domingo 11 de septiembre de 2011

ONeill sabía lo que iba a ocurrir

Cuando el 11 de septiembre de 2001 dos aviones colisionaron con las Torres Gemelas, muy pocos pensaron de inmediato en Osama bin Laden. Quien seguro que lo hizo, porque llevaba tiempo avisándolo, fue John O’Neill, un conflictivo y brillante ex agente del FBI que aquel día estrenaba trabajo: jefe de seguridad del World Trade Center. La torre dos cayó sobre él y terminó con su vida.

¿Por qué nadie escuchó sus advertencias?

En su apretada agenda, los lunes por la noche siempre tenían por escenario Elaine’s, un famoso restaurante de Manhattan frecuentado por investigadores, especialistas en seguridad y oficiales de Policía. O’Neill descollaba dentro de ese círculo: durante años había sido el principal experto del FBI en Osama bin Laden. A partir de 1997 había sido, además, el rostro visible de la oficina del FBI en Nueva York y había dirigido la investigación de los atentados contra las embajadas en África y contra el navío de la Armada USS Cole en el Yemen.

Hijo de un taxista de Atlanta amante de la gran vida, amigo de Robert de Niro, trabajador constante, no es, sin embargo, producto de la imaginación febril de un novelista sino algo auténtico. Muerto a los 49 años, O’Neill no tuvo ni el tiempo ni la posibilidad de terminar su trabajo, a pesar de todo lo que sabía. El gobierno norteamericano no le dio crédito ni tuvo confianza en él, y hasta es posible que haya hecho todo lo posible para hacerlo callar.

Lo que presentía O’Neill, quien había investigado durante años el terrorismo islámico contra Estados Unidos, en Pakistán, África y Yemen, lo había repetido sin embargo la víspera, el 10 de septiembre, durante una cena entre amigos en un restaurante chic, el Elaine’s, del Upper East Side: “Algo nos va a suceder… algo enorme. Habrá cambios… una gran sacudida.

Ante una administración sorda a sus argumentos sobre el importante papel de Arabia saudita en la expansión de las redes de Ben Laden, John O’Neill, desilusionado, presentó su renuncia al FBI.

O’Neill acababa de conseguir un apetecible empleo en el sector privado, como jefe de seguridad del World Trade Center. El trabajo estaba muy bien pagado (300.000 dólares al año) y lo había animado. No es de extrañar que quisiera celebrarlo.

Los amigos recuerdan que O’Neill hablaba a menudo de la posibilidad de un atentado en Nueva York. Según contaron a New York Magazine, unas semanas antes había dicho: "No van a darse por satisfechos hasta que echen abajo esas dos malditas torres", y ese mismo lunes 10 de septiembre, al salir del restaurante, se volvió hacia sus colegas y dijo: "Por lo menos siempre voy a poder decir que mientras yo estuve en la oficina del FBI, en Nueva York nunca se produjo un atentado".

Su compañera Valerie se enteró por la radio del atentado; tuvo que esperar hasta las 9.17 horas para, finalmente, recibir una llamada de John. "¡Hay restos de cuerpos humanos por todas partes!", gritó. "¿Tienes idea de qué es lo que se ha estrellado contra el edificio?".
Valerie respondió que en la radio habían dicho que un Boeing 747. "Te llamo dentro de un rato", dijo John.
O’Neill también habló con su hijo de 29 años, que ese día tenía previsto visitar a su padre en el nuevo trabajo.

Un agente del FBI recuerda haber estado hablando con O’Neill en el vestíbulo de la torre uno, en un improvisado puesto de mando del FBI y los bomberos. Fue visto por última vez andando hacia la torre dos unos minutos antes de que esta se viniera abajo.
Su cuerpo fue encontrado una semana después, y no está claro en qué lugar exacto murió. Pero lo que está fuera de toda duda para quienes lo conocían es que, antes incluso de que llegara el segundo avión, tuvo que haber comprendido quién estaba detrás de los ataques. El hombre que sabía lo que iba a ocurrir a Las Torres de Gemelas de Nueva York.

COSTA UROLA


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