KGB, un acrónimo que aún produce escalofríos en todo el mundo, sobrevivió a la caída del Comunismo y resiste el paso del tiempo en Bielorrusia, el último bastión de la máquina de represión estalinista.
El presidente ruso, Borís Yeltsin, certificó en 1993 la defunción del KGB, pero mucho antes ya había desmantelado todas sus estructuras de espionaje, al considerar que su misma existencia se contradecía con un Estado democrático.
De hecho, el jefe del KGB soviético, Vladimir Kriuchkov, fue uno de los ocho miembros del Comité Estatal de Emergencia que destituyó al líder de la URSS, Mijail Gorbachov, en el golpe de estado de agosto de 1991. En cambio, los bielorrusos se niegan a renunciar al legado del KGB.
Dzerzhinski, quien fundó de la Cheka (siglas de Comisión Extraordinaria), precursora de la KGB (1954), es un héroe nacional para muchos bielorrusos y, en especial, para Lukashenko, un confeso admirador de los modos del dictador soviético Iosif Stalin.
"Lukashenko ha mantenido en vigor tanto la economía planificada como la simbología soviética. Muchos bielorrusos aún tiemblan al oír el término KGB"
El KGB bielorruso sí parece omnímodo, ya que se encarga de garantizar la seguridad nacional y defender la integridad territorial del país, desempeña funciones de espionaje exterior y de contraespionaje dentro de las fronteras de Bielorrusia.
Además, se encarga de luchar contra las organizaciones terroristas, extremistas y cualquier grupo o individuo que amenace la seguridad nacional, lo que incluye opositores, defensores de los derechos humanos y periodistas independientes.
El comité se subordina directamente a Lukashenko, quien comparte voluntariamente el control sobre sus estructuras con el consejo de ministros.
En estos momentos, el centro de detención del KGB en Minsk y otras prisiones preventivas acogen a, al menos, cinco de los candidatos a la Presidencia bielorrusa y varias decenas más de opositores, periodistas y activistas que participaron en las violentas protestas postelectorales del 19 de diciembre.
Presuntos "escuadrones de la muerte" del KGB y del ministerio del Interior bielorruso adscritos a Lukashenko son acusados de la desaparición en las últimas dos décadas de cientos de opositores, activistas y periodistas bielorrusos y de otros países.
Entre los desaparecidos, según las revelaciones de fugados agentes del KGB, se encuentra el antiguo ministro del Interior, Yuri Zajarenko; el viceprimer ministro Víctor Gonchar, el empresario Anatoli Krasovski y el camarógrafo ruso Zmitser Zavadski.
NOTA DEL BLOG
Lukashenko es muy amigo del Gorilo Rojo de Venezuela.
COSTA UROLA
el kgb de bielorrusia


La duda que me asalta es:
ResponderSuprimirImitamos a Bielorrusia, Venezuela o a ambas?
Creo que en Venezuela no hay osos borrachos, así que nuestro destino es Bielorrusia.
Total, ya gobierna ruGalKaBa.
Este hombre vale para todo.
Yo creo, Aspi, que nos parecemos mucho más a Bielorrusia. Allí siguen el régimen y métodos estalinistas y aquí también.
ResponderSuprimirEl Gorila Rojo es un aprendiz de éstos, al igual que Pinochet copiaba a Franquito.
Pero en ambos casos muy mal.