viernes, 4 de diciembre de 2009

Lo último en el Timo del Cambio de Clima


Los "científicos" del clima se niegan a ofrecer sus datos de tomas de temperatura y el código empleado para obtener sus alarmantes resultados.

Llevamos más de una década haciendo ciencia y política basada en una confianza irracional y extrema en la competencia y honestidad de quienes ahora se han revelado como activistas de su teoría alarmista sobre el calentamiento global.

Deberíamos haber reaccionado cuando se negaron a ofrecer sus datos a científicos como McIntyre, pero los medios compraron la idea de que no se podía permitir poner los resultados en duda mediante una auditoría de los estudios alarmistas.

A algunos nos llamaron "enemigos de la ciencia". No deja de ser irónico que se descubra ahora que quienes sí merecen esa clasificación son los otrora sacrosantos Mann, Jones, Briffa, Osborn y Rahmstorf. Y quienes les han hecho la cobertura mediática.

La única vía para que la climatología se recupere de este golpe y podamos volver a confiar en ella la ha indicado Eric S. Raymond. No debe permitirse la publicación de más estudios climáticos que no presenten los datos y código fuente de los algoritmos que producen sus resultados.

El IPCC  ( el organismo de la ONU) no debe incluir en sus páginas ningún estudio que no cumpla estos requisitos. Antes de la era de internet podía tener lógica que no se publicara todo por falta de espacio. Hoy ya no.

El secretismo es enemigo de la calidad. Un pequeño y endogámico grupo de climatólogos nos lo ha dejado claro.

También sería recomendable, como indicó en su día Michael Chrichton, que se impidiera que los mismos que deciden cómo recoger los datos, los recojan; que quienes recogen los datos sean quienes los analicen.

No estamos hablando de ciencia pura, ahí aislada en su torre de marfil, practicada por individuos altruistas que se sitúan más allá de las consecuencias de sus investigaciones.

La climatología es hoy una seudo-ciencia activista, muchos de cuyos integrantes quieren demostrar una tesis digan lo que digan los datos.

Pero no se hará nada. Hay demasiados intereses en juego. Posiblemente ni siquiera se consiga que los medios acojan con algo de escepticismo la enésima fecha en que se derretirá el Ártico.

Ahora el único científico serio sobre el tema, McIntyre, ha demostrado que todos esos calentologos tremendistas han engañado al Mundo con datos falsos y manipulados.
Y la Prensa que les hacía caso, como El País y El Mundo en España, acaban de caer del guindo.

Lo del calentamiento global era un plan izquierdista muy organizado para impedir que en el Tecer Mundo se instalen industrias que les permitan levantar cabeza.

COSTA UROLA




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