Empezó alzando piedras hasta que una de 200 kilos lo rompió. En 1983 se coronó el más grande cortador de troncos. Ganó millones. Retirado desde hacía 21 años, el vasco Mendizabal no pudo aguantar y quiso reverdecer su gloria. Perdió mucho más que los 6.000 E que le iban en el envite.
Un tipo alto, viéndolo de espaldas, un tipo recio, de torso de hierro, algo de barriga, atraviesa el umbral del bar Cantábrico [Tolosa, Guipúzcoa]. Conversa con Tomás Armendáriz y plantea la apuesta: 6.000 euros para quien parta antes que él cuatro kanas [troncos de 2,5 metros de circunferencia].
José María Mendizabal, 63 años, más de dos décadas alejado de la competición, uno de los grandes aizkolaris de todos los tiempos, reta al viento, a un espontáneo, a sí mismo, a su honor. De no aparecer un valiente, buscará romper su marca personal en solitario.
Al límite, aparece el retador: José Mari Olasagasti, una década más joven, otro mito.
Mendizabal estaba acostumbrado a los desafíos. El 23 de enero de 1983 se enfrentó al más grande, Miguel Mindeguía. Su reto: 52 kanaerdikos [troncos de 1,25 metros de circunferencia] y seis kanas. La plaza de Tolosa rugía. Las apuestas iban a favor de Mindeguía. "Lo otro era como tirar el dinero, aparentemente", cuenta Gorka, un abuelo septuagenario, que presenció la gesta. Dos millones de pesetas en juego [eso cuando el salario mínimo en España era de 32.038 pesetas y el metro cuadrado de vivienda tenía un valor medio de 43.558 pesetas].
Arrasó a su rival. El cronómetro se detuvo en 4 horas, 12 minutos y 9 segundos. Miguel Mindegia: 4 horas, 29 minutos, 30 segundos. Más de 17 minutos, un continente.
El perdedor reconoce hoy la grandeza de su oponente: "Perdí. Él era grande y se preparaba muy bien. Era orgulloso y noble. Le gané muchas veces más, pero en esa ocasión supo vencerme".
Le ganó al mejor, en la prueba más dura a la que nadie nunca se ha enfrentado.
Se encara a su destino por segunda vez. Con otro grande, el más importante de la actualidad. El aizkolari quería ser una suerte de Foreman del hacha. Pero algo falló.
EL RETO. 28 de marzo de 2010. 11:30. Calientan Olasagasti y Mendizabal. Las apuestas van a favor del segundo. En Kiroljokoa, una central de apuestas online, se paga a 1,70 por euro jugado, y -en cambio- el triunfo de Olasagasti da unos dividendos de 1,90 por euro jugado. Mediodía. Comienzan los cortes ante 500 espectadores [30 euros la entrada]. La pregunta en la grada es: ¿Vuelve por dinero? ¿Por pasión?
El aizkolari regresa por honor. "En su día lo dejé porque empecé con el camión y cogí mucho peso. Me veía mal y cuando terminé con eso, hace un año, retomé la aizkora [hacha de luna]. Mi intención es seguir". Ni sus allegados ni sus rivales dudan de sus palabras.
Este deporte para un vasco y un navarro es como ser torero para un andaluz. Se lleva en la sangre, dice Armendáriz, quien organizó todas las apuestas de Mendizabal.
Honor y fama son razones suficientes. Los grandes héroes del deporte vasco han sido y son aún los aizkolaris. El origen del deporte de las hachas nació -probablemente en la Edad Media- del trabajo cotidiano de los leñadores en el bosque, antes de que el humo de las industrias tomara el cielo de Euskadi.
En el siglo XIX, a pesar de ser ya muy popular en el mundo rural, ni siquiera se sabía el nombre de los campeones. Se les llamaba "el leñador de Beizama", "el hijo del de Leitza", "el cuadrillero de Tolosa", "el del caserío...".
Ni los aburguesados periódicos de la época, ni la literatura vasca recogían esas competiciones propias de campesinos. Cuando el dinero de las fábricas hace que la gente abandone su entorno rural, llegan ellos y sus costumbres.
Dinero fácil [o simplemente sobrevivir] movían a los deportistas de entonces. Los primeros retos ante grandes masas se producen en 1903 [ese año se inauguran las plazas de toros de Tolosa, Azpeitia, Donostia y Eibar]. El nacimiento de la leyenda de esta competición se produce en la plaza de toros de Azpeitia en diciembre de ese año. Lo protagonizaron Pedro Mari Otaño [1870-1956], apodado Santa Águeda, y José Martín Goenaga, Achumbarria. Apostaban una cifra apabullante para la época: 20.000 reales.
Cinco mil espectadores vieron como Achumbarria vencía por dos minutos. La competición histórica más importante del siglo, dicen los entendidos. Hasta el reto entre Mindegia y Mendizabal.
28 de marzo. 12:30. Olasagasti corta el segundo tronco. Supera en seis minutos a Mendizabal, que siente ya dolor en el pecho. El tercer tronco es un escollo imposible. Como Santa Águeda en 1903, Mendizabal se derrumba. 13:00. Permanece mirando el hacha. El público observa su lucha consigo mismo por seguir. Diez minutos. Decide retirarse al vestuario. 13:30. Felicita al retador. Va con el médico. "No sé qué me pasa, tengo un dolor muy grande", dice.
Siente como si el pecho fuera a estallarle. Sus allegados no sabían si por la pena o porque realmente estaba mal. Toma dos manzanillas. Se siente mejor... El campeón pone las manos en su cara. Sollozos apenas con eco. La soledad del campeón en el vestuario.
14.45. Su corazón se detiene camino a casa. "Se ha ido como hubiera querido, en la plaza. Su gran decepción es haberse retirado" [Armendáriz]. "No hay victoria. Nunca lo podré olvidar" [Olasagasti]..
Ganó varios millones de pesetas en sus mejores tiempos ["Era el más grande de las apuestas", refieren al unísono los expertos.]
Algo deprimido se sentía el aizkolari Mendizabal en su retiro. Había sido restaurador, camionero, cogió algo de peso, pero siempre ensayaba. Su hermana Maite -eran siete hermanos- cuenta que "siempre practicaba. Cortaba troncos en su finca, una propiedad con mucho terreno en Urdiáin [Navarra]".
Si bien su gran hito es el desafío del siglo, tampoco es para menospreciar otro de sus méritos: haber podido cortar un tronco de 3,40 m. de perímetro en menos de 20 minutos [Bilbao, 1984].
29 de marzo. Su entierro es un ritual. Los grandes aizkolaris y sus hachas en alto lo despiden. El sacerdote: "Que José María pueda con el cuarto tronco en el cielo". No tuvo hijos varones [sólo Aloña y Jone, con su amada Juanita Arregui]. Pero sí heredero de su legado. Su nieto de tres años: Ugaitz Ugartemendia Mendizabal.
COSTA UROLA
muerte de un aitzcolari


Precioso relato, pero ¿sabes qué? al leerlo sientes eso como algo muy extraño, muy endogámico, por culpa de unos pocos que nos impiden disfrutar de la gran variedad que tenemos en España, eso hace riquísima nuestra cultura pero para algunos es una excusa para sentirse diferentes
ResponderSuprimirISRA
ResponderSuprimirLos nazios no han podido, en el tema de los deportes rurales y los desafios como los descritos, patrimonializarlos para ellos, porque es un espectáculo qu desde siempre ha contado con seguidores de TODOS LOS COLORES. Y ni los propios actores (levantadores de piedras, cortadores de troncos, pelotaris, etc., son nacionalistas en su mayoría. El propio URTAIN, primero levantador de piedras invencible y luego boxeador, era españolista.
Pero sucede que los nazios gustan de que estos espectáculos no se televisen ni se vean en el resto de España.