martes 2 de agosto de 2011

Francotirador libio

El primer cohete salió surcando el cielo en medio de un enorme estruendo, un haz de fuego y el clamor de los milicianos presentes.

Alahu Akbar, Alahu Akbar! (Dios es grande)", chillaban al unísono. El impacto retumbó a pocos kilómetros. De inmediato comenzó a sonar la radio que manejaba el jefe del vehículo. "¡Bien, bien, pero un poco más a la izquierda!". El uniformado modificó ligeramente la orientación de la lanzadera de misiles instalada en la parte trasera de la furgoneta y repitió la acción. Más gritos y un nuevo estampido. "¡Miya, miya, miya, miya!" (¡Perfecto, perfecto!), volvió a escucharse en la emisora.

Eran poco más de las 11.00 horas, y cientos de milicianos se apelotonaban en la carretera que conducía a la ciudad de Tiji, uno de los últimos bastiones del ejército de Muamar Gadafi en la región limítrofe con Nafusa, al oeste del país.

Haizam al Bakr había asistido al disparo de los proyectiles. Aunque reconocía que él prefiere actuar de manera más sigilosa. El joven de 30 años, farmacéutico de profesión, dijo que había llegado a Nafusa hacía sólo una semana procedente de Trípoli. Portaba un sofisticado fusil de francotirador envuelto en una tela «para evitar que se atasque con la arenilla», precisó.

En medio de las explosiones que se sucedían en el frente bélico, Al Bakr reclamó ser un personaje sobre el que ya se ha comenzado a tejer una leyenda tan popular en Libia como lo fue en Irak la de Juba, el tirador al que se atribuyeron incontables bajas en las filas de los ocupantes estadounidenses.

"Si, yo soy el francotirador de Trípoli. Allí actuaba encapuchado y usaba un AK-47 con una mirilla y un silenciador", explicaba el uniformado que se dirigía hacia la zona donde se libraban duros combates. A menos de un kilómetro se apreciaban los fogonazos que generaban el repiqueteo continuo de las ametralladoras pesadas de los opositores.

Los rumores sobre la presencia de tiradores rebeldes en la capital libia se acrecentaron en junio después de que portavoces gubernamentales admitieran al diario The New York Times que un guardia del hotel donde se albergan los informadores había sido abatido por uno de ellos.

De inmediato, espacios como Twitter comenzaron a llenarse de comentarios que hablan de un misterioso "francotirador de Trípoli" que pretendía emular a Juba.

Al Bakr relata que estuvo actuando de forma clandestina en la urbe y que allí mató a seis acólitos del régimen. "Militares o de sus milicias", apunta. "No me gusta matar libios pero ellos nos han obligado a la guerra", añade. Su manejo de las armas se explica porque antes del presente conflicto era un asiduo en las competiciones de tiro. "Soy muy bueno", apunta sin resquemor.

Tras huir a Túnez y retornar a Libia a través de Nafusa, donde se ha integrado en la llamada Brigada de Trípoli Libre instalada en Nalut, Al Bakr se sumó de inmediato a la ofensiva contra Gazaya de esta semana. Allí asegura que acabó con la vida de otros tres militares de Gadafi. "Uno de Mali y dos libios", precisa el guerrillero.

COSTA UROLA



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