lunes 30 de noviembre de 2009

Políticos en España : casta despreciable


En las encuestas públicas y privadas se enciende el farolillo rojo para los políticos. Ocupan airosamente el último lugar de la credibilidad.

El desprecio de la opinión pública hacia ellos empieza a resultar alarmante. Se extiende la idea general de que los políticos, en proporción creciente, no se dedican a atender al bien común sino al medro personal, a la colocación de sus parientes y amiguetes, a las prebendas, los cohechos, las corrupciones y las martingalas.

Los profesionales de la cosa pública pasan por sus cargos en el poder y en la oposición sin otro objetivo que forrarse el hígado y enriquecerse. La España política se está convirtiendo en un patio de monipodio en el que se trafica abiertamente con las influencias entre la burla de la opinión pública que asiste menos divertida que cabreada al cachondeo general.

El espectáculo no se ha podido descarnar más durante este verano que se ha acabado ya entre los ardores del calor y la vagancia de los políticos.

Los ciudadanos pagan las vacaciones a cuerpo de rey del presidente del Gobierno, enseñoreado de un palacio canario y rodeado de un séquito de servidores, escoltas, secretarios, doncellas, cocineros, jardineros y choferes que para sí lo quisieran esos reyezuelos dictadores de los países árabes, según los datos publicados por Daniel Forcada y Federico Quevedo en un libro de lectura obligada: El negocio del poder.

Así viven los políticos con nuestro dinero. Pero los ciudadanos medios pagan también una parte de las vacaciones de los políticos en la oposición puesto que las subvenciones estatales suponen en algunos casos el 90% de lo que ingresan los partidos políticos.

Para ellos no hay crisis. Ningún partido ha reducido como han hecho las empresas sus puestos de trabajo, sus presupuestos, sus gastos generales. A vivir de los impuestos que con tanta satisfacción pagan los ciudadanos.

A chupar del bote con voracidad insaciable. A dotarse, a costa de los pardillos que tributamos, de todas las ventajas, todas las prebendas, las más varias comodidades. Total: pagan los ciudadanos y si se necesitara dinero adicional para mantener la suntuosidad la cosa no puede ser más fácil: se suben los impuestos.

Basta oír las intervenciones de los oyentes en las emisoras de radio y en los Blogs para comprobar el hartazgo que produce a los ciudadanos el estercolero político en el que vivimos.

COSTA UROLA



1 comentarios:

  1. ...y bien dices..., vivimos en un estercolero político!.

    Lo peor de todo es que muchos somos víctimas de lo que pretenden hacernos creer y, la pena es que ni ellos mismos se creén sus propios engaños.


    Un abrazo.

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