Los holandeses siempre han tenido problemas a la hora de valorar al príncipe Bernardo (1911-2004). No saben si considerarlo héroe o truhán.
Una nueva biografía le retrata, de manera implacable, como esto último. Y además, demuestra que la figura más vistosa de la familia real holandesa fue, sin lugar a dudas, un auténtico nazi. Las palabras del padre de la reina Beatriz -"puedo prometer e, incluso, jurar sobre la Biblia que yo nunca fui nazi"- pronunció en una entrevista publicada justo antes de su muerte, resultaron falsas.
La historiadora holandesa Annejet van der Zijl describe minuciosamente la vida del príncipe hasta 1951. La clave para entender al príncipe la encontró en Alemania, donde creció con el nombre de Bernhard Leopold zur Lippe-Bietersfeld.
"La inestabilidad, la agitación y la ausencia de moral que caracterizaron su época de juventud, condujo a su generación a seguir a Hitler", ha asegurado Annejet van der Zijl. Hitler había prometido restaurar la monarquía y reconstruir el ejército. Y, también, que devolvería a la aristocracia la vieja Alemania.
El príncipe Bernardo tenía unas sólidas y arraigadas tendencias antisemíticas, según ha concluido la autora, quien describe a la Alemania de aquella época de preguerra como un lugar en el que "el antisemitismo era algo cotidiano que casi formaba parte de la vida, sin que nadie le diera excesiva importancia, algo que también ocurría, ciertamente, en el ámbito de la nobleza, que además razonaba, con su manera más clásica de pensar, en términos de gente de alto o bajo nivel".
Para Annejet van der Zijl, esta última fue la razón principal por la que el príncipe Bernardo fue un conspicuo miembro del Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores (NSDAP, según sus siglas en alemán) y de su rama paramilitar Sturmabteilung (las SA) desde 1933 hasta 1936.
En el curso de sus investigaciones, la historiadora holandesa encontró un carné del príncipe que le acreditaba como miembro de la Deutsche Studentenschaft, una fraternidad estudiantil que siempre hizo gala de un claro posicionamiento nacionalsocialista. La universidad a la que él asistía era muy conocida por ser una importante cantera para el nacionalsocialismo. En el mencionado carné se indicaba que el príncipe Bernardo se había convertido en miembro del mencionado NSDAP el 27 de abril de 1933, a los 21 años. En aquella misma época, las tropas de las SA se dedicaban a la caza y captura de judíos y socialistas por las calles de todas las ciudades de Alemania.
Sin embargo, el ingreso en las SA estaba necesariamente precedido por un periodo de formación obligatorio de seis meses de duración, lo que indudablemente significa que el príncipe Bernardo debería haber solicitado su ingreso tan precozmente como en 1932, un año antes de que los nazis ascendieran al poder, según se infiere de lo que afirma Annejet van der Zijl: "En aquella época de la historia no había razones para que los nazis presionaran a nadie a hacerlo".
Mientras tanto, en Holanda, la familia real estaba sufriendo serios problemas a la hora de encontrar marido para la heredera del trono, la princesa Juliana.
Durante el mismo tiempo que estuvo cortejando a Juliana en 1936, había pedido simultáneamente a dos mujeres adineradas diferentes que se casaran con él.
Cuando los nazis invadieron Holanda en 1940, el joven príncipe (tenía 28 años) se convirtió en jefe de la Real Misión Militar Holandesa destacada en Londres. Ahí fue donde comenzó a fraguarse su celebridad como héroe de guerra. Pero Bernardo no lo fue jamás.
De hecho, fue un pésimo piloto. Sin haber estado ni una sola vez en todo el conflicto cerca de las zonas de combate, se las ingenió para destrozar tres aviones. Pero apoyándose en una estrategia de relaciones públicas realmente inteligente, logró hacerse y mantener la imagen de héroe de guerra.
Nada que ver con la realidad. Bernardo fue un verdadero fracaso en la historia de la familia real holandesa, según afirma esta historiadora, quien, además, ha escrito que el estilo de vida del príncipe Bernardo y los "mitos" que él mismo creó alrededor de su propia persona hicieron "un daño permanente para la integridad de la monarquía".
La opinión holandesa sobre el príncipe Bernardo seguirá, muy probablemente, estando dividida entre quienes le siguen considerando un héroe, quienes opinan que era un truhán oportunista y quienes creen que fue, únicamente, alguien que le dio una cierta vistosidad a la familia real holandesa. Empero, la imagen que Annejet van der Zijl conserva del príncipe Bernardo es la de un viejo que se pasaba el tiempo viendo "El equipo A" en su palacio.
En España también tenemos de eso. Hubo una época en que Don Juan de Borbón era clarísimo amigo de los nazis. Como también lo era, en Gran Bretaña el ex rey Eduardo VIII, Duque de Windsor, hermano de Jorge VI, entonces rey de ese país. Y lo era, también, el padre de J.F. Kennedy, por aquel entonces embajador de Usa en Gran Bretaña.
Tellagorri
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