martes 12 de julio de 2011

Trece julio de 1936

13 de julio de 1936. Tres y cinco de la madrugada. Más que calor, bochorno esa noche de verano en Madrid, con la mayoría de las viviendas con las ventanas abiertas intentando pescar un soplo de aire fresco.

De repente un disparo rompe el silencio de lo cotidiano. Apenas segundos después se escucha como eco, otra detonación. Esto ocurre en la esquina de la calle Ayala con la de Velázquez, en pleno barrio de Salamanca. Una furgoneta de la Dirección General de Seguridad, con el nº 17 y perteneciente a la Guardia de Asalto, acelera con velocidad. Tiene motivos. Acaban de cometer un crimen. Un muerto yace en el asiento de atrás de ese vehículo. Con él viajan sus asesinos. Es el inicio de la Guerra Civil.

Conchita y Enriqueta recuerdan a la perfección aquella noche en la que mataron a su padre. Son las dos hijas del asesinado, José Calvo Sotelo.

Lo que sucedió hace ahora 75 años marcaría para siempre su vida, la historia familiar y el destino de toda España.
Aquel 13 de julio, Conchita Calvo Sotelo tenía 17 años (hoy, 93 muy bien llevados) y Enriqueta, que acaba de cumplir 92, contaba con 16 aquel verano. Ninguna ha podido olvidar aquellas trágicas horas. Enriqueta incluso las ha plasmado en una suerte de diario íntimo.

Abran a la Policía! ¡Venimos a hacer un registro!

Detrás de la puerta, José Calvo Sotelo, diputado conservador del Bloque Nacional y jefe de la minoría monárquica en las Cortes de la II República, no puede dar crédito a lo que está sucediendo.

Traemos orden para realizar un registro. Si no abren la puerta la tiramos!

El político es, en aquel momento, el líder de la oposición parlamentaria al Gobierno del Frente Popular, tras la pájara sufrida por Gil Robles al perder las elecciones en febrero de ese mismo año y el encarcelamiento de José Antonio Primo de Rivera desde marzo (sería fusilado meses después, en Alicante). No se fía (hace bien) y se asoma al balcón para ver qué ocurre en la calle. Desesperado grita:

-¿Son policías los que están llamando al piso?

-Sí, don José, -le contesta uno de los porteros nocturnos de su vivienda, en el número 89 de la calle Velázquez- Es la policía.

Sólo entonces se atreve a abrir la puerta. Los asaltantes entran en tromba. Son más de 10. La furgoneta que espera en la calle tiene una capacidad para 22 plazas. No han viajado más de 18. El resto del comando está distribuido entre la calle, el portal y la escalera de la vivienda. No existe escapatoria a la emboscada.

Esto es un atropello. Soy diputado y me protege la Constitución. Tengo inmunidad y no pueden violentar mi domicilio! -exclama Calvo Sotelo.

-Tenemos órdenes de la Dirección General de Seguridad  para hacer un registro y llevarle a declarar -le contesta el jefe de los asaltantes.

-¿Y usted quién es? -pregunta el diputado.

El jefe del comando se identifica: "Fernando Condés, capitán de la Guardia Civil".

Lo que no añadió Condés es que, además de oficial de la benemérita, era instructor de La Motorizada, unidad de acción de las Juventudes Socialistas que actuaban como escolta del líder del PSOE Indalecio Prieto.

-Supongo que esto le bastará para convencerse de la autoridad legítima de nuestra misión. Tenemos que registrar su casa y en la DGS le darán todas las explicaciones que quiera -le añade Condés.

Enriqueta Grondona, esposa de Calvo Sotelo, se tranquiliza al saber que el jefe de los pistoleros es un guardia civil. Sin embargo, Calvo Sotelo desconfía aún más. Está rodeado de todo tipo de sujetos: guardias de asalto uniformados, paisanos con pistolas, guardias civiles sin uniforme…

-Permítame que llame a la Dirección General de Seguridad para confirmar…

Pero al descolgar el teléfono Calvo Sotelo se da cuenta de que no hay línea. Ha sido cortada por los asaltantes. Es consciente del peligro que corre no solamente él, sino toda su familia. Es ahí cuando decide obedecer a sus captores y salir de su domicilio. Presagia que puede morir y quiere evitar que sea delante de los suyos. También teme que algo peor le pueda suceder a su mujer y a sus cuatro hijos (Conchita, Enriqueta, José y Luis Emilio).

Así están descritos los últimos instantes de la vida de José Calvo Sotelo en el cuaderno de su hija Enriqueta: "Entró en el cuarto de mis hermanos varones, que dormían, y dio un beso a cada uno; no se despertaron… Entró luego en la habitación de mi hermana y mía. Vino hasta mi cama y me besó; yo, con la pesadez de la fiebre que tenía no me desperté. Besó también a mi hermana Conchita y ésta sí se despertó. Vio a papá vestido para salir y a dos guardias en la puerta. "¿A dónde vas, papá?", preguntó sobresaltada. Y él contestó: "No te asustes es que me llevan detenido".

El capitán Condés intenta calmar la tensión y le promete: "Le doy mi palabra de caballero que dentro de cinco minutos estará usted delante del Director General de Seguridad". Diez minutos después, otro miembro del grupo de asalto, Luis Cuenca Estevas, famoso pistolero del PSOE, una vez arrancada la camioneta, se sienta detrás del detenido. Sin mediar palabra le descerraja dos tiros en la nuca por la espalda al diputado de derechas…

Fueron dos disparos de especialista. Un matarife profesional. Nadie en la furgoneta volvió la mirada. Tampoco se inmutaron. Eso sí, el conductor aceleró la marcha. Minutos después abandonaron el cadáver en la puerta del cementerio Este de Madrid.

Habían salido a vengar con sangre otro asesinato cometido apenas seis horas antes en Madrid, el del teniente de la guardia de asalto José Castillo, instructor de milicias de las Juventudes Socialistas, quien había sido asesinado esa misma noche, sobre las 21:30 horas, en la confluencia de las calles madrileñas de Augusto Figueroa y Fuencarral. La misión estaba cumplida.

Es difícil señalar el origen concreto del enfrentamiento entre las dos Españas. Antes de que las izquierdas mataran a Calvo Sotelo, las derechas habían asesinado al teniente Castillo, al que se le acusaba de ser el responsable de la muerte de un falangista, Andrés Sáenz de Heredia, y de las heridas de un carlista, José Llaguno Acha. Como represalia, falangistas asesinaron a un capitán de ingenieros, Carlos Faraudo de Miches. Pero meses antes las izquierdas habían matado a Anastasio de los Reyes López… Es decir, un bucle interminable de memoria histórica.

Para darse cuenta del ambiente de guerra que se vivía en España en la primavera de 1936 hay que conocer estas historias y también las cifras: 454 asesinatos políticos y más de 1.638 heridos graves desde las elecciones de febrero. Un dato más, el entierro de Calvo Sotelo celebrado un día después de su asesinato, en el cementerio de la Almudena, finalizó en una manifestación reprimida por las Fuerzas de Orden Público. Resultado: cinco manifestantes muertos y 34 heridos. Esta era la normalidad democrática del Gobierno del Frente Popular.

Si no fue la causa del inicio de la Guerra Civil, el asesinato de Calvo Sotelo sí convenció a muchos dudosos para participar en el 18 de julio. Ese fue el caso, entre otros, del general Franco. Así lo confirma su primo Franco Salgado-Araujo en su diario, el mismo 13 de julio, transcribiendo palabras del general: "Ya no se puede esperar más, he perdido por completo la esperanza de que el Gobierno cambie de conducta al realizar este crimen de Estado".

La República equiparó el asesinato del teniente Castillo con el atentado contra Calvo Sotelo cuando no eran crímenes comparables. Indalecio Prieto y el Partido Socialista intentaron por todos los medios quitarse el muerto de encima afirmando que el asesinato había sido un desmán de las Fuerzas de Orden Público.

NOTA : Hacía menos de un mes que fue amenazado de muerte por el presidente del gobierno, Santiago Casares Quiroga, y menos de dos días por Dolores Ibárruri "la Pasionaria", en el Congreso.


2 comentarios:

  1. Memoria histórica de pura cepa, auténtica, la que algunos, poco amigos de ella, tratan de silenciar.

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  2. TIO CHINTO
    Esta "Memoria Histórica" carece del más mínimo falseamiento o modificación de la realidad aquella.
    Y los autores de este asesinato eran altos cargos gubernamentales SOCIALISTAS.

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