Fue el prosista francés más grande del siglo veinte. Y uno de los dos o tres sujetos más canallas de la historia.
Brasillach, junto a Rebatet, es el núcleo intelectual del joven nazismo en la Francia ocupada. Se ha formado al lado de Maurras, hasta sentirse arrebatado por la épica de Hitler, y es un tipo de formación académica altamente refinada.
Hacia 1941, junto a Rebatet y Drieu La Rochelle, asiste a una de aquellas recepciones de escritores que organizaba el nazi gobernador militar de París, amigo de Cocteau y hombre cultísimo.
Irrumpe, de pronto, en la sala un energúmeno. Sin afeitar, no muy pulcro, mal vestido. Se va directamente al anfitrión, sin saludar siquiera a quienes lo rodean.
No entiendo que pasa aquí, le suelta a modo de presentación. Ocupan ustedes Francia, tienen las armas precisas… ¿Por qué no han matado ya a todos los judíos?
No aguarda respuesta; se va tan hoscamente como ha llegado.
En el silencio incómodo que sigue, Brasillach se excusa ante el militar nazi: ¡Ya sabe usted cómo es Céline! ¡No haga ni caso!
Pero hubo quien sí hizo caso. Menos de un año después, los judíos de París y de toda Francia fueron exterminados. Para gloria y regocijo del más grande de los novelistas franceses del siglo XX. Y el peor canalla.
COSTA UROLA
louis ferdinand céline el peor


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