sábado 16 de abril de 2011

No son ateos, son "comecuras"

Solamente en el ámbito de una sociedad esquizoide, gárrula y liliputiense se puede concebir que el ateismo se convierta en un problema de orden público en vez de solventarse como una disquisición moral, filosófica o ética.

Creer o no creer, "that is the question". Cada uno en su casa y Dios en la de aquellos que hayan decidido franquearle la puerta. Ese es todo el intríngulis de un caso de conciencia que, todavía hoy, en estas parameras, enciende el infiernillo de las querellas cachicuernas.

Y es que en España, señoras y señores, los comecuras medran en cualquier parcela y andamos, sin embargo, muy escasos de ateos. El anticlericalismo, no el ateísmo,  se manifiesta entre nosotros con el rigor canónico de una teología inversa que impele a sus devotos a incinerar iglesias con el mismo fervor que un familiar del Santo Oficio empleaba en relajar herejes.

Y las blasfemias se profieren con tanta devoción, con tan firmes propósitos, con tamaña certeza, que se diría que uno está oyendo el Paternóster reflejado en las aguas (turbias) de un espejo.

En la solemne sepultura de "monsieur" Voltaire una inscripción advierte que allí yacen los restos de alguien que dedicó su vida a combatir la intolerancia y a darle caña a los ateos. ¿Acaso no hay constancia de que ese tal Voltaire fue un paladín del librepensamiento, un látigo de meapilas, un martillo de clérigos?

En efecto, lo fue. Y furibundo, a veces. Pero también es cierto que sus vertiginosas diatribas, sus vistosísimas "boutades", sus volatines dialécticos, pusieron contra las cuerdas la iniquidad del viejo mundo y nos pusieron en guardia contra las mixtificaciones del moderno. En contra de la razón mesiánica; del sectarismo laico; de la Inquisición incrédula. Contra los que transmiten una epidemia cafre de anticlericales cristianos.

Desengáñense ustedes: los miembros de esa jarca que convoca "procesiones ateas" son, en realidad, sacristanes del odio, propagandistas de la inquina, cofrades del resentimiento. Ni por el forro, ateos.

Un auténtico ateo (el señor Spinoza es un ejemplo: ateo piadoso, por más señas) se desenvuelve en las antípodas del fanatismo rucio y vocinglero. Un auténtico ateo sabe que deicidio y genocidio, si no hermanos de sangre, al menos son parientes.

Y no ignora, por último, que, al pie de ese Calvario que se rememora en estas fechas, es posible, a Dios gracias, dialogar con los ateos. Benditos ateos. Nunca con los comecuras. En cuanto a los de la procesión atea esa, los comecuras analfabetos esos, si aún siguen en sus trece, que se metan a almuédanos.

COSTA UROLA


3 comentarios:

  1. Pues mejor explicado, imposible. ¿Qué tendrá que ver ser ateo con toda esta orgía cutre anticlerical?

    La respuesta está en unos cuantos libros, cuantos más mejor, bien elegidos y variados. La falta de cultura hace que las personas puedan ser dirigidas con facilidad y utilizadas como palmeros del poder. Y lo que tú dices, si no creen en Dios ¿Para qué quieren matarlo?

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  2. Gracias, CANDELA.
    Mucha necesidad de leer libros hay en este atrasado país, porque en cuanto la plebe cae en manos de doctrinarios sectarios les siguen como tontos del culo. Casi nadie tiene CRITERIO PROPIO.

    Es que la pregunta es propia de un niño de 3 años : Si no crees en algo porqué lo quieres eliminar.

    Hay un bloguero que lleva dos años "demostrando" que Díos No Existe. Qué obsesión.

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  3. antes que nada quiero aclarar que no estoy de acuerdo con estas "procesiones ateas". Me parece que realmente buscan la confrontación sin sentido.

    Por otro lado ustedes se preguntan:
    >Si no crees en algo porqué lo quieres eliminar.

    Porque estamos inmersos en una sociedad en la cual muchos de sus miembros quieren imponer sus pensamientos y sus formas de vida basándose en sus creencias tomando estas como una realidad para todos.
    Si los grupos creyentes se limitaran a que sus normas fuesen solo para sus miembros no habría problemas.

    Sin embargo buscan imponer sus ideas a todos, creyentes y no creyentes.
    Muchas veces atacando la forma de vida de otras personas.

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