Nos la meten doblada. Ponen cara de estreñidos, sueltan lo que les viene en gana y se quedan tan frescos. Y no hay nadie que tercie para puntualizar que la realidad indica exactamente lo contrario.
El otro día, escuché a un locutor de la Cadena Ser argumentar que no hay que hacer nada contra los piratas somalíes, porque la pesca del atún es un negocio privado, que al armador del Alakrana le había reportado casi seis millones de euros en el último ejercicio.
Lo grave no es que el tipo ignore que también son negocio privado la banca, una línea aérea e incluso (aunque tenga formato de ONG) lo de montar caravanas solidarias a África.
Peor es que el tipo ignore que la inmensa mayoría de los barcos secuestrados son mercantes y no pesqueros. Y lo tremendo es que no sepa que el Océano Indico no es "territorio extranjero", sino aguas internacionales abiertas a la pesca o la navegación y que lo anormal no es que los nuestros pesquen o naveguen allí, sino que los secuestren.
En España se ha impuesto la ética del claudicante e igual que justifican a los facinerosos de Somalia cada vez que hay un atentado de envergadura, citan como de pasada la explotación colonial, el expolio del Tercer Mundo y la soberbia del hombre blanco.
No, señores, no. La mayor parte de las masacres terroristas de las dos pasadas décadas, poco tienen que ver con la pobreza o la exclusión social.
Han sido perpetradas por fanáticos islámicos o etarras que nunca pasaron necesidad y que una vez en nuestro país han gozado de todas las garantías y beneficios que suele dar nuestro pardillo Estado del Bienestar.
COSTA UROLA
nos la meten doblada

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