El PNV es un partido dirigido por excuras y como tales usan los batzokis como si fueran púlpitos sagrados.
Ahora se nos anuncia que el PNV no presentará ninguna enmienda a la totalidad y facilitará el tránsito parlamentario de la nueva ley del aborto que perpetra el PSOE.
Según parece, el grupo nacionalista ni siquiera dará libertad de voto a sus diputados en el Congreso para que, unánimemente, tengan que reforzar la posición del PSOE y tan polémica e innecesaria normativa salga adelante en confortable mayoría.
Eso viene a ser una traición tan grande al espíritu fundacional del nacionalismo que, además de convertir en apóstata a Sabino Arana y de pisotear su memoria, hace saltar en pedazos lo de Dios, lo de la Ley Vieja y una tradición confesional de más de un siglo de vigencia.
Hasta ahora, en el País Vasco que imagina el nacionalismo, solo podían ser malos católicos, incluso ateos, los maketos. ¿Mercadeo o evolución?
"Dios y ley vieja" es su lema, aunque voten la Ley del aborto en pie sobre la tierra vasca y ante Dios humillados.
Pero lo mejor es que sin España no tendría sentido su existencia. Y lo saben. Pero todo lo que dicen sus excuras es sólo política oportunista.
Antes de subir al pulpito desde el que ejercen su sacerdocio, ya sabemos de antemano lo que van a hacer y lo que van a decir los jauntxos peneuveros. Su política es, sobre todo, fe. Fe en la caradura y en lo trepa. Fé es creer en lo que ya se sabe que es mentira.
Amen
Costa Urola
jaungoikoa`legezaharrak
miércoles 28 de octubre de 2009
domingo 25 de octubre de 2009
PNV : sin salida propia.
Dice Juaristi que va a cumplirse un decenio desde la ruptura de la tregua/trampa de ETA de 1998-1999 y la consiguiente crisis del frente nacionalista de Estella.
No creo que sea imprescindible recapitular la historia de este período, en lo que al país vasco se refiere, para esbozar una comparación de su situación actual con la de entonces. Hay diferencias, desde luego, pero también similitudes inquietantes.
Lo primero que salta a la vista es que las personas del drama son otras que las de ayer (Arzallus, Ibarreche, Eguíbar, Redondo Terreros, Mayor Oreja, etcétera).
El desgaste generacional ha sido intenso y los protagonistas han cedido a otros sus papeles. La pregunta pertinente es si el guión de la obra ha experimentado cambios sustanciales, y eso es lo que no parece ni medio claro.
El frentismo nacionalista, por ejemplo, está lejos de haber desaparecido (de hecho, ha bastado una convocatoria de los sindicatos abertzales a una manifestación de apoyo a Otegui y demás muñidores de ETA, encarcelados por orden de Garzón, para una reposición callejera del pacto de Estella).
Se trata, en el fondo, de que la división política impone la estrategia frentista del nacionalismo revolucionario al PNV, reacio, en principio, a asumir aquélla, que nació, hace cincuenta años, como la alternativa propia de ETA.
Lo relevante es que cuanto más dividido aparece el nacionalismo, mayor es su necesidad de recurrir al frente nacionalista, por motivos obvios.
El frente de Estella habría dejado de existir, según el PNV, tras la ruptura de la tregua de ETA, hace diez años, pero, en la práctica, continuó y continúa operativo hasta hoy día.
Si el nacionalismo fue derrotado en las últimas elecciones autonómicas, no se debió tanto a la proliferación de siglas y de estrategias distintas en su seno, como a la ilegalización de los partidos base de ETA.
La persistencia del frentismo es un hecho. Casi una fatalidad para el PNV, cuyo regreso al Gobierno autónomo vasco pasa obligadamente por la reconstrucción de una mayoría electoral nacionalista.
No puede, por tanto, renunciar el PNV a una estrategia diseñada, en su origen, por ETA.
Previsiblemente, su aproximación al gobierno socialista, que por ahora se limita a un cínico apoyo al proyecto de presupuesto a cambio de concesiones económicas, derivará más temprano que tarde hacia presiones propiamente políticas para facilitar la recomposición de una izquierda abertzale, aunque quizá no a través del modelo clásico de los "procesos de paz", que sólo han favorecido a la banda armada.
Lo que parece evidente es que el PNV no puede descuidar el mantenimiento de la cohesión comunitaria del nacionalismo ni siquiera a la hora de entenderse con Rodríguez.
Y el futuro del PNV, si no hace ese frentismo dirigido por Eta, es no volver a tocar alfombras en Jaurlaritza. Y si sigue en el frentismo de Estella (con otros nombres) se lo tragará el Partido que elija Eta, se llame Batasuna o Biak Bat.
Costa Urola
pnv sin salida
No creo que sea imprescindible recapitular la historia de este período, en lo que al país vasco se refiere, para esbozar una comparación de su situación actual con la de entonces. Hay diferencias, desde luego, pero también similitudes inquietantes.
Lo primero que salta a la vista es que las personas del drama son otras que las de ayer (Arzallus, Ibarreche, Eguíbar, Redondo Terreros, Mayor Oreja, etcétera).
El desgaste generacional ha sido intenso y los protagonistas han cedido a otros sus papeles. La pregunta pertinente es si el guión de la obra ha experimentado cambios sustanciales, y eso es lo que no parece ni medio claro.
El frentismo nacionalista, por ejemplo, está lejos de haber desaparecido (de hecho, ha bastado una convocatoria de los sindicatos abertzales a una manifestación de apoyo a Otegui y demás muñidores de ETA, encarcelados por orden de Garzón, para una reposición callejera del pacto de Estella).
Se trata, en el fondo, de que la división política impone la estrategia frentista del nacionalismo revolucionario al PNV, reacio, en principio, a asumir aquélla, que nació, hace cincuenta años, como la alternativa propia de ETA.
Lo relevante es que cuanto más dividido aparece el nacionalismo, mayor es su necesidad de recurrir al frente nacionalista, por motivos obvios.
El frente de Estella habría dejado de existir, según el PNV, tras la ruptura de la tregua de ETA, hace diez años, pero, en la práctica, continuó y continúa operativo hasta hoy día.
Si el nacionalismo fue derrotado en las últimas elecciones autonómicas, no se debió tanto a la proliferación de siglas y de estrategias distintas en su seno, como a la ilegalización de los partidos base de ETA.
La persistencia del frentismo es un hecho. Casi una fatalidad para el PNV, cuyo regreso al Gobierno autónomo vasco pasa obligadamente por la reconstrucción de una mayoría electoral nacionalista.
No puede, por tanto, renunciar el PNV a una estrategia diseñada, en su origen, por ETA.
Previsiblemente, su aproximación al gobierno socialista, que por ahora se limita a un cínico apoyo al proyecto de presupuesto a cambio de concesiones económicas, derivará más temprano que tarde hacia presiones propiamente políticas para facilitar la recomposición de una izquierda abertzale, aunque quizá no a través del modelo clásico de los "procesos de paz", que sólo han favorecido a la banda armada.
Lo que parece evidente es que el PNV no puede descuidar el mantenimiento de la cohesión comunitaria del nacionalismo ni siquiera a la hora de entenderse con Rodríguez.
Y el futuro del PNV, si no hace ese frentismo dirigido por Eta, es no volver a tocar alfombras en Jaurlaritza. Y si sigue en el frentismo de Estella (con otros nombres) se lo tragará el Partido que elija Eta, se llame Batasuna o Biak Bat.
Costa Urola
pnv sin salida
viernes 23 de octubre de 2009
Somalia, Vertidos tóxicos, Piratas
La piratería marítima no es más que “el reflejo” de un Estado fallido, un país sin ley. ¿Quiénes son en realidad estos somalíes que ponen en jaque a Occidente?
Pues a diferencia de la creencia general los piratas fueron en un primer momento héroes de este país del Cuerno de África. Con la caída del Gobierno somalí en 1991 muchas empresas de Occidente aprovecharon el vacío de poder para saquear sus aguas pescando ilegal y masivamente y vertiendo productos tóxicos y nucleares. Mercurio, cadmio, uranio radioactivo o productos químicos, entre otros elementos, llegaron a las costas de Somalia envenenando tierras y pozos de agua además de provocar enfermedades a la población y al menos 300 personas murieron.
Ante esta agresión algunos pescadores somalíes comenzaron a usar sus lanchas para disuadir a los barcos o exigirles el pago de un impuesto.
Se calcula que un pirata puede ganar entre 5.000 y 8.000 euros por cada operación frente a los 40 euros de un sueldo normal en su país.
Naciones Unidas estima que más o menos 3,3 millones de somalíes están en permanente situación de emergencia y necesidad de asistencia humanitaria y un flujo de miles de desplazados que huyen de la violencia a los países vecinos como Etiopía, Kenia o Yemen.
El país africano lleva casi 20 años inmerso en guerras y conflictos internos étnicos y religiosos. Somalia es un país sin ningún tipo de estructura, ni infraestructura y en constante conflicto que trae como consecuencia la grave situación de inseguridad y vulnerabilidad de la población.
El problema de los piratas no se solucionará con la vigilancia y la ofensiva en el mar sino se erradican las raíces, es decir hambre, miseria, violencia y sobre todo el vacío de poder. La piratería es el tema de moda en Occidente y hay una fuerte inversión para combatirla, el problema es que se olvidan las causas reales del problema.
Costa Urola

somalia vertidos piratas
Pues a diferencia de la creencia general los piratas fueron en un primer momento héroes de este país del Cuerno de África. Con la caída del Gobierno somalí en 1991 muchas empresas de Occidente aprovecharon el vacío de poder para saquear sus aguas pescando ilegal y masivamente y vertiendo productos tóxicos y nucleares. Mercurio, cadmio, uranio radioactivo o productos químicos, entre otros elementos, llegaron a las costas de Somalia envenenando tierras y pozos de agua además de provocar enfermedades a la población y al menos 300 personas murieron.
Ante esta agresión algunos pescadores somalíes comenzaron a usar sus lanchas para disuadir a los barcos o exigirles el pago de un impuesto.
Se calcula que un pirata puede ganar entre 5.000 y 8.000 euros por cada operación frente a los 40 euros de un sueldo normal en su país.
Naciones Unidas estima que más o menos 3,3 millones de somalíes están en permanente situación de emergencia y necesidad de asistencia humanitaria y un flujo de miles de desplazados que huyen de la violencia a los países vecinos como Etiopía, Kenia o Yemen.
El país africano lleva casi 20 años inmerso en guerras y conflictos internos étnicos y religiosos. Somalia es un país sin ningún tipo de estructura, ni infraestructura y en constante conflicto que trae como consecuencia la grave situación de inseguridad y vulnerabilidad de la población.
El problema de los piratas no se solucionará con la vigilancia y la ofensiva en el mar sino se erradican las raíces, es decir hambre, miseria, violencia y sobre todo el vacío de poder. La piratería es el tema de moda en Occidente y hay una fuerte inversión para combatirla, el problema es que se olvidan las causas reales del problema.
Costa Urola

somalia vertidos piratas
miércoles 21 de octubre de 2009
Cómo son los etarras y quienes los mantienen
La duración del impacto de un acto terrorista sobre el conjunto de la sociedad se estima no superior a los cuatro días, acabados los cuales, la víctima es olvidada, sus familiares cargan en solitario con el dolor y las protestas ciudadanas se diluyen como un azucarillo. Los muertos pasan a la estadística y sus nombres ds olvidan.
Por lo demás, no vale la pena desgañitarse mucho con condenas a ETA y a la madre que la parió, la imagen que queda fijada en la retina de la gente es la del presidente del gobierno, la del ministro del interior, algún miembro de la familia real y el jefe de la oposición condenando el atentado.
A la sociedad no le llega ni que usted ni yo estemos contra ETA o que pidamos la cadena perpetua (y a todo esto ¿por qué cadena perpetua y no pena de muerte? Para delitos de especial gravedad el sentido común dice que cuatro paredes para un castigo son tres de más y que su poder ejemplificante es superior).
Creo que algunas veces enfocamos mal el problema. La acción de ETA y su misma existencia es, simplemente, tan odiosa que ante su primera manifestación en forma de crímenes reaccionamos como cualquier bien nacido: exteriorizando la protesta contra ETA y queriendo hacer algo para acabar con el medio siglo de actividad terrorista de la banda.
Valdría la pena aprovechar estos momentos de “crisis” para plantearse qué es ETA, por qué existe hoy y quién forma parte de ETA. Empecemos por esto último.
La militancia etarra o el pringao criminal
A poco del atentado de Palma de Mallorca se han publicado las fotos de los terroristas. Es habitual. En realidad, a la vista de anteriores ocasiones en las que se ha hecho lo mismo, tenemos todo el derecho a dudar si verdaderamente se trata de los asesinos que pusieron la bomba en Mallorca o bien, simplemente, de las primeras fotos de etarras que tenían a mano en Interior, como para indicar que “todo está controlado”. Y lo mejor del caso es que nosotros pensamos también que, efectivamente, “todo está controlado”, luego explico el por qué.
Las fotos que hemos visto no difieren extraordinariamente de las que se han ido publicando reiteradamente en los últimos años. Siempre chavales jóvenes, siempre luciendo su mejor aspecto de descerebrados, siempre trasluciendo una imagen de escasa formación intelectual, moral y humana, siempre evidenciando un inequívoco aspecto de impericia tanto en terrorismo como en cualquier otra actividad.
Así son siempre los próximos etarras que resultarán detenidos. Habrán colocado entre 3 y 6 bombas, asesinado entre 1 y 4 personas, y tendrán que sumar a sus actuales 20 ó 23 años, treinta más a la sombra.
Ni siquiera tiene aspecto de psicópatas. Se trata simplemente de “pringaos”. Claro está que llamarles “pringaos” sin añadir que se trata de asesinos sería olvidar que ellos han elegido su camino y que deberán pagar por ello, su opción, simplemente, ha destruido su vida.
Cualquier chiquiliquatre que ingresa en estos momentos en ETA debería saber que no tiene por delante mucho futuro que digamos. Unos meses de preparación, su integración en un comando reunido a prisa y corriendo, apoyado por una pobre infraestructura, probablemente “quemada” por desarticulaciones anteriores, sin preparación técnica (no digamos política), tras haber disparado un par de cargadores en cualquier monte y leído cuatro comics sobre cómo armar un petardo, es lo que el neonato etarra porta en sus maletas para este viaje sin retorno.
Entre tres y seis meses después, su foto aparecerá en un cartel. A partir de ese momento, puede ser detenido en cualquier instante. Fin de la historia. Otro chiquiliquatre lo sustituirá con idéntica perspectiva de futuro: treinta años a la sombra.
Desde el punto de vista político y jurídico, se trata de asesinos. Desde el punto de vista social no les cabe otro calificativo que el de “pringaos”. Un “pringao” es aquel que destroza su vida al servicio de una causa con la que ni siquiera está identificado. Se inmola al servicio de los intereses de otros, que, por supuesto, no son los suyos.
La “excepción vasca”
Hubo un tiempo en el que las fotos de los militantes de ETA eran diferentes. Los juzgados en el proceso de Burgos eran “hombres” hechos y derechos. Sabían lo que querían, e incluso sabían cómo lograrlo. No es que fueran menos criminales que estos, pero al menos mataban con la convicción moral de que estaban construyendo una opción política. En ellos había una voluntad política.
A partir del atentado de la calle del Correo cualquiera que hasta ese momento hubiera considerado a ETA como un fenómeno “político”, debió de renunciar a este punto de vista: lo peor de aquel atentado, no sólo fueron los muertos, sino que ETA jamás lo reconoció como propio… a pesar de que las pruebas eran abrumadoras.
Simplemente, ETA no quiso reconocer que había asesinado a inocentes y, explícitamente, asumía que no había explicación posible.
La sociedad española, y especialmente la oposición democrática, a partir de ese momento debió empezar a ver a ETA con otros ojos. Y sin embargo, no fue sino hasta entrado el felipismo, cuando el PSOE advirtió que no se trataba más que de un grupo de descerebrados dirigidos por asesinos en serie y psicópatas que argumentaban las más peregrinas razones para justificar sus desmanes.
Y un fenómeno así solamente puede combatirse generando otro de efectos opuestos y que haga gala de la misma brutalidad.
Durante la época del GAL la mayor parte de los españoles permanecíamos absolutamente indiferentes ante la liquidación física de etarras. Que los lloren sus madres que para eso parieron monstruos; la sociedad española no los lloró. El problema fue que el felipismo, fenómeno político corrupto como pocos, no fue capaz de encargar esta tarea más que a una banda de chorizos integrales dirigidos por incompetentes absolutos.
En los años 90, el terrorismo etarra quedó como “la excepción vasca” en Europa. Hasta el IRA se desmovilizó. Antes, en los años 80, todas las “organizaciones armadas” que actuaban en Europa Occidental fueron completamente desmanteladas, algunas de las cuales habían logrado un nivel de estructuración muy superior al de ETA (Brigadas Rojas, por ejemplo). ETA permaneció a título de excepción. ¿Algo se estaba haciendo mal? ¿por qué se hacía mal?
¿Para qué sirve ETA en 2009?
No creo que quede nada en ETA que remita a los viejos ideales de “independencia y socialismo”.
Estos, como máximo, quedan como coreografía emotiva y romántica para justificar unos crímenes. Y, a todo esto, ¿qué sentido tienen esos crímenes? Respuesta: Mantener la llama de la franquicia. En general, poco más. Pero ¿por qué ese interés en mantener viva a una organización terrorista cuando por vía democrática sería posible llegar más lejos en la independencia vasca?
Esa es la pregunta clave. Y responderla es bastante fácil.
Hubo un tiempo en el que ETA actuaba en función de una estrategia política inexorable y claramente definida. Eran los tiempos del “Vasconia” de Federico Krutwig, incluso de la Ponencia Otsagabia de Moreno Bergareche, de las resoluciones emanadas por los organismos directivos de la banda, etc.
Eso quedó ya muy lejos y a partir del asesinato de Miguel Ángel Blanco y del empantanamiento de la banda y la sucesión de redadas, detenciones, etc., e incluso de la hostilidad social creciente, era imposible que la banda siguiera actuando por consideraciones políticas.
En ese momento, ETA ya no tenía posibilidades de elaborar una estrategia y si hasta ese momento había tenido cierta iniciativa estratégica en el Euskalherria, a partir de ese momento le iba a ser imposible reconstruirla.
Luego, ETA ya no servía como organización política, pero siempre podía servir para los intereses personales de su cúpula.
A partir de ese momento, ETA empezó a adquirir una nueva fisonomía: unos dirigentes políticos a los que solamente les interesaba su margen de maniobra, esto es, de poder, y unos dirigentes terroristas que, en principio pensaban sólo en sobrevivir y luego en extraer un beneficio personal a la situación.
Pero el zapaterismo añadió un nuevo elemento en la ecuación.
El terrorismo sienta mal a las víctimas y a sus familiares, mucho más que al poder. El terrorismo nunca erosiona al poder, siempre, en cambio, opera un reflejo condicionado en la opinión pública: a cada acto terrorista, el grueso de la ciudadanía se aproxima al gobierno, acogiéndose bajo la protección de su paraguas.
Además, el terrorismo tiene un efecto traumático en la opinión pública que no puede desdeñarse especialmente en momentos como éste en los que las noticias alarmantes sobre el paro, la crisis económica y la endiablada ausencia de “brotes verdes” son el pan de cada día de la información.
El terrorismo permite que incluso la oposición tenga que callarse: ¿cómo no va nadie a dejar de apoyar al gobierno en su lucha antiterrorista?
Hasta el jefe de la oposición cierra filas y apoya las iniciativas de Interior… Cada atentado es como una diversión cruel que distrae la atención de los problemas centrales de la gobernabilidad del Estado.
Han quedado atrás los tiempos en los Zapatero llegó a la Moncloa mesiánico e ingenuo-felizote, pensando que pasaría a la historia de España en dos patadas resolviendo por vía de la negociación el problema de ETA. Sus asesores en la materia, le habían contado que dentro de ETA había una posición favorable a la negociación. Es posible –seguro en nuestra opinión- que ZP se arrojara en plancha por la vía de la negociación por que le presentaron “argumentos de peso”.
Y, uno de ellos, sin duda, era que “alguien” dentro de la cúpula etarra ya había colaborado con un sector de las fuerzas de seguridad del Estado. Ese “alguien” garantizaba el buen fin del “proceso de paz”.
A partir de aquí, las preguntas que pueden formularse son muchas.
¿Qué permite suponer un entendimiento entre ETA y un sector de la seguridad del Estado?
Respuesta: el atentado del 11-M y cuatro hechos vinculados al mismo.
a) El increíble paralelismo de las “caravanas de la muerte” que llevaron parte de los explosivos de Mina Conchita a Madrid y de la furgoneta etarra cargada de amonal que debía ser colocado en el “corredor del Henares” (era, además, la tercera furgoneta-bomba detenida por la policía y que apuntaba al “corredor del Henares”).
b) El robo de un coche por parte de la banda en el callejón en el que vivía Rodríguez Trashorras, el pequeño delincuente condenado por haber vendido una parte de los explosivos.
c) El hecho de que en pisos francos de ETA en Francia se hubieran encontrado rastros que indicaban que estaban ensayando dispositivos de detonación activados por teléfonos móviles (sin duda la peor forma de activar un explosivo y la que ningún terrorista real utilizaría jamás) idénticos a los utilizados el 11-M.
d) El que entre 2002 y 2004 se había producido un número excepcionalmente anómalo de detención de etarras que dejaba suponer la existencia de un “topo” situado en funciones de dirección en ETA.
No es que ETA tuviera nada que ver con el 11-M, sino simplemente, que alguien de dentro de ETA accedió a crear pistas falsas o elementos que, en el primer momento pudieran ser utilizadas por los autores intelectuales para realizar su objetivo:
No se trataba, por supuesto, de un infiltrado policial al estilo de “Lobo” o de “Cocoliso”, sino de algo mucho más rentable: un etarra de estricta observancia, miembro de la banda desde su adolescencia y que, en un momento dado de su vida, con familia, hijos, cáncer de estómago, entiende que si lo detienen nunca más saldrá en libertad. Tiene nombres y apellidos. Es “Josu Ternera”, el “inaprensible”…
Algo debieron detectar sus colegas del “aparato militar” cuando crearon una estructura terrorista completamente diferenciada de la conocida por “Ternera” y cuando, finalmente, lo desplazaron de las conversaciones de paz… entrañando el fin del proceso, el ridículo espantoso de Zapatero (“hoy estamos mejor que mañana”… y, 24 horas después de pronunciada esta frase, saltó por los aires la T-4) y la nueva situación que se abre ante nuestros ojos.
La hipótesis sobre la que la prensa (e incluso las fuerzas de seguridad del Estado) deberían trabajar es la de una “entente cordiale” entre determinados policías y determinados dirigentes de la banda.
No sería la primera vez que en el terrorismo europeo se han dado estas circunstancias. A partir de la detención de Renato Curzio y Adrana Faranda, las Brigadas Rojas cayeron en manos de una dirección de la que hoy se sabe que, al menos uno de sus miembros –el más importante, por cierto, Mario Moretti- trabajaba para un sector de la seguridad del Estado. ¿Vamos a extrañarnos de que en España –cuya trayectoria terrorista hasta hace poco ha sido tan parecida a la de Italia- ocurran cosas similares?
El cambalache no es tan difícil de establecer: “yo no te detengo a ti, pero tú me llevas a los que ponen bombas”.
Es como ir a la manicura: no te arrancan las uñas, pero te impiden que arañes. El intercambio de favores satisface a las dos partes: los “colaboracionistas” de la dirección etarra adquieren una especie de inmunidad (durante el “proceso de paz” se vio a Ternera en Navarra) que les justifica entregar regularmente a los “pringaos” de la base, y la seguridad del Estado puede alardear de éxitos y, al mismo tiempo, de tener controlado el fenómeno etarra, y por tanto, utilizarlo en beneficio propio.
¿Para qué acabar con ETA si ETA todavía puede rendir dividendos a un gobierno? Nadie acaba con la gallina de los huevos de oro.
A este respecto, valdría la pena recordar que en las elecciones de 2008, después de meses sin que ETA atentara, nuevamente volvió a hacerlo asesinando al ex concejal socialista Isaías Carrasco el 7 de marzo… cuando las elecciones eran el 9 de marzo.
Era evidente que tal asesinato tenía como ÚNICO FIN, no matar a una figura absolutamente irrelevante en la política vasca… sino reforzar la sensación de que ZP “combate al terrorismo”… “por eso los terroristas asesinan a socialistas”.
Se borraba así de un plumazo (y dentro del margen de días ajustado para que esa idea no se disipara en la cabeza de los electores) el efecto negativo que todavía ejercía el proceso de paz impulsado por ZP. El vínculo entre la seguridad del Estado (una seguridad, por algún motivo interesada en que ZP siga en el poder el máximo de tiempo posible) y ETA, aparecía de manera tan diáfana que resulta increíble que ningún medio de prensa osara ni siquiera plantear el por qué en “zona electoral” siempre un atentado, mira por dónde, termina arañando unos votos para el PSOE.
ETA es hoy un despojo de lo que fue a finales de los 70 o durante los 80. Un cadáver que “alguien” (la “X” actual es demasiado tonta para ver más allá de la Moncloa) se encarga de mantener en vida latente unos veces para justificar una detención y prestigiar a un ministro, otras para crear un cortina de humo (contra más se hable de un atentado, menos e hablará de la crisis), a veces para tapar la paternidad de un crimen mayor (11-M), qué importa.
El problema en todo esto es que mientras siga habiendo en la calle descerebrados con una parabellum o una olla de amonal, siempre podrán zafarse de cualquier tutela y actuar por sí mismos. Tal parece que es lo que ha ocurrido en Mallorca y en Burgos: uno o dos comandos de ETA se han visto momentáneamente revitalizados, aunque es difícil saber por quién y sólo el tiempo dirá para qué.
Desgraciadamente, la lucha antiterrorista y todo lo que tiene que ver con los entramados terroristas no es tan simple como nos lo presentan: los buenos no están a un lado y los malos a otro, frecuentemente hay sectores intermedios, ósmosis entre gentes de uno y otro lado que sirven a proyectos de manipulación, información no divulgada a la opinión pública, intereses de las empresas periodísticas.
Nada es, en definitiva, lo que parece en el mundo del terrorismo. Por tanto, gritar “ETA: pena de muerte” o exigir la “cadena perpetua para etarras” es demasiado poco.
LO QUE HAY QUE EXIGIR ES LA VERDAD SOBRE EL TERRORISMO. Que Rubalcaba nos explique cómo han detenido a los seis “pringaos” asesinos de las fotos difundidas por Interior, sino cómo es posible que “Josu Ternera” no haya sido todavía detenido y sea, en los últimos siete años, el único etarra de la banda que sigue en libertad.
Combatir al terrorismo implica que el mejor terrorista no es aquel con el que te marcas una partida de mus, sino el que visitas en prisión.
(Escrito publicado por Doramas en el Blog LOS CAIMANES CABREADOS)
cómoson,quienesmantienen
Por lo demás, no vale la pena desgañitarse mucho con condenas a ETA y a la madre que la parió, la imagen que queda fijada en la retina de la gente es la del presidente del gobierno, la del ministro del interior, algún miembro de la familia real y el jefe de la oposición condenando el atentado.
A la sociedad no le llega ni que usted ni yo estemos contra ETA o que pidamos la cadena perpetua (y a todo esto ¿por qué cadena perpetua y no pena de muerte? Para delitos de especial gravedad el sentido común dice que cuatro paredes para un castigo son tres de más y que su poder ejemplificante es superior).
Creo que algunas veces enfocamos mal el problema. La acción de ETA y su misma existencia es, simplemente, tan odiosa que ante su primera manifestación en forma de crímenes reaccionamos como cualquier bien nacido: exteriorizando la protesta contra ETA y queriendo hacer algo para acabar con el medio siglo de actividad terrorista de la banda.
Valdría la pena aprovechar estos momentos de “crisis” para plantearse qué es ETA, por qué existe hoy y quién forma parte de ETA. Empecemos por esto último.
A poco del atentado de Palma de Mallorca se han publicado las fotos de los terroristas. Es habitual. En realidad, a la vista de anteriores ocasiones en las que se ha hecho lo mismo, tenemos todo el derecho a dudar si verdaderamente se trata de los asesinos que pusieron la bomba en Mallorca o bien, simplemente, de las primeras fotos de etarras que tenían a mano en Interior, como para indicar que “todo está controlado”. Y lo mejor del caso es que nosotros pensamos también que, efectivamente, “todo está controlado”, luego explico el por qué.
Las fotos que hemos visto no difieren extraordinariamente de las que se han ido publicando reiteradamente en los últimos años. Siempre chavales jóvenes, siempre luciendo su mejor aspecto de descerebrados, siempre trasluciendo una imagen de escasa formación intelectual, moral y humana, siempre evidenciando un inequívoco aspecto de impericia tanto en terrorismo como en cualquier otra actividad.
Así son siempre los próximos etarras que resultarán detenidos. Habrán colocado entre 3 y 6 bombas, asesinado entre 1 y 4 personas, y tendrán que sumar a sus actuales 20 ó 23 años, treinta más a la sombra.
Ni siquiera tiene aspecto de psicópatas. Se trata simplemente de “pringaos”. Claro está que llamarles “pringaos” sin añadir que se trata de asesinos sería olvidar que ellos han elegido su camino y que deberán pagar por ello, su opción, simplemente, ha destruido su vida.
Cualquier chiquiliquatre que ingresa en estos momentos en ETA debería saber que no tiene por delante mucho futuro que digamos. Unos meses de preparación, su integración en un comando reunido a prisa y corriendo, apoyado por una pobre infraestructura, probablemente “quemada” por desarticulaciones anteriores, sin preparación técnica (no digamos política), tras haber disparado un par de cargadores en cualquier monte y leído cuatro comics sobre cómo armar un petardo, es lo que el neonato etarra porta en sus maletas para este viaje sin retorno.
Entre tres y seis meses después, su foto aparecerá en un cartel. A partir de ese momento, puede ser detenido en cualquier instante. Fin de la historia. Otro chiquiliquatre lo sustituirá con idéntica perspectiva de futuro: treinta años a la sombra.
Desde el punto de vista político y jurídico, se trata de asesinos. Desde el punto de vista social no les cabe otro calificativo que el de “pringaos”. Un “pringao” es aquel que destroza su vida al servicio de una causa con la que ni siquiera está identificado. Se inmola al servicio de los intereses de otros, que, por supuesto, no son los suyos.
Hubo un tiempo en el que las fotos de los militantes de ETA eran diferentes. Los juzgados en el proceso de Burgos eran “hombres” hechos y derechos. Sabían lo que querían, e incluso sabían cómo lograrlo. No es que fueran menos criminales que estos, pero al menos mataban con la convicción moral de que estaban construyendo una opción política. En ellos había una voluntad política.
A partir del atentado de la calle del Correo cualquiera que hasta ese momento hubiera considerado a ETA como un fenómeno “político”, debió de renunciar a este punto de vista: lo peor de aquel atentado, no sólo fueron los muertos, sino que ETA jamás lo reconoció como propio… a pesar de que las pruebas eran abrumadoras.
Simplemente, ETA no quiso reconocer que había asesinado a inocentes y, explícitamente, asumía que no había explicación posible.
La sociedad española, y especialmente la oposición democrática, a partir de ese momento debió empezar a ver a ETA con otros ojos. Y sin embargo, no fue sino hasta entrado el felipismo, cuando el PSOE advirtió que no se trataba más que de un grupo de descerebrados dirigidos por asesinos en serie y psicópatas que argumentaban las más peregrinas razones para justificar sus desmanes.
Y un fenómeno así solamente puede combatirse generando otro de efectos opuestos y que haga gala de la misma brutalidad.
Durante la época del GAL la mayor parte de los españoles permanecíamos absolutamente indiferentes ante la liquidación física de etarras. Que los lloren sus madres que para eso parieron monstruos; la sociedad española no los lloró. El problema fue que el felipismo, fenómeno político corrupto como pocos, no fue capaz de encargar esta tarea más que a una banda de chorizos integrales dirigidos por incompetentes absolutos.
En los años 90, el terrorismo etarra quedó como “la excepción vasca” en Europa. Hasta el IRA se desmovilizó. Antes, en los años 80, todas las “organizaciones armadas” que actuaban en Europa Occidental fueron completamente desmanteladas, algunas de las cuales habían logrado un nivel de estructuración muy superior al de ETA (Brigadas Rojas, por ejemplo). ETA permaneció a título de excepción. ¿Algo se estaba haciendo mal? ¿por qué se hacía mal?
No creo que quede nada en ETA que remita a los viejos ideales de “independencia y socialismo”.
Estos, como máximo, quedan como coreografía emotiva y romántica para justificar unos crímenes. Y, a todo esto, ¿qué sentido tienen esos crímenes? Respuesta: Mantener la llama de la franquicia. En general, poco más. Pero ¿por qué ese interés en mantener viva a una organización terrorista cuando por vía democrática sería posible llegar más lejos en la independencia vasca?
Esa es la pregunta clave. Y responderla es bastante fácil.
Hubo un tiempo en el que ETA actuaba en función de una estrategia política inexorable y claramente definida. Eran los tiempos del “Vasconia” de Federico Krutwig, incluso de la Ponencia Otsagabia de Moreno Bergareche, de las resoluciones emanadas por los organismos directivos de la banda, etc.
Eso quedó ya muy lejos y a partir del asesinato de Miguel Ángel Blanco y del empantanamiento de la banda y la sucesión de redadas, detenciones, etc., e incluso de la hostilidad social creciente, era imposible que la banda siguiera actuando por consideraciones políticas.
En ese momento, ETA ya no tenía posibilidades de elaborar una estrategia y si hasta ese momento había tenido cierta iniciativa estratégica en el Euskalherria, a partir de ese momento le iba a ser imposible reconstruirla.
Luego, ETA ya no servía como organización política, pero siempre podía servir para los intereses personales de su cúpula.
A partir de ese momento, ETA empezó a adquirir una nueva fisonomía: unos dirigentes políticos a los que solamente les interesaba su margen de maniobra, esto es, de poder, y unos dirigentes terroristas que, en principio pensaban sólo en sobrevivir y luego en extraer un beneficio personal a la situación.
Pero el zapaterismo añadió un nuevo elemento en la ecuación.
El terrorismo sienta mal a las víctimas y a sus familiares, mucho más que al poder. El terrorismo nunca erosiona al poder, siempre, en cambio, opera un reflejo condicionado en la opinión pública: a cada acto terrorista, el grueso de la ciudadanía se aproxima al gobierno, acogiéndose bajo la protección de su paraguas.
Además, el terrorismo tiene un efecto traumático en la opinión pública que no puede desdeñarse especialmente en momentos como éste en los que las noticias alarmantes sobre el paro, la crisis económica y la endiablada ausencia de “brotes verdes” son el pan de cada día de la información.
El terrorismo permite que incluso la oposición tenga que callarse: ¿cómo no va nadie a dejar de apoyar al gobierno en su lucha antiterrorista?
Hasta el jefe de la oposición cierra filas y apoya las iniciativas de Interior… Cada atentado es como una diversión cruel que distrae la atención de los problemas centrales de la gobernabilidad del Estado.
Han quedado atrás los tiempos en los Zapatero llegó a la Moncloa mesiánico e ingenuo-felizote, pensando que pasaría a la historia de España en dos patadas resolviendo por vía de la negociación el problema de ETA. Sus asesores en la materia, le habían contado que dentro de ETA había una posición favorable a la negociación. Es posible –seguro en nuestra opinión- que ZP se arrojara en plancha por la vía de la negociación por que le presentaron “argumentos de peso”.
Y, uno de ellos, sin duda, era que “alguien” dentro de la cúpula etarra ya había colaborado con un sector de las fuerzas de seguridad del Estado. Ese “alguien” garantizaba el buen fin del “proceso de paz”.
A partir de aquí, las preguntas que pueden formularse son muchas.
¿Qué permite suponer un entendimiento entre ETA y un sector de la seguridad del Estado?
Respuesta: el atentado del 11-M y cuatro hechos vinculados al mismo.
a) El increíble paralelismo de las “caravanas de la muerte” que llevaron parte de los explosivos de Mina Conchita a Madrid y de la furgoneta etarra cargada de amonal que debía ser colocado en el “corredor del Henares” (era, además, la tercera furgoneta-bomba detenida por la policía y que apuntaba al “corredor del Henares”).
b) El robo de un coche por parte de la banda en el callejón en el que vivía Rodríguez Trashorras, el pequeño delincuente condenado por haber vendido una parte de los explosivos.
c) El hecho de que en pisos francos de ETA en Francia se hubieran encontrado rastros que indicaban que estaban ensayando dispositivos de detonación activados por teléfonos móviles (sin duda la peor forma de activar un explosivo y la que ningún terrorista real utilizaría jamás) idénticos a los utilizados el 11-M.
d) El que entre 2002 y 2004 se había producido un número excepcionalmente anómalo de detención de etarras que dejaba suponer la existencia de un “topo” situado en funciones de dirección en ETA.
No es que ETA tuviera nada que ver con el 11-M, sino simplemente, que alguien de dentro de ETA accedió a crear pistas falsas o elementos que, en el primer momento pudieran ser utilizadas por los autores intelectuales para realizar su objetivo:
inducir una versión inicial errónea del atentado, confundir a un ministro del interior del PP de poca experiencia en materia antiterrorista (Acebes) induciéndole a hacer pública la hipótesis etarra… sobre la “pista islámica”, de tal manera que fuera fácil desatar una oleada de histeria entre el 11 y el 14-M –el “queremos saber la verdad”- que tuvo como conclusión el fin buscado: el tránsito de 1.500.000 de votos del PP al PSOE que implicaron el fin de la “era Aznar”. Para este objetivo era ABSOLUTAMENTE NECESARIO poder contar con algún puntal en el interior de la banda, un canal de transmisión de “peticiones”.
No se trataba, por supuesto, de un infiltrado policial al estilo de “Lobo” o de “Cocoliso”, sino de algo mucho más rentable: un etarra de estricta observancia, miembro de la banda desde su adolescencia y que, en un momento dado de su vida, con familia, hijos, cáncer de estómago, entiende que si lo detienen nunca más saldrá en libertad. Tiene nombres y apellidos. Es “Josu Ternera”, el “inaprensible”…
Algo debieron detectar sus colegas del “aparato militar” cuando crearon una estructura terrorista completamente diferenciada de la conocida por “Ternera” y cuando, finalmente, lo desplazaron de las conversaciones de paz… entrañando el fin del proceso, el ridículo espantoso de Zapatero (“hoy estamos mejor que mañana”… y, 24 horas después de pronunciada esta frase, saltó por los aires la T-4) y la nueva situación que se abre ante nuestros ojos.
La hipótesis sobre la que la prensa (e incluso las fuerzas de seguridad del Estado) deberían trabajar es la de una “entente cordiale” entre determinados policías y determinados dirigentes de la banda.
No sería la primera vez que en el terrorismo europeo se han dado estas circunstancias. A partir de la detención de Renato Curzio y Adrana Faranda, las Brigadas Rojas cayeron en manos de una dirección de la que hoy se sabe que, al menos uno de sus miembros –el más importante, por cierto, Mario Moretti- trabajaba para un sector de la seguridad del Estado. ¿Vamos a extrañarnos de que en España –cuya trayectoria terrorista hasta hace poco ha sido tan parecida a la de Italia- ocurran cosas similares?
El cambalache no es tan difícil de establecer: “yo no te detengo a ti, pero tú me llevas a los que ponen bombas”.
Es como ir a la manicura: no te arrancan las uñas, pero te impiden que arañes. El intercambio de favores satisface a las dos partes: los “colaboracionistas” de la dirección etarra adquieren una especie de inmunidad (durante el “proceso de paz” se vio a Ternera en Navarra) que les justifica entregar regularmente a los “pringaos” de la base, y la seguridad del Estado puede alardear de éxitos y, al mismo tiempo, de tener controlado el fenómeno etarra, y por tanto, utilizarlo en beneficio propio.
¿Para qué acabar con ETA si ETA todavía puede rendir dividendos a un gobierno? Nadie acaba con la gallina de los huevos de oro.
A este respecto, valdría la pena recordar que en las elecciones de 2008, después de meses sin que ETA atentara, nuevamente volvió a hacerlo asesinando al ex concejal socialista Isaías Carrasco el 7 de marzo… cuando las elecciones eran el 9 de marzo.
Era evidente que tal asesinato tenía como ÚNICO FIN, no matar a una figura absolutamente irrelevante en la política vasca… sino reforzar la sensación de que ZP “combate al terrorismo”… “por eso los terroristas asesinan a socialistas”.
Se borraba así de un plumazo (y dentro del margen de días ajustado para que esa idea no se disipara en la cabeza de los electores) el efecto negativo que todavía ejercía el proceso de paz impulsado por ZP. El vínculo entre la seguridad del Estado (una seguridad, por algún motivo interesada en que ZP siga en el poder el máximo de tiempo posible) y ETA, aparecía de manera tan diáfana que resulta increíble que ningún medio de prensa osara ni siquiera plantear el por qué en “zona electoral” siempre un atentado, mira por dónde, termina arañando unos votos para el PSOE.
ETA es hoy un despojo de lo que fue a finales de los 70 o durante los 80. Un cadáver que “alguien” (la “X” actual es demasiado tonta para ver más allá de la Moncloa) se encarga de mantener en vida latente unos veces para justificar una detención y prestigiar a un ministro, otras para crear un cortina de humo (contra más se hable de un atentado, menos e hablará de la crisis), a veces para tapar la paternidad de un crimen mayor (11-M), qué importa.
El problema en todo esto es que mientras siga habiendo en la calle descerebrados con una parabellum o una olla de amonal, siempre podrán zafarse de cualquier tutela y actuar por sí mismos. Tal parece que es lo que ha ocurrido en Mallorca y en Burgos: uno o dos comandos de ETA se han visto momentáneamente revitalizados, aunque es difícil saber por quién y sólo el tiempo dirá para qué.
Desgraciadamente, la lucha antiterrorista y todo lo que tiene que ver con los entramados terroristas no es tan simple como nos lo presentan: los buenos no están a un lado y los malos a otro, frecuentemente hay sectores intermedios, ósmosis entre gentes de uno y otro lado que sirven a proyectos de manipulación, información no divulgada a la opinión pública, intereses de las empresas periodísticas.
Nada es, en definitiva, lo que parece en el mundo del terrorismo. Por tanto, gritar “ETA: pena de muerte” o exigir la “cadena perpetua para etarras” es demasiado poco.
LO QUE HAY QUE EXIGIR ES LA VERDAD SOBRE EL TERRORISMO. Que Rubalcaba nos explique cómo han detenido a los seis “pringaos” asesinos de las fotos difundidas por Interior, sino cómo es posible que “Josu Ternera” no haya sido todavía detenido y sea, en los últimos siete años, el único etarra de la banda que sigue en libertad.
Combatir al terrorismo implica que el mejor terrorista no es aquel con el que te marcas una partida de mus, sino el que visitas en prisión.
(Escrito publicado por Doramas en el Blog LOS CAIMANES CABREADOS)
cómoson,quienesmantienen
lunes 19 de octubre de 2009
Los amigos del Ministro de Exteriores de España
Dice Albiac que los amigos de Moratinos, y por tanto de España,, son Arafat o los palestinos, y Fidel Castro.
Arafat fue el gran patrón mundial del terrorismo, a lo largo de cuatro décadas. No sólo el asesino de indiferenciados ciudadanos israelíes, no sólo el cerebro final de criminales atentados contra aviones de pasajeros que, en el final de los años sesenta, hicieron gala de una crueldad inimaginablemente arbitraria, no sólo la mente de la cual partió la masacre de atletas en la Olimpiada de Munich, no sólo el patrocinador de ETA o de la RAF alemana, no sólo el animal de presa que sólo sabía matar y hacer matar...
Fue también el inmenso ladrón que se apropió, en cuentas suizas bajo su control personal exclusivo, de la fundamental tajada que salía de las ayudas internacionales con destino a Palestina: esas ayudas suponen el fondo humanitario más importantes desde el fin de la segunda guerra mundial; ninguna riqueza económica se ha derivado de ellas para la población de Cisjordania y Gaza; pero Arafat murió siendo uno de los hombres más ricos del mundo.
Exactamente igual que morirá ese Fidel Castro por cuyos servicios de inteligencia pasa buena parte del negocio de la cocaína en la zona; el mismo que impone su locura sobre una isla que era rica y culta cuando él tomó el poder y que es hoy sólo un inhabitable pozo de abyección y miseria.
Miguel Ángel Moratinos sabe elegir muy bien a sus amigos.
Las fotos de Felipe González junto al Tirano Banderas caribeño y un par de fastuosas mulatas, en el típico estupendo antro sólo para turistas de la Habana, figuran entre lo más obsceno de la España contemporánea.
Costa Urola
amigos,ministro,españa
Arafat fue el gran patrón mundial del terrorismo, a lo largo de cuatro décadas. No sólo el asesino de indiferenciados ciudadanos israelíes, no sólo el cerebro final de criminales atentados contra aviones de pasajeros que, en el final de los años sesenta, hicieron gala de una crueldad inimaginablemente arbitraria, no sólo la mente de la cual partió la masacre de atletas en la Olimpiada de Munich, no sólo el patrocinador de ETA o de la RAF alemana, no sólo el animal de presa que sólo sabía matar y hacer matar...
Fue también el inmenso ladrón que se apropió, en cuentas suizas bajo su control personal exclusivo, de la fundamental tajada que salía de las ayudas internacionales con destino a Palestina: esas ayudas suponen el fondo humanitario más importantes desde el fin de la segunda guerra mundial; ninguna riqueza económica se ha derivado de ellas para la población de Cisjordania y Gaza; pero Arafat murió siendo uno de los hombres más ricos del mundo.
Exactamente igual que morirá ese Fidel Castro por cuyos servicios de inteligencia pasa buena parte del negocio de la cocaína en la zona; el mismo que impone su locura sobre una isla que era rica y culta cuando él tomó el poder y que es hoy sólo un inhabitable pozo de abyección y miseria.
Miguel Ángel Moratinos sabe elegir muy bien a sus amigos.
Las fotos de Felipe González junto al Tirano Banderas caribeño y un par de fastuosas mulatas, en el típico estupendo antro sólo para turistas de la Habana, figuran entre lo más obsceno de la España contemporánea.
Costa Urola
amigos,ministro,españa
domingo 18 de octubre de 2009
Un pasaitarra "chapeldun"
Fue con esta nueva Armada Invencible que, teniendo ciento ochenta navíos, era mayor que la de Felipe II y la segunda más grande de todos los siglos, después de la armada que atacó las costas de Normandía en la II Guerra Mundial.
El ejército invasor inglés, comandado por el almirante Edward Vernon, lo constituían veintitrés mil seiscientos soldados, entre ellos dos mil setecientos hombres de las colonias norteamericanas, comandadas por Lawrence Washington, hermano del futuro libertador de los Estados Unidos, y tres mil piezas de artillería.
Las posesiones españolas estaban defendidas por dos mil ochocientos hombres y seis navíos.
Inglaterra estaba tan segura de su victoria que mandó acuñar monedas celebrando el triunfo en las que se leía "La arrogancia española humillada por el almirante Velmon y Los héroes británicos tomaron Cartagena, abril 1, 1741"; en ellas aparecía el almirante recibiendo la espada de Blas de Lezo, quien, arrodillado, la entregaba a su conquistador.
El virrey Eslava, jefe político y militar del Virreinato, tenía la confianza de que el almirante Torres habría de venir en auxilio de Cartagena, pues su flota estaba anclada en La Habana a la espera de la señal de que el inglés atacaría.
El plan de defensa contemplaba un ataque de Torres por la espalda de Vernon empeñado en el sitio de la plaza. Pero Torres nunca llegó en su auxilio, quizás porque se cansó de esperar un ataque que no llegaba, o porque el buque de aviso fue capturado por los ingleses.
Estas fallidas esperanzas enfrentaron al vasco Blas de Lezo y al virrey sobre la estrategia de la defensa y, al final, el virrey tuvo que reconocer que se había equivocado, no sin antes restituir el mando a Lezo, quien había sido injustamente destituido.
Sin embargo, el odio contra el general Lezo continuó hasta el punto de que Eslava dio malos informes suyos al rey de España, Felipe V, quien quiso hacerle un juicio de responsabilidades.
Este comunicado llegó demasiado tarde, pues Lezo ya había muerto de enfermedades contraídas por la peste que azotó la ciudad salvada por su mano.
El hecho es que el 20 de marzo toda la escuadra enemiga se dirigió contra Bocachica, la boca de entrada a la bahía de CARTAGENA.
Ocho navíos de guerra bombardearon los fuertes, desde la batería de Chamba, hasta la de San Felipe y Santiago y ellos mismos recibían el feroz castigo de los bravos de España.
Durante tres horas y media fue vomitado sobre ellos un fuego mortífero, que, hacia las dos y media de la tarde, obligó a su defensor, el capitán de Batallones de Marina, Don Lorenzo de Alderete, a retirarse al castillo San Luis, frente a tan graves pérdidas de hombres.
Quedaban desmanteladas las tres baterías en las que apoyaba la defensa del San Luis, por tierra y mar, y abiertas las playas para un desembarco.
Quinientos once hombres se apiñaron en el San Luis a defenderlo.
El asalto y bombardeo del enemigo continuó durante ocho días con sus noches. La situción del Castillo se tornaba desesperada, ya que éste no resistiría los fuegos cruzados de tierra y mar, y cualquier brecha abierta implicaría el intento de una toma por las fuerzas de asalto.
Cuatro navíos con 280 cañones comenzaron a bombardear a los navíos españoles impunemente porque ya la artillería del Castillo no era nutrida ni efectiva. La "Galicia" prendió fuego dos veces.
Al castillo San Luis se le había derrumbado toda la muralla desde el ángulo de tierra hasta el ángulo de mar, presentando una brecha de tal envergadura que ya el enemigo podía cargar por tierra, lo cual hizo a bayoneta calada. Eran demasiados y se tuvo que tocar retirada.
TODA LA NOCHE LAS FRAGATAS Y LAS BOMBARDAS APOYARON EL DESEMBARCO ENEMIGO. A LA MADRUGADA SIGUIENTE EL CASTIGO ARTILLERO NO HABÍA CESADO.
El virrey Eslava ordenó echar a pique El Dragón y El Conquistador, los dos últimos buques que le quedaban a Lezo, en un intento por impedir la navegación hacia el interior de la bahía.
Esto volvió a enfrentar a Lezo y al virrey. Todo fue en vano, porque Vernon desembarcó a las puertas mismas de la ciudad, dispuesto a asediar al castillo San Felipe, el más poderoso baluarte de España en América.
A las nueve y cuarenta y cinco de la mañana del 13 de abril comenzó el bombardeo sobre la ciudad amurallada, mientras otra escuadra asediaba, simultáneamente, al fuerte Manzanillo. Las bombas habían caído por primera vez sobre la Heroica.
Ese mismo día desembarcaron mil quinientos hombres dispuestos a consolidar una cabeza de playa desde la cual se aprestarían a lanzar una ofensiva general contra el castillo San Felipe.
Los británicos también desembarcaron en la isla de Manga y emplazaron morteros para batir el Fuerte desde su orilla, separada por el Caño de Gracia.
Toda la noche las fragatas y las bombardas apoyaron el desembarco enemigo. A la madrugada siguiente el castigo artillero no había cesado y ya tres mil hombres se hacían fuertes en el Playón.
Cuando el almirante Vernon ordenó bombardear el castillo de San Felipe, poderoso baluarte de los españoles atrincherados tras sus murallas, Lezo dispuso una defensa numantina que se prolongó durante varias semanas. El saldo, favorable a los españoles, se cerró con cerca de SEIS MIL caídos ingleses.
El enemigo entró en Gabala y la Quinta, asegurando el área mientras los españoles retrocedían hasta el Playón de San Lázaro.
Una compañía de Granaderos, diezmada, había quedado totalmente aislada del cuerpo de ejército que defendía el San Felipe.
En el Playón se atrincheraron como pudieron, mientras eran cercados totalmente por el enemigo que no daba tregua.
Todas la noche prosiguió el bombardeo, mientras las tropas británicas avanzaban, imparables, hacia el cerro de La Popa.
El 17 caía el convento de La Popa y la bandera británica comenzaba a ondear en él. La situación no podía ser más sombría para la Ciudad Heroica.
Estaban a menos de un kilómetro de San Felipe y en terreno elevado, a las puertas mismas del burgo. La ciudad amurallada estaba al borde del colapso y sólo había que apoderarse del castillo y comenzar a batirla desde allí.
Sólo un milagro salvaría el Fuerte; con él, a Cartagena de Indias, y con Cartagena, el imperio español.
El Castillo se encuentra en dirección sereste de la ciudad amurallada en las inmediaciones del arrabal de Getsemaní, situado a menos de un kilómetro de la villa.
Varias ideas del general decidieron la suerte de las armas españolas. En primer lugar, la excavación de un foso alrededor de la muralla del castillo con el propósito de que las escaleras de asalto de los ingleses no alcanzasen a coronar la cima.
La segunda, la excavación de trincheras en la ladera sureste del cerro donde se asentaba el Castillo.
Era una larga y zigzagueante trinchera en forma de zeta que descendía por la ladera y que permitía cubrir varios flancos.
Lezo había decidido batirse con los ingleses en el campo y no permitir que lo asediaran dentro de los muros, ni que la artillería castigara las murallas.
La tercera idea de Lezo fue despachar dos soldados españoles a las filas enemigas a actuar como desertores; su misión era desviar el grueso del ejército hacia la cortina oriental del fuerte bajo el engaño de que por allí la escalada de la muralla sería más fácil.
Fue así como quedó montada y creída la trampa más inverosímil en la historia de la guerra.
Los supuestos desertores se aprestaron a conducir a los ingleses en la oscuridad hacia la ladera oriental, donde, según habían explicado al alto mando inglés, había un punto por donde escalar.
Finalmente los ingleses acordaron atacar al castillo San Felipe por los cuatro costados.
El jueves 20 de abril, a las 3:45 de la madrugada las primeras avanzadas enemigas se aproximaron al Cerro por la parte que mira hacia la quebrada del Cabrero. El aire estancado de la madrugada llevaba el olor pestilente de los cadáveres insepultos.
En las primeras horas la avanzada del sur fue mantenida a raya. Oleada tras oleada de ingleses marchaba incontenible.
Los cañones de La Popa bramaban. Siete horas después de iniciados los primeros combates, dos mil ochocientos hombres avanzaban en plena formación por el sur, el oeste y el norte; los del este, en cambio, tenían serias dificultades para reagruparse dado el nutrido fuego que recibían en la trampa tendida.
A pesar de esto, comenzaron a tender las escaleras, pero resultaron muy cortas por el foso que habían cavado los españoles, faltándoles dos metros para coronar la altura; en esas circunstancias era imposible sobrepasar el empinado obstáculo.
Se dio la orden de retirada y las escaleras fueron abandonadas sobre la muralla, con sus patas dentro del foso abierto. El ataque por el este había fracasado.
Ante el fracaso inglés de sus ataques por los costados, se decidió concentrar el combate en un solo flanco. Sin embargo, el avance de los ingleses por la ladera era lento y costoso en hombres, pues el zigzag de la trinchera presentaba múltiples flancos de defensa que cogía a los atacantes entre varios fuegos.
Por el sur, el fuerte de Manzanillo y por el suroeste, el de San Sabastián del Pastelillo, en la isla de Manga, eran también atacados por mar y tierra.
Cuando Vernon observó desde Punta Perico que sus buques estaban recibiendo el fuego de Getsemarní y San Sebastián del Pastelillo, envió un correo a dar la señal de que los navíos debían retroceder.
Esto irritó a sus generales, que esperaban un mayor apoyo de la artillería naval, sin la cual, a su juicio, sería imposible la torna de la plaza. Sin embargo, los ingleses habían distraído mucha tropa en atacar demasiados frentes a la vez, en lugar de concentrarla en reducir el San Felipe.
Vernon había cometido el más importante error de la guerra que siempre la gana no quien más aciertos tenga, sino quien menos errores cometa.
Al mediodía los españoles hicieron toque de oración y el fuego se suspendió en la ladera del San Felipe…
Los ingleses volvieron a admirarse de aquella otra escena surrealista. Hombres con las caras cubiertas de sudor, tierra y pólvora, aprovechaban el respiro para frotarse los ojos, secarse el sudor y poner la rodilla en tierra y rezar el Ángelus.
Sólo se dejó oír el rumor de los cañonazos que en la distancia se aban apagando. El frente había quedado sobrecogido por un silencio.
Tras la oración, el clarín de la guerra tocó de nuevo. El fuego de ambos bandos volvió a devorar a los hombres. Pero el ataque comenzó a perder fuerza y contundencia. Los ingleses echaron otros cuatrocientos hombres frescos al combate para recuperar el empuje del asalto. Todo fue en vano; el calor del mediodía estaba en pleno vigor y un sol de justicia comenzaba a haber mella en los atacantes.
Tres mil doscientos hombres habían sido,finalmente, detenidos por ochocientos cincuenta hambrientos, pero valientes soldados españoles neogranadinos.
En las trincheras arreciaba el combate cuerpo a cuerpo y los soldados hacían uso de bayonetas, dagas y pistolas. La superioridad numérica del enemigo, no obstante, amenazaba desbordar las filas españolas.
La línea de combate estaba detenida a los pies de la muralla. Las trincheras habían sido rebasadas en algunos puntos y las casacas rojas y azules se entremezclaban, exhaustas, sobre las trincheras.
Es justo este momento, cuando Blas de Lezo ordena a Desnaux lanzar a los últimos trescientos hombres que servían los cañones.
Silenciada por la historiografía británica, la justicia histórica está recuperando en nuestros días la figura de BLAS DE LEZO, a quien sus contemporáneos apodaron “medio hombre”, ya que era tuerto, manco y cojo.
La carga fue de un empuje terrible.
El ejemplo fue imitado por el resto del ejército defensor, que comenzó a proferir gritos de victoria y muerte a los herejes; los primeros cuatrocientos ingleses de la fuerza de choque comenzaron a retroceder, primero con asombro, luego con pánico y en desorden.
Pronto, esto contagió a los demás asaltantes, que detuvieron, estupefactos, el ascenso, mientras otros retrocedían queriéndose poner a salvo.
Una gigantesca brecha se abrió en las filas enemigas, que no podía ser reparada: a los ingleses les flaqueaba el ánimo.
Los españoles persiguieron a las tropas inglesas que, presas del pánico, corrían hacia abajo, los unos rodando, los otros tropezando y cayendo y los otros, con la punta de la bayoneta rascándoles las costillas.
Los que caían eran traspasados en el suelo; los que eran alcanzados, emitían un grito de dolor y rodaban a tierra; los que no, huían despavoridos, soltando las armas para correr más rápido.
Otros se arrodillaban y pedían clemencia, entregando las dagas.
Los españoles y criollos no daban tregua.
Persiguiron a los ingleses hasta La Popa, donde quedaban sólo artilleros, y de donde el enemigo también huyó despavorido. La compañía de Granaderos fue rescatada de un seguro aniquilamiento.
Los ingleses no pudieron evacuar mucha tropa que, arrinconada contra el mar, soltaba las armas y se rendían. Muchos se tiraron al agua, pero los barcos de Vernon estaban muy distantes para auxiliarlos.
Sus baterías cayeron, finalmente, en poder de los españoles y la bandera de los ejércitos reales volvió a ondear flamígera en el mástil de la popa; Lezo ordenó a sus unidades que desde el Cerro entonaran los toques de guerra y se le rindieran honores militares a la bandera.
Cartagena, por primera vez desde la invasión, respiraba con alivio, mientras los prisioneros eran conducidos a filo de bayoneta hacia el interior del fuerte.
El sitio había durado sesenta y siete angustiosos días.
EL SALDO DEL COMBATE
Las bajas totales de los ingleses, por enfermedades y combates, habían sido descomunales:cerca de seis mil muertos, de los cuales dos mi quinientos habían sido causados en la lucha y tres mil quinientos por el “vómito negro” y “fiebres carceleras”; los combates les causaron siete mil quinientos heridos, de los cuales muchos murieron en el trayecto a Jamaica.
En Cartagena había sucumbido la flor y nata de la oficialidad imperial británica. También habían perdido seis navíos de tres puentes, trece de dos y cuatro fragatas, además de veintisiete transportes , y en que los sobrevivientes tuvieron que ser apiñados, unos contra otros, porque no cupieron en las embarcaciones.
Igualmente destruidos o caídos en poder de los defensores había unos mil quinientos cañones, innumerables morteros, tiendas, palas, picos, equipos y pertrechos de todo tipo.
Esto supuso una grave pérdida para la flota de guerra de la armada británica que había, prácticamente, quedado desmantelada por España.
Los españoles perdieron ochocientos soldados, entres neogranadinos y peninsulares, y tenían mil doscientos heridos en los hospitales de la plaza; además, perdieron seis barcos de guerra y varias embarcaciones menores; también sufrieron la destrucción de todos los fuertes, aunque menos lesionado había salido el castillo San Felipe de Barajas.
La ciudad y sus fortificaciones, castillos, baterías, fuertes y trincheras, habían recibido el impacto de veintiocho mil cañonazos y ocho mil bombas.
Éstos, a su vez, habían disparado nueve mil quinientos tiros de cañón de todo calibre mientras duró el sitio.
INGLATERRA OCULTA SU DERROTA.
Se prohibió escribir partes oficiales sobre la batalla contra Cartagena. Con la estrella inglesa rumbo a su cénit, era inapropiado que un acontecimiento de éstos pudiera hacerle sombra.
También ocultó las monedas y medallas dispuestas para la victoria; enterró en el olvido su desmantelada armada, y no le adelantó ningún juicio de responsabilidades a su derrotado almirante.
España, en cambio, olvidó a Lezo, y lo destituyó del mando de la plaza por intrigas del virrey Eslava; con él enterró en el olvido aquellas jornadas gloriosas en las que este marino, manco, tuerto y cojo, dio buena cuenta de otra Armada Invencible.
La derrota fue la mayor humillación que nación alguna hubiese sufrido, particularmente por la superioridad de las fuerzas y las celebraciones anticipadas de la victoria, aunque cuando se murió Vernon, se le enterró en el panteón de los héroes nacionales, la Abadía de Westminster, con una falaz leyenda que en su tumba rezaba: Sometió a Changres y en Cartagena conquistó hasta donde la fuerza naval pudo llevar la victoria.
NOTA BIOGRÁFICA de DON BLAS DE LEZO
Para los nacionalistas peneuveros y demás cofrades de la secta de Polikarpo, este vasco, además de que no tienen ni idea de que existió, sería un "traidor" por guerrear a favor de España. Y, quizá en su interpretación característica, también dirán que quedó en el olvido porque los "españoles odian a los vascos". Es triste que este tipo de gentes no hayan salido aún del mundo de la fantasía histórica y de la hechicería religiosa. Mentes que ni los habitantes del siglo IX llegaban a tan cerradas.
COSTA UROLA

pasaitarra,chapeldun
El ejército invasor inglés, comandado por el almirante Edward Vernon, lo constituían veintitrés mil seiscientos soldados, entre ellos dos mil setecientos hombres de las colonias norteamericanas, comandadas por Lawrence Washington, hermano del futuro libertador de los Estados Unidos, y tres mil piezas de artillería.
Las posesiones españolas estaban defendidas por dos mil ochocientos hombres y seis navíos.
Inglaterra estaba tan segura de su victoria que mandó acuñar monedas celebrando el triunfo en las que se leía "La arrogancia española humillada por el almirante Velmon y Los héroes británicos tomaron Cartagena, abril 1, 1741"; en ellas aparecía el almirante recibiendo la espada de Blas de Lezo, quien, arrodillado, la entregaba a su conquistador.
El virrey Eslava, jefe político y militar del Virreinato, tenía la confianza de que el almirante Torres habría de venir en auxilio de Cartagena, pues su flota estaba anclada en La Habana a la espera de la señal de que el inglés atacaría.
El plan de defensa contemplaba un ataque de Torres por la espalda de Vernon empeñado en el sitio de la plaza. Pero Torres nunca llegó en su auxilio, quizás porque se cansó de esperar un ataque que no llegaba, o porque el buque de aviso fue capturado por los ingleses.
Estas fallidas esperanzas enfrentaron al vasco Blas de Lezo y al virrey sobre la estrategia de la defensa y, al final, el virrey tuvo que reconocer que se había equivocado, no sin antes restituir el mando a Lezo, quien había sido injustamente destituido.
Sin embargo, el odio contra el general Lezo continuó hasta el punto de que Eslava dio malos informes suyos al rey de España, Felipe V, quien quiso hacerle un juicio de responsabilidades.
Este comunicado llegó demasiado tarde, pues Lezo ya había muerto de enfermedades contraídas por la peste que azotó la ciudad salvada por su mano.
El hecho es que el 20 de marzo toda la escuadra enemiga se dirigió contra Bocachica, la boca de entrada a la bahía de CARTAGENA.
Ocho navíos de guerra bombardearon los fuertes, desde la batería de Chamba, hasta la de San Felipe y Santiago y ellos mismos recibían el feroz castigo de los bravos de España.
Durante tres horas y media fue vomitado sobre ellos un fuego mortífero, que, hacia las dos y media de la tarde, obligó a su defensor, el capitán de Batallones de Marina, Don Lorenzo de Alderete, a retirarse al castillo San Luis, frente a tan graves pérdidas de hombres.
Quedaban desmanteladas las tres baterías en las que apoyaba la defensa del San Luis, por tierra y mar, y abiertas las playas para un desembarco.
Quinientos once hombres se apiñaron en el San Luis a defenderlo.
El asalto y bombardeo del enemigo continuó durante ocho días con sus noches. La situción del Castillo se tornaba desesperada, ya que éste no resistiría los fuegos cruzados de tierra y mar, y cualquier brecha abierta implicaría el intento de una toma por las fuerzas de asalto.
Cuatro navíos con 280 cañones comenzaron a bombardear a los navíos españoles impunemente porque ya la artillería del Castillo no era nutrida ni efectiva. La "Galicia" prendió fuego dos veces.
Al castillo San Luis se le había derrumbado toda la muralla desde el ángulo de tierra hasta el ángulo de mar, presentando una brecha de tal envergadura que ya el enemigo podía cargar por tierra, lo cual hizo a bayoneta calada. Eran demasiados y se tuvo que tocar retirada.
TODA LA NOCHE LAS FRAGATAS Y LAS BOMBARDAS APOYARON EL DESEMBARCO ENEMIGO. A LA MADRUGADA SIGUIENTE EL CASTIGO ARTILLERO NO HABÍA CESADO.
El virrey Eslava ordenó echar a pique El Dragón y El Conquistador, los dos últimos buques que le quedaban a Lezo, en un intento por impedir la navegación hacia el interior de la bahía.
Esto volvió a enfrentar a Lezo y al virrey. Todo fue en vano, porque Vernon desembarcó a las puertas mismas de la ciudad, dispuesto a asediar al castillo San Felipe, el más poderoso baluarte de España en América.
A las nueve y cuarenta y cinco de la mañana del 13 de abril comenzó el bombardeo sobre la ciudad amurallada, mientras otra escuadra asediaba, simultáneamente, al fuerte Manzanillo. Las bombas habían caído por primera vez sobre la Heroica.
Ese mismo día desembarcaron mil quinientos hombres dispuestos a consolidar una cabeza de playa desde la cual se aprestarían a lanzar una ofensiva general contra el castillo San Felipe.
Los británicos también desembarcaron en la isla de Manga y emplazaron morteros para batir el Fuerte desde su orilla, separada por el Caño de Gracia.
Toda la noche las fragatas y las bombardas apoyaron el desembarco enemigo. A la madrugada siguiente el castigo artillero no había cesado y ya tres mil hombres se hacían fuertes en el Playón.
Cuando el almirante Vernon ordenó bombardear el castillo de San Felipe, poderoso baluarte de los españoles atrincherados tras sus murallas, Lezo dispuso una defensa numantina que se prolongó durante varias semanas. El saldo, favorable a los españoles, se cerró con cerca de SEIS MIL caídos ingleses.
El enemigo entró en Gabala y la Quinta, asegurando el área mientras los españoles retrocedían hasta el Playón de San Lázaro.
Una compañía de Granaderos, diezmada, había quedado totalmente aislada del cuerpo de ejército que defendía el San Felipe.
En el Playón se atrincheraron como pudieron, mientras eran cercados totalmente por el enemigo que no daba tregua.
Todas la noche prosiguió el bombardeo, mientras las tropas británicas avanzaban, imparables, hacia el cerro de La Popa.
El 17 caía el convento de La Popa y la bandera británica comenzaba a ondear en él. La situación no podía ser más sombría para la Ciudad Heroica.
Estaban a menos de un kilómetro de San Felipe y en terreno elevado, a las puertas mismas del burgo. La ciudad amurallada estaba al borde del colapso y sólo había que apoderarse del castillo y comenzar a batirla desde allí.
Sólo un milagro salvaría el Fuerte; con él, a Cartagena de Indias, y con Cartagena, el imperio español.
El Castillo se encuentra en dirección sereste de la ciudad amurallada en las inmediaciones del arrabal de Getsemaní, situado a menos de un kilómetro de la villa.
Varias ideas del general decidieron la suerte de las armas españolas. En primer lugar, la excavación de un foso alrededor de la muralla del castillo con el propósito de que las escaleras de asalto de los ingleses no alcanzasen a coronar la cima.
La segunda, la excavación de trincheras en la ladera sureste del cerro donde se asentaba el Castillo.
Era una larga y zigzagueante trinchera en forma de zeta que descendía por la ladera y que permitía cubrir varios flancos.
Lezo había decidido batirse con los ingleses en el campo y no permitir que lo asediaran dentro de los muros, ni que la artillería castigara las murallas.
La tercera idea de Lezo fue despachar dos soldados españoles a las filas enemigas a actuar como desertores; su misión era desviar el grueso del ejército hacia la cortina oriental del fuerte bajo el engaño de que por allí la escalada de la muralla sería más fácil.
Fue así como quedó montada y creída la trampa más inverosímil en la historia de la guerra.
Los supuestos desertores se aprestaron a conducir a los ingleses en la oscuridad hacia la ladera oriental, donde, según habían explicado al alto mando inglés, había un punto por donde escalar.
Finalmente los ingleses acordaron atacar al castillo San Felipe por los cuatro costados.
El jueves 20 de abril, a las 3:45 de la madrugada las primeras avanzadas enemigas se aproximaron al Cerro por la parte que mira hacia la quebrada del Cabrero. El aire estancado de la madrugada llevaba el olor pestilente de los cadáveres insepultos.
En las primeras horas la avanzada del sur fue mantenida a raya. Oleada tras oleada de ingleses marchaba incontenible.
Los cañones de La Popa bramaban. Siete horas después de iniciados los primeros combates, dos mil ochocientos hombres avanzaban en plena formación por el sur, el oeste y el norte; los del este, en cambio, tenían serias dificultades para reagruparse dado el nutrido fuego que recibían en la trampa tendida.
A pesar de esto, comenzaron a tender las escaleras, pero resultaron muy cortas por el foso que habían cavado los españoles, faltándoles dos metros para coronar la altura; en esas circunstancias era imposible sobrepasar el empinado obstáculo.
Se dio la orden de retirada y las escaleras fueron abandonadas sobre la muralla, con sus patas dentro del foso abierto. El ataque por el este había fracasado.
Ante el fracaso inglés de sus ataques por los costados, se decidió concentrar el combate en un solo flanco. Sin embargo, el avance de los ingleses por la ladera era lento y costoso en hombres, pues el zigzag de la trinchera presentaba múltiples flancos de defensa que cogía a los atacantes entre varios fuegos.
Por el sur, el fuerte de Manzanillo y por el suroeste, el de San Sabastián del Pastelillo, en la isla de Manga, eran también atacados por mar y tierra.
Cuando Vernon observó desde Punta Perico que sus buques estaban recibiendo el fuego de Getsemarní y San Sebastián del Pastelillo, envió un correo a dar la señal de que los navíos debían retroceder.
Esto irritó a sus generales, que esperaban un mayor apoyo de la artillería naval, sin la cual, a su juicio, sería imposible la torna de la plaza. Sin embargo, los ingleses habían distraído mucha tropa en atacar demasiados frentes a la vez, en lugar de concentrarla en reducir el San Felipe.
Vernon había cometido el más importante error de la guerra que siempre la gana no quien más aciertos tenga, sino quien menos errores cometa.
Al mediodía los españoles hicieron toque de oración y el fuego se suspendió en la ladera del San Felipe…
Los ingleses volvieron a admirarse de aquella otra escena surrealista. Hombres con las caras cubiertas de sudor, tierra y pólvora, aprovechaban el respiro para frotarse los ojos, secarse el sudor y poner la rodilla en tierra y rezar el Ángelus.
Sólo se dejó oír el rumor de los cañonazos que en la distancia se aban apagando. El frente había quedado sobrecogido por un silencio.
Tras la oración, el clarín de la guerra tocó de nuevo. El fuego de ambos bandos volvió a devorar a los hombres. Pero el ataque comenzó a perder fuerza y contundencia. Los ingleses echaron otros cuatrocientos hombres frescos al combate para recuperar el empuje del asalto. Todo fue en vano; el calor del mediodía estaba en pleno vigor y un sol de justicia comenzaba a haber mella en los atacantes.
Tres mil doscientos hombres habían sido,finalmente, detenidos por ochocientos cincuenta hambrientos, pero valientes soldados españoles neogranadinos.
En las trincheras arreciaba el combate cuerpo a cuerpo y los soldados hacían uso de bayonetas, dagas y pistolas. La superioridad numérica del enemigo, no obstante, amenazaba desbordar las filas españolas.
La línea de combate estaba detenida a los pies de la muralla. Las trincheras habían sido rebasadas en algunos puntos y las casacas rojas y azules se entremezclaban, exhaustas, sobre las trincheras.
Es justo este momento, cuando Blas de Lezo ordena a Desnaux lanzar a los últimos trescientos hombres que servían los cañones.
Silenciada por la historiografía británica, la justicia histórica está recuperando en nuestros días la figura de BLAS DE LEZO, a quien sus contemporáneos apodaron “medio hombre”, ya que era tuerto, manco y cojo.
La carga fue de un empuje terrible.
El ejemplo fue imitado por el resto del ejército defensor, que comenzó a proferir gritos de victoria y muerte a los herejes; los primeros cuatrocientos ingleses de la fuerza de choque comenzaron a retroceder, primero con asombro, luego con pánico y en desorden.
Pronto, esto contagió a los demás asaltantes, que detuvieron, estupefactos, el ascenso, mientras otros retrocedían queriéndose poner a salvo.
Una gigantesca brecha se abrió en las filas enemigas, que no podía ser reparada: a los ingleses les flaqueaba el ánimo.
Los españoles persiguieron a las tropas inglesas que, presas del pánico, corrían hacia abajo, los unos rodando, los otros tropezando y cayendo y los otros, con la punta de la bayoneta rascándoles las costillas.
Los que caían eran traspasados en el suelo; los que eran alcanzados, emitían un grito de dolor y rodaban a tierra; los que no, huían despavoridos, soltando las armas para correr más rápido.
Otros se arrodillaban y pedían clemencia, entregando las dagas.
Los españoles y criollos no daban tregua.
Persiguiron a los ingleses hasta La Popa, donde quedaban sólo artilleros, y de donde el enemigo también huyó despavorido. La compañía de Granaderos fue rescatada de un seguro aniquilamiento.
Los ingleses no pudieron evacuar mucha tropa que, arrinconada contra el mar, soltaba las armas y se rendían. Muchos se tiraron al agua, pero los barcos de Vernon estaban muy distantes para auxiliarlos.
Sus baterías cayeron, finalmente, en poder de los españoles y la bandera de los ejércitos reales volvió a ondear flamígera en el mástil de la popa; Lezo ordenó a sus unidades que desde el Cerro entonaran los toques de guerra y se le rindieran honores militares a la bandera.
Cartagena, por primera vez desde la invasión, respiraba con alivio, mientras los prisioneros eran conducidos a filo de bayoneta hacia el interior del fuerte.
El sitio había durado sesenta y siete angustiosos días.
Las bajas totales de los ingleses, por enfermedades y combates, habían sido descomunales:cerca de seis mil muertos, de los cuales dos mi quinientos habían sido causados en la lucha y tres mil quinientos por el “vómito negro” y “fiebres carceleras”; los combates les causaron siete mil quinientos heridos, de los cuales muchos murieron en el trayecto a Jamaica.
En Cartagena había sucumbido la flor y nata de la oficialidad imperial británica. También habían perdido seis navíos de tres puentes, trece de dos y cuatro fragatas, además de veintisiete transportes , y en que los sobrevivientes tuvieron que ser apiñados, unos contra otros, porque no cupieron en las embarcaciones.
Igualmente destruidos o caídos en poder de los defensores había unos mil quinientos cañones, innumerables morteros, tiendas, palas, picos, equipos y pertrechos de todo tipo.
Esto supuso una grave pérdida para la flota de guerra de la armada británica que había, prácticamente, quedado desmantelada por España.
Los españoles perdieron ochocientos soldados, entres neogranadinos y peninsulares, y tenían mil doscientos heridos en los hospitales de la plaza; además, perdieron seis barcos de guerra y varias embarcaciones menores; también sufrieron la destrucción de todos los fuertes, aunque menos lesionado había salido el castillo San Felipe de Barajas.
La ciudad y sus fortificaciones, castillos, baterías, fuertes y trincheras, habían recibido el impacto de veintiocho mil cañonazos y ocho mil bombas.
Éstos, a su vez, habían disparado nueve mil quinientos tiros de cañón de todo calibre mientras duró el sitio.
Se prohibió escribir partes oficiales sobre la batalla contra Cartagena. Con la estrella inglesa rumbo a su cénit, era inapropiado que un acontecimiento de éstos pudiera hacerle sombra.
También ocultó las monedas y medallas dispuestas para la victoria; enterró en el olvido su desmantelada armada, y no le adelantó ningún juicio de responsabilidades a su derrotado almirante.
España, en cambio, olvidó a Lezo, y lo destituyó del mando de la plaza por intrigas del virrey Eslava; con él enterró en el olvido aquellas jornadas gloriosas en las que este marino, manco, tuerto y cojo, dio buena cuenta de otra Armada Invencible.
La derrota fue la mayor humillación que nación alguna hubiese sufrido, particularmente por la superioridad de las fuerzas y las celebraciones anticipadas de la victoria, aunque cuando se murió Vernon, se le enterró en el panteón de los héroes nacionales, la Abadía de Westminster, con una falaz leyenda que en su tumba rezaba: Sometió a Changres y en Cartagena conquistó hasta donde la fuerza naval pudo llevar la victoria.
Nació en Pasajes (Guipúzcoa). En 1701 ingresó como guardiamarina y en 1704, ya iniciada la Guerra de Sucesión española, entró en combate como tripulante de la escuadra francesa que se enfrentó a las fuerzas combinadas de Inglaterra y Holanda en batalla librada frente a Vélez Málaga y en la que perdió la pierna izquierda por una bala de cañon, mostrando en el terrible trance tal sangre fría que admiró al mismo Almirante.
Su intrepidez y serenidad en el combate fue premiado con el ascenso a alférez de navío y luego a teniente de navío.
Participó en la defensa del castillo de Santa Catalina en Tolón donde perdió el ojo izquierdo. Ostentó el mando de diversos convoyes que socorrían a Felipe V en Barcelona burlando la vigilancia inglesa.
En uno de ellos fue rodeado por fuerzas superiores, y apurado supo salir incendiando alguno de los buques que le seguían lo que rompío el círculo que le rodeaba.
En 1713 fue ascendido a Capitán de navío,y un año más tarde fue destinado al segundo sitio de Barcelona donde perdió el brazo derecho.
En esa época, y al mando de una fragata, hizo once presas a los británicos entre ellas la del emblemático Stanhope, buque bien armado y pertrechado.
Terminada la Guerra de Sucesión se le confió en 1723 el buque insignia Lanfranco y el mando de la Escuadra de los Mares del Sur, limpiando de piratas las costas del Pacífico y capturando doce naviós holandeses e ingleses.
Contrajo matrimonio en el Perú en 1725 y en 1730 regresó a España siendo ascendido a Jefe de la Escuadra Naval del Mediterraneo.
Se trasladó a la Republica de Genova para exigir el pago de los 2.000.000 de pesos pertenecientes a España retenidos en el Banco de San Jorge, y que en desagravio se hiciera un saludo excepcional a la bandera española so pena de bombardear la ciudad. Ante la enérgica actitud el Senado genovés cedió de inmediato.
En 1732 y a bordo del Santiago hizo una expedición a Orán comandando 54 buques y 30.000 hombres. Orán fue rendida pero Bay Hassan reunió de nuevo tropas y sitió la ciudad poniéndola en grave aprieto.
Lezo acudio en socorro con seis navios y 5.000 hombres logrando ahuyentar al pirata argelino tras reñida lucha. Persiguió su nave capitana de 60 cañones que se refugio en la bahia de Mostagán defendida por dos castillos y 4.000 moros.
Esto no arredró a Lezo, que entró tras la nave argelina despreciando el fuego de los fuertes incendiándola y causando además gran daño a los castillos.
Patrulló luego durante meses aquellos mares impidiendo que los argelinos recibieran refuerzos de Constantinopla hasta que una epidemia le forzó a regresar a Cadiz.
En 1734 el Rey premió sus servicios promoviéndolo a General de la Armada.
Para los nacionalistas peneuveros y demás cofrades de la secta de Polikarpo, este vasco, además de que no tienen ni idea de que existió, sería un "traidor" por guerrear a favor de España. Y, quizá en su interpretación característica, también dirán que quedó en el olvido porque los "españoles odian a los vascos". Es triste que este tipo de gentes no hayan salido aún del mundo de la fantasía histórica y de la hechicería religiosa. Mentes que ni los habitantes del siglo IX llegaban a tan cerradas.
COSTA UROLA

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sábado 17 de octubre de 2009
Las ciudades medievales
Fuera del recinto amurallado se extiende un dilatado término, llamado alfoz, en el que germinan agrupaciones menores, aldeas y villas que dependen económica, social y administrativamente de la ciudad.
Si analizamos los privilegios de las ciudades recién fundadas, el primero en importancia es siempre lograr "la paz de la ciudad", que sólo el rey o un delegado suyo pueden conceder. Investida de esta paz, la ciudad pasa a ser como un lugar santo, un santuario protegido por penas y multas especiales; los habitantes de la ciudad se encuentran con respecto al rey en una relación de protección semejante a la viuda o al huérfano; el mal que se les haga será como un agravio a la regia majestad.
Situación muy favorable en comparación a los habitantes que viven en las aldeas sometidas a los señores feudales o a los monjes.
Después, el siguiente privilegio, es el derecho de comerciar.
Los habitantes de la ciudad reciben licencia para celebrar un mercado a la semana, lo cual atrae a mercaderes forasteros, y se concede un salvoconducto a todos los extranjeros que acudan con sus mercancías a ferias o mercados. Esto genera tasas y portazgos.
Y en la ciudad se asientan asociaciones y gremios de mercaderes, muchos de ellos llegados de otros países, que permanecen allí por temporadas o que se instalan permanentemente amparándose en el pago de sus alcabalas.
Los gremios de COMERCIANTES y ARTESANOS (constructores, carpinteros, mercaderes de lanas, etc) son los que sacan a la sociedad medieval de su condición de siervos sometidos a algún preboste (condes, barones, priores de Monasterios, obispos), pues todos los campesinos y pobladores de aldeas eran siervos de ellos (la mayoría de los prebostes eran en toda Europa analfabetos y despóticos con derechos ilimitados sobre la población) y al unirse en gremios logran cartas del rey para depender directamente del mismo y por tanto de una administración civil, con burgomaestres elegidos entre los miembros de los gremios y fuera del alcance de las brutales atribuciones de los señores rurales (obispos, monjes y nobleza mediana).
En cada territorio, o zona con castillo o monasterio, los campesinos y comerciantes se veían obligados a pagar portazgos por circular por sus caminos o atravesar puentes sobre ríos, a lo largo de los años que transcurren entre el mil y el 1400.
La atracción de los pobladores se logra mediante la concesión de fueros, cartas de población o cartas de franquicia para los comerciantes.
Y se solían aceptar, indiscriminadamente, a cuantos quisieran repoblar, exigiendo como condición la de que establezcan en ella sus domicilios, al menos durante un año.
Los concejos tienen sus propias autoridades encargadas de ultimar la repoblación y de dirigir la vida económica y jurídica de los municipios; además de contar con sus propias milicias que actúan con independencia, al frente de las cuales está un tenente u otro jefe militar nombrado por el magnate ( Obispo o conde).
En los concejos más importantes se establecen sedes episcopales. Y si la ciudad es de mayor importancia, se convertirá en arzobispado.
Junto a las órdenes militares, son muchas las sedes episcopales que intervienen activamente en la repoblación.
El obispo es un magnate muy poderoso que ejerce su liderazgo espiritual y temporal sobre los fieles de su diócesis y que a la vez gobierna a un gran número de clérigos menores.
A pesar de ello, la administración de justicia siempre corría a cargo del juez y de los alcaldes, y no podía estar presente el obispo, para que los que habían de testificar no se sintieran constreñidos.
Los repobladores de estas ciudades eran de origen muy diverso. Además del personal llegado para asentarse en la plaza conquistada a los moros o de nueva fundación, subsistía la antigua población musulmana o judia y, aunque en las ciudades era menos importante, en algunos centros mantenían bajo su control el mercado.
Los miembros del clero católico gozaron de una preeminente situación de señorío o dominio sobre vidas y haciendas en la Edad Media. Se mantuvo el sentido de autoridad adquirido por la Iglesia en siglos anteriores y aun se acrecentó con la gran empresa de la Reconquista, por el especial fervor religioso que alentó las campañas guerreras y repobladoras.
La nobleza asumía principalmente la defensa armada de aquella sociedad que vivía en casi permanente estado de conflicto. Aunque también el estamento eclesiástico participaba en los "untos castrenses", y a veces muy activamente.
Los OBISPOS armaban huestes e iban a la guerra auxiliados por otros clérigos; organizaban en algunos casos la defensa de las ciudades e incluso ocupaban importantes cargos militares en los ejércitos.
Este tipo de poblaciones han funcionado en el País Vasco hasta el siglo XX, por culpa de los carlistas primero, y por imposición de los nacionalistas o calistones renovados.
Una de las localidades más significativas, en el sentido de su feudalismo viviente hasta 1845, es Oñate.
COSTA UROLA
ciudades,medievales
miércoles 14 de octubre de 2009
Areas cerebrales creativas
¿En qué área del cerebro reside la creatividad? En ninguna en concreto.
En los años 60 del pasado siglo, Sperry y Gazzaniga estudiaron a pacientes con epilepsia grave a los que se había separado ambos hemisferios cerebrales para evitar la propagación de los ataques.
Esto permitió estudiar la función de cada hemisferio cerebral de manera individual y comprobaron que el hemisferio derecho estaba más implicado en funciones creativas mientras que el izquierdo era más analítico, responsable de la mayoría de aspectos de la comunicación (lenguaje oral, escrito y corporal), de las capacidades matemáticas y de hilar los pensamientos.
El hemisferio derecho procesa imágenes, melodías, la expresión facial o la orientación del cuerpo en el espacio. De hecho, cuando se está inmerso en tareas creativas, se activan de manera preferente áreas del lado derecho del cerebro y pacientes con lesiones de esas regiones cerebrales pierden su talento creativo para la pintura, la poesía o la música.
Dice el neurólogo Gurutz Linazasoro, que no obstante, no todas las ideas que surgen del cerebro son innovadoras. Una idea creativa debe ser útil, relevante y efectiva y debe encajar en un contexto cultural determinado que dé sentido a lo creado.
Estos condicionantes los pone el hemisferio izquierdo, 'serio' y analítico, que controla las 'locuras' del derecho.
Es verdad que para componer una sinfonía, hay que saber música. Sin embargo, el pensamiento creativo no es sólo cuestión de aptitud y también se puede facilitar buscando las condiciones ideales: mantenga un espíritu curioso, motívese, sea un poco rebelde y vaya contra principios aceptados y relájese.
¡A crear e innovar que buena falta nos hace en tiempos de crisis! En especial para los políticos y concejales que tienen los dos hemisferios cerebrales completamente obstruídos con las sinsorgadas de Polikarpo, el mayor inventor de fantasías racistas.
Costa Urola

areas,cerebrales
En los años 60 del pasado siglo, Sperry y Gazzaniga estudiaron a pacientes con epilepsia grave a los que se había separado ambos hemisferios cerebrales para evitar la propagación de los ataques.
Esto permitió estudiar la función de cada hemisferio cerebral de manera individual y comprobaron que el hemisferio derecho estaba más implicado en funciones creativas mientras que el izquierdo era más analítico, responsable de la mayoría de aspectos de la comunicación (lenguaje oral, escrito y corporal), de las capacidades matemáticas y de hilar los pensamientos.
El hemisferio derecho procesa imágenes, melodías, la expresión facial o la orientación del cuerpo en el espacio. De hecho, cuando se está inmerso en tareas creativas, se activan de manera preferente áreas del lado derecho del cerebro y pacientes con lesiones de esas regiones cerebrales pierden su talento creativo para la pintura, la poesía o la música.
Dice el neurólogo Gurutz Linazasoro, que no obstante, no todas las ideas que surgen del cerebro son innovadoras. Una idea creativa debe ser útil, relevante y efectiva y debe encajar en un contexto cultural determinado que dé sentido a lo creado.
Estos condicionantes los pone el hemisferio izquierdo, 'serio' y analítico, que controla las 'locuras' del derecho.
Es verdad que para componer una sinfonía, hay que saber música. Sin embargo, el pensamiento creativo no es sólo cuestión de aptitud y también se puede facilitar buscando las condiciones ideales: mantenga un espíritu curioso, motívese, sea un poco rebelde y vaya contra principios aceptados y relájese.
¡A crear e innovar que buena falta nos hace en tiempos de crisis! En especial para los políticos y concejales que tienen los dos hemisferios cerebrales completamente obstruídos con las sinsorgadas de Polikarpo, el mayor inventor de fantasías racistas.
Costa Urola

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domingo 11 de octubre de 2009
Cuando habla Zarzallus, los peneuveros con el culo al aire
Volvió a hablar Arzallus, y lo hizo a su manera: a mandoblazos, o sea, repartiendo hostias. Rememorando sus tiempos jesuíticos. Que no se diga. Despertándonos del sopor veraniego al que nos someten PSOE y PP, ayer tan lejos, hoy tan cerca.
Menos mal que, de vez en cuando, reaparece el genuino bellotari para ponernos en nuestro sitio; para advertirnos que “el euskera está en peligro”, que eso del manifiesto por el castellano es un “follón indecente”; para recordarnos, en definitiva, que en España no somos iguales porque no podemos serlo; que tiene que haber superiores e inferiores, como hay maquetos y vascos.
Y no todos los vascos, faltaría más. Pues ya sabemos que para el nacionalista también entre los vascos hay distinción. Por un lado, los mestizos, los corrompidos de pensamiento español, por otro, los puros, los orgullosos del rh negativo, o sea, los que vienen siendo los buenos. Y los raros, que es de lo que se jacta ahora Arzallus: de que los vascos somos raros.
Yo - lo reconozco- esto de la rareza de los vascos, no acabo de comprenderlo muy bien. He leído a Baroja, he leído a Unamuno, y no me han parecido raros en absoluto. De hecho los tengo como referentes. Me precio también de ser vasco y de tener por amigos a un buen puñado de vascongados, y se me antojan todos tan normales como cualquier otro. Si acaso más valientes por aguantar a los sinsorgos boronos del PNV, sí, pero no raros.
Cierto es que en los círculos que frecuento no abundan los nacionalistas, mucho menos aberrianos -el alma de los Arzallus, Eguibar y demás ralea- y que a Sabino lo he leído lo justo y necesario para descojonarme en los momentos de tedio y mojarle de, cuando en cuando la oreja, a sus predicadores. Aparte de esto, poco más.
Pero ya que hablamos de rarezas, lo tengo que confesar: a mí Arzallus me pone. Cada vez que le veo, le escucho o le leo, me sube la bilirrubina. Es verdad que tenemos a Urcullu y a Ivarreche, e incluso al cuenta-cuentos de Korkoreka. Pero no es lo mismo.
A ellos, por ejemplo -ni siquiera este último- se les habría ocurrido decir que lo del Estado de Derecho no les va. Así, hala, tan abiertamente. Aunque lo piensen. Que lo piensan. A Arzallus, sí.
Tampoco se habrían atrevido a afirmar, como él, que bien pudieran haber sido etarras. No termino de verlos. Muy burgueses para tanto trajín. Aunque, tampoco veo al expresidente del PNV con el pasamontañas.
Que nos venga ahora con esas, tras toda una vida chupando del frasco presupuestario español y recogiendo nueces a la sombra del árbol de Guernica… Manda huevos. A buenas horas viene a proclamar sus aficiones de guerrillero-asesimo de monte.
Ya podía haberlo hecho antes, cuando vivía de la sopa política, y no ahora que goza de una suculenta pensión vitalicia, queremos creer que no en honor a los “servicios prestados a la patria”.
Pero así es nuestro bellotari.
Por eso no sorprende cuando afirma que los etarras, esos asesinos cuya valentía no trasciende del tiro en la nuca a bocajarro, o de la bomba lapa, manipulada a quinientos metros de distancia”, no son cobardes”. Ni cuando carece de empacho a la hora de añadir que ” viven mal y están acosados”.
Es lo de siempre: ruindad moral e hipocresía a partes iguales. Si Arzallus justifica a los etarras es porque le interesa. Ni más ni menos.
Sin ellos, a medio plazo, el PNV no tendría más remedio que cerrar el chiringuito; ese que montaron hace más de un siglo cuando a un demente desnortado se le ocurrió inventar un cuento para tontos ¿Pues qué son ETA y Batasuna, sino los tontos útiles del PNV?
¿Qué son, sino la porra bastarda, bien nutrida, por cierto, de castellanos acomplejados, tratando de ganar créditos de vasquismo? ¿Qué sería de Arzallus y del PNV sin ellos? ¿Quién les haría entonces el trabajo sucio?
Que no nos tomen al pelo. Ha tiempo ya que jeltzales y abertzales comparten cubiertos en la mesa. Si los del PNV no van más allá, si no terminan de echarse al monte es porque no se atreven; porque son unos pijos; porque viven a cuerpo de rey, y, sobre todo, porque ya tienen quien lo haga.
De ahí que para muchos no sean sino los mismos perros con distinto collar. Cuestión de criterios. Opinen ustedes.
Costa Urola
zarzallus,culoalaire
Menos mal que, de vez en cuando, reaparece el genuino bellotari para ponernos en nuestro sitio; para advertirnos que “el euskera está en peligro”, que eso del manifiesto por el castellano es un “follón indecente”; para recordarnos, en definitiva, que en España no somos iguales porque no podemos serlo; que tiene que haber superiores e inferiores, como hay maquetos y vascos.
Y no todos los vascos, faltaría más. Pues ya sabemos que para el nacionalista también entre los vascos hay distinción. Por un lado, los mestizos, los corrompidos de pensamiento español, por otro, los puros, los orgullosos del rh negativo, o sea, los que vienen siendo los buenos. Y los raros, que es de lo que se jacta ahora Arzallus: de que los vascos somos raros.
Yo - lo reconozco- esto de la rareza de los vascos, no acabo de comprenderlo muy bien. He leído a Baroja, he leído a Unamuno, y no me han parecido raros en absoluto. De hecho los tengo como referentes. Me precio también de ser vasco y de tener por amigos a un buen puñado de vascongados, y se me antojan todos tan normales como cualquier otro. Si acaso más valientes por aguantar a los sinsorgos boronos del PNV, sí, pero no raros.
Cierto es que en los círculos que frecuento no abundan los nacionalistas, mucho menos aberrianos -el alma de los Arzallus, Eguibar y demás ralea- y que a Sabino lo he leído lo justo y necesario para descojonarme en los momentos de tedio y mojarle de, cuando en cuando la oreja, a sus predicadores. Aparte de esto, poco más.
Pero ya que hablamos de rarezas, lo tengo que confesar: a mí Arzallus me pone. Cada vez que le veo, le escucho o le leo, me sube la bilirrubina. Es verdad que tenemos a Urcullu y a Ivarreche, e incluso al cuenta-cuentos de Korkoreka. Pero no es lo mismo.
A ellos, por ejemplo -ni siquiera este último- se les habría ocurrido decir que lo del Estado de Derecho no les va. Así, hala, tan abiertamente. Aunque lo piensen. Que lo piensan. A Arzallus, sí.
Tampoco se habrían atrevido a afirmar, como él, que bien pudieran haber sido etarras. No termino de verlos. Muy burgueses para tanto trajín. Aunque, tampoco veo al expresidente del PNV con el pasamontañas.
Que nos venga ahora con esas, tras toda una vida chupando del frasco presupuestario español y recogiendo nueces a la sombra del árbol de Guernica… Manda huevos. A buenas horas viene a proclamar sus aficiones de guerrillero-asesimo de monte.
Ya podía haberlo hecho antes, cuando vivía de la sopa política, y no ahora que goza de una suculenta pensión vitalicia, queremos creer que no en honor a los “servicios prestados a la patria”.
Pero así es nuestro bellotari.
Por eso no sorprende cuando afirma que los etarras, esos asesinos cuya valentía no trasciende del tiro en la nuca a bocajarro, o de la bomba lapa, manipulada a quinientos metros de distancia”, no son cobardes”. Ni cuando carece de empacho a la hora de añadir que ” viven mal y están acosados”.
Es lo de siempre: ruindad moral e hipocresía a partes iguales. Si Arzallus justifica a los etarras es porque le interesa. Ni más ni menos.
Sin ellos, a medio plazo, el PNV no tendría más remedio que cerrar el chiringuito; ese que montaron hace más de un siglo cuando a un demente desnortado se le ocurrió inventar un cuento para tontos ¿Pues qué son ETA y Batasuna, sino los tontos útiles del PNV?
¿Qué son, sino la porra bastarda, bien nutrida, por cierto, de castellanos acomplejados, tratando de ganar créditos de vasquismo? ¿Qué sería de Arzallus y del PNV sin ellos? ¿Quién les haría entonces el trabajo sucio?
Que no nos tomen al pelo. Ha tiempo ya que jeltzales y abertzales comparten cubiertos en la mesa. Si los del PNV no van más allá, si no terminan de echarse al monte es porque no se atreven; porque son unos pijos; porque viven a cuerpo de rey, y, sobre todo, porque ya tienen quien lo haga.
De ahí que para muchos no sean sino los mismos perros con distinto collar. Cuestión de criterios. Opinen ustedes.
Costa Urola
zarzallus,culoalaire
jueves 8 de octubre de 2009
Cuando Constantinopla se convirtió en ISTAMBUL
Según cuentan las crónicas de la época, el 6 de abril de 1453, entre redobles de tambores y toques de trompeta, el sultán Mehmet II se presentó al frente de una enorme hueste ante las murallas de Constantinopla y acampó frente a la puerta de San Romano.
Mehmet estaba decidido, y la prueba de su firmeza la dio cuando en un golpe de efecto tremendo para los sitiados, transportó por tierra, sobre plataformas rodantes, a unos setenta barcos de su flamante flota para acometer las defensas del Cuerno de Oro, hasta entonces cerradas desde el mar por una gruesa cadena.
El 23 de mayo en el cuartel general turco se resolvió la fecha del asalto general: el ataque a gran escala tendría lugar el martes 29 de mayo, al amanecer.
Los preparativos del mismo fueron encomendados por el sultán al omnipresente Zaganos.
Sin pérdida de tiempo, los soldados turcos se pusieron a bruñir sus escudos y los carpinteros, a preparar las escalas.
Mientras tanto, los grandes cañones seguían machacando las enormes murallas teodosianas, derribando grandes trozos de mampostería.
Llegado el día señalado, el sonido de los atabales, de los címbalos y de las trompetas hizo estallar el mundo. Unos 100.000 andrajosos bashi-bazouks arremetieron contra las fortificaciones pero fueron rechazados a saetazos y fuego griego.
El segundo asalto, realizado con tropas de línea, tampoco pudo hacer pie en lo alto de las almenas. Sólo cuando Mehmet mandó a los jenízaros en la tercera oleada, las defensas bizantinas flaquearon, titubearon y finalmente se desmoronaron.
En quince minutos, por lo menos 30.000 turcos penetraron en la gran ciudad cristiana y empezaron a matar a hombres, niños y mujeres sin distinción.
Por la tarde, después de 53 días de sangrienta lucha, Mehmet hizo su entrada triunfal, vitoreado frenéticamente por sus soldados.
En el camino de Santa Sofía hacia el palacio imperial, preguntó con insistencia por Constantino XI Paleólogo, último emperador romano de Oriente.
Constantino fue visto vivo por última vez luchando cuerpo a cuerpo cerca de la Puerta de San Román. La muerte del último emperador de los romanos es controvertida por la gran cantidad de versiones que se conservan sobre ella.
El emperador fue muerto luchando en una brecha de la muralla. Un jenízaro llamado Sarielles cortó su cabeza para llevarla ante el sultán. Arrojándola a sus pies, le dijo que era la cabeza de su peor enemigo, y Mehmet, para confirmarlo, llamó a algunos de sus prisioneros griegos. Cuando éstos hubieron reconocido la cabeza como la de Constantino, el sultán premió al jenízaro con enormes recompensas, la península de Anatolia entre otras.
Costa Urola
contantinopla,istambul
Mehmet estaba decidido, y la prueba de su firmeza la dio cuando en un golpe de efecto tremendo para los sitiados, transportó por tierra, sobre plataformas rodantes, a unos setenta barcos de su flamante flota para acometer las defensas del Cuerno de Oro, hasta entonces cerradas desde el mar por una gruesa cadena.
El 23 de mayo en el cuartel general turco se resolvió la fecha del asalto general: el ataque a gran escala tendría lugar el martes 29 de mayo, al amanecer.
Los preparativos del mismo fueron encomendados por el sultán al omnipresente Zaganos.
Sin pérdida de tiempo, los soldados turcos se pusieron a bruñir sus escudos y los carpinteros, a preparar las escalas.
Mientras tanto, los grandes cañones seguían machacando las enormes murallas teodosianas, derribando grandes trozos de mampostería.
Llegado el día señalado, el sonido de los atabales, de los címbalos y de las trompetas hizo estallar el mundo. Unos 100.000 andrajosos bashi-bazouks arremetieron contra las fortificaciones pero fueron rechazados a saetazos y fuego griego.
El segundo asalto, realizado con tropas de línea, tampoco pudo hacer pie en lo alto de las almenas. Sólo cuando Mehmet mandó a los jenízaros en la tercera oleada, las defensas bizantinas flaquearon, titubearon y finalmente se desmoronaron.
En quince minutos, por lo menos 30.000 turcos penetraron en la gran ciudad cristiana y empezaron a matar a hombres, niños y mujeres sin distinción.
Por la tarde, después de 53 días de sangrienta lucha, Mehmet hizo su entrada triunfal, vitoreado frenéticamente por sus soldados.
En el camino de Santa Sofía hacia el palacio imperial, preguntó con insistencia por Constantino XI Paleólogo, último emperador romano de Oriente.
Constantino fue visto vivo por última vez luchando cuerpo a cuerpo cerca de la Puerta de San Román. La muerte del último emperador de los romanos es controvertida por la gran cantidad de versiones que se conservan sobre ella.
El emperador fue muerto luchando en una brecha de la muralla. Un jenízaro llamado Sarielles cortó su cabeza para llevarla ante el sultán. Arrojándola a sus pies, le dijo que era la cabeza de su peor enemigo, y Mehmet, para confirmarlo, llamó a algunos de sus prisioneros griegos. Cuando éstos hubieron reconocido la cabeza como la de Constantino, el sultán premió al jenízaro con enormes recompensas, la península de Anatolia entre otras.
Costa Urola
contantinopla,istambul
martes 6 de octubre de 2009
La última de Greenpeace
Decía Ortega que la política es el imperio de la mentira. Ya, pero no es un imperio exclusivo de la política. En el deporte se ha impuesto la mentira.
En las escuelas, gracias a internet, aparecen nuevos intelectuales amamantados en Wikipedia o en otras ubres supletorias del esfuerzo, la comprensión intelectual y la honestidad.
Los periodistas se copian unos a otros. Pero lo de los catastrofistas del clima es mucho peor que todo eso.
Me refiero a la engañifa asquerosa de Greenpeace sobre el deshielo del Ártico. Y es que llega el mandamás ejecutivo de la ONG que recibe más dinero del mundo, y nos espeta en la misma cara que "no cree" que el hielo del Ártico esté completamente derretido en el año 2030 y que se ha debido producir "algún error".
Pero, por los clavos de Cristo, ¿qué es esto? ¿Es que puede acojonarse a medio planeta con los efectos de una ola derivada de tal deshielo y luego resultar que es mentira?
¿Y cuántas mentiras más habremos de soportar de estos vivales? ¿Recuerdan a anteriores dirigentes de Greenpeace, Bjorn Lomborg por ejemplo, renunciando a sus creencias por ser falsas, impropias y mendaces?
¿Estará ocurriendo lo mismo con la energía nuclear, con el calentamiento global, con los transgénicos?
La democracia es imposible sin la verdad. Lo demás es dictadura. La mentira es dictadura. Pero nadie dimite cuando miente. A nadie se le retiran los fondos públicos cuando se conoce y se reconoce que ha mentido.
Por Costa Urola
ultimamentira,greenpeace
En las escuelas, gracias a internet, aparecen nuevos intelectuales amamantados en Wikipedia o en otras ubres supletorias del esfuerzo, la comprensión intelectual y la honestidad.
Los periodistas se copian unos a otros. Pero lo de los catastrofistas del clima es mucho peor que todo eso.
Me refiero a la engañifa asquerosa de Greenpeace sobre el deshielo del Ártico. Y es que llega el mandamás ejecutivo de la ONG que recibe más dinero del mundo, y nos espeta en la misma cara que "no cree" que el hielo del Ártico esté completamente derretido en el año 2030 y que se ha debido producir "algún error".
Pero, por los clavos de Cristo, ¿qué es esto? ¿Es que puede acojonarse a medio planeta con los efectos de una ola derivada de tal deshielo y luego resultar que es mentira?
¿Y cuántas mentiras más habremos de soportar de estos vivales? ¿Recuerdan a anteriores dirigentes de Greenpeace, Bjorn Lomborg por ejemplo, renunciando a sus creencias por ser falsas, impropias y mendaces?
¿Estará ocurriendo lo mismo con la energía nuclear, con el calentamiento global, con los transgénicos?
La democracia es imposible sin la verdad. Lo demás es dictadura. La mentira es dictadura. Pero nadie dimite cuando miente. A nadie se le retiran los fondos públicos cuando se conoce y se reconoce que ha mentido.
Por Costa Urola
ultimamentira,greenpeace
Valle de los Caídos
Dice Jon Juaristi que el Valle de los Caídos no fue un símbolo de reconciliación ni un lugar de encuentro fraternal de los muertos de ambos bandos ni nada remotamente similar a un humilladero nacional erigido para escarmiento colectivo de la guerra civil, como se trató de vender en otros tiempos (y todavía hay quien lo intenta).
Lo levantó un espíritu de revancha, y no voy a meterme siquiera en la cuestión de si se recurrió al trabajo de esclavos o a paradójicos forzados voluntarios que redimían así sus penas, cobraban un sueldo y no se morían de hambre.
Es innegable que Cuelgamuros no fue Auschwitz ni el canal del Kolima. No rezuma maldad totalitaria, pero sí franquismo hipócrita, torpe y abusón.
Es el producto de una España de vencedores y vencidos sin voluntad alguna de olvido, de una paz inseparable del miedo, brutalmente hobbesiana, y, por supuesto, de una dictadura casposa.
El Valle de los Caídos es lo que es, y no hay quien lo cambie. Un caso desgraciado contra el que se estrellan los mejores propósitos, porque tiene un vicio de origen que asoma sobre cualquier tentativa de blanqueo, como las manchas resistentes.
Una gran chapuza.
Invocar hoy la conformidad de las familias de los muertos republicanos resulta indecente. Las familias de entonces no eran conjuntos homogéneos de vencedores y vencidos, sino mezclas de ambos por las que hablaban sólo los parientes franquistas, que protegían al grupo y daban en su nombre los consentimientos requeridos.
No cuestiono, claro está, la rectitud de intenciones de muchos de los que auspiciaron la acogida de los restos de sus antiguos enemigos en una necrópolis concebida sólo para los "mártires de la cruzada", aunque mentiría si negase que, en el caso concreto de Franco, sólo veo en tal gesto prepotencia y cinismo.
Para la Iglesia, acaso significaba aquello el comienzo de un trayecto penitencial hacia el reconocimiento de que la "cruzada" de marras había sido en realidad, con todos sus componentes religiosos y anticristianos, una trágica matanza fratricida.
Pero, al iniciarlo desde el Valle de los Caídos, obra de Franco que le legó su impronta indeleble, no podía evitar que se la percibiese todavía como la Iglesia triunfalista de la posguerra infinita.
Y es que no hay remedio. El lugar está gafado. Al anuncio, por el abad, de la definitiva despolitización de la basílica, han respondido de inmediato los diputados Herrera y Barkos, proponiendo que cada familia que lo desee se lleve su muerto republicano a casa para salvarlo de una compañía "hostil".
Qué majadería.
Pero cundirá, porque, lo mismo que hace cincuenta años, no faltan familias que se expresan hoy a través de sus miembros más interesados en que no decaiga el espíritu de guerra civil. Entonces se plegaban por amedrentamiento. Hoy, por estupidez o corrección política. La cosa es no dejar a los muertos en paz. Y a los vivos, mucho menos.
Costa Urola
valle,caidos
Lo levantó un espíritu de revancha, y no voy a meterme siquiera en la cuestión de si se recurrió al trabajo de esclavos o a paradójicos forzados voluntarios que redimían así sus penas, cobraban un sueldo y no se morían de hambre.
Es innegable que Cuelgamuros no fue Auschwitz ni el canal del Kolima. No rezuma maldad totalitaria, pero sí franquismo hipócrita, torpe y abusón.
Es el producto de una España de vencedores y vencidos sin voluntad alguna de olvido, de una paz inseparable del miedo, brutalmente hobbesiana, y, por supuesto, de una dictadura casposa.
El Valle de los Caídos es lo que es, y no hay quien lo cambie. Un caso desgraciado contra el que se estrellan los mejores propósitos, porque tiene un vicio de origen que asoma sobre cualquier tentativa de blanqueo, como las manchas resistentes.
Una gran chapuza.
Invocar hoy la conformidad de las familias de los muertos republicanos resulta indecente. Las familias de entonces no eran conjuntos homogéneos de vencedores y vencidos, sino mezclas de ambos por las que hablaban sólo los parientes franquistas, que protegían al grupo y daban en su nombre los consentimientos requeridos.
No cuestiono, claro está, la rectitud de intenciones de muchos de los que auspiciaron la acogida de los restos de sus antiguos enemigos en una necrópolis concebida sólo para los "mártires de la cruzada", aunque mentiría si negase que, en el caso concreto de Franco, sólo veo en tal gesto prepotencia y cinismo.
Para la Iglesia, acaso significaba aquello el comienzo de un trayecto penitencial hacia el reconocimiento de que la "cruzada" de marras había sido en realidad, con todos sus componentes religiosos y anticristianos, una trágica matanza fratricida.
Pero, al iniciarlo desde el Valle de los Caídos, obra de Franco que le legó su impronta indeleble, no podía evitar que se la percibiese todavía como la Iglesia triunfalista de la posguerra infinita.
Y es que no hay remedio. El lugar está gafado. Al anuncio, por el abad, de la definitiva despolitización de la basílica, han respondido de inmediato los diputados Herrera y Barkos, proponiendo que cada familia que lo desee se lleve su muerto republicano a casa para salvarlo de una compañía "hostil".
Qué majadería.
Pero cundirá, porque, lo mismo que hace cincuenta años, no faltan familias que se expresan hoy a través de sus miembros más interesados en que no decaiga el espíritu de guerra civil. Entonces se plegaban por amedrentamiento. Hoy, por estupidez o corrección política. La cosa es no dejar a los muertos en paz. Y a los vivos, mucho menos.
Costa Urola
valle,caidos
domingo 4 de octubre de 2009
América y los vascos
Vasca fue la nao capitana de Colón y vasco su armador y maestre de la flota: el cartógrafo Juan de la Cosa, quien con otros siete marineros de la misma nación figuró entre los que primero pisaron el Nuevo Mundo.A los nombres de esos precursores hay que agregar la infinidad de patronímicos vascongados que ilustran la historia y la geografía de la América española; nada más lógico, pues, que unas provincias de las que salieron un Garay, un Legazpi, un Urdaneta, un Zumárraga, un Elcano, un Ercilla y hasta, por haber de todo, un Lope de Aguirre, que por tan diversos caminos engrandecieron a España, diera con el tiempo los hombres que darían un nuevo nombre a esa España engrandecida.
Don Pío Baroja, un vasco que nunca tuvo pelos en la pluma, nos ha dejado en sus novelas, sobe todo en las del mar, hermosas relaciones de las proezas ultramarinas de sus paisanos en que lo español era el género y lo vascongado la especie.
La presencia vasca en Filipinas, por ejemplo, no se reduce a la fundación de Manila ni al tornaviaje del galeón de Acapulco, y a los nombres de Elcano, Legazpi y Urdaneta, añade Baroja, por boca del capitán Chimista, el del franciscano Melchor de Oyanguren, que fue el primero que hizo un estudio del tagalo comparado con otras lenguas; el de Lorenzo Ugalde, general guipuzcoano que luchó en el siglo XVII contra la Armada holandesa; el de Iñiguez de Carquizano, envenenado por un portugués cuando la expedición de Loaysa que le costó la vida a éste y a Elcano y en la que iba el joven Urdaneta; el de Francisco de Echeveste, general de las galeras de Filipinas y embajador del rey de España en Tonkín; el de Tomás de Endaya, constructor naval en Cavite; el de Francisco Esteíbar, que combatió por mar y tierra a chinos e ingleses en Filipinas en el siglo XVII; el de fray Miguel de Aozarasa, mártir en el Japón.
Estos frailes y estos soldados no agotan la nómina; a ellos hay que sumar los mercaderes, muy en especial los de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, estudiada por Ramón de Basterra en Los navíos de la Ilustración.
Esos navíos, fletados entre otros por el conde de Peñaflorida, padre de uno de los caballeritos de Azcoitia, llevan los libros y las ideas del Siglo de las Luces al Continente que en los dos siglos precedentes sus paisanos habían conquistado con la espada y evangelizado con la cruz.
Ese luminoso siglo no pudo empezar peor para los españoles, a los que nos dividieron en dos bandos dinásticos y, curiosamente, los vencidos del bando austríaco salieron mejor parados que los vencedores del bando borbónico.
Los catalanes se libraron de la maraña jurídica del reino de Aragón gracias al decreto de Nueva Planta, y tuvieron las manos libres para comerciar en América al amparo de los máximos cargos públicos a los que también, gracias a los Borbones, tenían por fin acceso.
En tiempos de Carlos III se traza el Camino Real a lo largo de California, y es un catalán, el capitán Gaspar de Portolá, quien descubre la bahía de San Francisco y funda la ciudad de su nombre, y un mallorquín, fray Junípero Serra, quien funda las beneméritas misiones.
Logran en cambio recuperar Menorca de manos de Gran Bretaña.
En cambio, vascos y andaluces, que habían luchado por el de Borbón, salieron descalabrados por los tratados de Utrecht, que a los unos quitaron Gibraltar y a los otros el monopolio de la captura de la ballena y el bacalao en Terranova y en el Atlántico Norte.
La Compañía Guipuzcoana nace para poner fin al contrabando holandés y ha de hacer frente al motín de Andresote, instigado por los holandeses de Curazao.
El bilbaíno José Luis Pinillos, vizcaíno de las Encartaciones, dice haber visto en el escudo del nuevo país independiente Saint Pierre-et-Miquelon la actual enseña de la región autónoma vascongada, la Ikurriña.
Esas islas, antiguas colonias francesas como su nombre indica, al erigirse en Estado debieron de tomar esa bandera del Museo del Ejército francés, en los Inválidos de París, donde yo la he visto con asombro ocupando todo el rellano de una escalinata y con la leyenda constantiniana In hoc signo vinces.
La bandera del Museo es la bandera del regimiento del duque de Berwick, el hijo bastardo de Jacobo II Estuardo y de Arabella Churchill que, derrotado por su tío carnal Marlborough en Irlanda, pasó al servicio de Luis XIV y se ilustró en la guerra de Sucesión española, donde ganó la decisiva batalla de Almansa en 1707 y tomó por asalto Barcelona en 1714.
Lo curioso es que, en otra guerra posterior, ésta entre Felipe V y su primo Luis XV, el duque de Berwick invadiera con sus irlandeses y su "ikurriña" las provincias vascongadas donde tomó por asalto Fuenterrabía.
Costa Urola
america,vascos
sábado 3 de octubre de 2009
Saqueos a las Hacienda Vascas

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua define a SAQUEAR como : "Apoderarse de todo o la mayor parte de aquello que hay o se guarda en algún sitio."
No es la primera vez que las Haciendas Forales vascas cobijan irregularidades sonadas.
En 2006 ya se destapó la corrupción en la Hacienda Foral de Vizcaya, que tenía más de un centenar de contribuyentes protegidos a los que no inspeccionaba. Del examen de la identidad de esas personas quedaba claro que estaban vinculadas al PNV y al nacionalismo.
Después de que la fiscalía se querellase contra el Subdirector de Inspección y Recaudación, Juan Ramón Ibarra, por dar trato de favor a un centenar de empresas, después de trapichear con el Athletic de Bilbao unos cuantos milloncejos ( de euros por supuesto, aquí si se defrauda se hace con clase) ahora se les ocurre decir a los peneuveros que son los mejores.
Según las investigaciones de la fiscal Teresa Gálvez, el Inspector Jefe de Hacienda Ibarra manipuló los ordenadores para impedir el acceso del resto de inspectores a un listado de 117 empresas y contribuyentes, vinculados al PNV.
La Hacienda vizcaína, como el resto de los organismos tributarios forales, opera con autonomía con respecto a la Agencia Estatal de la Administración Tributaria. Es la cuarta provincia que más impuestos recauda en el Estado. Más de 9.500 millones de euros en 2002, según el último informe de la Fundación de las Cajas de Ahorros.

La investigación realizada por la Fiscalía sobre el presunto fraude de la delegación de Hacienda de Irún ha dejado al descubierto una intrincada trama de empresas y bienes inmuebles, de los que los imputados se habrían servido para encubrir la ilícita procedencia del dinero que obtenían. Los beneficios obtenido con los pagos de contribuyentes con deudas tributarias, que iban a parar a sus cuentas privadas en lugar de a las arcas forales, les permitieron hacerse con un extenso patrimonio, según la Fiscalía.
José María Bravo, ex director de la oficina,
es titular de dos apartamentos en Marbella, una vivienda unifamiliar y un hotel en el valle del Jerte, en Extremadura; una plaza de aparcamiento en Ávila y dos locales comerciales en Irún. Además, figura como propietario de otras tres fincas rústicas en el Jerte y otras dos en Huesca; y aparece como socio o administrador en 16 entidades mercantiles; entre ellas, una correduría de Irún, una aseguradora y una inmobiliaria.
En varias de estas entidades, tiene como socios o copropietarios a su esposa, María Rosa Cobos; a la ex funcionaria de la sucursal que él regía Pilar Gracenea Echegoyen, y a Pedro María Atistrain Gabilondo.
Todos ellos se hallan imputados en las diligencias que se han incoado por la presunta estafa. La juez que investiga el caso ha decidido abrir un procedimiento penal contra los cuatro.
Desde 1995 y "cómo mínimo" hasta abril de 2004, los presuntos implicados constituyeron una trama a través de la que Bravo, valiéndose de su cargo, recabó los nombres de numerosas personas, entidades y empresas que habían contraído deudas con el fisco,para rebajarselas a la cuarta parte e ingresar esa cuantía en su propia cuenta personal.
Relacionado con los hermanos Bravo (uno Director de la Hacienda Guipuzcoana y además senador por el PNV, y el otro subdelegado de la Oficina recaudatoria en Irún) nos encontramos con el suceso del INCENDIO de la Torre ERROTABURU (sede de las oficinas de Hacienda) en donde aparecieron dos muertos por bala, y la destrucción de los archivos más importantes y secretos de la Hacienda Foral.
La cuestión es que el dicho incendio y los dos asesinatos se oscurecieron hasta el punto de que a fecha actual nada se sabe del tema, ni si se investigó ni si hubo resultado alguno en las investigaciones en el caso de que se llevaran a cabo.
Por COSTA UROLA
< saqueos,haciendasvascas
viernes 2 de octubre de 2009
Fuera, para siempre, El Tribunal Constitucional

Sucede cada vez que el politizado Tribunal CONSTITUCIONAL suelta sus resoluciones políticas. Ya empezó y dejó ver la patita cuando sentenció lo RUMASA.
Pero los daños de esta divergencia de criterios de las dos máximas instancias judiciales son incalculables. Por lo pronto, una candidatura que reconoce acoger con gusto el voto abertzale puede presentarse legalmente a las elecciones europeas, abriendo la posibilidad de otro simpatizante de sus tesis en el Parlamento de Estrasburgo.
Muy bonito. Europa incluye a ETA y su entorno entre las organizaciones terroristas, y España se lo devuelve convertido en eurodiputados. Está visto que seguimos siendo diferentes. O, simplemente, duros de mollera.
¡Menuda garantía para los procesados españoles! Pues, si la máxima autoridad procesal puede equivocarse, ¿no puede equivocarse también la máxima autoridad constitucional?, se preguntará el ciudadano de a pie.
Con lo que la desconfianza hacia la Justicia no hará más que crecer. En otras palabras: el daño que esos dos tribunales han hecho a la Justicia española con sus sentencias opuestas no puede ser mayor.
Pero la culpa no es suya. Es de nuestro marco legal. Que los juristas discrepen no es raro, ni malo. Lo malo es cuando esa discrepancia ocurre al máximo nivel, aquél que se supone definitivo.
¿Solución?
Hacer una sola instancia máxima. Los Estados Unidos no necesitan dos tribunales supremos para demostrar que son una democracia porque lo son. Con uno les basta, que es a la vez última instancia e intérprete de la Constitución.
España, en cambio, de escasa andadura democrática y que encima ha pasado un largo periodo sin ella, ha creído oportuno establecer dos últimas instancias procesales, como garantía de los derechos ciudadanos. Y lo que ha hecho ha sido sembrar la duda sobre tales garantías.
Es una de las cosas que convendría corregir en nuestro ordenamiento constitucional antes de que se convierta, como el resto del país, en un caos. Pero mucho me temo que no se haga, ya que lo único que importa a los políticos es ganar las próximas elecciones. El país, que lo parta un rayo.
Y los ROPONES jugando a políticos y a "hacer carrera" a cuenta del Gobieno de turno.
fuera,tribunalconstitucional
jueves 1 de octubre de 2009
De cómo se invento la Ikurriña o bandera de Vasconia


Habían merendado en casa de D. Ángel Zabala Tremoya-Ozámiz, Sabino de Arana, el anfitrión y otro amigo. Trataban de temas concernientes al nacionalismo que estaban poniendo en marcha. Zabala preguntó: " ¿Cómo será nuestra bandera?".
En la sala había una litografía que representaba un buque británico. Sabino tomó una caja de lápices de colores y sobre el pabellón del buque pintó los colores rojo, blanco y verde. "Esta será nuestra bandera". Sabino Arana era un admirador del pueblo británico (hasta el punto que se opuso al alzamiento irlandés contra los ingleses) y por eso plagió descaradamente su bandera. El cuadro en cuestión existía todavía hace unos quince años en casa de D. Aingeru Zabala, nieto de D. Ángel.
Había que justificar la bandera adoptada y los signos de que se componía. La fértil imaginación de Sabino de Arana recurrió a la INEXISTENTE e inventada batalla de ARRIGORRIAGA.
No importa que no exista ningún documento histórico que la mencione.
Sabino de Arana, después de un alambicado razonamiento en que dio brillantes pruebas de su poder de FABULACIÓN, fijó su fecha: el día de San Andrés del año 808.
Téngase en cuenta que en esa fecha el Norte de España era territorio franco bajo el rey franco Ludovico Pío de Toulouse y que sus habitantes no estaban en lucha contra nadie porque eran tribus que vivian aisladas y sometidas a jefes francos, pues incluso el primer rey de Pamplona,_ Iñigo Arista -año 840-,era hijo de francos y mora.
Así justificó la inclusión de la Cruz de dicho Apóstol en su inventada bandera. Para la cruz blanca no necesitó inventar nada. Ya figuraba en algunas representaciones adulteradas del escudo del Señorío de Vizcaya. Adulteradas porque, como demostró el historiador carlista Labayru, dicha cruz la introdujeron algunos copistas sin que correspondiera al auténtico escudo.
El mismo nombre de "ikurriña" es otro producto de la imaginación de Sabino.
"Arresoaren bandera, ai, nolakoa ote da?" ( «¿Cómo será la bandera de los de Areso ?» ) , cantaban o cantan los de Leiza para burlarse de los de su vecino pueblo.
En el himno de San Ignacio se dice: "Inazio or dago, beti erne dago bandera zabalik ..." ( «Ahí estás Ignacio, firme con la bandera desplegada»).
A Sabino no le iban las palabras que tienen sonido español, a pesar de que él sabía muy poco del idioma vascuence. Recurrió al verbo IRAKURRI (leer).
Se imaginó que estaba formado por las raíces ira e ikurri, interpretando que "leer" equivalía a "dar significado". De ello dedujo o imaginó que en vascuence existió el verbo ikurri, "significar".
De ahí a la palabra ikurriña, "lo que hace significar", no había más que un paso.
El fallo estaba en que irakurri también significa "vendimiar". No es el vascuence el único idioma en que "leer" y "vendimiar" vienen significados por la misma palabra. Lo mismo ocurre en latín y en alemán. (Legere y lesen). Parece ser que latinos, germanos y vascones encontraron cierta relación entre la recolección de la uva y la lectura.
No comprendemos cómo nadie se ha dado cuenta, o al menos se lo callan, que en la configuración de la ikurriña se han vulnerado las normas de la heráldica que prohiben el color sobre color y metal sobre metal. Aparece la cruz verde de San Andrés sobre un campo rojo (gules).
La bandera que más se asemeja a la ikurriña es la de la MARINA IMPERIAL RUSA.
En campo rojo (gules) tiene una cruz de San Jorge de plata (blanca) y otra de San Andrés azul. Pero, para respetar las reglas de la heráldica, esta última está sobre otra cruz de plata. Así se evita el azul sobre rojo. Para cumplir las normas de la heráldica, debería ser modificada la ikurriña de modo que entre la cruz verde de San Andrés se interpusiera otra blanca, como la rusa.
Sabino pensó su bandera para Vizcaya. Su partido la adoptó como propia. En 1931 Luís de Arana Goiri, hermano de Sabino, protestó cuando los nacionalistas proponían su ikurriña como bandera de todos los vascos. Dijo que ellos la habían concebido como bandera de Vizcaya y que para Guipúzcoa y Alava (las otras dos provincias vascongadas) había que inventar otra.
Y, ya ven, señores, merced a la dictadura habida de más de treinta años del partido nacionalista vasco, PNV, las masas creen que esta "bandera" data poco menos de cuando el tercer milenio antes de Cristo.
Y por esa pantochada de señoritos bilbainos aburridos estamos hoy sometidos al régimen de terror de Eta, hija de Sabino Arana y sus fantasías, en tierras de vascos.
Territorio que siempre destacó, hasta 1960, unicamente por la laboriosidad de sus gentes. Y que nadie crea que debajo hay problemas sociales o reivindicativos a favor de los obreros, porque precisamente los portadores de la Ikurriña son más conservadores y religiosos que el propio Papa Benedicto XVI.
COSTA UROLA
invento,ikurriña,euskadi
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