miércoles 28 de abril de 2010

Maltrato a niños de 4, 3 y 2 años

Se define como maltrato físico a cualquier lesión física infringida al niño o niña (hematomas, quemaduras, fracturas, lesiones oculares, lesiones cutáneas) mediante pinchazos, mordeduras, golpes, estirones de pelo, torceduras, puntapiés u otros medios con los que se lastime al niño.

Se da con frecuencia en la madre y sus parientes (abuelos maternos), en casos de divorcio y custodia de ellas sobre los niños.

A diferencia del maltrato físico el castigo físico se define como el empleo de la fuerza física con intención de causar dolor, sin lesionar, con el propósito de corregir o controlar una conducta. No siempre es sencillo saber cuando termina el "disciplinamiento" y comienza el abuso. En contraposición del maltrato físico, el castigo corporal es una práctica muy difundida y socialmente aceptada.

Lo que no es tolerable es que a niños de 2 a 4 niños se "les corrija la conducta" causándoles hematomas.

En este último tiempo la población ha tomado conocimiento de numerosos casos de maltrato infantil, algunos de los cuales han concluido lamentablemente con la muerte de la víctima.

Actos de privación de la libertad como encerrar a su hijo o atarlo a una cama, no solo pueden generar daño físico, sino seguro afecciones psicológicas severas. Lo mismo ocurre cuando se amenaza o intimida permanente al niño, alterando su salud psíquica.
Para la Criminología una de las problemáticas más difíciles es precisamente la referida a todos aquellos delitos que se realizan en el ámbito propio de la familia, ya que transforman y alteran los vínculos de todos los integrantes de la misma, creando además en la gran mayoría de los casos otras conductas también muy graves como repetición del modelo violento, desintegración familiar, etc.

Según el investigador Henry Kempe, que hace años describió el síndrome del niño maltratado, pueden advertirse en el niño golpeado una serie de marcas o señales que evidencian el maltrato al que puede estar siendo sometido, comprendiendo entre otras conductas abuso físico, golpes, mordeduras, heridas, fracturas, quemaduras, ataduras, pellizcos, etc.

La descripción de castigos diversos incluye huellas circulares en los tobillos de niños que fueron atados a una cama o árbol, quemaduras en los pies producidas por cigarrillos, escaldaduras por inmersión forzada en agua caliente, quemaduras en las piernas por contacto forzado con un calentador o estufa, etc.

Como ha podido observarse en estos últimos casos, la mayoría de las veces la víctima es menor de diez años y el maltrato comenzó en los primeros meses de vida, aunque puede ocurrir que el maltrato se extienda en algunos hasta principios de la adolescencia.

La edad es fundamental en el conocimiento de este tipo de conductas, ya que a menor edad de la víctima hay menos posibilidades de conocer la problemática que está padeciendo, mientras más pequeño es el niño su indefensión y vulnerabilidad es mayor, complicándose esencialmente la posibilidad de comunicar a otros lo que le sucede.
A la vez, se ha demostrado que a menor edad del niño, mayor es la patología y sadismo del golpeador, definiendo las personalidades de quienes cometen estos hechos como personalidades impulsivas, descontroladas, que viven una situación de conflicto familiar, especialmente de pareja, que los lleva a concluir o “descargar” su tensión a través de la violencia hacia el niño.

Resulta indispensable que todos podamos estar alertas para detectar posibles casos de maltrato infantil, en especial aquellos que desempeñan funciones en contacto con los niños como son los pediatras o los docentes, ya que son muy frecuentes y al reiterarse puede estar peligrando la vida de un niño.

Se observan, en los bebés maltratados, de una edad entre 9 meses y cuatro años, repercusiones negativas en las capacidades relacionales de apego y en la autoestima del niño. Así como pesadillas y problemas del sueño, cambios de hábitos de comida, pérdidas del control de esfínteres, deficiencias psicomotoras, trastornos psicosomáticos.

Los maltratadores no pegan en las zonas más huesudas, donde se puede hacer daño, sino en las más blandas y protegidas, como las nalgas, la espalda, el tronco, los brazos, los genitales, la cara interna de los muslos, las orejas, las mejillas y el cuello.

Este tipo de actuaciones va asociado, casi siempre, a madres que a ellas las trataron así.

De todo esto lo más triste y desesperanzador resulta la NO actuación de los Juzgados penales ante las denuncias formuladas por el exmarido u otros familiares. Tanto (siempre suelen ser mujeres las que ocupan esos cargos hoy) las roponas como las médicos forenses no quieren "mojarse" decidiendo tomar medidas cautelares como las de quitarle la custodia a la madres o dictar órdenes de alejamiento de los niños a los parientes de esas madres.
¿Qué les cabe hacer a los padres de esos niños? ¿Denunciarlo al Consejo Gerenal del Poder Judicial? Es como presentar una queja a las nubes de Galicia. ¿Adquirir una recortada con postas loberas y quitar de enmedio a media docena de roponas de una sóla vez?
Quizá diera resultado.


Costa Urola

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