El tono y el contenido de la reacción china, y el golpe sufrido hace unos días por el ejército estadounidense en Afganistán (con el mayor número de bajas reconocidas en un incidente de este tipo desde que comenzó la guerra, en el año 2001) refuerzan el convencimiento de muchos observadores de que el gran líder del siglo XX, la superpotencia única tras la Guerra Fría, está perdiendo influencia.
Se ha anunciado tantas veces el principio del fin de esa hegemonía (frente a la URSS entre 1955 y 1965, frente a Japón en los 80, frente a Europa desde los 60 y en el último decenio frente a una China que sigue creciendo un 9% al año) que resulta difícil aceptar como inevitable el fin del imperio único.
Sin embargo, parece evidente, como señaló Lawrence Summers antes de incorporarse al equipo económico de Obama, que "el primer deudor del mundo no puede seguir siendo indefinidamente la primera potencia mundial". Los dirigentes chinos llevan años con las mismas dudas y, desde ayer, con propuestas radicales para no verse arrastrados por la voracidad del gigante americano.
"Así es como entran en declive todos los imperios", señalaba Ferguson. "Se empieza con una explosión de la deuda y se termina con la reducción inexorable de los presupuestos del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea. Si Washington no logra un plan creíble en los próximos cinco o 10 años, corre un serio peligro de que la crisis de la deuda desemboque en un grave debilitamiento del poder de Estados Unidos".
La España de los Habsburgo se declaró en mora o impago de su deuda 14 veces entre 1557 y 1696, sucumbiendo finalmente a la inflación producida por el exceso de plata procedente del Nuevo Mundo. La Francia prerrevolucionaria estaba gastando un 62% de todos los ingresos de la Corona en el pago de la deuda en el año 1788 (pocos meses antes de la Revolución).
El Imperio Otomano acabó igual: el pago de intereses y la amortización de su deuda pasaron del 15% de su presupuesto en 1860 al 50% en 1875. Sin olvidar el penúltimo gran imperio de habla inglesa: en el periodo de entreguerras, el pago de intereses representaba un 44% del presupuesto británico, impidiendo a Londres rearmarse frente a la nueva amenaza alemana.
La Historia no tiene por qué repetirse, pero se repetirá si los dirigentes estadounidenses no ponen su casa en orden.
Tienen aún tiempo para hacerlo, pero aplazar las medidas necesarias hasta después de las presidenciales de 2012, como acaban de hacer, es un paso importante en el sentido equivocado y Standard & Poor's se ha limitado a recordárselo con el único lenguaje que conoce.
COSTA UROLA
deuda puede tragarse imperio


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