La coincidencia general entre los servicios secretos de todo el mundo es que Bin Laden y sus lugartenientes se encuentran en las zonas tribales pakistaníes, quizá en Waziristán del Sur o Baluchistán.
Ocho años tras su pista no han dado ningún fruto y ni siquiera han impedido al líder de Al Qaeda seguir enviando mensajes a sus seguidores. Su aura mítica no ha hecho más que aumentar entre muchos musulmanes, que ven en su gran escapada una merecida burla al poder estadounidense.
No hay que ser un cínico ni creer en conspiraciones para ver dónde podría estar la razón de Pakistán en querer mantener a Bin Laden en libertad: la presencia de los terroristas más buscados en su territorio ha servido a Islamabad para extraer paquetes de ayuda militar a EEUU y mantener un poder negociador que disminuiría o desaparecería si de repente no hubiera más sospechosos que cazar en su territorio.
La prensa estadounidense asegura que incluso los colaboradores de Clinton se quedaron sorprendidos de que la secretaria de estado dijera al fin lo que todo el mundo piensa en EEUU, pero nadie se atrevía a mencionar. "Rompiendo el silencio de América sobre Pakistán", titulaba el 'Wall Street Journal 'en un editorial lleno de elogios. Lo que dijo fue que Pakistan NO QUIERE DETENER A BEN LADEN.
Quizá para compensar la brusquedad de sus comentarios, la secretaria de Estado recordó que los propios americanos cargan con mucha de la responsabilidad de que Bin Laden no esté muerto o entre rejas.
Era 2001, los talibán habían sido derrocados en Afganistán y el terrorista saudí y sus cómplices se encontraban rodeados en las montañas de Tora Bora. Agentes de la CIA decidieron pagar a muyahidines locales para que dieran caza a su enemigo número uno, eludiendo arriesgar bajas propias e ignorando ese viejo dicho local que asegura que no es posible comprar a un afgano. Ahora bien, alquilarlo.
Los líderes de Al Qaeda se limitaron a pagar más dinero que los americanos y los guerrilleros les hicieron el pasillo hasta la frontera pakistaní, donde al parecer Bin Laden sigue encontrando la protección de las tribus locales.
Unos y otros, pakistaníes y americanos, por motivos diferentes, han demostrado cómo no atrapar al fugitivo más buscado y escurridizo del mundo.
COSTA UROLA
modo benladen


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