Cathérine Gisèle Fouda se pasó la infancia llorando. A los 10 años, cuando sus senos empezaron a brotar, no se imaginaba que con su pubertad llegaría la peor tortura a la que ha tenido que enfrentarse en la vida: el planchado de sus pechos.
"Me crecieron antes que a mis hermanas mayores... Y mi madre decidió planchármelos. Lo hacía dos veces al día. Por la mañana y por la tarde. Así durante tres semanas. Me dolía una barbaridad. Pero mis gritos no impidieron que mi madre siguiera con su tarea".
Cathérine es una de las cuatro millones de mujeres en Camerún que, de pequeña, vivió una de las prácticas contra la mujer más ancestrales y brutales del continente: el intento de aniquilación (con piedras, palos o vendas calientes) de los pechos, el órgano erótico por excelencia en Camerún.
Una brutalidad que además se practica entre las mujeres de la familia con un único objetivo: evitar las miradas obscenas de los hombres. Que no se despierte en ellos su deseo sexual y termine en una violación. Y en un embarazo prematuro. Y en un contagio de sida. Sí, "mutilación femenina" para evitar al macho depredador.
En Akono, al norte de la capital Yaoundé, en el epicentro de una práctica tan antigua como atroz que, además, se extiende a los vecinos Nigeria, Costa de Marfil, Togo, Guinea Conakry y Burkina Faso. En este pueblo, cristiano, tranquilo, bendecido por lluvia del clima tropical, hasta el 80% de las mujeres han sido sometidas a una costumbre que consiste en presionar con fuerza el pecho con un mazo de madera o una piedra al rojo vivo para mermar y detener el crecimiento de la glándula mamaria.
Un pueblo atractivo por su calma que, sin embargo, esconde una tasa de sida del 30%.
"A fuerza de planchar mis pechos, me empezaron a salir ampollas y abscesos", relata Cathérine, hoy una joven de 23 años, madre de dos niños a los que no ha podido amamantar. Tras muchas sesiones de gritos y lloros, por fin su madre se dio cuenta de las consecuencias de la práctica. "Me llevó al hospital y el doctor le recomendó no hacerlo más. Por fin alguien convenció a mi madre para que dejara de plancharme los pechos. Cuando di a luz a mi primer hijo, a los 15 años, le tuve que dar leche artificial porque de mis senos salía un fluido negro".
De madres a hijas, de abuelas a nietas, de tías a sobrinas y entre hermanas. El planchado lo realizan las propias mujeres contra las mujeres. El objetivo: preservarlas del ojo del macho violento reprimiendo cualquier atisbo de atractivo sexual.
Sin embargo, no parece que la costumbre dé sus frutos. Camerún es un lugar donde embarazo y adolescencia suelen ir de la mano (hasta el 30% de los embarazos son no deseados, según fuentes locales). Un lugar que, además, sufre una carencia absoluta de educación sexual, clave para poner fin a la tortura que sufren estas niñas, cuyas madres prefieren curarse en salud antes de verlas con el vientre hinchado.
Una piedra, una hoja, una espátula, una cáscara de coco. Calentados al fuego de la cocina, y aplicados al rojo vivo. Todo vale para suprimir la voluptuosidad femenina que, en estos países de la costa oeste africana, se considera una maldición que sólo puede traer miseria entre las adolescentes.
El dolor que sufrió Nguini Stéfanie Pierette tampoco sirvió para nada. A los tres años de ser víctima del planchado, sus senos reaparecieron. Esta joven de 21 años me cuenta cómo volvió a la casilla de salida tras sufrir lo indecible. "Un día volvía de la escuela y mi madre me llamó. Tenía 10 años. Me pidió que me levantara el vestido. Dijo que mis pechos estaban creciendo con rapidez y hacía falta pararlos".
"La primera vez que lo hizo, cogió una espátula, la calentó y presionó con ella sobre mis senos. ¡El dolor era insoportable!". Así durante cuatro días interminables para Nguini, que aún hoy argumenta que su madre sólo quería que su hija siguiera en la escuela, feliz y inocente, sin conocer el trágico mundo de los adultos: "Mis senos desaparecieron".
Con información de Joana Socías
COSTA UROLA
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El ser humano es tan a menudo despreciable... que asco de mundo donde para evitar violaciones, recurren a estas bestialidades.
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