miércoles 10 de noviembre de 2010

La rebelión militar de 1960 en Francia

En el blog de Enrique Manera se explica, de forma sencilla y clara, un acontecer de la Francia moderna que ha pasado ya al olvido.

Se alza la vieja guardia, los militares formados en el recuerdo de la primera guerra mundial, los que comenzaron la carrera de las armas cuando Francia era la potencia rectora de Europa, la cabeza visible de la Pequeña Entente, la conquistadora de Siria,la colonizadora del norte de África, la rival colonial de Inglaterra, la domesticadora de tantos y tantos países exóticos, a los que llevó la cultura francesa.
Esta falange amamantada en las glorias francesas está formada por los viejos generales, especialmente los que han tenido mando durante esos últimos años, y los coroneles de cabeza encanecida.
Los oficiales de nueva promoción,que también se sentían afectos a la falange citada, se fueron la mayoría a la Legión Extranjera y a los paracaidistas; el resto, con numerosas excepciones, se halla en el Ejército regular.

Con esta situación se produjo el levantamiento del 13 de mayo de 1958, que trajo al Poder al general De Gaulle.
El carácter del mismo fue exclusivamente popular; solamente más tarde, y con reservas mentales, recibió el apoyo del Ejército. Después se produjo, dos años después, en 1960, el motín de las barricadas en el mes de enero, obra de grupos extremistas, los "ultras", formados por colonos de Argelia exasperados ante el sombrío porvenir que les espera en caso de triunfar el F. L. N moro.

Este motín despertó simpatías en amplios sectores de la opinión pública y el Ejército se mantuvo por segunda vez al margen.

El día 22 de abril de este año fueron, por el contrario, los militares de la vieja guardia los que se pronunciaron en Argel contra el Gobierno de De Gaulle con el fin de evitar que Argelia deje de ser francesa.

Este movimiento estaba dirigido por oficiales generales de alta graduación que contaban con lo más selecto de las unidades profesionales y con la mayoría de los coroneles de las unidades regulares, pero, como más adelante se vio, nada más que con los coroneles.
Los "ultras", organizaciones de colonos extremistas; los estudiantes locales y demás organizaciones más o menos clandestinas que luchaban en la sombra en contra del abandonismo, no fueron consultados ni aprovechados, y más bien tenidos al margen de los acontecimientos.

En cuanto a la actitud de la Marina y de la Aviación, no existen noticias concretas, pero los hechos posteriores no dejan lugar a dudas sobre que no fueron previamente consultadas y que eran completamente afectas a De Gaulle y su Gobierno.

Sobre el papel, los generales Challe, Johaud y Zeller tenían todas las bazas para hacerse con el control de todas las tropas estacionadas en Argel, 450.000 hombres, pues contaban con la mayoría de los mandos y una guardia de corps de 40.000 hombres, combatientes de primera clase.
Lo más probable es que todo el numeroso Ejército se les uniera más o menos de corazón, pero obedeciera de todas formas sus decisiones antigubernamentales, esperando que ante esta actitud De Gaulle entregara el Poder.

En la metrópoli contaban con otro equipo de generales y coroneles comprometidos en la conjura; la presión podría ser irresistible.
Pero ya el día 23 se vio que las posturas de muchas guarniciones eran ambiguas; el Mando militar de Constantina (Argelia)se unió a la rebelión con toda clase de reservas, obligado por las circunstancias. Oran también se unió, aunque no con toda claridad, pero Mazalkevir, la gran base naval, se mantuvo desde el primer momento al lado de De Gaulle.

Pronto se vio que la Marina era gubernamental, y sin su concurso era imposible trasladarse a la metrópoli. A pesar de las precauciones tomadas en París, jamás pensaron los dirigentes en un desembarco aéreo. Ello hubiera sido una locura de no contar con una amplia complicidad militar en Francia, pero aquí los comprometidos se encontraron solos ante la indiferencia popular y la hostilidad de la mayor parte de la oficialidad y una tropa en la que el espíritu abandonista había cundido.

Los coroneles comprometidos no supieron lo que hacer.

Unas cuantas detenciones fueron suficientes para que las tropas francesas acantonadas en Alemania, únicas disponibles, obedecieran las órdenes de concentración dadas por el Gobierno.
En Argelia, al entusiasmo de los primeros momentos fue sucediendo el desaliento al contemplar la actitud de la mayoría de las tropas. Pronto no quedaban realmente unidos a la rebelión nada más que la falange de "paras" y la Legión.

Un intento de apoderarse de la base naval de Mazalkivir fue rechazado nada más que con un cañonazo de advertencia disparado por un crucero, que no causó víctimas, pero fue lo suficiente para definir una actitud.
Pero el hecho que decidió a los cuatrunviros argelinos a arrojar la esponja al tapiz, fue, sin duda, el mensaje de solidaridad que el Presidente Kennedy dirigió a De Gaulle a media noche del día 25, en el que se expresaban al general sus sentimientos de simpatía y su solidaridad en la prueba por la que estaba pasando la nación francesa. Desde el primer momento se vio que el fin del mensaje era el de que los generales de Argel no contaran con ningún apoyo norteamericano, en contra de las hipótesis lanzadas al éter por Radio Argel en ese sentido.

Con la Marina francesa en contra, con la Sexta Flota dispuesta a intervenir (como existía el precedente de Egipto en 1956), con las fuerzas regulares obedeciendo a regañadientes o francamente en plena desobediencia, ¿qué hacer?
En el mismo Argel, el día 25, no existían seguros nada más que 4.000 paracaidistas y solamente gendarmería hostil había 12.000 en la capital africana.
La tensión duró hasta el día 26, en que los generales se rindieron mediante un mensaje dirigido al jefe del Gobierno. Así, en cuatro días, se registró una de las revoluciones y contrarrevoluciones más incruentas en los anales de la Historia: dos suboficiales del Ejército resultaron muertos y diez gendarmes heridos.

A este débil balance de víctimas hay que añadir uno mucho mayor: la destrucción del Ejército profesional desde el propio Gobierno y el descrédito del Regular ante los ojos de la nación y los enemigos argelinos. Esta situación así creada no es la más a propósito para comenzar las negociaciones de paz con el F. L. N.
Francia aún tiene que pasar por terribles momentos de prueba antes de dar la independencia a Argelia..

Costa Urola



2 comentarios:

  1. Mañana te contesto con más parsimonia. El artículo merece una lectura reposada. Y yo estoy ya molida.
    Buenas noches, amigo Javier.

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  2. Bueno, voy a poner mi opinión sobre el tema, aunque estos cuatro generales necesita un comentario muy detenido.
    Por esos años, la visión que se tenía de la matrópoli francesa en Argelia estaba ya de capa caída.
    Es como lo que le sucedió a España pasada la invasión de las tropas napoleónicas y el avance de las ideas liberales en América.
    la percepción de decadencia de la metropoli era palpable junto a su decadencia.
    Algo similiar sucedió con Francia. A esas alturas del siblo XX y habiendo pasado lo peor en la IIGM, Francia ya no tenía el prestigio de antes.
    Supongo que laas cosas se aceleraron y desembocó en lo que tenía que suceder. El proceso de descolonización y tan dolorosamente.

    Saludos.

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