El invento, el invento del llamado "Estado de Derecho" es muy viejo. Y, lo escribo sin ápice de ironía, muy venerable.
Ya aquellos griegos del siglo IV antes de Cristo, los que nos legaron la idea de democracia, de igualdad ante la ley, estaban orgullosos de un hecho, de un derecho. Tal vez de una ficción. En su ciudad -Atenas- no mandaba ningún hombre, nadie se sometía (ni de buen grado ni por la fuerza) a la voluntad de otro hombre. En eso consistía la libertad.
Tanto los escritos de los historiadores (Tucídides, por ejemplo, o por antonomasia) como los de algunos filósofos, tanto la comedia en su particular registro como la tensa tragedia registran ese hecho, crucial: las leyes se impusieron sobre los hombres.
Sabemos que fue un suspiro, unas cuantas decenas de años. Pero la idea sigue presente. O, ausente, sigue queriendo realizarse.
También sabemos que el gobierno de los hombres se arriesga a todo tipo de abuso; o declina hacia las formas más soeces de aprovechamiento. Cuando el abuso y el provecho no están contemplados en la ley a eso se le da el nombre de corrupción.
Y tal vez sea, de hecho, de derecho, el nombre más adecuado. Algo de hedor, algo de cadáver hay en el aprovechamiento ilícito, en el abuso de autoridad, en el uso privado de los medios públicos. No es el sabor, ni la vista, no es el oído ni el tacto. Es el olor, es el hedor. Algo huele a podrido. No sólo en Dinamarca.
Pero cuando los hombres muestran, obscenamente, sus miserias, cuando el hedor se expande, cuando no permite respirar, cuando ahoga, queda un recurso: las leyes están más allá y por encima de los hombres. Las leyes no huelen.
De los muchos escándalos que atenazan a este atribulado país, que se convierte en paradigma de la corrupción mundial a pasos agigantados, no es el más grave el de las corruptelas vinculadas al urbanismo, a la preparación de actos.
No es el más grave el de los miles de millones (contamos en euros) que se desvían de las arcas públicas para caer, es un decir, en manos privadas: privadas de decencia, privadas de honestidad.
No. El escándalo mayor es el que afecta al derecho. El que infecta la ley.
Puede que seamos agnósticos con respecto a la justicia. Y que sospechemos que ella, la justicia, no se aviene a comparecer entre los mortales de buen grado. Pero sí sabemos algo de leyes, y de derecho, y de estado o estados de derecho. Que en España el derecho y las leyes se hayan convertido en un sainete, en un argumento de zarzuela, que las instancias más altas del derecho y la ley estén bajo permanente sospecha de parcialidad, es lo peor que puede suceder.
Y ha sucedido.
Basta con observar el NO funcionamiento de los Juzgados de Azpeitia (Guipuzcoa).
COSTA UROLA
olor podrido afecta derecho


Pues si huele a podrido, es que algo está en descomposición, o corrompiéndose...
ResponderSuprimirASPIRANTE
ResponderSuprimirTodo el sistema Judicial, y en especial el NO funcionamiento de los Juzgados de primera instancia de los Partidos Judiciales.
En Territorio Sioux, el Juzgado de AZPEITIA es como una peregrinación a la Meca en los años 800 (200 de la Hégira).
Una simple denuncia de MALOS TRATOS INFANTILES puede durar un par de años en que alguien mire el expediente.