martes, 6 de octubre de 2009

Valle de los Caídos


Dice Jon Juaristi que el Valle de los Caídos no fue un símbolo de reconciliación ni un lugar de encuentro fraternal de los muertos de ambos bandos ni nada remotamente similar a un humilladero nacional erigido para escarmiento colectivo de la guerra civil, como se trató de vender en otros tiempos (y todavía hay quien lo intenta).

Lo levantó un espíritu de revancha, y no voy a meterme siquiera en la cuestión de si se recurrió al trabajo de esclavos o a paradójicos forzados voluntarios que redimían así sus penas, cobraban un sueldo y no se morían de hambre.

Es innegable que Cuelgamuros no fue Auschwitz ni el canal del Kolima. No rezuma maldad totalitaria, pero sí franquismo hipócrita, torpe y abusón.

Es el producto de una España de vencedores y vencidos sin voluntad alguna de olvido, de una paz inseparable del miedo, brutalmente hobbesiana, y, por supuesto, de una dictadura casposa.

El Valle de los Caídos es lo que es, y no hay quien lo cambie. Un caso desgraciado contra el que se estrellan los mejores propósitos, porque tiene un vicio de origen que asoma sobre cualquier tentativa de blanqueo, como las manchas resistentes.

Una gran chapuza.

Invocar hoy la conformidad de las familias de los muertos republicanos resulta indecente. Las familias de entonces no eran conjuntos homogéneos de vencedores y vencidos, sino mezclas de ambos por las que hablaban sólo los parientes franquistas, que protegían al grupo y daban en su nombre los consentimientos requeridos.

No cuestiono, claro está, la rectitud de intenciones de muchos de los que auspiciaron la acogida de los restos de sus antiguos enemigos en una necrópolis concebida sólo para los "mártires de la cruzada", aunque mentiría si negase que, en el caso concreto de Franco, sólo veo en tal gesto prepotencia y cinismo.

Para la Iglesia, acaso significaba aquello el comienzo de un trayecto penitencial hacia el reconocimiento de que la "cruzada" de marras había sido en realidad, con todos sus componentes religiosos y anticristianos, una trágica matanza fratricida.

Pero, al iniciarlo desde el Valle de los Caídos, obra de Franco que le legó su impronta indeleble, no podía evitar que se la percibiese todavía como la Iglesia triunfalista de la posguerra infinita.

Y es que no hay remedio. El lugar está gafado. Al anuncio, por el abad, de la definitiva despolitización de la basílica, han respondido de inmediato los diputados Herrera y Barkos, proponiendo que cada familia que lo desee se lleve su muerto republicano a casa para salvarlo de una compañía "hostil".

Qué majadería.

Pero cundirá, porque, lo mismo que hace cincuenta años, no faltan familias que se expresan hoy a través de sus miembros más interesados en que no decaiga el espíritu de guerra civil. Entonces se plegaban por amedrentamiento. Hoy, por estupidez o corrección política. La cosa es no dejar a los muertos en paz. Y a los vivos, mucho menos.

Costa Urola

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3 comentarios:

  1. Javier, todos los dictadores han dejado o han intentado dejar sus obras "faraonicas" para su recuerdo y para que no se les olvidara. El Valle de los Caidos, es la firma de 40 años de dictadura, que nadie (los que aun se benefician de ella) quiere dejar atras; si fuesemos una sociedad realmente moderna, franco no seria ya más que un capitulo más de la larga y extensa Historia de nuestro país.

    Pero es curioso como este pequeño (en todas las acepciones), ocupa más páginas en los libros de Historia, que el Cid, los Reyes Catolicos, Felipe II o Carlos V; y todo por la mania de que siga vivo en nuestro recuerdo.

    El mausoleo, esta y ahi se quedara, al igual que las piramides en egipto o la gran muralla en China (no las comparo que salimos perdiendo). Los trasnochados del régimen, que muchos son jovenzuelos estupidos, seguiran visitando aquello como adoración a un dictador y los republicanos, reclamando no se sabe muy bien que, y esta ecuación que da, todos son gilipollas, por darle más imortancia de la que tiene a un monton de piedras.

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  2. Firmo tu comentario de la A a la Z.

    Ya no debiera de acordarse de Franquito ni sus nietos, pero la izquierda y los nacionalistas impiden que se le olvide porque lo usan como chantaje hacia no se sabe quién.
    Los falangistas que había a su muerte se pasaron todos al Psoe, y los PNV se han pasado 30 años COPIANDO sus métodos en todo.

    Como dices, ese mausoleo a sí mismo que se construyó debiera de estar cubierto de hierbajos medio escondido de toda ruta de turismo.

    Franco desapareció, como también el General Primo de Rivera y Fernando VII. Pues, ahí se acaba el tema.

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  3. El programa de reportajes de TVE, Repor emite la próxima semana los reportajes “Lo que queda de Franco” y “Salir del gallinero”.

    “Lo que queda de Franco”: Se cumplen ya más de 30 años de la muerte de Franco y aunque haya ya 2 generaciones que no han conocido la España de la dictadura, la sombra del Generalísimo y su simbología aún perdura. De hecho, en las pasadas elecciones más de 50 mil personas dieron su voto a partidos nostálgicos del antiguo régimen.
    El partido Acción Juvenil Española es uno de ellos aunque su líder considera “que la democracia es para tontos”. Cada año convoca un acto por los caídos en las ruinas de Belchite y las proclamas a Franco y a Cristo Rey son coreadas por una legión de simpatizantes, algunos son viejos falangistas, pero sorprendentemente hay muchos jóvenes que aunque nacieron en democracia ensalzan la figura del dictador.
    Lo mismo ocurre en el acto que se celebró en Barcelona el 12 de octubre pasado donde la nostalgia al franquismo se mezclaba con mensajes xenófobos contra los inmigrantes.
    En el otro lado hay personas que siguen luchando para que el gobierno elimine completamente la simbología franquista. Por ejemplo en calles que siguen llevando nombres de militares golpistas, viejos escudos que aún cuelgan de edificios oficiales y especialmente que se aclare el futuro que debe tener el Monumento al Valle de los Caídos y sobre todo, que se devuelva a sus familiares los restos de los presos republicanos enterrados ahí a espaldas de los suyos.

    “Lo que queda de Franco” se emite el próximo martes 17 de noviembre en La 1 de TVE (00.30 horas). También se podrá ver on-line en la página web del programa: http://www.rtve.es/television/repor

    Saludos cordiales

    Equipo Repor

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