En los años 60 del pasado siglo, Sperry y Gazzaniga estudiaron a pacientes con epilepsia grave a los que se había separado ambos hemisferios cerebrales para evitar la propagación de los ataques.
Esto permitió estudiar la función de cada hemisferio cerebral de manera individual y comprobaron que el hemisferio derecho estaba más implicado en funciones creativas mientras que el izquierdo era más analítico, responsable de la mayoría de aspectos de la comunicación (lenguaje oral, escrito y corporal), de las capacidades matemáticas y de hilar los pensamientos.
El hemisferio derecho procesa imágenes, melodías, la expresión facial o la orientación del cuerpo en el espacio. De hecho, cuando se está inmerso en tareas creativas, se activan de manera preferente áreas del lado derecho del cerebro y pacientes con lesiones de esas regiones cerebrales pierden su talento creativo para la pintura, la poesía o la música.
Dice el neurólogo Gurutz Linazasoro, que no obstante, no todas las ideas que surgen del cerebro son innovadoras. Una idea creativa debe ser útil, relevante y efectiva y debe encajar en un contexto cultural determinado que dé sentido a lo creado.
Estos condicionantes los pone el hemisferio izquierdo, 'serio' y analítico, que controla las 'locuras' del derecho.
Es verdad que para componer una sinfonía, hay que saber música. Sin embargo, el pensamiento creativo no es sólo cuestión de aptitud y también se puede facilitar buscando las condiciones ideales: mantenga un espíritu curioso, motívese, sea un poco rebelde y vaya contra principios aceptados y relájese.
¡A crear e innovar que buena falta nos hace en tiempos de crisis! En especial para los políticos y concejales que tienen los dos hemisferios cerebrales completamente obstruídos con las sinsorgadas de Polikarpo, el mayor inventor de fantasías racistas.
Costa Urola

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