martes, 16 de junio de 2009

LA BOINA VASCA


Muchas similitudes se han querido encontrar entre la boina vasca y los tocados escoceses, flamencos e italianos, sin embargo, en comparación con estos otros gorros, la boina era chata, ancha, sin visera y con la sección vertical que la circunda doblada hacia adentro, jamás hacia fuera. Y como rasgo de identificación más significativo, la boina llevaba siempre en el centro una rabito o "chertena".

Su uso también denotaba el origen de quien la llevaba. El vasco apenas introduce la boina en su cabeza, mientras que en otras latitudes se la calaban hasta las orejas. Según la buena maña del usuario, podía inclinar la boina hacia atrás, hacia delante, hacia la izquierda o hacia la derecha.

Los menos mañosos se ponían la boina con las dos manos, mientras que los resueltos se la colocaban con una sola mano, de un golpe, dándole siempre un vuelo delantero.

Toda moda, por sencilla que sea, precisa ciertas habilidades.

Independientemente de los orígenes de la boina, ésta se convirtió en un signo de identidad de los vascos. Para algunos autores, se puede decir que desde el siglo XVI la boina era el cubrecabezas nacional vasco, si bien, hubo que esperar a las Guerras Carlistas para que esta prenda se generalizase por todo el País de los Vascos.

En cuanto a este punto, también hay algunas discrepancias. Mientras que unos hacen referencia a que hasta la segunda guerra carlista los batallones liberales no adoptaron la boina para no ser menos que las tropas carlistas, a quienes se les ha señalado como introductores del uso de la boina en el País Vasco, para otros la realidad fue bien distinta.

En este caso, Unamuno dice que la boina se introdujo del Mediodía de Francia, a principios de la guerra civil carlista de los siete años, hacia 1833, y que la introdujeron los llamados chapelgorris o gorros rojos, cuerpos volantes cristinos, es decir, liberales.
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Por lo tanto, en palabras de Unamuno la boina, que llegó a ser para muchos distintivo del carlismo, fue introducida por tropas liberales y siempre usada, en ambas guerras carlistas, por tropas liberales también.

En este punto, hay que recordar que tradicionalmente se había llamado txapelgorris a los miqueletes en la guerras carlistas y que fue su jefe Zumalacárregui quien la hizo famosa.

Según la iconografía tradicional, la boina del general era ancha, blanca y con una borla que le caía sobre la sien. Sin embargo, otros autores como Bereciartúa nos recuerdan que la boina de este jefe carlista no era blanca sino roja, a pesar de que los carlistas guipuzcoanos de las líneas de San Sebastián la llevaron sin teñir hasta que tuvo lugar la batalla de Oriamendi. Según este investigador, es frecuente esta equivocación puesto que algunos autores no se explican que la boina blanca diferenciase a los liberales de los carlistas en una época en la que indistintamente se portaban boinas azules y negras.

De este modo, se pueden encontrar retratos de importantes dirigentes carlistas portando boinas blancas, e incluso, en Zumárraga se editaba en 1870 un periódico carlista que se llamaba La Boina Blanca.

A pesar de estos vaivenes del color, el acervo y la historiografía tradicional nos han legado la primera adscripción política y sociológica de las boinas como elemento diferenciador a la vez que unificador de una sociedad inmersa en profundos cambios.

Es más, la boina cobró en estos momentos auténtica carta de naturaleza como elemento representativo de los insurrectos carlistas y buena prueba de ello fue la prohibición que Baldomero Espartero, a la sazón Conde de Luchana, hizo de su uso.

En 1838 convencido de los males que causa el uso de la boina, que como distintivo de las tropas carlistas solo tiende a la confusión y alarma, Espartero decretó que se prohibiese el uso de la boina a toda clase de personas y estados, así militares como paisanos.

El incumplimiento de estas medidas llevaría penas que oscilaban desde una multa la primera vez, hasta la prisión para los reincidentes.

Para mayor conocimiento de este bando, se instaba a las autoridades locales a que le dieran la máxima divulgación. Con el tiempo, se vio que esta medida no tuvo efectividad alguna y que la boina, además de difundirse ampliamente entre todos los espectros sociales como un elemento indispensable de la indumentaria, también pasó a convertirse en parte de los uniformes de diferentes cuerpos militares y policiales.

A la memoria nos vienen los casos de los "Gudaris" del Gobierno Vasco de la II República, el de los Miqueletes navarros o el de la actual Ertzaintza.

En otro orden de cosas, un factor a tener en cuenta en cuanto a la generalización del uso de las boinas fue, sin duda alguna, la industrialización de su proceso de producción. Con los adelantos de las manufacturas textiles, pronto se crearon importantes fábricas que se especializaron exclusivamente en la fabricación de boinas y que han pervivido prácticamente hasta la actualidad.

En la vertiente francesa la mayor parte de las fábricas se situaban en torno a Oloron, mientras que en 1859 se fundó en Tolosa (Guipúzcoa) la Fábrica de Boinas Elósegui y, posteriormente en 1892, se instaló en Balmaseda (Vizcaya) la Fábrica de Boinas La Encartada, clausurada recientemente.

Con las nuevas técnicas de elaboración el costo de las boinas se redujo notablemente frente a otro tipo de tocados masculinos, lo que también le infirió en ciertos ambientes un carácter proletario.

La generalización de su uso fue tal que en la prensa vasca era continua la publicidad de las fábricas de boinas. En cualquier periódico bilbaíno de 1930 podemos encontrar los siguientes reclamos: "¿Una buena boina? Exija La Encartada; Boinas La Encartada, Únicas bilbaínas; Boinas La Encartada, Única fábrica en Vizcaya; Boinas finas, La Encartada."

Además, todos estos anuncios aparecían en una sola página como bigotes insertados entre las columnas, agresividad publicitaria donde las haya con claras alusiones territoriales.

En efecto, también hubo cierta diferenciación entre los aires vizcaínos y guipuzcoanos a la hora de los gustos y fabricación de las boinas.

Con el surgimiento del nacionalismo vasco en el Bilbao finisecular, las boinas también adaptaron una nueva fisonomía llamémosle política.

Los nacionalistas abogaban por el uso de boinas de vuelos más amplios que las guipuzcoanas. Estas boinas a las que, cómo no, se les llamó bilbaínas pronto alcanzaron una gran difusión por toda Vizcaya.

Los tolosanos, gran conocedores de la fabricación y uso de las boinas, no dudaban en desaprobar este tipo de boina bilbaína puesto que en su opinión no le sentaba bien a cualquiera y, además, se atrevían a mantener que las boinas bilbaínas no habían podido prevalecer nunca sobre las tolosanas.

En la actualidad, el uso de la boina como prenda de diario ha quedado relegada prácticamente a un plano muy secundario, sin embargo, nunca ha tenido tanto reconocimiento social como prenda vasca por excelencia.

En las últimas décadas se ha instituido como trofeo o galardón a los campeones (Txapeldunes) de cualquier competición realizada en el País Vasco. Del mismo modo, es un símbolo de bienvenida para los visitantes ilustres, a la par que asociaciones deportivas y peñas de amigos utilizan las boinas bordadas como elemento de identidad de grupo.

Más datos en HISTORIA VASCOS y VASCONES
http://www.vascon.galeon.com/boina.html
Por Tellagorri

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2 comentarios:

  1. Bastante simplicismo y cierta tendenciosidad hacen que lo dicho sobre la boina no sea más que deseos, pero no realidad histórica.
    lo primero, eso de que "nunca el reborde hacia afuera, es totalmente falso, pues precísamente es así, con el reborde hacia afuera, como se llevaron las boinas desde que se popularizaron, por los carlista y también los txpelgorris. Sólo había que echar un simple vistazo a los muchos grabados de época que así lo muestran con toda claridad. Y es que el reborde hacia afuera sujeta mucho mejor que hacia adentro, aunque esta forma sea "más cómoda" muy relativo).
    Otra afirmación sin fundamento es que la boina escocesa es diferente. No lo es,. Está hecha de la misma forma, y lo atestiguan, una vez mas, los muchos grabados y retratos de los SS XVII y VIII, por tanto, muy anteriores a la popularización de la boina en el País Vasco. Otros tocados populares en el S XVI no son boinas: solo se parecen, pero estaban cosidas en dos mitades, y tenían un gran reborde plano y hacia afuera. Además, por lo general eran de terciopelo y hasta solían llevar a veces una pluma.
    El tocado vasco por excelencia, si hubo alguno anterior a la boina, fué la popularísima y característica MONTERA VASCA, una especie de sombrero tirolés, pero de grandes alas, muy usado por la gente de montaña y del goierri. Cayó completamente en desuso a raíz de la popularización de la boina, a raíz de la primera Guerra Carlista.
    Existen grabados en los que se puede ver a gente mayor llevando aún la característica montera, mientras los más jóvenes llevan ya la “moderna” boina.
    Que el afán y la obsesión del particularismo vasco a ultranza no nos lleve a proclamar y difundir errores de estos, y otros peores. Los vascos auténticos no necesitamos llevar etiquetas que nos identifiquen y distingan.

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  2. MONOSABIO

    Ni tú sabes lo que dices. En este post no se menciona para nada lo que comentas ni las tontadas que dices que son tendenciosas.

    Dado que eres un simplón sin más ánimo que el de incordiar, me molesto en contestarte para decir que vayas a otros sites a dar el pego.

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