A él le pareció que sólo había pasado una hora, pero, cuando volvió al cenobio para desayunarse, se encontró con que lo había desamortizado Mendizábal y ya no servían churros.
La leyenda en cuestión es una de las numerosas variantes de un arquetipo medieval muy difundido, que aparece también en las cantigas de Alfonso el Sabio, y estudió a fondo el erudito polígrafo gallego Figueira Valverde.
A Leire Pajín, salvando las distancias, le pasó algo parecido con el éxtasis. Que flipó de lo lindo y se salió de la procesión de los tiempos, como Nostradamus.
Tanto viaje, sola o en compañía de Moratinos, acabó por despellejarle los cables.
Una malvada teoría californiana de los años de la contracultura sostenía que, a los monjes medievales, los hacía propensos a las visiones extáticas el consumo habitual de pan de centeno afectado por el cornezuelo, un hongo que contenía ácido lisérgico.
Trola pura, como pueden atestiguar los millones de españoles que no comieron otra cosa a lo largo de la posguerra, sin que produjeran otros visionarios que la exigua minoría de escritores adeptos al realismo socialista.
Pero a saber qué porquerías de tapas habrá andado probando la hoy flamante senadora autonómica durante sus correrías por el Cuarto Mundo como cooperante mayor del reino. Lo mínimo, criadillas de mono gramático a la margarina de mandioca, sobre lecho de cannabis deconstruido.
Así que a quién le extraña que se levantara un día con aquello de he tenido un sueño, atentos todos al acontecimiento planetario. Y ahora viene Obama con la rebaja.
COSTA UROLA
leire pajin abad virila


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada