacete en Cap d'Antibes, en la Costa Azul, sus yates, sus aviones privados y hasta "las tarjetas de crédito de sus amantes". En 2001, dio por cerrada la "protección" con un último pago de 1.300 millones de dólares con el que confiaba perder de vista a su viejo protector, el cual niega que recibiera ese dinero ni que se produjera el encuentro alpino.

El caso es que el primero afincado ya en Londres, enseñoreado como presidente del Chelsea, no consiguió quitarse de encima la sombra de su krysha. Exiliado desde hace más de un década, temporalmente afincado en Francia, el segundo decidió pedir asilo político en el Reino Unido.

En octubre de 2007, en uno de esos choques del destino, el viejo protector se encontraba comprando en una tienda de Dolce & Gabbana en Sloane Street cuando avistó a su ex protegido en una boutique cerca de Hermès, donde tuvo lugar el encontronazo entre los dos ejércitos y el último mano a mano entre A. y B., presagio de la contienda que ahora libran en los tribunales.

En su testimonio escrito, Abramovich recuerda cómo se conocieron en un yate privado de Pyotr Aven en el Caribe, en diciembre de 2004, y cómo en marzo de 2005 Berezovski le hizo esperar seis horas en el club LogoVaz de Moscú, donde se selló la alianza entre ambos y se acordó un primer pago de ocho millones de dólares por la primera tanda de "favores políticos".

Roman Abramovich, nacido en Saratov (en el sur de Rusia), era entonces un joven empresario de 28 años que había abandonado la carrera de ingeniería, se había ganado la vida como mecánico y había logrado una incipiente fortuna como fabricante de juguetes de plástico, antes de saltar a la industria del petróleo con Mekong.

Berezovski estaba considerado entonces como uno de los hombres más influyentes en la esfera de Yeltsin, y de alguna manera sintió proyectadas sus propias ambiciones en las del joven pupilo, con quien creó una empresa radicada en Gibraltar (Runicom) antes del pelotazo de Sibneft que unió indisolublemente sus destinos.

El dinero que le reclama en calidad de socio, afirma B., es lo que tendría que haber recibido por el pago de beneficios en las operaciones de Sibneft, Rusal y otras sociedades que compartieron durante la fulgurante escalada de A., cuya fortuna ha sido rebajada últimamente a 10.000 millones de dólares por la crisis (frente a los 500 millones en que se ha quedado B.).

En la tensas relaciones entre A. y B. hay marcada una fecha de inevitable ruptura: agosto de 2000. El entonces presidente Putin llama a capilla a B. y le recrimina la "imperdonable cobertura" que su cadena de televisión ha hecho del desastre del submarino Kursk. Putin no se lo puede decir más claro: vende lo que tengas y márchate de Rusia. Ahí comienza la caída en desgracia de B., en contraste con la subida trepidante de A., como si estuvieran en una montaña rusa.

La vida personal del oligarca, dos veces casado, padre de cinco hijos, se complica con un divorcio que le cuesta un ojo de la cara. Pero A. se desquita subiendo aún más enteros en la escala social y confirmando su romance con Dasha Zukhova, hija del magnate y traficante de armas Alexander Zukhov. La zozobra económica de B. se agudiza mientras su divorcio le cuesta 100 millones de dólares. Su fortuna va menguando y su influencia también.


2 comentarios:

  1. Joe! Como se las gastan por ahí. ¿Que tendría que ganar A. para pasarle un "paguito" de 1300 millones de dolares a B.?

    Lo raro es que A. no este en la tréna, como si lo esta otro magnate ruso que ahora no recuerdo el nombre y por mucho menos....

    ¿Cuanto sera el "paguito" a Putín?

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  2. DON LORENZO
    Así funciona la gran mafia rusa a las órdenes del poder y que controlan todo tipo de gansterismos a nivel mundial.

    Al Abramovich se lo cargará otro que consiga los favores de Putin o de su sucesor, y así sucesivamente.

    Los negocios de esta gentuza son más peligrosos que los de la COSA NOSTRA italiana.

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