lunes, 15 de junio de 2009

Los idiomas catalán y vasco en la DICTADURA

En un texto ministerial de 1943, dirigido a la educación de los niños en el ardor religioso y patrio, se podía leer:

"Escuchad bien esto y para siempre, niños españoles: ¡El que de vosotros olvide su lengua española a la cambie por otra dejará de ser español y cristiano! ¡Por traición contra España y pecado contra Dios! ¡Y tendrá que escapar de España! ¡Y cuando muera, su alma traidora irá al infierno!."

¿Excepcional y sin paralelo, esta descomunal idiotez? Lejos de ello, es una fiel IMAGEN de las soflamas que el nacionalismo vasco lleva medio siglo esparciendo sobre su lengua nacional.
Son Sabino y sus continuadores tan españoles que hasta personifican con ejemplar perfección las viejas taras de iluminación y fanatismo religioso con las que, lamentablemente, fueron acusados los españoles en siglos anteriores.

¡Qué buen ministro de Cultura franquista habría podido ser Sabino!

Estas medidas fueron agriamente protestadas por importantes figuras del bando franquista ya desde antes del fin de la guerra.

Muy conocido fue el caso de Dionisio Ridruejo, Jefe Nacional de Propaganda, quien se encontró con la prohibición de difundir los manifiestos y folletos en catalán que había preparado —junto al futuro eminente historiador y académico Martín de Riquer— para la entrada en Barcelona a principios de 1939.

Y nada menos que el Jefe Nacional de Falange a la muerte de José Antonio, Manuel Hedilla, condenó en un discurso pronunciado en diciembre de 1936 la actitud de sectores de su bando sobre Cataluña y el País Vasco:

"Hay personas en nuestra retaguardia que no encuentran trabajo mejor que hacer por la patria si no es sembrar odio contra Cataluña y las provincias vascongadas. Y, cada vez que revolviendo sucios fondos y viejas cuentas han logrado su propósito, quedan satisfechos como si hubieran logrado una gran acción".

Como se ve hasta los más "fundamentalistas" del Régimen eran reacios a ir contra el catalán y el eusquera, aunque hubo mucho intento de prohibirlos por parte de algunos.

El franquismo se dedicó, fundamentalmente en los primeros y exaltados años del régimen, a llevar a efecto una política de represión lingüística que en unos casos provoca la indignación y en otros la burla.

Pero no toda esta política fue dirigida contra el vascuence o el catalán, sino que en muchos casos las principales destinatarias fueror lenguas extranjeras.

De este modo los rótulos y carteles comerciales tuvieron que sustituir los términos extranjeros (Royal, Restaurant) por términos castellanos, y otras medidas que entran de lleno en la ridiculez.

Y ya más tardíamente, es muy conocido el caso de la prohibición de que Joan Manuel Serrat participase en el Festival de Eurovisión de 1968 cantando en catalán, ante lo que fue sustituido por Massiel.


Una vez alcanzada una relativa normalidad, si bien se siguió utilizando el castellano camo lengua administrativa general, como es de sentido común y acaece en cualquier otro país plurilingüe, la utilización de las lenguas no castellanas alcanzó un grado que los eternos victimistas del nacionalismo NUNCA QUERRÁN RECONOCER.

Empezando por Cataluña, desde las primeras años 40 se reanudó la edición de libros en catalán, en un principio fomentada por las instituciones eclesiásticas y pronto extendida a cientas de títulos.

Por ejemplo, las abras completas de todas y cada uno de los literatos de la Renaixença (Verdaguer, Costa i Llobera, Rusiñal, Maragall, Oller, Vilanova, Guimerá, etc.) se editaran repetidamente desde 1943, así camo las de numerosas autores coetáneos (Sagarra, López Picó, Guerau de Liost, Riber, etc.).

De esos mismos años data la recuperación de la representación de obras de teatro en catalán. En 1959 se comenzó a editar en Montserrat la revista en catalán Serra d’Or.

La Enciclopedia Catalana comenzó a publicarse en 1970. La edición de revistas de todo tipo en catalán fue generalizada, así como la institución de premias literarios en dicha lengua, reanudados en 1947, coma el Joanot Martoreli.

Se pueden calcular en unos tres mil los libros en catalán editados entre 1940 y 1965, disparándase progresivamente la cantidad en años posteriores: Albert Balcells anota 200 nuevos títulos en 1952, más de 400 en 1966 y 548 en 1967 .

Quien quiso aprender catalán —o cualquier otra lengua regional— pudo acudir a las academias que a ello se dedicaban, como el Centro de Información Católica Femenina desde 1953.

Y, evidentemente, el uso generalizado de la lengua catalana por los catalanes no pudo provocar otro resultado que una espontánea y progresiva normalización.

A pesar de ello, pervivió la fobia hacia la lengua catalana en algunos altos cargos del régimen. Muy conocido fue el caso de Luis Martínez de GALINSOGA, director de La Vanguardia, principal diario de Cataluña.

El domingo 21 de junio de 1959 protestó airadamente en la sacristía de la parroquia de Sant Ildefons de Barcelona porque el sermón se estaba haciendo en catalán. Aunque le explicaron que el resto de las misas se celebraban en castellano, estando completamente autorizado hacerlo también en catalán, Galinsoga salió de la iglesia enfurecido, y dijo: "catalanes de mierda."

Como consecuencia de este hecho se organizó una campaña ciudadana de protesta contra Galinsoga —en la que se distinguió Jordi Pujol, futuro presidente de la Generalitat— dándose muchos barceloneses de baja de La Vanguardia, rechazando ejemplares en los quioscos y retirando la publicidad.

Al cabo de seis meses Galinsoga fue cesada por el Gobierno coma director del diario.

En cuanto al vascuence, la situación fue igual. Las ediciones de literatura en vascuence se cuentan por miles, y desde fechas tan tempranas como 1941.

Por ejemplo, en 1952 se fundó la editorial Kuliska Itzaropena, dedicada a libros en vascuence. En 1961 se fundó la editorial Auspoa, dedicada asimismo a revitalizar la lengua.

En vascuence publicaron durante el régimen franquista multitud de cancioneros y recopilaciones de leyendas, cuentos y novelas.

Desde 1961 existió un curso de vascuence por correspondencia, en discos, de la CCC. Desde los años 60 se celebró la Feria del Libro y Disco Vascos. También en pleno franquismo (1948) editaba la Diputación guipuzcoana la revista literaria en vascuence Egan, que sería utilizada por numerosos escritores nacionalistas.

Y la editorial Lur dedicada a promover la literatura moderna en vascuence, empezó a funcionar a finales de los 60.

ESTORNÉS LASA fundó la Editorial Auñamendi a su regreso a España en 1958.

En 1968 publicó el primer volumen de su monumental Enciclopedia General Ilustrada del País Vasco, que lleva ya publicados más de 60 volúmenes. La editorial Auñamendi está dedicada a la publicación y difusión de obras de tema vasco, escritas en castellano, eusquera o en ambas lenguas.

En 1968 nació en Vizcaya "Euskeraz" grupo en el que participaban personas de ideología varia en vascuence. Se cuentan por cientos los estudios de lingüística, ortografía y sintaxis del vascuence, de historia de la literatura vascuence, de orígenes y geografía histórica del vascuence, de diccionarios, etc.

Las ikastolas estaban subvencionadas por el Ministerio de Educación Nacional desde finales de los 60.
Véase un NODO de la época franquista sobre cultura vasca, y que nada tiene que ver con lo que dicen los tergiversadores :

Por Costa Urola

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