Va a más la bronca entablada entre los chinos y los japoneses a cuento de la soberanía del archipiélago de las Senkaku.
Era, de hecho, hasta hace poco, el gobierno de Taipei, y no el de sus hermanos de sangre de la China continental, quien reclamaba, por su cercanía, la posesión de esa ensaladilla o jardín zen de cinco islotes y tres peñascos en los que no vive ni siquiera un farero.
'Res nullius', como lo es Perejil, que generó entre España y Marruecos un conflicto similar. En ese territorio yermo de siete kilómetros cuadrados no hay nada, absolutamente nada, excepto el orgullo nacionalista de quienes quieren que ondee en él bandera propia.
Están a 170 kilómetros de Taiwán, a 330 de China y a 410 de Japón.
Todo empezó el pasado 7 de septiembre con la captura del capitán de un pesquero chino que invadió las aguas territoriales y tropezó con un guardacostas japonés.
Hubo dimes y diretes, jaques y gambitos, presiones y chantajes, soltaron al capitán, volvió éste a la patria y 3.000 ultraderechistas nipones se manifestaron frente a la embajada china para protestar contra lo que consideran una clara amenaza de ocupación de las islas en litigio e, incluso, del resto del país y de otros países soberanos de la zona.
La respuesta de los chinos no tardó en llegar. Diez mil personas se echaron a la calle en las ciudades de Chengdú, Xiam y Ziengzú, apedrearon las cristaleras de varios establecimientos japoneses (el célebre Isetán, entre ellos), los saquearon, profirieron insultos, esgrimieron pancartas y quemaron banderas del Sol Naciente.
En lo que va de semana se han recrudecido en otras ciudades de China las manifestaciones hostiles. Nadie, de momento, da su brazo a torcer. ¿Llegarán los chinos al extremo de sentar sus reales por las bravas, como en Perejil lo hiciera Rabat, en las islas Senkaku?
No es probable, a la corta, pero sí posible, a medio plazo. Y si eso sucediera, Japón, cuyas fuerzas armadas son meramente testimoniales y, por así decir, de tanteo y paso atrás, tendría que agachar la cabeza, aceptar el hecho consumado, romper las relaciones diplomáticas, interrumpir las culturales y estrangular las comerciales. Una decisión así, con Corea del Norte al acecho, pondría patas arriba la estabilidad de la zona.
Todo son, por ahora, cruces de malas palabras, rostros ceñudos, alteraciones pasajeras del orden público en las que el ruido supera a las nueces, congelación de acuerdos de poco fuste y caída del turismo hacia y desde los dos países.
Y lo que es más grave: China ha dejado de exportar a Japón las 'earth rares' o minerales raros, 17 en total, que sus vecinos necesitan para fabricar las pantallas planas de televisión, los laser de los llamados 'automóviles híbridos', los teléfonos móviles y otros muchos productos de alta tecnología.
El efecto dominó provocado por ese trágala, que el Ministerio de Asuntos Exteriores niega, sería catastrófico para la ya de por sí menguante productividad nipona.
Otra cerilla, o más bien bazuka, en la santabárbara de las relaciones internacionales y nuevos problemas para Obama, que los tiene a puñados dentro de su país, y para una Europa económica y socialmente asfixiada por la crisis y el pataleo del electorado que recula en todos los frentes. Japón también lo hace.
Llega el Nuevo Orden Mundial mientras los gerifaltes del Antiguo contemplan las musarañas. Al tiempo.
Costa Urola
gresca seria entre japos y chi


Con ejército o sin él, con razón o sin ella:
ResponderSuprimirQuién les tose a 1300 millones de chinos?
En breve serán los amos del mundo.
CABALERO ASPIRANTE
ResponderSuprimirLo que tú dices : quién tiene valor para enfrentarse a 1.300 millones de chinos que, además, cada día están más industrializados y empiezan a controlar la Economía mundial.